Retornar al "Home Page" ...
 
 
INTERNACIONAL

 

Las MUJERES

toman el cetro

por Lázaro J. ÁLVAREZ

 

En diversas partes del mundo, las féminas van accediendo a puestos claves en la dirección de sus naciones y, en algunos casos, ejercen gran influencia a nivel de bloques regionales. Una muestra de que la habilidad y la destreza en política no son patrimonio exclusivo del hombre.
Para Aristóteles, las mujeres estaban, por naturaleza, inhabilitadas para la política, pues no poseían del todo el don de la razón y apenas si lograban tener dominio de sí mismas. ¡¿Cómo habrían de discutir en el ágora, o atreverse siquiera a opinar sobre la cosa pública?! Más acá, en el siglo XVIII, al agudo pensador que fue Juan Jacobo Rousseau “se le fue la mano” –hablando en norma criolla– al decir que el desorden interno que albergaban las féminas era tal, que podían causar la destrucción de todo un Estado. Por ello, había que mantenerlas alejadas de la política lo más que se pudiera.

De resucitar temporalmente y echarle una ojeada al panorama contemporáneo, tanto el griego como el francés se volverían a morir del susto, al enterarse de que en Alemania es canciller (primer ministro) una mujer; que en Argentina, una acaba de ganar las elecciones presidenciales, y que en noviembre de 2008, otra puede convertirse en mandataria de una superpotencia mundial.

Sucede que ha habido un salto tremendo en el acceso de la mujer a la vida política de las naciones modernas, desde los días en que demandaban obtener el simple derecho al voto (algo exigido por movimientos feministas en Estados Unidos desde mediados del siglo XIX), hasta la conquistada prerrogativa de ocupar escaños en los Parlamentos e incluso la silla presidencial.

Este último fenómeno no ha sido exclusivo de estos tiempos. Margaret Thatcher, Indira Gandhi y Sirimavo Bandaranaike, primeras ministras de Gran Bretaña, India y Sri Lanka, respectivamente, eran nombres citados con frecuencia por la prensa en décadas pasadas; mujeres que ejercieron el poder con tenacidad y gran habilidad, con independencia de lo simpáticas o cuestionables que fueran sus decisiones. Lo notable es que demostraron que la res publica no era coto exclusivo del hombre, y que también ellas podrían dirigir cambios en sus sociedades.

En los primeros años del siglo XXI, otras continúan atrayendo titulares.


MUJER PROTESTANTE
ENTRE HOMBRES CATÓLICOS


Cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, Angela Merkel, una profesora universitaria de Química en la República Democrática Alemana, cruzó hacia el oeste, buscó una cabina telefónica e hizo una llamada a casa: “¡Hola! Estoy aquí, del otro lado”, dijo a sus familiares, y les describió la algazara del momento.

Angela Merkel.
Angela Merkel.

Nadie podía imaginar entonces que en septiembre de 2005 Merkel vencería al socialdemócrata Gerhard Schroeder y se convertiría en canciller de la República Federal Alemana, por el partido Unión Cristiano-Demócrata (CDU). El suceso no era poco relevante: se trataba de la primera mujer en acceder a ese puesto, y por si fuera poco, procedente del antiguo lado socialista.

Merkel, hija de un pastor protestante de Hamburgo, se asentó en el este desde niña, pues su padre fue asignado a una parroquia en Templin, Brandemburgo. Angela Dorothea Kasner (el apellido actual lo tomó de su primer esposo), ingresó en la política casi inmediatamente después de la caída del muro, y en diciembre de 1990, el canciller Helmut Kohl (CDU) la nombró ministra para la Mujer. En 1994 ocupó la cartera de Medio Ambiente y Seguridad Nuclear.

Sorpresivamente, la favorita de Kohl fue elegida jefa de la CDU en el año 2000, a pesar de las agudas contradicciones que representaba ser mujer, protestante y del este, en un partido dirigido por hombres, católicos y del oeste. Esos mismos recelos conllevaron que no fuera ella la que enfrentara a Schroeder en los comicios de 2002, sino Edmud Stoiber, primer ministro de Baviera.

Pero Stoiber perdió. Merkel afianzó su posición interna y, ante la jugada de Schroeder de convocar elecciones anticipadas en 2005 –el canciller esperaba obtener una mayoría suficiente para llevar adelante su doloroso programa de

reformas del Estado de Bienestar–, la CDU se impuso en las urnas y la catapultó a ella al frente del ejecutivo de la principal potencia europea.

A día de hoy, la Merkel lidera un gobierno de Gran Coalición con el Partido Socialdemócrata, y lleva adelante una política de ajustes sociales muy parecida a la de Schroeder, con el objetivo de sanear las finanzas. Introdujo pequeños pagos por las consultas médicas, elevó el Impuesto al Valor Añadido (lo que encarece el consumo), e incrementó la edad de la jubilación de 65 a 67 años.

En el plano internacional, ha llamado a Estados Unidos a cerrar la ilegal prisión que mantiene en la Base Naval de Guantánamo. Además ha jugado un papel importante en la reconducción de la Unión Europea, impulsando la creación de un nuevo Tratado de Reforma de ese bloque de países, y bajo su presidencia semestral de la UE, logró un compromiso de los 27 miembros para recortar al 20 por ciento la emisión de gases contaminantes para el año 2020.

Para los alemanes, está entre los políticos mejor valorados. Quizás la mejor entre ellos. Se dice que los socialdemócratas hacen el trabajo duro, y que ella, en la cubierta del barco, toma el sol y recibe los aplausos. Quizás. Por desgracia, la política es también, cada vez más, un asunto de imagen…


KIRCHNER, PERO CON FALDAS…


“Ni Hillary ni Evita: simplemente Cristina”, era el titular de un diario español para referirse a la candidata presidencial argentina Cristina Fernández de Kirchner. La hasta ese momento Primera Dama prefería evitar las comparaciones, y proponía a su electorado un estilo propio, aunque muchos adivinan la continuidad en los contenidos.

Las urnas hablaron el 28 de octubre: Fernández de Kirchner se alzó ese día con la victoria como candidata del Frente para la Victoria, una coalición de peronistas de izquierda, comunistas y miembros de otros partidos, identificados con las políticas llevadas adelante por el mandatario Néstor Kirchner desde su elección en 2003.

El mismo día 28, poco después de conocerse su victoria, Cristina se dirigió a sus compatriotas para “convocarlos a lo que tenemos que seguir haciendo ahora. (…) Desde aquel 25 de mayo de 2003, hemos avanzado mucho, hemos crecido, hemos reposicionado al país, hemos comenzado un combate sin tregua contra la pobreza, contra la desocupación, contra todos aquellos males que tanto dolor y tanta tragedia trajeron a todos los argentinos”.
Cristina Fernández de Kirchner.
Cristina Fernández de Kirchner.

La bella abogada y senadora que figuraba en los pósters electorales no debió trabajar mucho en perfeccionar su imagen –lo contrario a los esfuerzos de “marketing” que tuvo que hacer la Merkel–, y en cuanto a las ideas, ha compartido junto a su esposo de 32 años un ideal de justicia social que el electorado, por conexión, le valora.

¿Qué se espera de ella? Ya ha anunciado algunas “correcciones”: cambios de figuras de gobierno, aunque en esencia sigue con el equipo de su esposo. Y si se queda con la gente, pues previsiblemente también con la política.
Entre las perspectivas estaría entonces la continuación de los procesos contra criminales y violadores de los derechos humanos durante la dictadura (1976-1983), la potenciación de la industria nacional, el rechazo a los tratados de libre comercio y, por ende, el afianzamiento en el MERCOSUR (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), además de buenas relaciones en la esfera internacional con todos, grandes y chicos. De hecho, el canciller Jorge Taiana se queda, y no por gusto.

Otra cuestión interesante, pero a lo interno, es su extraña posición frente al aborto: si bien la candidata se ha manifestado “contraria” a esta práctica, sí está a favor de que se despenalice, pues “no creo que los que abogan por la despenalización del aborto estén a favor del aborto. Eso sería una simplificación”. De momento, el ministro de Salud, Ginés González, un partidario de la despenalización, es de los que se va del gabinete, por lo que no queda muy clara la postura de la presidenta electa.

Durante los próximos cuatro años, sería lamentable que una política que ha demostrado su éxito en sacar a Argentina del abismo neoliberal, de la dependencia y de la injusticia en el tema de los derechos humanos, se vea empañada por ese flagelo tan de moda en las sociedades “modernas”.


¿DE VUELTA A WASHINGTON?


Ya que hablamos de aborto, recuerdo una entrevista que le hice al padre Thomas Eteneuer, presidente de Vida Humana Internacional, en 2006. El sacerdote norteamericano, un consagrado en la lucha contra esta abominable práctica, me dijo: “Si Hillary Clinton gana la presidencia de los Estados Unidos en 2008, será una catástrofe, pues es una de sus principales promotoras”.

Es curioso, y esto es un pronóstico muy aventurado: si finalmente el candidato republicano que enfrentara a la demócrata Hillary fuera el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani (quien hasta el momento se lleva las preferencias dentro de su partido) muy difícil se la verán los cristianos estadounidenses para elegir el “mal menor”, pues este señor es tan simpatizante del aborto como su rival. “Creo que es un derecho individual, y la mujer debe tomar esa decisión”, dijo a principios de año en Carolina del Sur. No obstante, faltan once meses para ver si finalmente será Giuliani el hombre del “partido del elefante”.

Con Hillary Clinton, sería la primera vez, como en Alemania y Argentina, que una mujer gana electoralmente el primer puesto. Ya ella estuvo en la Casa Blanca, del brazo de su esposo Bill, y se dio a conocer por no ser precisamente una figura decorativa. Así, intentó hacer avanzar un plan para proveer de asistencia médica gratuita a millones de estadounidenses, por lo que debió enfrentar una dura campaña de descalificaciones por parte de políticos de ambos partidos, involucrados en el lobby de las empresas privadas en el sector de los seguros médicos. Aquella iniciativa quedó al campo, y su impulsora se volvió una de las mayores receptoras de fondos de esas empresas durante su estancia en el Senado, donde representa al estado de Nueva York.

Con la mirada puesta en el primer martes de noviembre de 2008 (el día de las elecciones), la Clinton pretende reflotar su propuesta de cuidados de salud universales, retirar las tropas estadounidenses de Iraq –aunque inicialmente votó a favor de la invasión de 2003–, ratificar el Protocolo de Kyoto sobre la reducción de gases contaminantes, establecer mayor control sobre las armas en poder de los ciudadanos, y “restaurar el lugar de Estados Unidos en el mundo” mediante una política de alianzas, algo diferente del unilateralismo que ha caracterizado a la actual administración.
Hillary Clinton.
Hillary Clinton.


De llegar a sentarse esta dama en el Despacho Oval, para algunos se trataría de una versión quizás más atenuada de George W. Bush en política internacional, aunque más atenta a las necesidades de casa. Sin embargo, sus posibilidades de llegar a alcanzarlo podrían chocar con tres factores: una es la sensación entre el electorado de que sería Bill quien movería los hilos, y segundas partes… La otra, el cansancio que podría causar que desde 1988 y previsiblemente hasta 2016, por la Casa Blanca habrán pasado solo los Bush y los Clinton. Y la tercera, pues camina sobre la línea del prejuicio: es mujer, y “si ayer no se dio cuenta de que su marido le era infiel, ¿cómo podrá resguardarnos de enemigos peores que Mónica Lewinsky?”.

UNA PROMOCIÓN NECESARIA

Los ejemplos de Cristina Fernández, Angela Merkel y Hillary Clinton son solo algunos de los más ilustrativos en cuanto a participación de la mujer en la vida política. De otras se pudiera hablar, como de Gloria Macapagal Arroyo, la conservadora presidenta de Filipinas, confesa admiradora de la Thatcher; y de Ellen Johnson-Sirleaf, primera presidenta de Liberia, una de las naciones africanas más pobres, y que durante 13 años (hasta 2003) sufrió una guerra civil que causó 150 mil muertos. La Jonson-Sirleaf, madre de cuatro hijos, y cuya preparación y prestigio le han valido ser comisionada por la ONU para varias tareas en África, es desde junio de 2006 la primera mandataria en un país de ese continente.

De regreso a Europa, tenemos en Finlandia a Tarja Halonen, una abogada socialdemócrata que ejerce la presidencia del país desde el año 2000. Y se suman varias jefas de Estado en naciones cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria: Isabel II en Gran Bretaña, Beatriz I en Holanda, y Margarita II en Dinamarca.

Si descontamos a las reinas, cuya transmisión del poder escapa a los mecanismos electorales y cuyo poder real es bastante limitado, es válido apreciar cómo, sin reparar en diferencias culturales, o en sociedades más abiertas o más “machistas”, la elección de las féminas para altos cargos políticos, y no solo a la presidencia o el premierazgo, sino a los Parlamentos –en Estados Unidos una mujer, la demócrata Nancy Pelosi, lidera la Cámara de Representantes– se va haciendo más común. Y es saludable que lo sea.

En sintonía con ello, la Iglesia Católica, en su Carta a los Obispos sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo, de 2004, nos recuerda que “la promoción de las mujeres dentro de la sociedad tiene que ser comprendida y buscada como una humanización, realizada gracias a los valores redescubiertos por las mujeres”.

El texto –por cierto, fuertemente atacado por quienes ven lo femenino como un fin absoluto y autosuficiente, y a la mujer como oposición, y no complementación, del hombre– valida “que las mujeres estén presentes en el mundo del trabajo y de la organización social, y que tengan acceso a puestos de responsabilidad que les ofrezcan la posibilidad de inspirar las políticas de las naciones y de promover soluciones innovadoras para los problemas económicos y sociales”.

Más deprisa que lo que algunos quisieran, ellas van tomando estos derechos en sus manos.


Regresar al Sumario
Sumario Breves Opinión Religión Sociedad Segmento Internacional Glosas Cubanas Deportes