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Queridos cubanos, al dejar esta amada tierra,
llevo conmigo un recuerdo imborrable de estos
días y una gran confianza en el futuro de su patria.
Constrúyanlo con ilusión, guiados por la luz de la fe,
con el vigor de la esperanza y la generosidad
del amor fraterno, capaces de crear un ambiente
de mayor libertad y pluralismo, con la certeza
de que Dios los ama intensamente
y permanece fiel a sus promesas.
En efecto, “si nos fatigamos y luchamos
es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo,
que es el Salvador de todos los hombres”.
Que Él les colme de sus bendiciones
y les haga sentir su cercanía en todo momento.
¡Alabado sea Jesucristo!
JUAN PABLO II, LA HABANA, 25 DE ENERO DE 1998.
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Han transcurrido diez años de la visita de Juan Pablo II a Cuba. La palma real que él plantó en la Nunciatura Apostólica de La Habana ha crecido y se muestra vital y erguida. Este símbolo de cubanía es también símbolo, otro, de aquella visita pastoral. El mensaje religioso y humano de Juan Pablo II permanece en la Iglesia y en la memoria de los cubanos, católicos o no, como tesoro que enriquece nuestra nación. ( ver atículo ). |
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