de los sufrimientos de un pueblo pobre y maltratado en el imperio de Egipto, Dios interviene para liberarlo. Es la constante que vemos a lo largo de la historia bíblica y que Jesús hace manifiesta en su conducta que desconcertó a las autoridades religiosas judías de aquel tiempo. La parábola del buen samaritano sugiere que la vida del ser humano expoliado debe ser objetivo de atención más importante que todos los cumplimientos de la religión.
2. Enseguida una interrogante lógica: si Dios quiere la vida y la felicidad en plenitud para todos, ¿por qué no interviene con su poder para acabar con todos nuestros males? Nos imaginamos a Dios como un señor que está allá arriba, sentado en su trono, contemplando desde fuera cómo marcha este mundo; desde lejos guarda su poder, mientras observa cómo nos portamos para darnos al final premios o castigos. Pero esa imagen de la divinidad no responde a la revelación de Dios manifestada en la conducta histórica de Jesucristo, quien pasó por el mundo curando enfermos, rehabilitando a los pobres y combatiendo a los diablos que tiran a las personas por los suelos.
3. El Dios revelado en Jesucristo es Alguien que se ha encarnado y desde dentro nos habla y nos impulsa para que, con su ayuda, los seres humanos construyamos un mundo en que todos podamos vivir y ser felices. En el evangelio de hoy tenemos el programa. Si hombres y mujeres se disponen a vivir con espíritu de pobres, a compartir con los demás cuánto son y tienen, los que no poseen recursos –en lenguaje bíblico “tierra”– tendrán recursos, los que lloran serán consolados, y los que tienen sed de justicia, quedarán saciados. Así se constituye la Iglesia: comunidad de personas misericordiosas que se hacen cargo y se comprometen para que los otros salgan de la miseria; personas “de corazón limpio”, coherentes entre lo que creen y lo que hacen; empeñadas en construir la paz; y dispuestas a sufrir las incomprensiones y la persecución por mantenerse fieles a este programa.
10 DE FEBRERO: DOMINGO 1º DE CUARESMA
“CONVERTIRNOS ¿A QUÉ DIVINIDAD?”
La Palabra: “Al Señor, tu Dios adorarás y a Él solo darás culto” (Evangelio: Mt 4,1-11).
1. Los seres humanos necesitamos tener un proyecto de vida que dé sentido global a nuestra existencia y unifique todos nuestros pasos. En la ideología con que hoy está funcionando el neoliberalismo económico que de algún modo se ha infiltrado y se infiltra en todo el mundo, sin excluir la sociedad cubana, hay unos falsos absolutos –tener, seguridad, y poder– que desfiguran la existencia humana en individualismo feroz. Esas fueron ya las tentaciones que, según la Biblia, sufrió el pueblo cuando atravesaba el desierto; y no las superó.
2. Todos sufrimos esas mismas tentaciones. Soñamos con alcanzar toda la felicidad y almacenamos muchos recursos económicos, nos aseguramos una posición social privilegiada. Queremos mantener un poder para dominar sobre los demás. En contraposición a estas ambiciones, el evangelio trae la conducta de Jesús que responde a la vocación del pueblo. Jesús es libre ante los falsos absolutos y su único absoluto es Dios-Amor que a todo da vida y aliento. En vez de acaparar recursos económicos, compartió con los demás lo que era y tenía. En vez de buscar seguridades, se fió de Dios y trató de realizar su proyecto de fraternidad en este mundo; y en vez de emplear su poder para dominar a los otros, lo ejerció como mediación del amor, especialmente a favor de los pobres.
3. Hoy muchos mueren porque no tienen pan, mientras otros viven insatisfechos y a veces asqueados porque quieren llenar los anhelos más profundo de su vida sólo con pan. Tenemos que trabajar para que todos los seres humanos puedan vivir con dignidad; y el primer requisito es que puedan gozar de los recursos necesarios. Pero es inútil pretender la satisfacción de nuestros anhelos más profundos con los muchos recursos materiales, con una posición social segura, y con apariencias de poder. En cuaresma somos invitados a convertirnos –volver la mirada y el corazón– a ese “Dios de los seres humanos”. Por ahí nos orienta Jesús cuando dice: “no podéis servir a Dios y al dinero”.
17 DE FEBRERO: DOMINGO 2º DE CUARESMA
“LAS CONTRADICCIONES DE LA VIDA”
La Palabra: “Este es mi Hijo, el amado, escuchadle” (Evangelio: Mt 17,1-9).
1. La existencia humana como camino hacia la plena humanización, está tejida de momentos gozosos y de crisis duras ante las dificultades y sufrimientos que con frecuencia encontramos. La tendencia normal es evitar cualquier tema o situación que nos sean desagradables; pero nunca logramos totalmente ese sueño de paraíso. Por otra parte, cundo en nuestra convivencia surgen los conflictos, tratamos de reducirlos a nuestros puntos de vista y, si no podemos hacer que se nos someta, intentamos eliminarlos a veces muy solapadamente.
2. Cuando se escribe este evangelio, ya la primera comunidad cristiana está sufriendo la incomprensión y la persecución. Los primeros discípulos –Pedro, Santiago y Juan representan a toda la comunidad– corren el peligro de buscar refugios seguros al margen de este mundo conflictivo: “hagamos tres tiendas” para vivir cómodamente sin exponernos a que nos crucifiquen. El sectarismo y el espiritualismo evasivo han sido siempre y siguen siendo amenaza para la Iglesia, cuya salud exige tener conciencia de que es parte del mundo y debe servir a la plena realización del mismo.
3. En el evangelio de este domingo la comunidad cristiana confiesa que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios; está envuelto por la nube, símbolo de la presencia divina. En el relato sobre la ascensión de Jesucristo resucitado, se dice que una nube lo envolvió y fue elevado al cielo. Ante sus discípulos Jesús brilla con la gloria de Dios: “este es mi Hijo amado”. Pero a los mismos discípulos les cuesta mucho aceptar que el Hijo tenga que recorrer el camino de los demás mortales, sufrir los conflictos y la humillación. Lo peculiar de aquel hombre se manifestó en que vivió a fondo las dificultades y conflictos de la vida, no egoístamente sino siendo, viviendo, actuando y sufriendo con y por amor a favor de todos. Y así nos manifestó quién es y cómo actúa Dios: amor incondicional a favor nuestro. Es la vocación que nos sugiere el mismo Jesús: “sed misericordiosos como el Padre celestial es misericordioso”.
24 DE FEBRERO: DOMINGO 3º DE CUARESMA
“CULTO EN ESPÍRITU Y EN VERDAD”
La Palabra de Dios: “Llega la hora en que quienes quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 20, 1-17).
1. El cristianismo es una religión y como todas las religiones tiene sus prácticas y ritos religiosos. Estas manifestaciones eternas son necesarias, pero puede ocurrir que a veces sean pura rúbrica y cumplimiento vacío, si no responden y animan una experiencia de fe y una conducta según el espíritu de Jesucristo. Lo más importante para un cristiano es tratar de vivir y actuar como Jesús de Nazaret: buscando y trabajando siempre, hasta gastar la propia vida, por realizar en este mundo el proyecto de amor, de justicia y de fraternidad entre todos los seres humanos. Eso que Jesús expresó con el símbolo “reino de Dios”. Para celebrar y alimentar esa conducta tienen sentido todas las prácticas religiosas.
2. Con frecuencia los ritos religiosos se independizan de la experiencia y conducta humanas; y entonces se reducen a estructura cultural sin vida. Algo así ocurrió en la historia del pueblo donde se escribió la Biblia. Hubo una época en que los potentados que se asentaban en Jerusalén eran también los dueños del templo y del culto. Observaban y cumplían meticulosamente los ritos religiosos, pero practicaban la discriminación y la injusticia explotando a los más pobres y débiles. Ante tal perversión del culto, profetas como Isaías, Oseas o Amós, denunciaron ese culto vacío y clamaban por un culto verdadero en derecho y en justicia, que fuera la expresión de una existencia a favor de los demás. En esta línea profética se comprende el diálogo de Jesús con una mujer samaritana, preocupada por el ritualismo pero instalada en la mentira.
3. El clima social que hoy respiramos no favorece la esperanza, y tenemos la tentación de refugiarnos en prácticas religiosas desentendiéndonos de los problemas y apuros que vive nuestra sociedad. Necesitamos descubrir que en este dinamismo social no estamos solos y debemos avivar la presencia en nosotros de Alguien que, ocurra lo que ocurra, siempre está con nosotros y de parte nuestra. Pero esa presencia de Dios sólo se hace real en la responsabilidad y en el compromiso histórico de cada uno de nosotros por una sociedad más humana y más justa. Sólo como expresión de Dios revelado en Jesucristo, que nunca nos abandona y como expresión de nuestra conducta realizada con el espíritu de Jesús, tiene lugar el culto “en espíritu y en verdad”. Es la invitación en este domingo de Cuaresma.
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