El ejercicio de una crítica inteligente y plural es válido siempre que se pretenda valorar, con la mayor objetividad posible, un hecho o cuestión en particular.
Los criterios certeros y oportunos casi nunca se asocian con la juventud que deviene sinónimo de inexperiencia, dudas y errores. El juicio y la sensatez “no puede ser” rasgos característicos de esa etapa de la vida: “no pueden serlo” porque a nivel popular (y especialmente entre muchos de los que ya peinan canas), subsiste una idea: “los jóvenes de hoy están perdidos”.
Algo muy diferente demostró el taller del Colectivo Latinoamericano de Jóvenes, celebrado recientemente en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), de la Universidad de La Habana.
En la Colina se reunieron treinta y dos jóvenes procedentes de diversas instituciones y programas sociales como Maestros Emergentes, estudiantes de la Universidad de La Habana y la Universidad de Ciencias Informáticas, miembros del Taller de Transformación Integral del Barrio (pertenecientes al Consejo Príncipe) y trabajadores del Centro de Estudios sobre la Juventud, entre otros.
El encuentro tuvo, entre sus metas principales, indagar cómo se perciben los jóvenes cubanos y cuáles son las características que los identifican, promover la vinculación interjuvenil y crear una red de intercambio y transmisión de saberes que consoliden a los jóvenes como protagonistas y actores sociales de sus propios conocimientos.
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El dinamismo y las iniciativas marcaron la jornada que descolló por la diversidad formal y temática de los análisis. El dibujo, la dramatización y la música dieron voz a las reflexiones. El debate, por su parte, proyectó una imagen de los jóvenes muy amplia y heterogénea donde sobresalen, como principales rasgos identitarios, el ímpetu, la versatilidad, el afán transformador, la alegría y la defensa de las ideas en las que creen. Entre las problemáticas fundamentales se señalaron las conductas sexuales irresponsables y la escasa oferta de opciones recreativas.
Espacios como estos, que promueven el intercambio entre los jóvenes y provocan la reflexión en torno a los temas medulares que les son propios, constituyen oportunidades propicias para comprobar la perspicacia de gran parte de la juventud cubana actual.
Escuchar música y bailar no representan las únicas preferencias de los jóvenes. Pensar y discutir pueden resultar, para ellos, motivaciones tan atractivas como esas. En el debate y la fiesta se desarrollan modos distintos de participación: que ambas constituyan dimensiones complementarias y no excluyentes es un reto de todos. |