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Una experiencia inolvidable

por Monseñor Ramón Suárez Polcari

Aquella mañana del mes de enero de 1997 comenzó para nuestro grupo una experiencia difícil de repetir en la historia de la Iglesia en Cuba. Era el comienzo. Nos habían citado en la casa del clero, donde 11 años atrás se celebró el ENEC. Ahora nos reunían para constituir el grupo diocesano que prepararía la visita del Papa a Cuba. ¡Desde cuándo esperábamos este momento! Ahora todo indicaba que se realizaría el anhelo de tantos cubanos.

Una experiencia inolvidable.

Me encontré al final de la lista donde cada escogido tenía una responsabilidad, algunos con alcance nacional. Entre esos estaba yo. Los obispos me situaban como responsable del orden y la seguridad. Todos sonrieron. Siempre hubo alguien que fiel a nuestras tradiciones culturales, “armó el choteo”.

En principio sentí un gran temor. ¿Cuál era mi preparación para eso? La respuesta fue: “los años que llevas en El Rincón”. Ciertamente había ganado en experiencia de conducción de las multitudes de peregrinos devotos de San Lázaro; fenómeno religioso que, por sus características, puede señalarse como único en Cuba, al menos hasta entonces.

Cuando trataba de acomodar mi mente para asumir la responsabilidad que se me daba, llegó otro nombramiento. Como era necesario, o más bien imprescindible, organizar este evento extraordinario y de dimensión nacional se constituyó una Comisión Conjunta formada por representantes de la Iglesia y del Estado. Por parte de la Iglesia la integraban monseñor Emilio Aranguren (entonces, obispo de Cienfuegos), monseñor Dionisio García (obispo de Bayamo– Manzanillo), monseñor Carlos Baladrón (entonces, obispo auxiliar de La Habana), el padre José Félix Pérez Riera, (secretario ejecutivo de la COCC) y un servidor, canciller del Arzobispado de La Habana y párroco de la Caridad. Representaban al Estado cubano, la licenciada Caridad Diego Bello y el licenciado Isidro Gómez, ambos por la Oficina de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido; la doctora Isabel Allende y el licenciado Ángel Reigosa por el Ministerio de Relaciones Exteriores, y el coronel Roca por la seguridad personal.

A esta Comisión se incorporaban, según la ocasión, otras personas responsabilizadas en las distintas áreas. En varios encuentros estuvieron presentes el cardenal Jaime Ortega, el nuncio apostólico monseñor Beniamino Stella y el secretario de la Nunciatura monseñor Santino Gangemi. La Comisión tendría una autonomía relativa para discutir y tomar acuerdos.

Era una experiencia nueva y, como tal, tuvo sus momentos de tensión, pero siempre superables. Aprendimos a encontrarnos y lograr juntos el objetivo común: una visita papal todo lo mejor posible. Y así fue.

La programación del viaje se fue modelando en las sucesivas reuniones de la Comisión Conjunta, siempre bajo la dirección experimentada del padre Roberto Tucci (hoy cardenal), encargado ordinario de las visitas del Santo Padre y quien nos visitó dos veces en ese año de preparación.

Tanto Roma como el Estado cubano aceptaron las propuestas hechas por los señores obispos de Cuba en cuanto a las sedes a visitar y los demás encuentros con los mundos del dolor y de la cultura.

El Santo Padre llegaría a las 4:00 p.m. del miércoles 21 de enero de 1998 al aeropuerto José Martí de La Habana, en un vuelo de Alitalia preparado especialmente para él y sus acompañantes. Antes volaría sobre el territorio de Pinar del Río. Esa tarde se haría el recorrido por las vías establecidas: Avenidad de la Independencia, Paseo, Malecón, 5ta. Avenida hasta la Nunciatura Apostólica convertida en residencia papal. Vendría acompañado del Séquito Papal formado por 30 miembros (cardenales, obispos, monseñores y laicos especializados), además de la prensa acreditada por la Santa Sede.

Para los viajes a las demás sedes (Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba) el Estado cubano situó dos aeronaves Il 62. La primera para el Papa, los obispos de Cuba y el séquito. En la segunda, viajarían los cardenales, arzobispos, obispos invitados y otros representantes de la Iglesia y el Estado cubano. Como coordinador del primero
iría monseñor Baladrón y del segundo, yo.

El Santo Padre retornaría siempre a La Habana en horas del mediodía para almorzar y descansar en la Nunciatura.

El orden del viaje quedó establecido de la siguiente forma:

Miércoles, 21 (4:00 p.m.): Llegada al aeropuerto José Martí con el recibimiento oficial, presencia del presidente de la República y los miembros del Gobierno; todos los obispos de Cuba y los presbíteros de la Comisión Conjunta a la que se había incorporado el padre Rodolfo Loiz como encargado nacional de la Liturgia. El Cuerpo Diplomático en pleno invitado por Su Eminencia, cardenal Jaime Ortega. Un grupo de laicos de la arquidiócesis de La Habana y representantes de las organizaciones de masas. Recorrido en el papamóvil hasta la Nunciatura.
La bendita imagen de Nuestra Señora de La Caridad, fué trasladada desde El cobre, que fue vuelta a coronar según la voluntad expresa del Santo Padre.

Jueves, 22 (8:00 a.m.): Salida para Santa Clara. Recibimiento oficial en el aeropuerto militar de la ciudad. Celebración en el área deportiva de la Escuela de Deporte Comandante “Piti” Fajardo. Tema: La Familia. Regreso.
En horas de la tarde la visita protocolar al presidente de la República y su familia.

Viernes, 23 (8:00 a.m.): Salida para Camagüey. Recibimiento oficial en el aeropuerto de la ciudad. Celebración en la Plaza Ignacio Agramonte. Regreso.

En la tarde, encuentro con el mundo de la cultura en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Oración ante los restos del Siervo de Dios Félix Varela. Saludo de jóvenes estudiantes dentro y fuera del recinto universitario.
Sábado, 24 (8:00 a.m.): Salida para Santiago de Cuba. Antes de su llegada a la Plaza Antonio Maceo, se efectuó el traslado desde El Cobre de la bendita imagen de Nuestra Señora de La Caridad, que fue vuelta a coronar según la voluntad expresa del Santo Padre, quien la proclamó Reina de Cuba y de todos los cubanos. Regreso.

En la tarde, encuentro con el mundo del dolor en el Santuario Nacional de San Lázaro. Presencia de muchos pacientes y personal médico y sanitario del Hospital y del Ministerio de Salud.

Domingo, 25 (8:00 p.m.): Encuentro ecuménico en la Nunciatura. Celebración en la Plaza de la Revolución José Martí. Almuerzo en el Arzobispado. Estuvieron presentes el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado y todos los obispos de Cuba, incluyendo a monseñor Boza Masvidal, obispo cubano residente en Venezuela, ya fallecido, quien pudo participar en todas la celebraciones.

En las primeras horas de la tarde, encuentro en la Catedral Metropolitana con el clero y los religiosos y las religiosas de toda Cuba, seminaristas y laicos comprometidos. Despedida en el aeropuerto José Martí.

Con el favor de Dios y el feliz empeño de tantos, se pudo cumplir con todo el programa. Las celebraciones eucarísticas fueron transmitidas totalmente por televisión. En el equipo de comentadores se encontraba el padre Antonio “Tony” Rodríguez.

Para preparar espiritualmente a nuestro pueblo cada sede organizó celebraciones. En nuestra Arquidiócesis se coordinó una misión de diez días que comenzó el 8 de septiembre de 1997, en la cual se incluyeron 11 celebraciones eucarísticas, seis de ellas en lugares públicos. En toda esta preparación estuvo presente la imagen peregrina de Nuestra Señora de la Caridad. Por último, el día de la Misa papal en La Habana, Su Eminencia inició una larga procesión con la imagen que salió de la Catedral y llegó a la Plaza de la Revolución, pasando por Prado, Reina y Carlos III.

No quisiera terminar este recuento sin hablar del Grupo de Orden y Seguridad formado por nuestros laicos.
Debo recordar con mucho agradecimiento la ayuda que me prestara monseñor Cristián Prech, al transmitirme sus experiencias como principal organizador de la visita del Santo Padre a Chile, y, por su importante plática espiritual dirigida a los miembros del Grupo de Orden y Seguridad de La Habana el día de su constitución.

Antes de “reclutar” al personal en las distintas comunidades de la Arquidiócesis y constituir el Grupo, tuve la oportunidad de visitar Polonia gracias a una invitación de la Conferencia Episcopal Polaca. Con una duración de diez días, visité las ciudades de Varsovia y Cracovia y el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Czestochowa (Chestojova) en Jasna Gora. En cada uno de estos lugares visitados por el Papa participé en encuentros con los organizadores.

De regreso a Cuba y con esta experiencia recogida inicié el “reclutamiento”. De todos los proyectos el que me pareció más factible para Cuba fue el de Cracovia aun cuando se le hicieran modificaciones. Siguiendo el modelo de la legión romana, se formaron cinco centurias con miembros de casi todas las comunidades. La centuria, dividida en diez décadas con un responsable en cada una, tenía un centurión al frente. Una sexta formada por 50 miembros de Pinar del Río y 50 de Matanzas. Al frente de todas estaba yo como cónsul. Y esta sería la comunicación: miembro – R’década – Centurión – Cónsul.

Tuvimos en total tres encuentros preparatorios de un día de duración. Ya constituidas las centurias pasamos a organizar la ubicación en el recibimiento, visita a la Universidad, Mundo del Dolor, Misa en la Plaza de la Revolución José Martí y Plaza de la Catedral.

Para distinguirse se confeccionaron pullovers y chalecos con el logotipo de la visita y gorras blancas con litografía del Papa.

Las demás sedes adaptaron esta organización a sus posibilidades, pero siempre manteniendo comunicación con nosotros.

Otro de los cometidos de trabajo fue la confección de las listas de participantes en las distintas actividades con el Papa para las correspondientes credenciales. Para esto y otras muchas cosas conté con la preciosa ayuda del llamado grupo de protocolo formado por trece laicos especializados.

Aunque me he auxiliado de los materiales (diario, actas, instrucciones, papeles impresos o manuscritos) que conforman el pequeño archivo que conservo, las vivencias se mantienen todavía muy frescas en la memoria de todos los que tuvimos el privilegio de trabajar en la preparación y ejecución de esta visita inolvidable.

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