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El Señor es mi pastor: nada me falta;
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo haciendo honor a su nombre;
aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo,
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Me preparas una mesa frente a los enemigos,
me unges la cabeza con perfume, mi copa rebosa.
Tu bondad y lealtad me siguen, toda la vida,
y habitaré en la casa del Señor por años sin términos.
Salmo 23.
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La Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos (ver).
De acuerdo con Jesús, está en la naturaleza de la higuera producir frutos, Dios le ha dado una capacidad innata para el bien. Del mismo modo, el hombre responderá a la demanda de Dios de fructificar (ver artículo) |
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