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Una opción para los pobres
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por Orlando Freire Santana
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A la hora de mencionar las acciones que se han llevado a cabo durante los últimos tiempos en la lucha contra la pobreza, es imposible omitir la gran faena del economista bengalí Muhammad Yunus al desarrollar plenamente el concepto del Microcrédito, una idea original del paquistaní Akhter Hameed Khan. Nacido el 28 de junio de 1940 en la entonces localidad hindú de Chittagong, Yunus obtuvo el doctorado en Economía en la universidad norteamericana de Vanderbilt, a la cual había accedido gracias a una beca Fulbright. En 1971, de regreso en su país denominado ya Bangladesh tras la segunda de las escisiones políticas escenificadas en el subcontinente –al inicio se separó Pakistán de la India, y después se creó el Estado de Bangladesh en la parte oriental del primero–, ejerció la docencia en la Universidad de su ciudad natal, donde llegó a ocupar el cargo de director del Departamento de Economía Rural.
En ese tiempo, según cuenta Yunus, halló una contradicción entre las clases de Economía que enseñaba en las aulas, las cuales eran pródigas en fórmulas que supuestamente resolvían todos los problemas económicos, y de otra parte las grandes carencias que sufría su pueblo, así como un hambre inocultable apenas se abandonaba el recinto universitario. Las masas empobrecidas de |

Mohammad Yunus.
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Bangladesh se encontraban en un callejón sin salida: el gobierno era capaz de satisfacer las crecientes necesidades de la población, y los bancos tradicionales se negaban a otorgar créditos a personas que no contaran con la solvencia adecuada para reintegrar los préstamos.
Fue entonces cuando Yunus decidió –corría el año 1976–, a partir de su propio dinero, ofrecer un préstamo de 27 dólares a una mujer que confeccionaba artesanías de bambú y que para obtener la materia prima necesitaba endeudarse con usureros locales. Ese fue el punto de partida para que la mujer lograra estabilizar su pequeño negocio, tras lo cual pudo devolverle el dinero a Yunus y saldar sus deudas anteriores. Un tiempo después el catedrático bengalí repetía la operación con otras cuarenta y dos mujeres que querían iniciar actividades comerciales y artesanales. El éxito de las prestatarias1 volvió a hacerse presente y, en contra de algunos criterios pesimistas, Yunus recuperó su dinero. Nacía de esa manera “el banco de los pobres”, un loable empeño que hacia 1983 devendría en el Banco Graneen (Banco de los Pueblos, en lengua bengalí).
Una vez oficializado el proyecto, Yunus estableció una serie de pautas para su posterior consolidación. Los destinatarios de los créditos iban a seguir siendo personas pobres, preferentemente mujeres, ya que, al decir del peculiar banquero, “mujer significa madre, y por ende familia”. Sin dudas una idea revolucionaria en un territorio donde, por tradición, para la mujer se hallaban vedados el trabajo fuera de la casa y la posesión de bienes. Asimismo, aunque el préstamo era individual, los prestatarios debían unirse en grupos de al menos cinco personas, y de esa forma el colectivo se hacía responsable de que cada uno de sus miembros amortizara el crédito obtenido.
En cuanto al destino de los préstamos, el Banco Grameen trabaja en tres direcciones principales: los créditos para actividades generadoras de ingresos, para la adquisición de viviendas, y también para garantizar estudios superiores a los hijos de los prestatarios que integran la gran familia Graneen. Obviamente el primero de ellos es el más importante, puesto que constituye la chispa inicial que permita a muchas personas abandonar el estadio de pobreza al transformarse en pequeños propietarios. Los intereses que se cobran –necesarios para mantener la infraestructura de una institución que ya cuenta con unos 13 mil empleados– son inferiores a los que aplica la banca comercial de Bangladesh. Mientras que ésta fija una tasa del 16 por ciento, la del “banco de los pobres” oscila alrededor del 10 por ciento.
A treinta años de distancia, el éxito de la gestión de Muhammud Yunus resulta incuestionable. Al margen de los reconocimientos y las condecoraciones recibidas, algunos indicadores del funcionamiento bancario, así como cifras que denotan un avance en la lucha contra la pobreza, así lo atestiguan. Más de 3 millones y medio de personas son beneficiarias en la actualidad de algún préstamo del Banco Grameen, y el rango de devolución del dinero ronda la alta cifra del 98 por ciento. Según un estudio del Banco Mundial realizado en 1998, un aproximado de 10 mil personas vinculadas con este proyecto salen mensualmente de los límites de la pobreza; mientras que los índices de nutrición y mortalidad infantiles en Bangladesh en los últimos años han mejorado de manera ostensible. Por otra parte, y con independencia de algún financiamiento de organizaciones no gubernamentales y otras entidades de carácter filantrópico, Yunus ha logrado, en lo fundamental, conservar la autonomía de su proyecto. Los propios prestatarios son los dueños del Banco Grameen, ya que una vez alcanzada la solvencia económica, compran acciones en el Banco y así también mantienen la oferta de dinero para nuevos préstamos.
Pronto el Microcrédito trascendió las fronteras de Bangladesh y se extendió a otras regiones del planeta. Se estima que en nuestros días existen cerca de 7 mil instituciones que practican esta modalidad de microfi-nanciamiento a unos 16 millones de pobres en el mundo. La génesis radica en los principios con que comenzó el Banco Grameen, pero casi todas han adaptado su trabajo a las condiciones concretas de cada lugar. El Microcrédito está presente en buena parte de los países latinoamericanos, entre los que descuellan Honduras, El Salvador, Bolivia, Nicaragua, Perú, Chile, Costa Rica, Colombia, Paraguay, Ecuador y República Dominicana. Muchos de los beneficiarios de estos préstamos se desempeñan hoy como dueños de restaurantes, propietarios de pequeñas empresas manufactureras, y en la venta ambulante de mercaderías. |
Mohammad Yunus, fundador del banco de Grameen,
explica las ventajas de los préstamos del microcrédito
en una aldea de Bangladesh de Kalampur. |
En noviembre de 2002 la ciudad de New York fue sede de la Cumbre del Microcrédito, momento en el que 2 mil delegados de cien países se trazaron el objetivo de llegar en el 2005 a la cifra de 100 millones de prestatarios entre las familias más pobres del mundo. A su vez las Naciones Unidas declararon ese último año como el Año Internacional del Microcrédito, durante el cual se desarrollaron nuevas iniciativas y programas para incrementar este tipo de préstamo bancario. Como colofón, en el año 2006 Muhammad Yunus y su Banco Grameen recibieron el Premio Nobel de la Paz, y el importe del mismo (1 millón cien mil euros) fue destinado a obras benéficas.
Por supuesto que no han faltado objeciones a varios de los principios sobre los que descansa el funcionamiento del Banco Grameen. Algunos opinan que la preferencia por prestar dinero a las féminas constituye a largo plazo una carga adicional para ellas, que siempre serán responsables de la atención a los hijos y el hogar. Pero el |
reparo que me parece más razonable es aquel que apunta a una predilección del Microcrédito por el sector menos pobre entre los pobres, en detrimento de la asignación de fondos a los más pobres entre los pobres, es decir aquellos que nunca estarían en condiciones de iniciar un negocio propio, y por tanto dependen de subvenciones y ayudas –casi siempre estatales– para sobrevivir.
En este sentido, y ante la pregunta de si él pensaba que las subvenciones públicas al estilo del Estado benefactor europeo iban a ayudar a los pobres a largo plazo, el profesor Yunus, en una reciente conferencia de prensa en España, respondió: “Desgraciadamente me he estado pronunciando en contra del bienestar público. Digo que las subvenciones públicas tienen su momento y su lugar. Para mí, cualquier programa de bienestar público o de subvención tiene que tener un límite en el tiempo. No puede durar un tiempo ilimitado. Cuando las per-sonas tienen serios problemas y no tienen ninguna ayuda ni nadie viene a ayudar, el Estado puede intervenir para ayudar a las personas a que rehagan sus vidas, pero no para que dependan del Estado o de ninguna otra persona de forma permanente”.
Imagino que cualquier lector cuente ya con una respuesta para la interrogante con la que deseo concluir este trabajo: ¿No sería bueno considerar, entre las posibles fórmulas económicas que nos ayuden a superar el difícil momento presente, un proyecto tan plausible y reconocido internacionalmente como el Microcrédito? Claro, la gestión del señor Yunus se acerca más al método liberal de lucha contra la pobreza que a la estrategia socialista con igual propósito. O sea, en lugar de apostar por la igualdad mediante la redistribución de la riqueza, él se inclina por la igualdad de oportunidades para que todos se esfuercen en pos de su propio bienestar. De todas maneras, mucho debe de hacernos meditar este viejo proverbio chino, auténtica espina dorsal sobre la que se yergue la concepción del ilustre economista bengalí: “Si a un hombre le das pescado, comerá hoy; enseña al hombre a pescar y comerá toda una vida”.
Nota: 1. Persona que toma dinero a préstamo. |
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