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El grito del indefenso
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por Lázaro J. Álvarez |
“Es una conquista, ¡un derecho de la mujer!”
Concretamente, ¿a qué se refería la especialista, entrevistada en horario estelar de la TV? ¿Acaso a que las féminas ya disfrutan en el hogar de todas las prerrogativas que la ley les reconoce en el ámbito social? ¿O quizás hablaba de que han logrado pasar de la frase “mi marido me ayuda” a la colaboración plena ante los retos cotidianos?
No, no. El “derecho” y la “conquista” eran otros: el aborto. En el programa de marras, se analizaba el conflicto de una muchacha en la recién concluida telenovela Oh, La Habana; una adolescente, hija de una humilde secretaria, a quien la buena de la película, Mercedes –la protagonista–, cuando se enteró de que estaba encinta, le aconsejó: “¿Qué vas a hacer? ¡Resuelve eso!”. Y ya sabemos qué significa, en esos contextos, “resolver”…
Pues bien, aquella académica, con una sonrisa estampada en el rostro, y en tono de satisfacción, aplaudía esa “salida”, por la que puede optar la mujer que se enfrente a un embarazo no deseado. ¿Quién paga los platos rotos en un caso así? El ser indefenso: el niño –o la niña, para complacer peticiones de quienes prefieren marcar la diferencia–.
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Quiero asirme de la invitación al debate que se lanzó al final del programa, y ofrecer un criterio diferente. Sí, porque en aquel espacio de TV nadie lo hizo. ¿Qué debate es ese en el que no hay puntos de vista contrapuestos, y en el que de todos los participantes se colige que siguen la misma línea? La dirección del país ha puesto énfasis precisamente en que se ventilen las inquietudes y las inconformidades, y las mías son también las de un considerable sector de la población que, bien por razones de credo religioso, bien por otras de índole llanamente moral, se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo. |
Les hablo primero a quienes ensalzan esa práctica como un “derecho”. La pregunta para ellos es: ¿Qué clase de defensa de la mujer es la que proclaman ciertos –y ciertas– feministas, que buscan eliminar a otras mujeres mientras son bebés y duermen en el vientre materno a la espera de la hora de ver la luz? ¿Cuántas niñas, aún fetos, no “quedan al campo” para satisfacer el deseo de “emancipación femenina” y “éxito profesional”.
Por otra parte, sería interesante que los partidarios del aborto aclararan desde cuándo una persona es tal. Si la interrupción del embarazo no le arranca la vida a un ser humano, sino a un “algo”, a una “cosa”, ¿entonces a partir de qué instante sucede la “mutación” de “cosa” a ser humano? ¿Cómo están tan seguros de que aquello que arrancan del interior de una mujer es lo primero y no lo segundo?
Los argumentos científicos sí que ofrecen certezas firmes: alrededor del día 21, ya el corazón del bebé late regularmente, mientras se forman los músculos y se anuncian los ojos, los oídos, las piernas…; a la sexta semana, el cerebro controla los órganos, el estómago produce jugos gástricos y los riñones empiezan a funcionar; a la novena, posee huellas digitales, y en los siguientes días, es posible determinar el sexo…
Por desgracia, en ninguno de esos detalles –que tan propiamente humano hacen al niño o la niña– reflexiona la mujer que decide deshacerse de su criatura, aconsejada por gente “con los pies en la tierra”. Y no digamos ya las evidencias referidas a las primeras etapas de la gestación. Conozco a una muchacha que hace ya diez años tomó rumbo noroeste. Tiempo antes había salido de su “problema”, cuando ya contaba ¡seis meses!
Quien esto escribe, solo tenía siete al nacer. Si mi madre hubiera seguido esa “lógica” –presiones y “consejos saludables” no le faltaron– otro tendría el placer de llenar hoy este espacio.
Así, mientras unos celebran la “victoria de la modernidad”, que permite quitar la vida a un niño no nacido porque “la situación económica está difícil”; y mientras otros se extrañan y alarman por el envejecimiento demográfico –a pesar de estar tan clarito uno de sus porqués–, un lastimoso grito, el de los bebés en su nido de silencio, sigue tocando ásperamente a la puerta de las conciencias. |
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