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Amando la sabiduría.
Santo Tomás de Aquino.
por p. Narciso de la I. Rodríguez
PIENSE UN POCO Y DESCUBRIRÁ LO MÁXIMO
Ustedes habrán oído hablar del “tomismo”, ¿verdad? Pues de eso se trata esta vez. De toda una corriente filosó-fica, de todo un planteamiento acerca de Dios, el hombre y el mundo que dominó durante varios siglos el pensa-miento europeo debido a uno de los hombres más inteligentes habidos, preclaro hijo de la Iglesia, SANTO TOMÁS DE AQUINO. Conste que sigue aportando, gracias a Dios, fundamentales reflexiones que ayudan mucho a encontrar la verdad. Veamos.

Este santo, Tomás, fue hijo de los condes de Aquino, una de las más nobles familias de la Italia central. Después de muchas dificultades profesó en la Orden de Santo Domingo hacia la que se sintió llamado por su dedicación a la vida intelectual. Vivió sólo 49 años (1225-1274), pero al cabo de ellos dejó realizada una obra verdaderamente gigantesca, sintetizada en la Summa Theologica, que pretendió ser una síntesis del saber filosófico y teológico. De esta manera puso el broche de oro al siglo xiii, siglo de las grandes catedrales góticas y tiempo propicio para que la cultura saliera de las escuelas monacales
para fundar las primeras universidades. Pero, también, época que se inicia bajo el signo de grandes temores y de un profundo desconcierto debidos, en parte, a la reaparición e interpretación de nuestro inolvidable Aristóteles que metía en el cuerpo de muchos unas ganas enormes por el saber profano y que, al parecer, se desviaba profundamente del credo cristiano hasta negar, por ejemplo, la inmortalidad del alma. Entonces aparece Tomás de Aquino, joven estudiante de la Universidad de París, que hizo ver al Aristóteles verdadero, expurgado de elementos extraños, y conciliable con el Cristianismo mucho más fácil y profundamente que el propio platonismo como habían postulado otros filósofos e, incluso, santos anteriores.

Afirma santo Tomás que el animal, al no disponer más que del conocimiento de los sentidos, sólo capta el mundo de las cosas concretas: este árbol, aquella piedra. El hombre posee además entendimiento con el que puede adquirir también las ideas o conceptos universales (el árbol, la piedra). La razón, añade, puede alcanzar a conocer el límite o frontera donde se enlazan el orden natural y el sobrenatural y acceder a verdades reveladas objeto de la fe pero que son también accesibles a la razón como, por ejemplo, la existencia de Dios. Aunque, es verdad, sólo podremos tener un cierto conocimiento por analogía e imperfecto, atribuyéndole a Dios en grado eminente las perfecciones positivas que encontramos en las cosas del mundo y en el ser del hombre.

¿Qué le va pareciendo nuestro inteligente santo? Pero sigamos, amigo, porque estamos en el meollo de una gran y célebre aportación del Doctor a la Filosofía que con él deja de ser sierva de la Teología para convertirse en ciencia autónoma con un objeto propio y distinto. Se trata de las famosas cinco vías de santo Tomás para llegar al conocimiento de Dios. Si podemos llegar a conocer la existencia de Dios por la razón el camino queda abierto a partir de las cosas que nos rodean, ascendiendo de los efectos a su causa.

Y ahí van, aunque en síntesis, las cuatro primeras que tienen un fondo común: es evidente que algo existe y todo lo que existe requiere una causa porque nada es causa de sí mismo. Luego si algo existe debe haber una causa primera, ser necesario, que es lo que llamamos Dios. Ahí queda eso, sí señor. La quinta vía y la que más convence: es preciso admitir una inteligencia soberana que dio el ser y el orden a este inmenso Universo. Así de sencillo. Y para Santo Tomás este ser diferente del mundo, motor inmóvil, organizador, artífice, causa y principio de cuanto existe es el Dios personal, providente y amoroso del Cristianismo. Fe y razón, dos fuentes de información, ambas autónomas, que se ayudan mutuamente y se complementan. Vamos, que si usted o cualquiera abre los ojos a lo que le rodea y se pone a pensar un poco puede llegar a descubrir lo máximo, es decir, a Dios mismo. De verdad.

Gracias Doctor Angélico por tus intuiciones. Me hacen recordar a tu Maestro ¡y mío también!, Jesús de Nazaret, cuando les dijo a aquellos malos hijos que un día querían acabar con él: “Les aseguro que antes que Abrahán aciera, yo soy” (Jn 8,58).

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