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Otra mirada: Roberto Méndez

por María del Carmen Muzio

 

Entrevista concedida a nuestra revista por el destacado
poeta y ensayista camagüeyano Roberto Méndez.
En la Feria del Libro de este año se presentó el ensayo Otra mirada a La Peregrina (Editorial Letras Cubanas) de Roberto Méndez, Premio de Ensayo Alejo Carpentier 2007 que otorgara un jurado integrado por Nara Araújo, Leonardo Acosta y Ana Cairo.

Roberto Méndez (Camagüey, 1958), miembro correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua, es autor de una extensa obra, entre la que figuran poemarios como Cuaderno de Aliosha y Viendo acabado tanto reino fuerte, Premio Nacional de Poesía “Nicolás Guillén” 2001; los ensayos Castillo Interior, La dama y el escorpión, El ballet, guía para espectadores y Los misterios de la ópera, entre otros importantes títulos.

Interesados por reseñar su importante obra sobre La Tula, nos acercamos a la casa del autor, en la barriada de Lawton, aunque prometemos para el futuro una reseña de este esclarecedor ensayo sobre una de las
"Otra mirada a La Peregrina ". Ensayo de Roberto Méndez
poetisas cubanas más importantes del siglo xix. Entre tazas de rico café cubano colado por su esposa y las sonrisas de su precioso niño, Roberto Méndez accedió a nuestras preguntas.

María del Carmen Muzio: Más de una vez se ha hablado de la poesía y el ensayo como géneros cercanos entre sí. ¿Cómo se complementan estos géneros en Roberto Méndez, considerado más como poeta?

Roberto Méndez: Es cierto, soy esencialmente poeta, pero desde hace años he ido pasando de un periodismo crítico a la prosa reflexiva “de más vuelo”. En torno al centenario de Heredia publiqué José María Heredia, la utopía restituida. Una revisión de los temas, las constantes y los valores de su poesía, imbricados en su complejo contexto histórico. El libro obtuvo en 2003 un Premio de la Crítica y parte de este estudio ganó en Toluca un Premio Internacional dedicado a esa figura. Ese precedente me llevó a La Tula, una figura nacida en El Camagüey, a la que se nombra como símbolo de muchas cosas, pero se le conoce poco. La revisión de su Obra Completa, especialmente de su poesía, tan preterida, me incitó a elaborar un largo estudio sobre ella que sigue moldes parecidos a los del libro sobre Heredia, aunque ahora con más madurez y extensión.

MC: La literatura española y la cubana se disputan la pertenencia de la escritora. ¿Qué opinas sobre tan importante cuestión?

RM: La Avellaneda es una escritora “de frontera”, desarrolló casi todo su quehacer en España, pero ella voluntariamente y de modo explícito quiso pertenecer a las letras cubanas, aunque en esa época apenas existía un corpus que pudiera definirse como tal, con la excepción de Heredia, a quien ella leyó y admiró muchísimo. Resulta estéril el dividirla entre dos naciones: fue una de las figuras más altas y audaces del romanticismo español, la considero más notable que Zorrilla y el Duque de Rivas, más completa que Carolina Coronado y Fernán Caballero, pero además en ella está un modo diferente de valorar y juzgar las cosas, una mirada particular a algunos problemas de Cuba –como la esclavitud y el racismo– y si eso se suma a su decisión de que la evalúen como cubana, creo que deben usufructuarla ambas orillas sin complejos.
MC: El Devocionario de La Avellaneda ha sido considerado por la crítica como una de las partes más débiles de su obra literaria. ¿Qué crees al respecto?

RM: El Devocionario es una obra desconocida salvo para unos pocos especialistas. Fue publicado en Sevilla en 1867 –con Licencia Eclesiástica– y sólo fue reimpreso en Madrid hace varias décadas y estudiado por su biógrafa, Carmen Bravo Villasante. En Estados Unidos ha despertado cierto interés entre las scholars que se ocupan de estudios de género. Mi opinión personal es que resulta una obra novedosa, no solo desde el punto de vista literario sino devocional: mucho antes del Vaticano II reivindica una visión cristocéntrica de la fe y valora altamente la oración al Espíritu Santo. Mira a Dios más como Padre que como juez. Dedica muchas páginas
Durante la presentación en la Feria del Libro de La Habana este año.
a la oración interior y en tiempos en que la Sagrada Escritura no abundaba en manos profanas, ella realizó paráfrasis de varios salmos y pasajes proféticos o sapienciales de una belleza excepcional. Su explicación del valor litúrgico del Triduo Pascual es de una actualidad asombrosa. A ello habría que sumar que compendia allí la mayor parte de su poesía religiosa, de modo que le otorga un papel relevante en la oración. Para mí ese volumen fue un descubrimiento –pude trabajar con un ejemplar de la edición príncipe– e influyó decisivamente en el último capítulo de mi libro, dedicado a la tan preterida poesía religiosa de la autora.

MC: ¿Qué ha significado para tu carrera literaria el Premio de Poesía “Nicolás Guillén” con Viendo acabado tanto reino fuerte, el de la Crítica al mismo, y ahora el de Ensayo “Alejo Carpentier” con Otra mirada a La Peregrina?

RM: Escribí la mayor parte de mi poemario Viendo acabado tanto reino fuerte, en el Convento de Nuestra Señora del Carmen, en 1992, donde hacía mi noviciado. Fue un salto cualitativo de mi poesía. Era un momento difícil, pero en medio de carencias, apagones y separaciones, refrendé allí mi fe en Dios, en Cuba y en la Poesía. Es un libro amargo pero esperanzado. Demoré años en poder darlo a la luz: lo mandé a varios concursos y era invisible, una editorial nacional me lo evaluó positivamente y lo echó en una gaveta sine die. Gracias a mi esposa lo envié a la primera convocatoria del Guillén y para mi sorpresa, ganó y despertó mucho interés en los lectores y varios críticos se ocuparon de él. Aunque he ganado tres premios de la Crítica –dos de ellos por ensayos– el que más valoro es ese. Aunque después de él he publicado otros volúmenes de poesía: Libro del invierno, Cuaderno de Aliosha, Las especies del aire y mi antología personal Autorretrato con cardo, la mayoría de las personas consideran que no llegan a la altura de aquel. Mi reto, si Dios lo permite, es superarlo alguna vez. El premio Carpentier por Otra mirada lo sentí a la vez como reconocimiento al intenso trabajo de investigación y reflexión que debí desplegar, pero a la vez como un acto de restitución para una figura tan mal tratada como la Tula a la que muchos críticos han “ninguneado” o dicho tonterías de ella, creo que con este volumen se le trae a la luz pública de nuevo y será más difícil esconderla en los próximos tiempos. En general los premios ayudan a hacer más conocido un libro, facilitan su divulgación y si no se toman con vanidad, estimulan a seguir trabajando en la sombra. Una obra o una literatura no se hacen de premios, ellos son oasis venturosos, pero lo más importante es la marcha por el desierto, con los ojos puestos en la columna de fuego.

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