Retornar al "Home Page" ...
 
 

 
Causa de Beatificación del Siervo de Dios
PRESBÍTERO FÉLIX VARELA Y MORALES
Sacerdote ejemplar - Maestro insigne - Patriota entero

 
a cargo de: Monseñor Ramón Suárez Polcari
 
Unidos en la oración pidiéndole a Dios permita que este Sacerdote cubano de vida ejemplar alcance la gloria de los altares para bien de su Iglesia y de la Patria cubana.

LA MUERTE DEL SIERVO DE DIOS

La vida del padre Varela se caracterizó por una fe acendrada por su celo apostólico y los muchos sufrimientos que experimentó por la causa de Cristo. Además fue privilegiado por Dios en capacidades intelectuales y carismas espirituales. Si todo esto es un don del Altísimo, sabemos lo importante que es el empeño del hombre por desarrollarlos al máximo de su capacidad. A esos hombres los llamamos virtuosos y, entre ellos, está el padre Varela. Si su vida fue ejemplar, no menos lo fue su muerte.

En los últimos seis meses estuvo muy débil. El día antes de su muerte fue mucho mayor su debilidad física. En la mañana del viernes, consciente de su gravedad, consideró prudente recibir los sacramentos. Cuando hablaba de la muerte ya próxima, lo hacía con entereza y espíritu firme. Confiaba en Dios, a quien siempre amó con todo su ser. Cuando el padre Aubril le iba a dar el viático, el padre Varela lo interrumpió para decir unas palabras:

“Tengo que cumplir una promesa, que hice mucho tiempo antes de ahora. Tengo que hacer en este momento, en el momento de mi muerte, como lo he hecho durante  mi vida, una profesión solemne de mi fe en la presencia real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía”; y mirando fijamente hacía la hostia consagrada, exclamó:

“Creo firmemente que esta hostia, que usted tiene en sus manos, es el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo bajo la apariencia del pan.”

Después que concluyó, quedó en silencio meditativo y pareció que había mejorado, pero el médico consideró que su estado se tornaba más grave. La comunidad parroquial se reunió y un gran número de fieles oró en el templo por él; otros lo acompañaron en la habitación para rezar con él. Las oraciones se sucedieron sin interrupción hasta su muerte.

Los testigos presenciales refieren que estaba allí una señora protestante, quien acercándose al Siervo de Dios le pidió la bendijese; a lo que él respondió con una fuerte invitación a que se convirtiera a la fe católica. Ella se arrodilló  ante él y lo prometió  ante todos los que allí estaban. El padre la bendijo y oró por ella.

Pudo mantener su conciencia clara hasta el último momento y entregó su alma sin ningún esfuerzo. Había pedido que le enterrasen en el cementerio de la ciudad junto a su tía.

El padre Sheridan refiere en su carta-informe al Arzobispo de Nueva York que: “Como todo el mundo aquí lo amaba y respetaba mucho, muchas y muy fervientes plegarias se han hecho y continúan haciéndose por el descanso de su alma”.

Al llegar la carta a Nueva York, se dispuso una solemne misa de réquiem el día 10 de marzo en la Catedral y fue presidida por el Arzobispo.

La prensa católica enlutó sus columnas para anunciar la triste noticia.

El cadáver del sacerdote venerable y ejemplar permaneció en capilla ardiente según la costumbre de aquel país. Muchos desfilaron ante el féretro y otros permanecieron en continua oración. Un miembro de la comunidad de San Agustín cortó parte de sus cabellos y los repartió como reliquias. Era el gesto profético de la gente del pueblo que sabe percibir de una manera especial el valor de la santidad.

El momento del entierro fue emocionante, pues todos querían llevar el cadáver con la certeza de santificarse. Acudieron los niños de las escuelas católicas y el clero de la ciudad y los alrededores.

 

La Habana, 27  diciembre de 2008
Mons. Ramón Suárez Polcari.

Con júbilo queremos proclamar la gracia que consideramos ha derramado el Señor sobre nosotros por la intercesión de su Siervo el presbítero Félix Varela y Morales a quien acudimos con la confianza de ser escuchados.

Comenzaré por señalar que mi madre de 95 años de edad sufrió un accidente en el hogar el día 30 de abril de 2007, que le provocó una fractura no completa en la cabeza del fémur, diagnosticándose fractura de cadera, por lo que el médico planteó la necesidad  de operación, pues de no hacerlo mi madre no volvería a caminar o lo haría con grandes dificultades. Luego de varios minutos de zozobra, reflexionando con una prima mía que es médico, determinó colocar una bota de yeso para impedir los movimientos laterales del pie, y que cada quince días durante tres meses debería asistir a consulta. Si en ese período detectaba algún desplazamiento de la fractura, tenía que ser intervenida quirúrgicamente. Recomendó que le suministráramos unas pastillas semanalmente que no son comercializadas en el mercado nacional.

Al día siguiente, hojeando la revista Palabra Nueva, al ver la oración del padre Félix Varela, sentí que ahí podíamos encontrar quien intercediera por nuestras necesidades y le mostré la oración a ella, formando desde ese día parte de nuestra oración diaria.

Ocho días después recibimos la llamada de unas vecinas nuestras, pues por mejores condiciones nos encontrábamos en la casa de unos familiares en Playa, que reunieron y nos mandaban el dinero para comprar las pastillas, pero no se pudieron conseguir. Dos días después nos llamó una hermana nuestra de la Comunidad de San José (Juanelo), quien me comunicó que había conseguido ocho tabletas, o sea para dos meses exactos. Fui de inmediato a buscarlas. Y eso es lo que consideramos el primer milagro. Al cumplirse los primeros quince días cuando fuimos a consulta, al revisar  la placa que se le realizó, el médico encontró que el hueso estaba casi soldado al punto que le mandó a retirar el yeso y que volviera al mes siguiente, le dijo que “se había librado de una operación”. En la  siguiente consulta el hueso había soldado completamente y le dio el alta médica.

Hoy mi madre realiza las labores del hogar como antes y aunque puede caminar sin apoyo, por seguridad se vale de un andador.

Agustina Rodríguez Cedeño
Gonzalo Lauzán Rodríguez

**************************************************************************************************

Unidos en la oración pidiéndole a Dios permita que este Sacerdote cubano de vida ejemplar alcance la gloria de los altares para bien de su Iglesia y de la Patria cubana.

Monseñor Ramón Suárez Polcari.

Aunque en el próximo número de esta revista trataremos con más detalles sobre la muerte del Siervo de Dios, no quisimos dejar pasar esta ocasión en la cual celebramos el 150 aniversario de su fallecimiento ocurrido el 25 de febrero de 1853 en San Agustín de la Florida.  

**************************************************************************************************

ENVIE SU CARTA A:
Monseñor Ramón Suárez Polcari
Causa de Canonización del Siervo de Dios Pbro. Félix Varela y Morales.
Calle Habana #152 esquina a Chacón. Habana Vieja.

 
  Presbítero Félix Varela y Morales.
ORACIÓN

Oh Dios, que en tu amorosa providencia llamaste
a tu Siervo FÉLIX VARELA
a ser un fiel sacerdote de tu Hijo Jesucristo
y le mostraste el camino del Amor,
y él lo vivió intensamente sirviendo
con generosidad a todos,
especialmente a los más pobres y necesitados,
mostrándonos así cómo amarte a Ti primero que todo,
a la Iglesia y al pueblo cubano,
por los que ofreció su vida.
Te ruego que concedas la beatificación
de tu Siervo Félix Varela
Y me concedas, por su intercesión,
este favor especial... (haga aquí la petición).
Te lo suplico por el mismo Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

A continuación se rezarán
Padrenuestro, Avemaría y Gloria (tres veces).


Regresar al Sumario
Sumario Breves Religión Sociedad Segmento Internacional Glosas Cubanas