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<< ABRIL / 2008 No.173

La Ascensión del Señor “Discípulos de Jesucristo” - Liturgia para el mes de Mayo.
Oyentes
de la Palabra

LITURGIA PARA EL MES DE MAYO

por fray Jesús ESPEJA, OP

4 DE MAYO: LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
“DISCÍPULOS DE JESUCRISTO”


La Palabra: “Haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Evangelio).

1. Ser discípulo. No es lo mismo discípulo que alumno; éste recibe unas lecciones que trata de asimilar para responder en el examen; pero el discípulo entra en sintonía con el espíritu del maestro, hace

suyas las convicciones de aquel, y se propone recrear su misma conducta. La fe cristiana no se reduce a escuchar y aceptar intelectualmente algunas verdades sublimes que nos dice un profesor de Teología o una persona bien informada de la Iglesia. Implica dejarse alcanzar y transformar por el espíritu de Jesús. Esforzándonos por vivir y actuar como él vivió y actuó.

2. El bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La experiencia fundamental de Jesús, la inspiración que dio sentido a su práctica existencial, fue la cercanía de Dios como amor incondicional. En sí mismo: comunidad de personas distintas que mutuamente se afirman y ninguna es más que la otra. Y siempre autocomuicándose a los seres humanos como fuente de vida e impulso de amor para que todos lleguemos a vivir como hermanos. En este dinamismo comunitario entramos cuando recibimos el bautismo.

3. Guardar lo mandado por Jesucristo. Jesús no fue un legislador ni se preocupó mucho por ritos religiosos, leyes y cumplimientos. Lo único que absorbió sus preocupaciones, inspiró todas sus actividades y le sostuvo en tantas contradicciones, fue que hombres y mujeres empezasen a actuar como actúa Dios que no sabe más que amar y proporcionar aliento a todos y a todo. “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Jesús amó hasta dar la propia vida para que todos tengan vida; y en esa conducta reveló cómo es y cómo actúa Dios. Esa conducta es la que dejó como testamento y único camino para sus discípulos.


11 DE MAYO: PENTECOSTÉS
“PAZ A VOSOTROS”


La Palabra : “Recibid el Espíritu Santo. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (Evangelio).
1. Aunque muchas veces nos dicen ¡no tengan miedo!, da la impresión de que el miedo se nos ha metido en la sangre. Cada vez más desconfiamos de todos, y procuramos cerrar las puertas por miedo a que nos asalten. Es algo que ocurre no sólo en la vida cotidiana de nuestro pueblo sino también dentro de la misma Iglesia; con frecuencia los cristianos tenemos miedo y adoptamos actitud defensiva, cuando no hipócrita o agresiva, contra visiones y posicionamientos de la sociedad que no coinciden con los nuestros.

2. Como el Padre me envió, así también os envío yo. Jesús se manifestó animado por una fuerza de lo alto, con sentimientos de amor y vida para todos. Él mismo lo dijo expresamente: “el Espíritu del Señor está sobre mí”. En la revelación bíblica no se define qué es el Espíritu, pero sí encontramos la sensación de que el Espíritu es como el aire que nos permite respirar para seguir viviendo y nos une a todos en la común atmósfera; como el fuego que da calor y enardece, como el agua que con la lluvia fecundiza los campos para que den fruto. Un lenguaje simbólico que vemos en Hechos de los Apóstoles cuando relata el acontecimiento de Pentecostés.

Recibid el Espíritu Santo. Según el relato bíblico de los orígenes, el Espíritu ya está dando vida e impulso a todos los seres humanos. Los cristianos en Jesucristo hemos percibido la fisonomía o rasgos del Espíritu verdadero que tantas deformaciones recibe en las conductas perversas de los seres humanos. Según la liturgia de este domingo, el Espíritu de Jesús es “luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo, descanso de nuestro esfuerzo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos”. Dejemos que este Espíritu ya presente en nosotros emerja en nuestra existencia cotidiana y rejuvenezca nuestra conducta.


18 DE MAYO: SANTÍSIMA TRINIDAD
“APOSTEMOS POR LA COMUNIDAD ENTRE NOSOTROS”


La Palabra: “La gracia de nuestro señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros; trabajad por vuestra perfección, animaos mutuamente; tened un mismo sentir y vivid en paz”; (segunda Lectura).

1. Que Dios es trinidad de personas constituye un artículo central y el más peculiar de la religión cristiana. Lo hemos intuido viendo la conducta histórica de Jesucristo: habla de Dios como Padre, y él mismo vive como Hijo, consciente de que ya está habitado e impulsado por el Espíritu. Cuando confesamos esa trinidad de Dios en sí mismo, estamos diciendo que no es un soberano monolítico que desde arriba se impone con poder y justifica los poderes dictatoriales del mundo. Dios es comunidad de amor, que no destruye la singularidad de cada uno sino que más bien la fortalece. A esta realidad de Dios no se llega con razonamientos metafísico; es el fruto de una experiencia que tenemos los creyentes en Jesucristo.

2. En su vida y en su martirio Jesús de Nazaret vivió de modo único esta experiencia: “el Padre y yo somos uno”, “el Espíritu de Señor está en mí”. Y la Iglesia, comunidad o cuerpo de Jesucristo, se considera “pueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Si bien hay en ella distintos ministerios, todos sus miembros tienen la misma dignidad como hijos de Dios, y nadie es más que nadie. Y así la Iglesia puede y debe ser para la sociedad humana el signo de la Trinidad, llamada y camino para la organización social en cada pueblo y en el mundo.

3. En el evangelio según san Mateo hay una invitación que parece un poco excesiva: “sed perfectos como el Padre celestial es perfecto”. El evangelista Lucas da otra versión más comprensible: “sed misericordiosos como vuestro padre es misericordioso”. Misericordia es un amor especial de talante comunitario pues implica hacerse cargo y cargar con la miseria del otro. La simbólica trinitaria nos permite dar un paso más: caminamos hacia la perfección en la medida en que nos esforzamos por crear comunidad: respetando la singularidad de cada persona en la unidad de sentimientos, aspiraciones y empeño.


25 DE MAYO: CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
“HABITAR EN JESUCRISTO”


Palabra de Dios: “el que come mi carne y bebe mi sanre, habita en mi y yo en él” (Evangelio).

1.Según los evangelios, Jesús, ya en vísperas de su martirio, celebró con sus seguidores una comida de despedida. Había pasado por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por las fuerzas del mal. Pero las autoridades del pueblo judío no aceptaron el mensaje que ponía en peligro su situación de privilegio, y determinaron eliminar al Profeta. En esa despedida Jesús hizo un gesto muy significativo. Tomando pan y vino dijo: aquí está mi vida, con todos sus anhelos de felicidad para todos y con todos sus desvelos para conseguir ese objetivo; con esa misma intención voy a la muerte; en este pan y en este vino os entrego mi vida para que sea vuestro alimento: “tomad y comed”. Y añadió: “haced este gesto en memoria mía”.

2.Cuando Jesús murió crucificado sus seguidores perdieron la esperanza: todo había sido un sueño. Pero Jesús lleno de vida les salió al camino diciéndoles: “soy yo, no temáis”. Y animados por el Espíritu aquellos primeros cristianos recuperaron la confianza y, siguiendo la recomendación del Maestro, celebraban la comida fraterna donde el Resucitado se hace presente y se ofrece como alimento para el camino. Esa presencia real de Cristo en la eucaristía es la que proclama y celebra la Iglesia en esta fiesta.

3. En el lenguaje bíblico, “carne y sangre” significan la totalidad de la persona: su ser, su espíritu, sus aspiraciones, proyectos y conducta. A las autoridades religiosas judías que no aceptaban a Jesús como enviado de Dios, él les advierte: “si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tendréis vida”; es decir, si no aceptáis mi persona y mi conducta histórica como revelación de Dios y camino de salvación, “moriréis en vuestro pecado”, en vuestra curvación egoísta. Nosotros en la comunión eucarística damos un paso más en nuestra unión con Jesucristo: “habitamos un poco más en él y él en nosotros”.


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