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<< ABRIL / 2008 No.173

Llamados a
por Rolando Montes DE OCA*
foto Raúl PAÑELLAS
DAR VIDA Esta ha sido la experiencia vivida hace poco por nuestra iglesia diocesana, con la ordenación sacerdotal de Jorge Luis Pérez Soto. Él es ahora sacerdote de Cristo para siempre.
Las ordenaciones sacerdotales son de las celebraciones que más alegría despiertan en la Iglesia. Los días que las preceden son de abundante trabajo, pero de más ilusión. Y es que este paso de Dios entre su pueblo, que se realiza con cada nuevo sacerdote, produce una atmósfera de esperanza cristiana que envuelve a toda la comunidad, desde el obispo hasta el más reciente cristiano. Esta ha sido la experiencia vivida hace poco por nuestra iglesia diocesana, con la ordenación sacerdotal de Jorge Luis Pérez Soto. Él es ahora sacerdote de Cristo para siempre.

Todo empezó en Güines, cuando todavía era Jorge Luis un niño y el Señor, por medio de sus padres y padrinos, lo llamó a la fe de la Iglesia. Sus familiares lo llevaron a bautizar, querían que fuera un buen hombre; su Padre Dios soñaba con mucho más. Con estas aguas Jorge Luis se convirtió en hijo de Dios, miembro de la Iglesia y heredero del Cielo. No obstante pasaron varios años hasta que por fin se insertó totalmente a la vida de la comunidad. Allí aquella semilla de fe creció rodeada y protegida por el testimonio de muchos buenos cristianos que con su obrar cotidiano han sido y son signos de la presencia de Dios en el pueblo.

Andando el tiempo Jorge profundizaba en su amistad con el Señor y así fue que comenzó a escuchar a Jesús que lo llamaba: “–Sígueme y te haré pescador de hombres”. Él, con la ayuda de la dirección espiritual, comprendió que había que dejarlo todo, que el Señor lo había elegido. Era la vocación al sacerdocio, la llamada de Dios que la Iglesia, en la persona del obispo reunido con la comunidad, confirmó el pasado 12 de abril.

Nos dice el Evangelio que Jesús llamó a los que él quiso para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y sigue siendo Jesús, el Buen Pastor, quien continúa llamando a jóvenes a servirle, a entregar por el Reino toda la vida. Cumple así la promesa hecha al pueblo por boca del profeta Jeremías: “Les daré pastores según mi corazón”. Pastores que hagan presente su misericordia. Hombres que lo dejan todo sin miedo.

El Señor sigue llamando a estos hombres a los que todos llamamos “padres”, porque están llamados a ser sacramento del Padre Dios, es decir: hombres a través de los cuales podamos sentir cercana la Paternidad de Dios. Él llama a los sacerdotes, para por medio de ellos, una y otra vez, apacentar a sus ovejas y llevarlas a reposar, buscar a la que está perdida, recuperar a la descarriada, curar a la que está herida y confortar a la enferma (cf. Ez 34,15 ss). Él ha querido que por medio de los sacerdotes llegue a todos el verdadero gozo.

Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Esta es la verdadera alegría: la presencia del Señor, su salvación. Cuando el sacerdote celebra los sacramentos, en especial la Eucaristía, es Cristo mismo quien se hace presente y nos trae su salvación.

El sacerdote es también un mensajero del perdón, un hombre con la misión de reconciliar a los hombres entre sí y con Dios. Como el perdón es un requisito esencial para la paz y la justicia, el sacerdote habrá de trabajar siempre para que se establezcan, pero con la fuerza del Evangelio, la única que conoce el apóstol de Jesús.

El sacerdote, que también es discípulo del Único Sacerdote, sigue siendo un peregrino en la Fe; a menudo se experimenta pecador y necesitado del perdón de Dios y de los hermanos. Es un hombre con una misión que “es más que para hombres”. Por eso sólo podrá realizarla con la gracia del sacramento del orden que ha recibido, con el auxilio del Señor. En nuestro mundo, vivir como pide el Evangelio significa cada vez más “nadar contracorriente” y esto se torna particularmente arduo para el joven que, como el padre Jorge Luis, inicia su vida sacerdotal. En este sentido se hace especialmente necesaria la oración de toda la Iglesia por el Seminario y por los pastores.

*Seminarista de la arquidiócesis de Camagüey.


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