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<< ABRIL / 2008 No.173

Nada mejor pudiera sucederle a ciertas casas que ser objeto de una de esas visitas, cuyas ventanas empiezan a sentirse despojadas del polvo que la invadía desde la última visita relevante. La misma ventura pudieran correr las áreas que están debajo de las camas, que son como regiones del tercer mundo porque de ellas casi nadie se acuerda.
Las visitas importantes.
Las visitas importantes
por Miguel Sabater REYES
ilustración Beatriz alonso
Ni qué decir del baño y la sala, esas partes vulnerables del prestigio de cualquier casa. La sala y el baño vienen a ser como la dentadura y las uñas en las personas, por cuya apariencia somos juzgados inmediatamente. Una sala confortable pero con telaraña en un ángulo del techo produce el mismo efecto que una mujer elegante que al sernos presentada sonríe enseñándonos un repertorio de caries.

Si hasta ayer no nos había importado el salidero de la pila del lavamanos, ahora vamos a buscar al plomero.


Si estuvimos un año comentando que la sala debía ser pintada, le metemos manos al asunto.

Si faltaba un foco en el patio corremos por él hacia la tienda…

Ese día de la visita el baño debe estar tan limpiamente irreprochable que a cualquiera de los visitantes pudiera darles lo mismo comer en él como sentado a la mesa. Nada de periódicos sino papel sanitario. Para esa ocasión se coloca en el baño una toalla y jabón nuevos, y un cesto con revistas de modas y chismes sobre artistas, no fuera a ser que el visitante se extienda y quiera entretenerse.

Se deben esconder los cepillos de dientes y la dentadura postiza que hasta aquel día ha permanecido en el botiquín dentro de un vaso con agua como la boca amenazante de una piraña.

Ese día, en presencia de la visita, la familia es un ejemplo de célula social altamente cordial y organizada. Los esposos retoman aquel olvidado tono de luna de miel tratándose de amor y cielo:

— Amor, ¿dónde está el periódico de ayer? –pregunta él.
Y ella:
— Ay, Cielo, ¿dónde va a estar? Donde siempre.

Donde siempre es debajo del colchón, la hemeroteca de la casa. Pero eso la visita, naturalmente, no debe saberlo.
Ese día es también el de los niños. Todo lo que antes merecía un pescozón ahora se recibe como una gracia novedosa y ocurrente.

Los abuelitos, para con quienes casi nunca tenemos paciencia, son tratados con una exquisitez que la visita no puede menos que decir que ojalá todas las personas de la tercera edad pudieran contar con el privilegio de convivir en una familia tan armónicamente integrada.

¡Qué interesantes son las visitas importantes! Y si son extranjeros, para qué contar… En algún momento un miembro de la familia le muestra a la visita la libreta de abastecimiento, que el extranjero observa con la curiosidad con que pudiera contemplarse un papiro antiguo. Inmediatamente es informado sobre el racionamiento y de ahí se pasa al tema de la insuficiencia de los salarios… Todo lo cual ya lo saben hasta los mosquitos de la Patagonia, pero no hay remedio. De cada diez cubanos nacidos vivos, nueve llevan en el ADN esa tendencia obsesiva sobre el tema.

La misma tensión se crea en algunos centros de trabajo cuando se anuncian una de esas visitas importantes. Basta que la informen por teléfono para que la administración convoque a los jefes de departamentos y otros factores para una reunión profiláctica, en la que se orientan una serie de medidas para que la visita lo encuentre todo perfecto, pues guerra avisada no mata soldados, aunque a veces los mata.

Entre las tantas tareas que hay que hacer figura ese aburrido control de medios básicos, que consiste en ir mirando cada cosa para verificar que el número de la chapilla corresponda con el inventario; no fuera a suceder lo que ocurrió en la última visita, que la silla de la secretaria del administrador la estaba usando la recepcionista y la de ésta se encontró en el baño; por lo cual la visita dejó entrever en sus conclusiones finales que el baño allí funcionaba como una especie de parque.

Mientras un técnico del área económica se desplaza por los departamentos realizando ese chequeo en franca faena de Sherlock Holmes, en el taller un grupo de obreros entusiastas colocan guirnaldas y un cartel que dice


BIENVENIDOS COMPAÑEROS VISITANTES.


Al mismo tiempo en las oficinas se han sacado todos los libros y files que contienen todo tipo de controles, cuyos datos están siendo chequeados contra vales y facturas, como si jamás esto se hubiera hecho.

No por gusto se anuncian las visitas, pues las que de verdad quieren hacer estragos llegan de repente, como las tempestades de verano.

Los files son adornados con figuritas y cintas de papel a colores, como las libretas de los niños que cursan la primaria. Sobre los buroes se ponen cartelitos con lemas diferentes, y cada jefe domina su libreto.

El día de la visita esos trabajadores que no calientan su puesto de trabajo sudan de sufrimiento porque deben permanecer en él como soldado en garita. Suspendidas quedan todo tipo de ventas intralaborales, incluso las croquetas que lleva Esther, con las cuales meriendan más de veinte empleados, inclusive el administrador.

Mariquita Pérez está incómoda porque este día no podrá alternar su trabajo jugando con la computadora, pues tuvo que borrar los juegos, no fuera a ser que la visita chequee los ordenadores.

Después que la visita es despedida se distienden las tensiones y las aguas vuelven a su cauce.

Las ventanas de la casa empiezan a empolvarse. La dentadura regresa al botiquín como si fuera castigada. El esposo ya no llama a su esposa Amor sino Dolores. Los niños cogerán sus pescozones. Mariquita vuelve a alternar su trabajo jugando a hacer solitarios. El cartel que decía BIENVENIDOS COMPAÑEROS… es guardado en el almacén hasta la próxima visita…

¡Qué interesantes son las visitas importantes! Causan efectos renovadores y purificantes.


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