| Amando la sabiduría |
por padre Narciso de la I. RODRÍGUEZ , sdb |
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Pero es que, de verdad,
¿nos metemos miedo? |
| Aquí está Thomas HOBBES (1588-1679), filósofo inglés, un hombre curioso y tímido, cuya obra Leviatán (1651), un manual sobre la naturaleza humana y cómo se organiza la sociedad, estableció la fundación de la mayor parte de la filosofía política occidental. Analista del poder, su principal objeto de investigación fue la conducta humana. Seguramente conoce usted una de sus más célebres frases “el hombre es un lobo para el hombre”. ¡Uuuuh! Bueno, luego le digo una palabra sobre dicha frasecita. |
Según Hobbes, el hombre no es de ninguna manera, un ser demasiado sociable, como planteaba Aristóteles, pero se ve obligado a vivir en sociedad a causa del miedo. El hombre es malo por naturaleza y es la sociedad la que vigila que no se descontrole. Un poco fuerte ¿verdad?
Esta visión negativa, es argumentada por Hobbes a partir de una postura mecanicista, según la cual “hay tres fuerzas que dominan el destino de los humanos: la primera es la competencia, la segunda la desconfianza, y por último la gloria”. Dicho de otra manera: la inclinación general de la humanidad entera es un perpetuo e incesante afán de poder que cesa solamente con la muerte. La pugna de riquezas, placeres, honores u otras formas de poder, inclina a la lucha, la enemistad y a la hostilidad. La competencia impulsa a los hombres a atacarse para lograr un beneficio, la desconfianza para lograr la seguridad y la gloria para ganar reputación. Con todo esto, mientras el hombre viva sin un poder común que los atemorice a todos, se halla en la condición o estado que se llama guerra. Una guerra que es la del “todos contra todos”. ¡Y todavía más!: “La violencia es cultural, la agresividad es natural. Actualmente las causas de la violencia pueden ser naturales: el egoísmo, la agresividad... o sociales: la marginación”.
Me dan escalofríos con el Hobbes ese, amigo mío. Y pienso: ¿no nos va a quedar más remedio que decir: ¡sálvese quien pueda! o ¡apaga y vámonos! que esta casa es un lío o aquí no hay quien duerma?. Yo creo que Hobbes se asustó al ver por vez primera la luz de este mundo. Más tarde diría respecto a su nacimiento: “El miedo y yo nacimos gemelos”, dado que su madre dio a luz de forma prematura por el terror que infundía la Armada Invencible española acercándose a las costas británicas.
Al hilo de la frasecita de arriba dice: “cada hombre es enemigo de cada hombre; los hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas y su propio ingenio debe proveerlos de lo necesario; y lo que es peor que nada, hay un constante temor y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre es solitaria, pobre, grosera, brutal y mezquina”. ¡Oiga, que me mareo! Pero, atentos, atentos: para Hobbes el fin del estado de la naturaleza y con él las condiciones para que pueda existir una sociedad, surge por un pacto o contrato que establecen los individuos. “Mediante este pacto o contrato cesan las hostilidades, delegando los derechos de los individuos en una persona soberana. El contrato significa entonces una renuncia por parte de cada individuo que permite el establecimiento de un poder fuerte que está por encima de ellos pero en el cual todos se reconozcan”. Ello significa: elegir un hombre o asamblea que nos represente, que todos consideren como propios y donde puedan reconocerse a sí mismos como autores de lo que haga o planee aquel que representa su persona, en todo lo que respecta a la paz y la seguridad colectivas. Bueno, el aterrizaje no estuvo mal, creo yo.
Hecho lo cual, “la multitud así reunida en una sola persona se convierte en Estado, en latín civitas. Este es el origen del gran Leviatán o (designándolo con más reverencia) el dios mortal al que debemos, bajo el Dios inmortal, la paz y la defensa. Esta autoridad, transferida por cada hombre al Estado, tiene y emplea poder y fuerza tales que por el temor que suscita es capaz de conformar todas las voluntades para la paz y para la ayuda mutua”.1 En esto radica la esencia del Estado.
Nada más. Siga usted reflexionando por su cuenta, saque conclusiones y dígame otro día si sí o si no. Yo, para tranquilizarle, termino con algo muy bueno, pero que muy bueno, de Jesús de Nazaret, el Maestro divino: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Sí, señor, yo me quedo con este soberano jefe, todo corazón, que es el que mejor me inspira relaciones de fraternidad entre los humanos.
1 Las citas son de HOBBES, Thomas, Leviatán, en Teoría política y modernidad, FERNÁNDEZ PARDO, C. A., Buenos Aires, 1977, Centro Editor de América Latina. |
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