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Nacido entre guitarras: laborante de belleza.
por Zita MUGIA

 

Luis Manuel Molina

Este músico descendiente del ilustre Camagüey, nacido y criado en el corazón del Vedado, de confirmada estirpe mambisa y católica, capaz de fusionar la profesión de guitarrista clásico con la dirección de un grupo de rock acústico, orgulloso de su condición de miembro de la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires, accedió a recibirme una tarde de febrero en el espacioso apartamento de 17 y K, donde vive desde 1960. Tocado con un gorro turco que ciñe su amplia frente y deja escapar sobre los hombros sus largos cabellos rubios, rasgo generacional al que no renuncia, Luis Manuel Molina conversa para los lectores de Palabra Nueva sobre su familia, la guitarra y de la belleza a la que consagra gustoso su vida.

Todos sus antecesores vienen de Camagüey, de familia acomodada y patriótica. El abuelo paterno, Alejandro Molina Loret de Mola fue Capitán del Ejército Libertador. Su madre tenía parentesco con Joaquín Agüero y Enrique José Varona… Su bisabuelo materno fue alcalde de Camagüey y presidente de los ferrocarriles en esa provincia a principios del siglo xx y formó parte de la directiva que realizó el primer censo de población en nuestro país, el cual tuvo lugar en l899. Entre las personas de la familia que tuvieron cierto vínculo artístico, está su abuela materna que estudió canto y cantaba óperas, aunque no se presentó nunca en público.
Luis Manuel conversa sobre su familia, la guitarra y de la belleza a la que consagra gustoso su vida. Martha, la mamá, desde temprana edad se apasionó por el violín, pero el mismo día en que iba a empezar las clases murió el abuelo, y en esa época el luto riguroso lo impidió. Luis, el padre, estudió piano, pero se dedicó a la guitarra popular.

Luis Manuel y su hermano Carlos, influenciados por su padre, emprendieron también el camino de la música con la temática popular.

Zita Mugía Santí: ¿Por qué la guitarra y no cualquier otro instrumento?

Luis Manuel Molina: Por mi padre. Además mi tío, Alejandro Molina, que fue una persona muy importante para nosotros, pues en mi opinión fue, quizás, el más artista de toda la familia. Aunque era ingeniero, fue pintor, poeta y tocaba la guitarra muy bien. Hacía los dúos con mi padre, él era de voz más grave y entonces hacia de segundo.

ZMS. ¿Qué exigencias le impone la guitarra al músico?

LMM. Domarla es muy difícil. De entrada, la posición es prácticamente ilógica, porque una mano va para abajo y la otra va para arriba. Con la guitarra, si miras para acá, no puedes atender allá. Es un instrumento bastante difícil de dominar, además uno es responsable absoluto del sonido que va a tener, en cuanto a calidad y cantidad.
Te puedo decir que de jovencito jamás en mi vida fui a una fiesta, no tenía tiempo para eso. Toqué en fiestas, cosas que los grupos de rock tocaran, pero realmente no me alcanzaba el tiempo para ir a una fiesta. O sea, que yo me entregué en cuerpo y alma a la guitarra.

ZMS. Tus maestros musicales y existenciales. Figuras admiradas, respetadas....

LMM. ¡Imagínate! En la guitarra estudié con el maestro Isaac Nicola, que creo que ha sido el maestro de todos. Desde muy niño me marcó la personalidad del maestro Leo Brouwer. Tengo
una anécdota que yo se la hice a él, porque no se acordaba. En el momento que entró el ciclón Flora, que aquí se sintieron también las ráfagas, claro no como en Oriente, yo estaba en preescolar y él tendría como 25 años. Él venía bajando por la calle M, por el Hotel Victoria, y se le volaron unos cuantos papeles. Mi padre y yo pasábamos cerca, entonces el viejo me dijo: “Mira, ese es un guitarrista famoso, ayúdalo a recoger los papeles”. Entonces le recogimos las partituras. Ese fue mi primer encuentro, la primera vez en mi vida que choqué con él. Pero después, desde muy niño me acostumbré a verlo. Iba con mis padres y mi hermano a sus conciertos y a todos los que ofrecieran los guitarristas de esa época. Perfectamente me acuerdo de los conciertos de Jesús Ortega, de Sergio Vitier, a Marianela Bonnet, Natica Causilla... ...maestros existenciales: Domingo Aragú, Octavio Marín, Alice Dana y Juan Enrique Guerrero

De maestros existenciales: gentes que me han ayudado, ahí hay tantas personas que me da miedo omitir a alguien. Te menciono, por ejemplo, al maestro Domingo Aragú, quien cumple en agosto 98 años, el maestro Octavio Marín, mi amigo personal desde hace muchos años, a quien le debo mucho en mi desarrollo artístico, específicamente como músico y en la consolidación de mis principios como ser social. La soprano Alice Dana, que fue una de las primeras personas que cantó la Novena Sinfonía de Beethoven aquí con Roldán, que murió hace unos años, muy viejita ya y a quien quise como una abuela. Hablábamos con mucha frecuencia y siempre me trasmitió sus experiencias y memorias de otros tiempos. También mi maestro de Historia de la Música en el Amadeo Roldán, el hijo del maestro Félix Guerrero, Juan Enrique Guerrero. Él me ofreció desde muy joven su sapiencia, pues no me hablaba solamente de música, sino también de temas filosóficos. Son personas que yo recuerdo siempre con mucho agrado.
ZMS. Háblame de tus programas en CMBF Radio Musical Nacional.

LMM. Bueno, desde hace 13 años escribo, conduzco y dirijo, de lunes a viernes, el programa “Música Antigua” (7:30 a.m.), que abarca desde el período del Barroco hacia atrás, Renacimiento, Medioevo y algunas culturas antiguas. “Amigos de la Guitarra” es otro espacio que sale los sábados en el mismo horario, y la sección en vivo, de Efemérides que se llama “Músicos en el Tiempo”, los lunes a partir de las 9:15 a.m., más o menos, pues no tiene un horario muy puntual.  

ZMS. ¿Cómo combinas la guitarra clásica y la música rock?

LMM. Eso es bien complicado, aunque me sale natural. Por suerte las personas se han ido acostumbrando, porque he tenido muchos detractores, sobre todo en mis colegas clásicos que subestiman esa música, creen que es música escandalosa, que no se hacen matices. Pueden o no hacerse matices, eso depende del rock que tú hagas. Si es una música bailable, no te vas a poner a tocar con un matiz piano aquí o allá, porque entonces ¿qué hace el tumulto que baila o los que cabecean?, porque tú sabes que el rock ya casi no se baila, sino que se mueve la cabeza como un ventilador. Esa fuerza de la música es necesaria.

Otra cosa con la que tuve que luchar en cuanto a esta inclinación mía al rock fue el vestuario. Antes tenía una lucha muy grande, sobre todo cuando tocaba con Los Kents. Si me coincidían las dos actividades tenía que tocar clásico antes y luego me iba para Los Kents, o viceversa, entonces era un lío con eso, pues tenía que llevarme el traje y la corbata por un lado y el pantalón de estrellas por el otro para después.

Terminé con eso hace bastante tiempo. Gracias a mi esposa, Olguita, tengo ahora un vestuario único, que me sirve para ambos géneros, me visto de negro, pero me pongo estos gorritos que ella me hace para las dos cosas, para lo clásico y para el rock. Me dejo mi pelo largo, que eso sí ha sido antológico. Me pongo unas manillas de acuerdo a la ocasión. Si no es un concierto clásico muy importante me las pongo de pinchos, como si fueran de Heavy Metal, pero si es más serio, me pongo otras, muy lindas de caracoles. En fin, ya es un vestuario más uniforme. Soy yo mismo en las dos cosas. Antes me tenía que disfrazar y a veces me sentía mal conmigo mismo.

Por suerte, hasta ahora, el rock no me ha afectado para nada en la técnica, por el contrario, noto que me ha dado más fuerza en los dedos. La guitarra electroacústica, con la que estoy tocando, tiene las cuerdas metálicas, que son más fuertes y duras que las de nylon en la guitarra clásica, entonces esto me ha servido de mucho entrenamiento pues no dispongo de tiempo para estudiar tanto, porque no es solamente el rock, sino que otros asuntos de trabajo me roban mucho tiempo.

Mi grupo se llama Magical Beat. Al principio para que no hubiera problemas lo traducíamos al español: Golpe Mágico, pero como ya estamos en la Agencia Cubana del Rock, a ellos les pareció que Magical Beat tenía más pegada que Golpe Mágico y se quedó así, con el nombre original y el que más me gustaba. Ensayo todos los sábados por la tarde en mi casa… Es un grupo de rock, con formato más bien acústico, no usamos guitarra eléctrica, no usamos teclado ni sintetizadores; o sea, bajo eléctrico, batería, una guitarra electroacústica, flauta, clarinete, percusión y una sola voz (la mía), no quiero complicarme con los cantantes que a veces son un poco majaderos. Estoy trabajando, principalmente, la línea de Los Beatles, pero también de grupos emblemáticos de los años 60, 70, como The
Por suerte, hasta ahora, el rock no me ha afectado para nada en la técnica, por el contrario, noto que me ha dado más fuerza en los dedos.
Doors, Led Zeppelin, Allman Brothers Band, Eric Clapton, etcétera. No se trata de montar cualquier canción, sino lo realmente representativo. 

ZMS. ¿Cómo recuerdas aquella época cuando el rock era casi underground?

LMM. Sinceramente la recuerdo con mucha nostalgia y añoranza, porque aunque había muchas restricciones y censuras, se respiraba una atmósfera de fraternidad, de sueños y anhelos hermosos y, en cierto modo, de sanos pensamientos. Todos nosotros queríamos disfrutar de esa música, tener muy de cerca a nuestros ídolos juveniles, algo que me pasó, en particular, muy profundamente con Los Beatles y adoptar, en muchos casos, sus actitudes, su forma de vestir y, en general, la moda que imponían. La época de la psicodelia llenó, en gran medida, parte de mi vida. Y el surgimiento de los grandes festivales de rock me impactó marcadamente en un momento que daba yo mis primeros pasos como artista. Considero que fui un solitario en aquellos tiempos. Gustaba de asistir, siempre que podía, a los conciertos de rock que daban las bandas del patio, o de algunos grupos que venían del desaparecido campo socialista, de forma individual, no me unía a grupos de muchachos que asistían con más frecuencia. De esa época recuerdo a Los Dada, uno de mis preferidos entonces y con quienes, años más tarde, compartí escenarios con mi grupo Géminis en los comienzos de los ochenta, Los Gnomos (grupo representativo del Conservatorio Amadeo Roldán), Los Magnéticos, los Almas Vertiginosas con su estelar cantante Jorge Conde, uno de los más emblemáticos vocalistas del rock cubano, cuya personalidad marcó toda esa etapa, los Sesiones Ocultas y los Nueva Generación, agrupación en la que tocaba la guitarra un gran amigo y colega, Arturo Fuerte (quien fue la primera persona que me acercó al rock) y cantaba el carismático Manolo “El Salsa”, con quien me unen estrechos lazos de amistad en nuestros días. 

ZMS. Sabemos que los músicos son personas apasionadas, emotivas, ¿confirmas la regla o eres la excepción?

LMM. Confirmo la regla. A veces digo que a mi nada más me falta, no solamente cuando me molesto, sino también cuando me emociono, sangrar por la nariz, como dicen que le sucedía a Berlioz. Este maestro francés, a quien admiro profundamente y con el que me siento muy identificado, fue muy apasionado. Por ejemplo, veía a una bella mujer y enseguida le venía el sangramiento por la nariz y le decía: ‘Espérate que te voy a pintar’. Y lo que le hacía era una partitura, porque él no sabía pintar. Además, para mí los músicos románticos, toda esa generación de Liszt, Wagner, Berlioz, son mis favoritos. Esa fue una época muy específica y hermosa.

ZMS. Sabemos de tu predilección por la música japonesa…

LMM. Sí, es una música que de por sí me transmite una paz muy grande. Ayuda muchísimo a meditar. A mí me encanta meditar y soy un apasionado, aunque haga rock, de la tranquilidad. Cuando estoy en los conciertos de rock, si estoy en el camerino, si estoy montando o poniendo los cables, a mí no hay nada que me altere más que pongan la música altísima. Lo mismo te hacen escuchar reguetón, que cualquier cosa. Eso me altera. Por ejemplo, el día que tengo conciertos importantes, escucho cantos gregorianos, música del Oriente en general por la que siento predilección. Prueba de ello es la versión que hago para guitarra de la canción folclórica japonesa Sakurá. Este tema es un himno dentro de la música japonesa. Es una cosa maravillosa. Pero bueno, la música asiática en general, la música árabe me fascina, en fin, la música hindú… Ese es el tipo de cosas que escucho cuando tengo un concierto importante.

ZMS. Los poetas Antonio Machado y Nicolás Guillén aluden a la guitarra en sus versos de manera contradictoria. Para Machado, la guitarra del mesón de los caminos depende de quien llega y toca, mientras que para Guillén, la guitarra adquiere connotaciones de símbolo patrio, ¿cuál prefieres?

LMM. ¿Puedo preferir las dos? Indudablemente la guitarra es un instrumento super cubano. No sé ahí qué será más cubano si la percusión (por supuesto, la percusión es quizás un instrumento más afro), o la guitarra. O sea, yo creo que la guitarra es representativa de los campos de Cuba, de las serenatas nocturnas en cualquier pueblo o ciudad. Además considero que la guitarra tiene forma de mujer y yo creo que una de las cosas más lindas que hay en Cuba son las mujeres.

Ahora, qué pasa, a mí me encanta ese verso de Machado, porque además viví una experiencia en España: tuve la suerte una vez de irme de juerga con varios amigos. Fuimos a un pueblecito chiquitico, que lo veíamos bien rústico: “¡Vamos a tomarnos unos tragos!” Pides uno y enseguida te ponen la contra, las tapas esas fabulosas. Llegamos a un mesón, como una taberna, y alguien dijo: “¡Aquí tenemos a un guitarrista de Cuba!” Ahí mismo el hombre sacó una guitarra bastante maltratada, se veía que era la guitarra de la taberna, la del mesón, pero buenísima guitarra, sonaba super bien, pude tocar divinamente y eso me impactó mucho. Esa impresión de España es imborrable para mí. Me encanta que conserven la tradición ancestral.

ZMS. ¿Qué es Dios para ti? ¿Eres místico?

LMM. Sí, creo que sí. Dios es lo más importante de la vida. En momentos que no le he podido dedicar todo el tiempo, quiero decir con mi asistencia militante a la Iglesia, Él es el centro de mi vida, siempre en mi pensamiento, en mi yo interno está la persona de Cristo, para mí es algo incomparable. Él siempre está aquí conmigo constantemente y aunque sea mentalmente yo hablo con Él, me identifico con Él.

Sí, vuelvo y repito, me reprocho que no he podido mantener esa actitud militante de ir a la Iglesia, pero Dios jamás va a salir de mí corazón. Como decía Cristo, Él está conmigo hasta el fin de los tiempos, hasta el fin de mi vida. Teniendo una vida, no te voy a decir que licenciosa, pero me gusta tomar, darme unos tragos, yo pienso que eso no invalida que Dios esté cerca de mí. Ni considero que yo tenga una actitud reprochable.
ZMS. A Jesús le gustaba tomar vino…

LMM. Yo lo sé. Él mismo lo decía. Juan Bautista no tomaba, pero a él le gustaba. A mí igual, a mí me encanta, y ya te digo, aunque haga esta música, el rock, que está considerada del diablo, eso es para el que quiera asumir una actitud diabólica. Yo lo veo de otra manera. Para mí eso no es diabólico.

ZMS. ¿Qué horizontes le abren a la creación musical las nuevas tecnologías de la comunicación?

LMM. Yo le tengo bastante rechazo a la computadora. No es menos cierto que para algunas cosas que estoy haciendo, con el grupo principalmente, me valgo de algunos programas musicales. Por ejemplo, para componer música, sigo escribiendo como en épocas anteriores, manuscrito. Me gusta retarme y no auxiliarme de ningún instrumento. Después, alguna cosa la compruebo, pero hay veces que es directo. Mi primo y Olguita también tienen programas para escribir música, pero hasta este momento no trabajo ningún programa de estos. En cierto modo, y con esto no quiero ser ofensivo ni que las personas que aman la computación se insulten, a mí me parece que la computadora, sin una dosificación, es como una droga bien fuerte, y yo que coqueteo, no con el vicio, pero me gusta tomar, sé hasta donde llego. A mí el vicio no me gusta, de ningún tipo.

ZMS. ¿Cómo ves el presente y el porvenir de la música de conciertos entre nosotros, en especial la Orquesta de Guitarras creada por el maestro Jesús Ortega?

LMM. El maestro Ortega ha hecho un trabajo encomiable e incluso duradero con esta Orquesta. Históricamente él ha creado muchos conjuntos de guitarra, pero de verdad que este se ha mantenido, ha logrado calidad. Lo que pasa es que a mí, particularmente, las orquestas de guitarra no me acaban de convencer del todo. Me pasa igual con los tríos de guitarra clásica. El dúo tiene que ser muy malo para que no suene bien, porque hasta personas que no tocan tanto se oyen muy bien a la hora de realizar sus interpretaciones. El cuarteto es una salvedad, una excepción, es como yo creo que debía ser una orquesta de guitarras, porque está dividido en cuatro partes, pero cuatro guitarristas que suenan, como Los Romeros de España, que tocan muy bien, y al escucharlos, la sonoridad es como si fuera una orquesta de guitarras en miniatura.

ZMS. Magnitud de tus metas para el año 2008. Retos y sueños pendientes.

LMM. Viajar algún día a Jerusalén. Por supuesto, no quiero ganarme el viaje gratis ni que me premien por nada; me gustaría trabajar, ojalá pudiera ofrecer unos conciertos. Esa es una de mis metas existenciales y místicas. En el 2008 quisiera sacar adelante el proyecto este de Magical Beat sin abandonar la cuestión de los conciertos. Quisiera tener las fuerzas suficientes para seguir haciendo conciertos importantes. Tengo el plan de actuar bajo la batuta de un director de orquesta uruguayo, que es compositor de tangos, él quiere venir a hacer unos conciertos aquí y entonces la parte de la guitarra solista que tiene varios tangos la hago yo, él va a traer un bandeononista y quiero dedicarle bastante a este proyecto.

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