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Oyentes de la Palabra
LITURGIA PARA EL MES DE JUNIO
por fray Jesus ESPEJA OP.


1 DE JUNIO: IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“¿Y CUÁL ES LA VOLUNTAD DE DIOS?”

La Palabra : “Entrará en el reino de los cielos el que cumple la voluntad de mi Padre”.


1. “Reino de los cielos” es un símbolo empleado por Jesús para evocar ese mundo de convivencia pacífica y felicidad plena que parcialmente ya encontramos aquí, pero muy limitado y amenazado por las fuerzas del individualismo que siembran muerte. Jesús experimenta que Dios es amor, ternura infinita; por eso le llama Padre, que en la cultura de su pueblo y en aquel tiempo evocaba cariño, cercanía y solicitud. Jesús gustaba la intimidad con Dios como Alguien en quien siempre se puede confiar.

2. Sobre todo en el cuarto evangelio, el de San Juan, sale muchas veces la expresión “voluntad del Padre”: que todos tengan vida en plenitud, que nadie se pierda, que nos amemos unos a otros. Jesús dice que ha venido para hacer la voluntad del Padre y que ahí encuentra su alimento: eso que da placer, sostiene y fortalece para seguir caminando. Plenitud de vida para todos, realización de la persona –“que nadie se pierda”–, amor entre todos es la voluntad del Padre, lo que Dios quiere.

LITURGIA PARA EL MES DE JUNIO


3. ¿Qué aplicación tiene este evangelio para nuestra situación actual? Con el fenómeno de la globalización, cuando los medios de comunicación ya no tienen fronteras y el capital financiero corre por todo el mundo a sus anchas, en el corazón de las personas y en el dinamismo de la sociedad va entrando un individualismo feroz: solo interesa “resolver mi problema”, nada me importa la suerte de los demás. Así se está fraguando un modelo de ser humano incapaz de amar a nadie fuera de sí mismo; y si uno es incapaz de amar, permanece en la muerte. El evangelio proclama que Dios quiere la vida para todos. Debemos trabajar en esa dirección y combatir las fuerzas homicidas: tener, poder y gozar a costa de lo que sea y de quien sea.

8 DE JUNIO: X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS”

La Palabra : “Vuestra misericordia es como la nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora”. 1. En el pueblo judío, donde nació y vivió Jesús de Nazaret, la religión era el factor decisivo. Todo estaba determinado por las autoridades religiosas que mantenían los ritos culturales en el templo, pero se despreocupaban de los más pobres e indigentes. Para salvaguardar su posición privilegiada daban más importancia al cumplimiento de ritos que a la vida de las personas. Eran leguleyos, preocupados solo de su propia seguridad e incapaces de compasión ante los sufrimientos de los pobres.

2. Jesús de Nazaret respiraba los mismos sentimientos de Dios, cuya cercanía gustaba como Padre con entrañas de misericordia. Esa especie de amor que se hace cargo y carga con la miseria del otro. Jesús no se preocupó de cumplir ritos ni leyes, ni lanzó grandes teorías abstractas. Lo que realmente le conmovió fue el sufrimiento de los seres humanos pues estaba convencido de que Dios es amor y nos ha creado para que lleguemos a ser totalmente felices. Muchas veces en los evangelios aparece que Jesús actúa “movido a compasión”. En esa conducta expresó cómo es y cómo actúa Dios. Ello explica porqué hizo lo que estaba prohibido por la ley religiosa: curar, dar vida, en sábado. Como los antiguos profetas, reacciona contra los religiosos inhumanos: “Dios no quiere sacrificios rituales sino misericordia”. Su gloria y honor es que los seres humanos vivan y sean felices.

3. Es verdad que nuestro pueblo cubano tiene un natural humano y compasivo: fácilmente se conmueve ante las desgracias y sufrimientos de las personas. Un gran amigo cubano, que estaba enfermo, no quería divulgar su enfermedad porque “mi pueblo –decía– es tan humano que a veces se queda en el morbo”. Pero también hoy este pueblo puede ser contagiado por el interés individualista y el desinterés ante los sufrimientos del otro. Es la mentalidad que trae un sistema de lucha y competitividad a muerte, donde los más débiles e indefensos van quedando en la cuneta. No dejemos que muera nuestro humanismo natural o que nuestra misericordia o compasión eficaz ante el sufrimiento de los otros sea “como nube mañanera”, “como rocío que de madrugada se evapora”.

15 DE JUNIO: XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“EN EL DINAMISMO DEL AMOR QUE LIBERA”

La Palabra : “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”; “viendo Jesús a las gentes, extenuadas y abandonadas, se compadecía de ellas”.

1. En su forma de vivir y de hablar, Jesús de Nazaret manifestó que Dios es amor y que no sabe más que amar. Su amor nos precede y acompaña no solo porque seamos buenos. Incluso cuando somos malos recibimos de ese amor la respiración y el impulso para ejercer nuestra libertad. Con frecuencia y con razón valoramos nuestra calidad de vida por los recursos de que gozamos, por el prestigio ante los demás, o por la posición social que ocupamos. Hasta podemos gloriarnos: “tengo, puedo comprar, luego existo como persona respetable”. Pero esas apoyaturas son muy caducas y, si faltan ¿cómo justificar que merece la pena seguir viviendo?
San Pedro / El Greco.
San Pedro / El Greco.

2. Todos necesitamos ser valorados y estimados por los demás. Por eso tratamos de ser y hacernos amables para que los demás nos den valor y nos amen. Cuando perdemos incluso la autoestima, ya no hay razones para vivir. Pero hoy el Evangelio trae la buena noticia. Cada uno somos amados incondicionalmente por Alguien que impulsa y arropa todos nuestros pasos, garantizándonos que nuestra persona y nuestra vida son valiosas y tienen un sentido. Es fundamental recuperar esta dimensión de gratuidad que nos constituye, para no sucumbir en una nueva cultura emergente donde las personas son valoradas únicamente por lo que tienen, pueden o aparentan. Cada mujer y cada hombre son fruto de un amor que garantiza su dignidad y singularidad irrepetible.

3. Nos humanizamos siendo testigos eficaces del amor. Eso significa ser cristiano, seguidor o discípulo de Jesucristo: “curar enfermos, resucitar muertos, arrojar demonios”. Encontramos en nuestro caminar diario personas cansadas y agotadas por la enfermedad física, por la mala situación económica, por el fracaso familiar, porque no ven salida; ya no confían en nada ni en nadie; se mueven sin rumbo y como muertas… ¿Seremos capaces los cristianos de transmitirles la buena noticia de que Dios las ama para que no sucumban a los males y a la desesperanza? En cada uno de nosotros y en el tejido social hay también muchos “demonios”, esas fuerzas malignas que tiran a las personas por los suelos. Movidos por el amor, los cristianos seremos testigos del más noble de los sentimientos combatiendo a estos demonios que desfiguran nuestra convivencia.


22 DE JUNIO: XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“NO TENGÁIS MIEDO”

La Palabra : “Si por la culpa de un hombre murieron todos, muchos más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre nosotros”; “no tengáis miedo de los que matan al cuerpo, pero no pueden matar el alma”.

1. San Pablo fue un fariseo muy convencido. El fariseo pensaba que se puede conseguir la perfección solo con el cumplimiento de las leyes. Según una vieja tradición, en la caída de un primer hombre se había contagiado toda la humanidad que así estaba marcada por la culpa y la condena. Pero, alcanzado por la fe cristiana, aquel fariseo llamado Saulo, cayó de su cabalgadura y también se le cayeron las escamas de los ojos. Entendió que Dios en la conducta histórica de Jesucristo, hace suya nuestra historia y abre un camino de salvación o realización humana plena para todos: “si como dicen ustedes, por un hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte, según mi experiencia en el encuentro con Jesucristo, por un hombre ha llegado la salvación de Dios para todos; puede más la gracia favor de Dios que el pecado fruto de nuestra malicia”.

2. Es la misma experiencia que vivió Jesús de Nazaret. Cuando escribe el evangelista Mateo, ya los primeros cristianos sufrían la incomprensión y hasta la persecución de los mismos judíos ortodoxos que no toleraban la novedad del Evangelio. Los discípulos del Crucificado necesitaban aliento para mantenerse fieles. Y el evangelista trata de animar en ellos la convicción de que no están solos en la vida pues, ocurra lo que ocurra, el amor del Padre nunca los abandona. Ese amor que cuida de los gorriones, las aves más insignificantes y menos valiosas en el mercado, ¿cómo no va a preocuparse y cuidar por las personas?

3. “No tengáis miedo a los que matan al cuerpo, pero no pueden matar el alma”. Supone que en la persona humana hay varias vidas: vegetativa, sensitiva e intelectiva. Esas vidas pueden tener distinta orientación: curvación de la persona sobre sí misma, sin preocuparse para nada de los demás, o apertura y compromiso para que también los otros puedan vivir. Individuo individualista o individuo comunitario. Y aquí viene la otra dimensión, “la vida del alma”. Cuando esta vida es participación de la vida de Dios que es amor y autocomunicación de vida para todos y para todo, es cuando la vida vegetativa, sensorial e intelectual logra toda su amplitud y perfección humanas.


29 DE JUNIO: XIII DOMINGO
SAN PEDRO Y SAN PABLO
“EN LA FE DE LOS APÓSTOLES”

La Palabra : “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Evangelio).

1. Mientras Jesús recorría las aldeas de Palestina proclamando el Evangelio, fue constituyendo una comunidad de discípulos llamados a ser hermanos entre sí y signos de fraternidad en el mundo. Ya estando con ellos antes de su muerte, les contagió con su mística; y vencedor de la muerte les fortaleció con su Espíritu. El Resucitado sigue vivo en forma de comunidad que llamamos Iglesia, cuerpo espiritual e histórico de Jesucristo, integrado por quienes se dejan alcanzar y transformar por su Evangelio.

2. Entre los primeros discípulos de Jesús, que creyeron en él y quisieron seguir sus pasos, son relevantes Pedro y Pablo. El primero acompañó a Jesús desde sus primeros pasos; le costó mucho entender el mensaje inaudito de Jesús; tuvo sus dudas, sus incoherencias y hasta negó al Maestro; pero la fuerza de Dios pudo más que la limitación humana; su fe maduró en la confesión: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”; “tú solo tienes palabras de vida eterna”. Pablo de Tarso, convertido de golpe cuando iba camino de Damasco persiguiendo a los cristianos, llevó el Evangelio de Jesucristo fuera del ámbito judío, al mundo griego. Los dos, Pedro y Pablo, sellaron su testimonio con el martirio.

3. Hoy celebramos a estos dos testigos privilegiados de la fe cristiana. Dos columnas levantadas sobre la única roca que es Jesucristo. Participando de esa misma fe, se va edificando la única Iglesia en las distintas generaciones. Mientras la comunidad cristiana viva esa fe, que vence a todas las idolatrías o falsos absolutos que desfiguran al mundo, nadie podrá destruirla. Con la memoria de Pedro y Pablo, celebramos también el testimonio de tantos hombres y mujeres que, alcanzados por el espíritu de Jesucristo, evocan esa humanidad plenamente realizada que es “ la Iglesia desde Abel”, la “comunión de los santos”.

San Pablo / El Greco.
San Pablo / El Greco.

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