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por Rogelio Dean Puerta
 
Desde el Seminario

Los ocho años de formación en el Seminario constituyen un tiempo no solo de superación intelectual, sino de crecimiento humano y de maduración espiritual. El Señor acude con su Espíritu Santo, convirtiéndose en nuestro principal guía y compañero de viaje. Logramos caminar con solidez y seguridad mientras nos mantenemos dóciles en las manos del genial alfarero que sabe bien modelar su barro.

Por medio de la oración y los sacramentos, le permitimos al Espíritu de Dios hacer su trabajo. Es fundamental en la vida del Seminario la Eucaristía diaria, los exámenes de conciencia, la confesión regular de los pecados, el rezo fiel de la Liturgia de las Horas, la oración mental y la lectura espiritual, donde la meditación diaria de la Palabra de Dios tiene su espacio privilegiado. No puede faltar la cercanía a María, nuestra Madre, cuyo vínculo filial es todo un regalo. Para todo esto, la institución nos ofrece el tiempo y el espacio necesarios, cuidándolos con auténtico celo.

En esta ocasión, quisiera reparar en alguien que nos ayuda de modo particular a discernir con mayor claridad la voz del Espíritu que nos interpela. Alguien que contando con la gracia necesaria, nos da las luces vitales para mantenernos fieles a la voluntad de Dios; que no es otra cosa que el camino de la santidad, que es la felicidad y la auténtica realización personal. Se trata del director o acompañante espiritual.

La Iglesia pone a nuestro alcance, sacerdotes capacitados y reconocidos por su piedad y solidez espiritual y humana; personas que ya han hecho un camino. El director espiritual del Seminario es el padre Oscar Herrera, jesuita cienfueguero. Le ayudan en su misión los siguientes sacerdotes: padre Mariano Arroyo; padre Roberto Carbone, OFM Conv; padre Gilberto Walker, CM; y padre Manuel Uña, OP.

Cada seminarista puede elegir con libertad el sacerdote que desea tomar como director espiritual, y hasta puede cambiar si fuera necesario. Lo importante es que exista una plena sintonía, transparencia y confianza, entre el acompañante y el acompañado. No hay tema –por difícil y delicado que sea– que deba ser ocultado a nuestro acompañante. No debe haber ningún seminarista sin dirección espiritual. En nuestro caso se aconseja incluso, que los encuentros de dirección espiritual sean al menos dos veces al mes –quincenales–; sin que ello implique una exigencia, o una norma estricta.

Todos, no solo los seminaristas, deberíamos tener un acompañante espiritual. Esta es una práctica muy antigua en la Iglesia que ha dado mucho fruto. Hay mucha literatura al respecto. Es importante orar por los que tienen esta importante responsabilidad. Les pedimos entonces de corazón que oren por nuestros directores espirituales. Es un acto de amor muy concreto que le encomendamos a todos los amigos del Seminario.

Las dificultades nunca faltan, pero con la ayuda indicada en el momento preciso, todo tiene solución para los que ponemos nuestra confianza en Dios. Una palabra de gratitud para los sacerdotes que nos acompañan y que con su tiempo y dedicación trabajan por el futuro de la Iglesia en Cuba. ¡Que nuestra Madre, María de la Caridad les premie y les acompañe!
Seminario Diocesano “San Carlos y San Ambrosio”. ******************************************************************************************************************************
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Seminario Diocesano “San Carlos y San Ambrosio”.
Apartado Postal: 180. C.P. 10 100, Municipio Habana Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba.
Teléfono: 862-8790 y 862-6989.
Nuevo e-mail: seminariosancarlos@iglesiacatolica.cu

Importante: Poner en el asunto el nombre del seminarista al cual está dirigido el mensaje.
Si sólo deseas comunicarte o solicitar información, poner en el asunto: Rogelio.

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