VISITA AD LIMINA |
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Del 28 de abril al 3 de mayo los obispos de Cuba acudieron a Roma para cumplimentar la visita ad limina, a fin de expresar la comunión de afectos y propósitos con el Sucesor de Pedro y sus más cercanos colaboradores.
La visita ad limina la realizan todos los obispos de una misma región o país cada cinco años y se cumple en tres momentos principales: la peregrinación a la tumba de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia; el encuentro con el Santo Padre, sucesor del Apóstol Pedro; y el intercambio con los responsables de los Dicasterios o Congregaciones y los Consejos Pontificios que conforman la Curia Romana y que colaboran con el Papa en su ministerio de presidir en la caridad a las Iglesias particulares y ser signo de unidad entre las mismas. |
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Alocución del presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba,
Monseñor Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camagüey |
Santo Padre:
Aquí estamos los Obispos de Cuba y traemos con nosotros toda nuestra Iglesia fiel al Señor Jesús, discípula y misionera, orante y contemplativa, servidora y caritativa, unida y concorde, sencilla y pobre, sufrida y alegre, crucificada y resucitada, pecadora y santa.
Nuestra Iglesia quiere vivir y trasmitir a nuestro pueblo vida abundante en Cristo. El Espíritu Santo ha indicado a los agentes de evangelización asumir unos retos pastorales prioritarios.
Imploramos el don de la Piedad para vivir una mayor espiritualidad cristocéntrica nutrida de la oración y los sacramentos. |
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Queremos esforzarmos por sentir y experimentar una espiritualidad de común-unión con la mirada puesta en la Santísima Trinidad y lograr la concordia en la Iglesia y en la sociedad.
Deseamos cultivar un estilo de vida espiritual, no individualista ni oculto, sino donde el compromiso con Dios alimente e ilumine el compromiso con el mundo.
Uno de nuestros retos pastorales prioritarios es que el laico, constituido apóstol por el bautismo, asuma su auténtica vocación de ser Iglesia en el corazón del mundo. Soñamos que el laico y su familia sean una Iglesia doméstica donde el evangelio es trasmitido y desde donde se irradian los valores de la mutua fidelidad, la unidad, la responsabilidad, la apertura y el respeto a la vida. |
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Encuentro del Santo Padre con el arzobispo de La Habana y sus obispos auxiliares. |
Miramos, como Jesús, con cariño a las nuevas generaciones, que expuestas a tantas tentaciones y desviaciones, acogen con alegría la fe y son, como dijera el Siervo de Dios Juan Pablo II, la esperanza de la Iglesia y de la Patria. También representan la alegría y la mayor dedicación de nuestro trabajo pastoral. De ellas deben surgir los futuros constructores de familias santas y de la sociedad, sacerdotes, religiosos, catequistas y misioneros que nuestra Iglesia necesita.
Otro de nuestros principales retos es la promoción y el acompañamiento de las vocaciones sacerdotales y religiosas y junto a ello, fortalecer el espíritu misionero en personas y comunidades para anunciar a Jesucristo y comprometerse en la edificación de su reino con renovado ardor y audacia.
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En este sentido damos gracias al Espíritu Santo por las casas de misión, convertidas en verdaderos templos donde se celebra el misterio cristiano, se anuncia y enseña la Palabra, se vive y se trasmite la caridad. Bendiga, Santo Padre, a las familias, que han abierto con tanta generosidad, las puertas de sus casas, para que la comunidad cristiana se reúna y celebre la fe.
En estos momentos se habla en Cuba de cambios que el pueblo y la Iglesia saludan con esperanza. Rogamos a la Virgen de la Caridad que estos cambios hagan de Cuba una tierra más fraterna y pacífica, guiada por los principios del bien común, subsidiaridad, participación, solidaridad y por los valores fundamentales de verdad, caridad, justicia y libertad.
En el pasado enero celebramos el décimo aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II que tantas bendiciones trajo a nuestra Isla. Le damos gracias, Santo Padre, por haber enviado recientemente a su Secretario de Estado Cardenal Tarcisio Bertone, para recordar gratamente este acontecimiento. Esperamos que las palabras, gestos y peticiones de su Enviado se lleven a feliz término.
El Cardenal Bertone nos pidió que diéramos continuidad a los temas abordados por él en Cuba, por ello, entre otras cuestiones, nos empeñamos en la solicitud de construir nuevos templos donde no los hay; tener acceso habitual y adecuado a los medios de comunicación social, así como, obtener mayores facilidades para atender espiritualmente a los presos, tal y como está establecido en las legislaciones nacionales e internacionales.
Santidad, en Cuba estamos cercanos a celebrar dos grandes acontecimientos de honda significación para nuestra Iglesia. El 29 de noviembre de este año será beatificado en Camagüey, el Hermano Hospitalario fray José Olallo Valdés, depositado en la Casa Cuna de San José de La Habana, quien a los quince años, emitidos los primeros votos religiosos, fue enviado a la ciudad de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, donde vivió heroicamente las virtudes cristianas durante casi 54 años, atendiendo a pobres, enfermos, leprosos, moribundos, presos, soldados heridos durante la guerra cubanos y españoles. Él, con su ejemplo, ha testificado que se puede ser santo aún en las más dificiles circunstancias. Él es una nueva luz en el camino hacia la santidad. Gracias, Santo Padre, por la aprobación de la beatificación del padre Olallo
También nuestra Iglesia se llena de júbilo por la cercana celebración de los 400 años del hallazgo de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad en la Bahía de Nipe, en el año 1612. Ella es la Madre y Patrona del pueblo cubano. A las muchas Iglesias y casas donde se encuentra su imagen acuden y rezan los cubanos de toda clase, condición y pensamiento. Alrededor de ella se da la unidad de hijos y hermanos.
¡Qué gran gozo para Cuba poder contar con la presencia del Sucesor de Pedro en la gran celebración del Año Jubilar! El pueblo lo desea, lo pide, lo suplica al Pastor Universal, al Padre de todos los católicos. Lo esperaríamos con alegría.
Santidad, siga hablándonos y mostrándonos el Camino, la Verdad y la Vida. En nombre de los cubanos que lo amamos, gracias por su acogida, cariño y enseñanza viva, especialmente la que hemos profundizado en Aparecida y en las Encíclicas Deus Caritas est y Spe Salvi. |
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