| EL PERRO ES UN ANIMAL QUE HA TRASCENDIDO COMO “el mejor amigo del hombre”. Esta frase, acuñada a lo largo de los años, nos parece cierta y justa en tanto sintetiza la fidelidad del can y lo eleva a la cima de la escala que evalúa las relaciones del ser humano con el reino animal. |
No obstante, la expresión llega a resultar demasiado optimista en tiempos en los que un perro no es siempre sinónimo de amistad. Ser perro hoy implica (en el mejor de los casos) ser punto de referencia, casi obligado, del registro lingüístico popular y, dentro de él, el vocablo constituye núcleo central de locuciones peyorativas.
Tener una “perra” casa o un “perro” carro significa lujo y magnificencia. Recibir, al finalizar un espectáculo artístico, las exclamaciones de “¡perro!, ¡perrísimo!” es signo de elogio y aceptación por parte del público. Sin embargo, los significados del término no son siempre tan halagüeños.
Vivir “como un perro” es vivir en pésimas condiciones. Tener que ingerir una comida “de perro” significa enfrentarse al peor de los alimentos (por su aspecto físico, el sabor y/o el proceso de elaboración). Si algún día nuestra cama parece “un nido de perro” (o de perra, porque hasta enfoque de género hay en estas cuestiones), ni se nos ocurra traer algún invitado a la habitación pues quedaría horrorizado ante el desorden. Sentir peste a “perro muerto” denota la existencia de un terrible y fuerte mal olor cuya magnitud queda sugerida con el empleo de esta frase.
La familia de palabras y fraseologismos que el término “perro” genera es amplísima. Así la lista incluye hasta verbos: “perrear”, por ejemplo, alude al acto de insistirle a alguien con mucha fuerza (ya sea a través de palabras o de hechos) para lograr determinado fin. Y “el perreo” ha devenido vocablo característico de las letras del reguetón, con la lamentable incidencia que ello implica para el vocabulario de los jóvenes.
El pasado 10 de abril se celebró, a nivel nacional, el Día del Perro. Aun cuando los orígenes de la conmemoración datan de los años cuarenta del siglo XX, es a partir de la década del noventa que la Asociación Cubana para la protección de animales y plantas decide retomar la fecha en honor a los canes.
El destino de muchos de “los mejores amigos del hombre” es muy similar al de otros animales que tienen la calle como domicilio: peleas, pedradas, sobrecargas, latigazos, sogas, cadenas y púas marcan sus cuerpos y sus días. El dinero que aporta una pelea, una apuesta o el alquiler de un carretón importa más que una vida.
Es triste ver con frecuencia perros enfermos, sucios y abandonados en las aceras y las avenidas. Pero resulta más triste aún, saber que ellos son también un reflejo nuestro. ¿Dónde, entonces, comienza el problema? |