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El Papa recuerda su viaje apostólico a
Estados Unidos |
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por Jorge I. DOMÍNGUEZ (*) |
En audiencia general, celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa habló sobre su reciente viaje apostólico a Estados Unidos y a la sede de la Organización de las Naciones Unidas, del 15 al 21 de abril. Tras recordar que el motivo de su visita era el bicentenario de la elevación a archidiócesis metropolitana de la primera diócesis del país, Baltimore, y de la fundación de las sedes de Nueva York, Boston, Filadefia y Louisville, el Santo Padre afirmó que su objetivo era anunciar a todos el mensaje de “Cristo nuestra esperanza”, lema del viaje.
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Benedicto XVI señaló que durante el encuentro en la Casa Blanca con el presidente George Bush, rindió homenaje “a aquel gran país, que desde los inicios se ha edificado sobre la base de una feliz conjugación entre principios religiosos, éticos y políticos, y sigue siendo un válido ejemplo de sana laicidad, donde la dimensión religiosa, en la diversidad de sus expresiones, no solo es tolerada, sino valorada como ‘alma’ de la nación y garantía fundamental de los derechos y de los deberes del ser humano”.
A los obispos, continuó, les “sostuve en su difícil tarea de sembrar el Evangelio en una sociedad marcada por muchas contradicciones, que amenazan la coherencia de los católicos y del mismo clero. Les animé a elevar su voz sobre las cuestiones morales y sociales actuales y a formar a los fieles laicos para que sean buena ‘levadura’ en la comunidad civil, a partir de la célula |
fundamental que es la familia. En este sentido, les exhorté a volver a proponer el sacramento del Matrimonio como don y compromiso indisoluble entre un hombre y una mujer, ámbito natural de acogida y de educación de los hijos”.
El Papa afirmó que “la Iglesia, la familia y la escuela (...), deben cooperar para ofrecer a los jóvenes una sólida educación moral. (...) Pensando en el doloroso acontecimiento de los abusos sexuales a menores cometidos por ministros ordenados –añadió–, quise expresar a los obispos mi cercanía, animándoles en el compromiso de curar las heridas y de reforzar las relaciones con sus sacerdotes”.
En la celebración eucarística del Nationals Park Stadium de Washington, “invoqué al Espíritu” para que la Iglesia americana “afronte los retos presentes y futuros con valentía y esperanza”. El Santo Padre también dijo que a los representantes de otras religiones, “en aquella que se puede considerar la patria de la libertad religiosa, les recordé que se debe defender siempre con un esfuerzo conjunto, para evitar toda forma de discriminación y prejuicio. E hice hincapié en la gran responsabilidad de los representantes religiosos, tanto al enseñar el respeto y la no violencia, como al mantener vivas las preguntas más profundas de la conciencia humana”. |
Refiriéndose a su visita a la sede de la ONU, el Papa señaló que en el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “la Providencia me dio la oportunidad de confirmar (...) el valor de esta declaración, recordando su fundamento universal, es decir, la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios para cooperar en el mundo a su gran designio de vida y de paz”.
Benedicto XVI afirmó que en la Catedral de Saint Patrick celebró misa para los sacerdotes y consagrados. “Nunca olvidaré –aseguró– con cuánto afecto me felicitaron por el tercer aniversario de mi elección a la sede de Pedro. Fue un momento conmovedor, en el que experimenté de modo sensible todo el apoyo de la Iglesia por mi ministerio. Lo mismo puedo decir del encuentro con los jóvenes y los seminaristas”.
El Papa habló asimismo de su visita a Ground Zero, donde encendió una vela y rezó “por todas las víctimas de la terrible tragedia” del 11 de septiembre de 2001, y terminó recordando que su visita a Estados Unidos culminó con la celebración eucarística en el Yankee Stadium de Nueva York, que fue “una fiesta de fe y fraternidad. (...) A aquella Iglesia, que ahora afronta los desafíos del presente, tuve la alegría de anunciar nuevamente a ‘Cristo como nuestra esperanza’, ayer, hoy y siempre”. |
“La Iglesia, la familia
y la escuela (...),
deben cooperar
para ofrecer
a los jóvenes una sólida
educación moral.” |
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MODELO PARA LOS JÓVENES
Durante su visita a Estados Unidos, Benedicto XVI presentó a los jóvenes en Nueva York seis modelos de vida de venerables, beatos, o santos estadounidenses o inmigrantes a ese país, unidos por el amor a Dios y los hermanos.
Mencionó a santa Isabel Ana Seton, santa Francisca Javier Cabrina, san Juan Neumann, beata Kateri Tekakwitha, del venerable Pierre Toussaint y el padre Félix Varela.
Sus imágenes se encontraban ante los más de 20 mil jóvenes que junto a los seminaristas participaron en una vigilia con el Papa en el campo de deportes del seminario de San José de Nueva York.
Se trata de “hombres y mujeres ordinarios que se superaron para llevar una vida extraordinaria”, comenzó explicando el Papa.
“Cada uno respondió a la llamada de Dios y a una vida de caridad, y lo sirvió aquí en las calles y callejas o en los suburbios de Nueva York”.
“Me ha impresionado la heterogeneidad de este grupo: pobres y ricos, laicos y laicas –una era una pudiente esposa y madre–, sacerdotes y religiosas, emigrantes venidos de lejos, la hija de un guerrero Mohawk y una madre Algonquin, un esclavo haitiano y un intelectual cubano”.
La primera, santa Isabel Ana Seton, una neoyorquina que vivió entre 1774 y 1821, es la primera santa canonizada de Estados Unidos. Fundó las Hermanas de la Caridad de San José, para atender a los más necesitados, después de haberse quedado viuda a los 29 años con cinco hijos y de haber abrazado la fe católica.
Santa Francisca Javier Cabrini (1850-1917), de origen italiano, se convirtió en Estados Unidos en la gran apóstol de los inmigrantes, que descargaban en Nueva York los barcos procedentes de Europa. Fundó las Misioneras del Sagrado Corazón.
El tercer santo que el Papa propuso como modelo a los chicos y chicas estadounidenses es Juan Neumann, obispo de Filadelfia, pero nacido en Europa, en Prachatitz, en la actual República Checa, en 1811, y fallecido en su diócesis en 1860. Miembro de la Congregación de los Redentoristas, como obispo, fue el primero en organizar un sistema diocesano de escuelas católicas. En Filadelfia abrió 98 escuelas (cuando él llegó la diócesis solo tenía dos), así como a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco para enseñar en las mismas.
Entre estos personajes también se encuentra la beata Kateri Tekakwitha (1656-1680), primera indígena americana declarada beata, hija de un guerrero de la tribu Mohawk. Se convirtió al catolicismo durante su adolescencia. Vivió en una colonia indígena en Canadá, dedicándose a la oración, a la penitencia y al cuidado de los enfermos y ancianos. Falleció a los 24 años.
Otro de los modelos es el venerable Pierre Toussaint (1766-1853), nacido en Haití, llegó a Estados Unidos como esclavo en 1787. Al fallecer su amo, se hizo cargo de todos sus bienes y posesiones, se casó, y fundó asilos y hospicios para niños huérfanos. Se le otorgó la libertad en 1807, aunque siempre trabajó como un esclavo. Murió en Nueva York a los 87 años.
Por último el Papa presentó a Félix Varela, nacido en La Habana (Cuba), en 1788, y fallecido en San Agustín, Florida, en 1853. Sacerdote, maestro, escritor, filósofo, considerado como uno de los forjadores de la nación cubana. Huyendo de la condena a muerte en España se refugió en Estados Unidos, donde pasó más de 30 años de exilio. En ese país fundó escuelas, edificó iglesias, evangelizó a los más pobres. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la pobreza, las enfermedades y la soledad.
El Papa explicó a los jóvenes que cada uno de nosotros podría estar entre ellos, pues en este grupo no hay un estereotipo, ningún modelo uniforme”.
“Pero mirando más de cerca se aprecian ciertos rasgos comunes –añadió–. Inflamados por el amor de Jesús, sus vidas se convirtieron en extraordinarios itinerarios de esperanza.”
“Para algunos, esto supuso dejar la patria y embarcarse en una peregrinación de miles de kilómetros. Para todos, un acto de abandono en Dios con la confianza de que él es la meta final de todo peregrino.”
“Y cada uno de ellos ofrecían su ‘mano tendida’ de esperanza a cuantos encontraban en el camino, suscitando en ellos muchas veces una vida de fe”, evocó.
“Atendieron a los pobres, a los enfermos y a los marginados en hospicios, escuelas y hospitales, y mediante el testimonio convincente que proviene del caminar humildemente tras las huellas de Jesús, estas seis personas abrieron el camino de la fe, la esperanza y la caridad a muchas otras, incluyendo tal vez a sus propios antepasados”, concluyó. |
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