¡Aleluya! Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confíen en los nobles, en hombres que no pueden salvar:
exhalan el aliento y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente;
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.