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INTERNACIONAL

En abril de 2008, las rutas de varias localidades de Argentina parecieron cortadas. El “piquete” del campo, recorrió las pantallas de los medios de comunicación del mundo. Sin embargo, la modalidad del corte, tiene otros antecedentes. Lejos de las cacerolas, y las pick-up 4x4 a la vera de la ruta, los rostros cubiertos de los piqueteros se remontan a los años 90 y las consecuencias de las políticas neoliberales en la Argentina. ¿Cómo se conformaron?, ¿por qué cortan las rutas? y ¿qué implica la modalidad de “cortar” en Argentina?


La política en la ruta.

por Ximena CABRAL(*)
La política en la ruta.
 
Los rostros de la pobreza,
los rostros de la exclusión son
estigmatizados como los rostros del
desorden y la amenaza de la violencia.
 



AQUELLOS‘90


El corte de ruta, conocido como piquete, surgió en localidades de la periferia de provincias argentinas durante los años 90. Los primeros piquetes fueron en Plaza Huincul y Cutralco en Neuquén (1996), y en General Mosconi, provincia de Salta (1997), unas al sur mientras que la otra representa el norte del país, tenían su estructura económica y laboral atada al desarrollo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de la Argentina (YPF). La privatización de la petrolera, como parte de las medidas de desguace del Estado social de derecho hacia un Estado privatista que caracterizó los años 90 en la Argentina, dejó a las localidades huérfanas y hambreadas. En ese sentido, perdiendo su rol de trabajador y de su espacio de trabajo, la huelga ya no podría ser un elemento de presión y es así que estos “nuevos” desocupados comenzaron a cortar las rutas para ejercer la protesta. Asimismo, el piquete implica no solo un cambio en la modalidad de protestar –donde ya no serán las huelgas y las barricadas que caracterizaron el movimiento obrero organizado en la Argentina– sino que, además, cambia el protagonista en estos nuevos escenarios: se incorporan las mujeres y las familias en los reclamos. En ese sentido, estas primeras protestas fueron conocidas también como “puebladas”.

La experiencia de estos primeros piquetes fue una señal de cómo las demandas sociales y políticas de los desocupados se extendían por la sociedad; razón por la que se articularon y crearon redes de solidaridad y movilización paralelas con otros sectores sociales –cuyas demandas estuvieron atadas indirectamente con las consecuencias de la desocupación.

En ese sentido, es necesario remontarse tras la reelección de Carlos Menem, cuando comenzaron a adquirir visibilidad pública las consecuencias de los ajustes y de la política de reformas con las privatizaciones de las principales empresas públicas; y se multiplicaron las organizaciones de base, fundamentalmente movimientos que integran a desocupados.(1)

Lo cierto es que con la llegada del Neoliberalismo y las diversas formas de exclusión que el programa político supuso, llevó a la formación de un nuevo actor social que denunciaba un país desindustrializado, con pobreza y hambre: Los piqueteros.

Así, hacia fines de la década, los piquetes comenzaron a repetirse en las periferias de los centros urbanos. A medida que la desocupación crecía, la inestabilidad y el hambre aumentaron rítmicamente. En aquellos años la Central de los Trabajadores Argentinos (una central autónoma que venía enfrentándose a la burocracia sindical y al “entreguismo” del Menemato) proclamó “la nueva fábrica es el barrio” testificando la importancia que tendría el trabajo territorial como forma de organización social. Así hacia fines de los 90, existían importantes experiencias de organización con grupos barriales y territoriales en las diferentes geografías del país que ya hacia el 2001 están organizadas en asambleas(2). Para esta organización de base territorial fueron centrales dos cuestiones: La llegada y posterior masificación de planes sociales que podían ser distribuidos por organizaciones sociales y políticas –se las descentralizaba del poder del Estado–; y el estado de efervescencia social y las redes que se activaron después del 19 y 20 de diciembre y el “Que se vayan Todos”.


EL LABORATORIO ARGENTINO


Las imágenes de una Argentina en ebullición, venciendo el miedo y la amenaza de estado de sitio, llevó a la caída del entonces presidente de la Alianza, Fernando De la Rua, y a la gran masificación mediática de dos actores: Piqueteros y caceroleros. De diferente composición de clase, ambos ponían en jaque a la política representativa en la Argentina bajo la consigna “que se vayan todos”. En un período que se extendió por el 2002, los cánticos que decían “piquete y cacerola la lucha es una sola” demostraban la adhesión que las consignas piqueteras tenían en otros sectores de la sociedad. Recordemos, asimismo, que por aquellos años se hablaba de Argentina como “laboratorio social”: una geografía cubierta por clubes del truque, obreros que se levantaban y tomaban las fábricas ante la posibilidad de cierre o la fuga deudora de sus dueños –lo que se organizó después en el movimiento de empresas recuperadas–, colectivos culturales en otros centros urbanos y decenas de barrios autoorganizados comunitariamente bajo lo que se denominó como asambleas barriales. Como despertando de un letargo, la Argentina se ponía en movimiento y en estas luchas y organización, los piquetes fueron una modalidad de protesta que fue extendiéndose por los distintos actores.

Otra suerte fue la que tuvo el movimiento piquetero que presentó variados matices y un importante crecimiento con la llegada de los planes sociales.

Los planes sociales se implementan primero en Buenos Aires con los planes Trabajar, pero es con la llegada del Plan Jefes y Jefas de Hogar, en el 2002, que se masifica este subsidio. Como una distorsión de la propuesta del Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza) como un Frente de distintos partidos y sindicatos progresistas, cuando en diciembre de 2001 se llamó a votar en una Consulta Popular por la implementación de un Seguro de Desempleo y Formación para Jefes y Jefas de Hogar Desocupados(3), los Planes Jefes y Jefas de Hogar le otorgaron 150 para jefes de hogar con niños a cargo que no cuentan con trabajo y no reciben ninguna otra ayuda social.

El piquete se caracteriza por
cortar la circulación de mercancías.
Este programa, lanzado durante la breve presidencia de Eduardo Duhalde, exigió la devolución de cuatro horas de trabajo diarias (contra-prestación), las cuales podrían tra-bajarse en organismos oficiales, cooperativas, centros vecinales, empresas privadas o escuelas. Desde allí, que los casos de clientelismo político estuvieron ligados principalmente con el ámbito donde se desarrolló la contraprestación y de acuerdo a la organización, partido o cooperativa que administre los planes. Así, en barrios con preeminente presencia de punteros políticos se cambiaría la firma de la planilla por dinero o favores políticos, en cambio, en espacios construidos por organizaciones sociales que apuestan al desarrollo social y con una importante trayectoria en el trabajo territorial, el plan posibilitaría recrear la cultura del trabajo organizando microemprendimientos y otras formas de desarrollo autogestionado o a través de la educación y la capacitación.

De esta manera, ya avanzado el nuevo siglo podrían encontrarse dentro del movimiento piquetero tres variantes: la vinculada con organizaciones sindicales, la ligada a partidos políticos de izquierda, y la Línea del no alineamiento conformada por agrupaciones piqueteras como la UTD Mosconi o las MTD Aníbal Verón. Las características de estas agrupaciones, a diferencia de las que se ubican dentro de una corriente sindical o una línea política, residen en que rescatan el no alineamiento y reclaman una manera de hacer política centrada en el trabajo local y microsocial. Se prioriza la acción concreta, a la vez que sea reivindicativa y política orientada a la rehabilitación del trabajo. Además de plantear
El piquete se caracteriza por cortar la circulación de mercancías.

la conflictividad del trabajo con los planes sociales, a los cuales muchas de estas organizaciones no los recibieron. Sin embargo, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia en el 2003 comenzaron a fortalecerse las agrupaciones piqueteras de corte kirchnerista, surgiendo otras nuevas como el “movimiento Evita”(4), tendencia que se mantuvo hasta la llegada de la nueva presidenta. Estos matices demuestran porqué se torna complejo hablar de un movimiento como si fuera un solo actor uniforme, y las duras consecuencias que trajo la representación simplista de los piquetes y los piqueteros en los medios de comunicación en la argentina. Cuestión que, sin dudas, amerita otro informe.


¿POR QUÉ PROTESTAR?


El piquete se caracteriza por cortar la circulación de mercancías, desde allí su efectividad, ya que implica una presión sobre el flujo de capitales.

Como herramienta de confrontación fue reapropiada tanto por aquellas mujeres campesinas que “le ponen el pecho a las topadoras”, aborígenes que relatan cómo enfrentan las ruedas de casi dos metros de un camión, o ancianos como la abuela “bomba” en Gualeguaychú que no teme hablar de su lucha contra la contaminación y cómo se enfrenta a las pasteras multinacionales por su amado Río Uruguay. Los relatos de las protestas que han incorporado al piquete como elementos de presión dan cuenta de otra realidad mucho mas inmediata: hombres y mujeres excluidos, desocupados, ambientalistas, entre tantos otros colectivos, cuentan con su propio cuerpo como un único bien, ya sea como garante para defender el puesto de trabajo o la subsistencia o el derecho a la licencia social y la libre determinación de las comunidades.

Diferente es la suerte que fueron corriendo los piqueteros como actor social, donde, después “que las aguas bajan” y el fantasma del caos dejó de azotar la Argentina, las solidaridades se quebraron y muchos caceroleros empezaron a ver a estos otros de clase como amenaza. En esta representación del pobre y del excluido, los medios de comunicación tuvieron un rol central dentro de la estigmatización de estos actores.

Desde allí puede comprenderse porque, si bien diferentes actores sociales hoy se reapropian de este modo de protesta, no significa igual hacer un piquete que ser un piquetero.

En ese sentido, “los piquetes de la abundancia” como se denominó al paro de las cuatro entidades del campo, se representa de otra manera que cuando cortan los piqueteros. Encapuchados, con pañuelos para ocultar parte del rostro, algún palo entre sus manos, es la imagen que recorre el mundo a la hora de caracterizarlos; diferente de los hombres de cara descubierta, camionetas y asados a la vera de la ruta.

¿Por qué se cubren? Aquí es cuando volvemos a establecer las diferencias entre los piquetes y los piqueteros. A la represión que sufren en las rutas(5) debe sumársele la creciente judicialización de la protesta social que se desarrolló en la Argentina en los últimos años. La protesta está criminalizada. El caso testigo más importante es el de Pepino Fernández, del UTD general Mosconi, con cerca de ochenta causas judiciales abiertas. En ese sentido, debe recordarse que la Argentina pasó por un genocidio de Estado(6) y existen prácticas de un Estado represivo no desmontadas como son las denuncias de torturas en comisarías –aquí nuevamente el caso la UTD de General Mosconi lo testifica–. A esta situación se le suman las nuevas estrategias del capitalismo global como es la denominada ley Antiterrorista que permite la coacción a la vez que, como toda judicialización, impone el miedo. Asimismo, los rostros de la pobreza, los rostros de la exclusión son estigmatizados como los rostros del desorden y la amenaza de la violencia. En realidad, violencia de observar cómo la exclusión, el hambre y la desposesión siguen siendo moneda corriente en el país. Si bien, las reservas aumentaron y el crecimiento económico se presenta con bombos y platillos, sigue pendiente una política redistribucionista del ingreso en la Argentina.

(*)Periodista. Becaria de CONICET. Integra el Programa de Estudios sobre Acción Colectiva y Conflicto Social en el Centro de Estudios Avanzados (CEA) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).

Notas:

(1)
Entre ellas podemos destacar a la Federación Tierra y Vivienda (FTV) dentro de la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA) y el sector de desocupados de la Corriente Clasista y Combativa (CCC) en 1998. Entre 1999 y el 2000 se integra el movimiento Político Sindical de la Liberación (MPSL, del Partido Comunista) y la CTA en los Barrios que, después de diciembre de 2001, se separa de la FTV y se denomina Barrios de Pie. Como agrupaciones independientes de Unión de Trabajadores Desocupados (UTD) se conformaron el Movimiento de Trabajadores Desocupados Teresa Rodríguez (MTR) y la Coordinadora Aníbal Verón, entre otras. En estas agrupaciones piqueteras y de desocupados el trabajo territorial hacia dentro del barrio fue una marca distintiva. Para poder tener una radiografía sobre las líneas internas y la heterogeneidad constitutiva de las organizaciones piqueteras recomiendo consultar a Maristella Svampa y Sebastián Pereyra en Entre la ruta y el barrio ed, Biblos, Bs As, 2002.
(2)
Para poder dimensionar cómo fue creciendo el actor social “piquetero” podemos recordar que en la primera mitad de 2001 las organizaciones piqueteras constituyeron un espacio de coordinación permanente mediante la Primera Asamblea Nacional de Organizaciones Populares, Territoriales y de Desocupados en San Justo, provincia de Buenos Aires, convocada por la Federación Tierra y Vivienda (FTV) de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y el movimiento de desocupados de la Corriente Clasista y Combativa (CCC). El espacio de la asamblea representó un papel significativo en la articulación del conjunto de la protesta contra el ajuste a partir del plan de lucha de cortes progresivos aprobado en la primera asamblea. Esta asamblea nacional permitió extender su protesta adquiriendo una importante visibilidad durante agosto, cuando se realizaron parte de las 48 horas de piquetes con más de 150 mil personas en 300 protestas. Allí el repertorio fue ampliándose para incorporar el corte en las calles, en las rutas, la toma de edificios públicos, clases públicas, movilización y asambleas. En este amplio repertorio de confrontación participaron corrientes sindicales como ATE, CTA, CCC, CTERA, MIJP, agrupaciones de desocupados como MTR (Movimiento Teresa Rodríguez), organizaciones de Derechos Humanos y partidos políticos de izquierda de las distintas provincias del país.
(3)
Bajo el lema “Ningún hogar pobre en la Argentina” la temática propuesta reflejó parte sustancial de las demandas prioritarias hacia fines de 2000 y que se incrementaron en el 2001 relacionadas con la indigencia en la Argentina y la inequitativa distribución de las riquezas.
(4)
Libres del Sur, Movimiento Evita, la Federación Tierra y Vivienda, liderada por Luis D’Elía y el Frente Transversal y Popular, encabezado por Edgardo Depetri constituyen parte del arco piquetero Kirchnerista y fueron las organizaciones que salieron aquella noche a Plaza de Mayo a enfrentar el avance de los caceroleros que protestaban contra las retenciones anunciadas para los sectores del campo.
(5)
Existen asesinatos perpetrados por el Estado y las fuerzas de seguridad que aún hoy permanecen impunes: En Tartagal, provincia de Salta, es asesinado el piquetero Aníbal Verón en noviembre de 2000; en Cutral-Có, provincia de Neuquén, es asesinada Teresa Rodríguez en abril de 1997 y en junio de 2002 se produce el hecho conocido como “la masacre del puente Pueyrredón”, donde asesinan a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, y la versión “ofical” ponía al hecho como enfrentamiento entre bandos piqueteros mientras que cámaras de video y diferentes testimonios gráficos mostraron a policías disparando a estos manifestantes.
(6)
El terrorismo de Estado dejó decenas de miles de exiliados, 10 mil presos políticos y 30 mil desaparecidos. Asimismo debe considerarse la cantidad de personas asesinadas en enfrentamientos falsos o en supuestas fugas, y en enfrentamientos reales. Sin duda la figura del desaparecido incluyó el secuestro, la tortura y la muerte.

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