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Girasoles, bohíos, búcaros, caminos, casas, cielos,....
POR Hilario Rosete SILVA
fotos Cortesía de Nancy Reyes

La firme candidez de
Nancy Reyes

Girasoles, bohíos, búcaros, caminos, casas, cielos, flores, gallos, de nuevo girasoles, mares, mariposas, naturaleza muerta, ojos, paisajes, palmas, palomas, otra vez girasoles, peces, tierra, mujeres, jarras, el malecón, orishas y más girasoles... Los cuadros de la exposición personal De todo un poco, inaugurada en la mitad del mes de junio del corriente en la galería Diago de esta capital, estaban “como alumbrados”.

La gama de colores, graduada con tino y tono en la paleta de la también arquitecta y fotógrafa Nancy Reyes, le imprimían a las piezas una especial brillantez: “Parece que están iluminadas directamente por el sol del Caribe”, comentó con justeza Enrique Águila, presidente del Círculo de Amigos del Gran Teatro de La Habana.

“Este es el resultado de su amor (de Nancy) a la carpenteriana ciudad de las columnas”, afirmó en el elogio Jesús Dueñas, “a la exuberante naturaleza insular y a las raíces multiétnicas de las que se nutre tanto la pintura caribeña como la personalidad básica del cubano... Su discurso no tiene como fin convencer o imponer criterios estéticos, solo pretende conmover, acariciar el intelecto y el espíritu del espectador”.

Sin ser practicante o piadosa, Nancy es dada a la vida espiritual. Como si se tratase de una ceremonia religiosa, poco antes de la inauguración quemó incienso y colocó en el centro de la galería un búcaro de girasoles. Su misticismo le trasciende, está en su obra. Símbolo de su pintura, dos de los 13 cuadros expuestos llevan en sus títulos las plantas cuyas flores giran en la misma dirección del sol. “¿Tiene usted una devoción especial?”, volvió por la picada, ahora ex profeso, el amigo Enrique Águila: “Es muy simple”, contestó ella, “los girasoles y el color amarillo son, a mi modo de ver, alegría y energía positiva; son como yo: ¡seres alegres que se dejan querer!”


MUSAS, ¡A MÍ!


Dejarse querer, ese es su secreto, aunque ella no lo sepa. Por eso resuenan en su “todo” y su “poco”, humildes y originales, las naturalezas muertas con mameyes y piña (y otras adiciones) de Amelia Peláez, los paisajes capitalinos (en este caso el Malecón) de René Portocarrero, y los gallos de Mariano Rodríguez: “Me nutro de los grandes pintores cubanos… Amelia, Portocarrero y Mariano, son mis inspiradores.”

Nancy Reyes.


“Si yo fuese su representante”, se sinceró su hija Jessie Domínguez, solista del Ballet Nacional de Cuba (BNC), “promocionaría los cuadros de mi mamá como la cubanía, el color del trópico, la energía positiva, la alegría de las personas que viven justamente en el Caribe, para no encasillarnos en Cuba. Cualquiera que me oiga podría decir, ‘¡y dale con el cliché!’, pero no hay que temer a los esquemas.”

Sí, la obra devela las relaciones entre los seres vivos y su medio ambiente: es “arte ecológico humano”. Quienes le vemos todo el tiempo haciendo fotos en las funciones del BNC, el Ballet Español, Danza Contemporánea, y cuantas compañías se presentan en nuestras salas de teatro, nos preguntamos en qué tiempo pudo pintar esta “belleza”, y cuándo, en qué momento le soplaba la musa para crear tanta maravilla.

Ella nos miró de hito en hito, preparándose para soltarnos una de sus divertidas ocurrencias, mas lo pensó mejor y respondió con seriedad: “Para mí la pintura, como la fotografía, no es un trabajo, es una satisfacción; esta definición es básica, pues explica por qué me entrego a ella a como de lugar; la pintura es para mí un disfrute; me desarrollo, me siento sosegada, serena, enriquecida, mientras pinto y estoy con mis colores; ¡pintar me complace tanto!”


FIRMA DE SAN MARTÍN


No es que la enmarquen, es que está en el grupo de pintores llamados primitivos o ingenuos; ni tiene formación pictórica académica, ni sigue una tendencia artística concreta: “Me siento feliz clasificada así, a pesar de que las obras de dicho estilo en ocasiones sean soslayadas porque sus autores no suelen contar con grandes recursos, sus soportes de pintura sean de baja calidad, y justamente carezcan de escuela. Con ese mismo ‘equipaje’ comencé yo, pero a medida que me fui desarrollando aumentó mi preocupación por expresarme en mejores soportes. Hoy día privilegio el acrílico por encima de otros materiales, una pintura dúctil, no tóxica, soluble en agua, perdurable.”

Su pintura no sobresale por los temas que aborda, sino por la técnica, y en tal medida, que hasta los invidentes podrían disfrutarla...
Su pintura no sobresale por los temas que aborda, sino por la técnica, y en tal medida, que hasta los invidentes podrían disfrutarla: “Eso es muy importante; los ciegos no podrán ver mi obra con sus ojos, pero la reconocerán al tacto, pasando sus manos por la superficie; no percibirán el color, pero sí las formas, gracias al relieve, a las líneas de volumen, a que las figuras resaltan sobre el plano. Muchas de estas se repiten de un cuadro a otro, como son, las flores de los girasoles, los gallos, las vacas, las palmas o los pajaritos; estos son elementos que en nuestros predios de creadores ingenuos pueden permanecer casi invariables: tenemos licencia para no crecer, para mantenernos infantiles de por vida. Una firma en todos mis cuadros es el arcoiris, símbolo de esperanza, de confianza en lograr una cosa o en que ocurra algo deseado”.



DOS MUJERES Y UN AMOR


El cuadro Cuatro caminos reduciría De todo un poco a términos breves. Es La Habana de Nancy, su cosmogonía. El vitral ubicado en el centro evoca el óculo de la Santa Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana, y cada punto cardinal señala, según la imaginación de la artista, entre otros muchos, un edificio o construcción típica de la ciudad: la “raspadura” de la Plaza de la Revolución, el faro del Morro, el Malecón…

Y es que quienquiera que la conozca reconocería en estos cuadros su formación como arquitecta; las líneas de su pintura denotan un aprendizaje técnico, una “ciencia asumida con anterioridad” para pintar como si estuviese “diseñando”, “proyectando” o “construyendo” arte. La peculiar pintora ingenua que es Nancy Reyes, deberá ponerse dura con la arquitecta que lleva dentro, para evitar que aquella siga, a ciegas, los dictados especializados de esta, trátense de perspectiva o de “limpieza bilateral”:

“Uno nunca se divorcia de la carrera que estudió; te sigue a todas partes; tendré que mantener a raya a la arquitecta y decirle, ‘recuerda que soy ingenua y no tengo escuela; debería reconfortarte saber que gracias a ti, por la paciencia que te debo, es que alcanzo a adornar o reforzar mis cuadros con aquellos ribetes que también constituyen mi estilo’. Así la arquitecta y la pintora ingenua que conviven en mí, nunca llegarán a enemistarse, aún cuando se enamoren, las dos, del mismo tema.”

Caminos, casas, flores, gallos, paisajes, palomas, girasoles y más girasoles... Los cuadros de la exposición de Nancy Reyes estaban “como alumbrados”, iluminados por el sol del Caribe, llenos de la firme candidez de su creadora. ¡Dichosos brotes!


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