Job: |
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por María del C. MUZIO |
El Libro de Job, dentro de los sapienciales del Antiguo Testamento, seduce siempre al que se acerque a la Biblia, ya sea con profesión de fe o sin ella. Job “representa un cambio en la búsqueda de soluciones a cuestiones fundamentales”.(1)
La interrogante del bueno de Job es la que se hacen aún muchas personas, y que les sirve, inconsistentemente, para negar a Dios:
“¿Por qué tantos sufrimientos en la vida de la gente buena? (2) |
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Esa misma seducción sobre tema tan álgido ha llevado a diversos escritores a convertirse en exégetas del mismo. Así ocurrió con el alemán Carl Jung, uno de los grandes de la Psicología, en su Respuesta a Job, inspirado por la proclamación del dogma de la Asunción de María en 1950.
Más recientemente, en una importante revista cultural nuestra de poesía, La isla infinita (número 12, año V), se publicó el ensayo de Fina García Marruz (La Habana, 1923), “El libro de Job”. Como era de esperar en la autora de “Teresa y Teresita”, ese desconcertante y excelente poema dedicado a Santa Teresa de Ávila y Teresita de Lisseux, el ensayo sobre Job contiene una prosa exquisita con ribetes poéticos que nos llevan al disfrute ético y estético, y constituye un hecho encomiable en momentos en que la literatura –a nivel mundial y Cuba no se salva de ello– abunda tanto en los temas hedonistas, banales, desesperanzadores y vacíos. |
Para los que estamos hartos de los Dan Brown, el ensayo de Fina García Marruz deviene oasis en el desierto. Entregado con anterioridad para Ediciones Vigía, después de haber sido escrito treinta años atrás, como explica la autora en su Nota aclaratoria, fue escrito sin destino a la publicación, sino para “tratar de ayudar a nuestro fraterno Samuel Feijóo, que por entonces pasaba por una dolorosa crisis de fe”.(3)
Al igual que Dulce María Loynaz con su poema “La novia de Lázaro” buscó la consulta especializada en sacerdotes, como continúa explicando la autora del ensayo en su Nota, entregó el texto original a monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal; pero al retomarlo nuevamente para darlo a la publicación, le añadió algunas páginas “y ya no podría pedirle a su paciencia una nueva lectura, quiero hacer constar que si ellas fueran descartadas, deben quedar suprimidas en alguna improbable nueva edición”.(4)
El ensayo está estructurado en seis partes: una primera introductoria sin título; “Los amigos de Job”, “La lamentación de Job”, “Eliú y las nubes”, “El Leviatán: el problema del mal”, y “La apuesta: contricción de Job”.
Lo que impresiona y se agradece a Fina García Marruz en su texto, además de los elementos explicativos y analíticos de la historia del infortunado Job, es la perfección del dominio del lenguaje –lo que no resulta novedoso en ella– como pocos pueden hacer en nuestra literatura actual. En ocasiones, son ideas breves, concretas, inundadas de belleza:
La verdadera fe tiene su asiento en la negación que hacen constantemente los hechos de su contenido, pues, de lo contrario, se llamara evidencia.(5)
Sobre tema tan árido como el antitético bien-mal, nos dice:
“En esta batalla, que se libra en toda alma, entre el bien y el mal, el bien no se ‘opone’ al mal condicionado por él, sino que sencillamente actúa a otro nivel más alto. Pues, en justicia, aquel que ha sido objeto de una persecución injusta tiene todo el ‘derecho’ a reaccionar con parejo odio. Pero el amor no es una reacción sino una acción libre, un acto, y el odio no puede tocarlo sin dejarle su impronta. Su rostro se vuelve espejo de aquel que odia, quien lo ha pasado a su bando como un despojo, obteniendo así su primera y quizás definitiva victoria. Como no puede tocar la piel humana el pelaje de las bestias, no puede el odio tocar esta raíz de amor sin limitar su más alto alcance.”(6)
La poetisa no lleva su análisis en ningún momento a lo que pudiera haber de “literatura” como tal en el Libro de Job, pero no puede dejar de emocionarse su intrínseca esencia poética en el pasaje de Eliú:
Su discurso empieza llamando la atención del terrible interrogador hacia la más inestable y frágil de las criaturas, las nubes:
“Mira a los cielos y ve
y considera que las nubes son
más altas que tú”. (35,5)(7)
Para concluir:
“Mira a los cielos y ve”
“He aquí lo que dicen las nubes, frágiles, terribles, misericordiosas.”(8)
Este ensayo de Fina García Marruz nos lleva a una comprensión del texto bíblico con valoraciones tal vez insospechadas al profano:
La gran audacia de fe de Job, la que no pudo proceder de menos que de una especie de revelación, es comprender de súbito que no tendría que exponer a Dios ninguno su queja pues era el Señor mismo el que asumiría su causa en el proceso, y testificaría por él.(9)
La Premio Nacional de Literatura (1990) utiliza también referencias a Martí, citas clásicas y alusiones al Nuevo Testamento que enriquecen su exégesis bíblica.
Agradezcamos a la autora el haber dado a la publicación este ensayo no escrito con tal fin, pero donde, una vez más, da muestras de su magisterio. |
| Notas |
(1) |
Biblia de Jerusalén. |
(6) |
Ibídem, p.86. |
(2) |
Biblia Latinoamericana. |
(7) |
Ibídem, p.96. |
(3) |
García Marruz, Fina, “El libro de Job” en La isla infinita, año V, núm.12, La Habana, p.72. |
(8)
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Ibídem, p.97
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(4) |
Ibídem, p.72. |
(9) |
.Ibídem, p.93. |
(5) |
Ibídem, p.89. |
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