Oyentes de la Palabra
por fray Jesus ESPEJA OP.
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LITURGIA PARA EL MES DE AGOSTO |
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3 DE AGOSTO: DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“DADLES VOSOTROS DE COMER”
La Palabra de Dios: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua también los que no tenéis dinero; comed sin pagar ¿a qué gastar dinero en lo que no alimenta?” (primera lectura).
1. Los seres humanos estamos habitados por una sed de felicidad sin límites. Un deseo que moviliza todas nuestras energías y persiste a pesar de nuestras satisfacciones parciales mientras vamos de camino. Hoy cada vez más se prescinde o se deja a un lado la existencia de otra vida más allá de la muerte, y nos hemos lanzado con fiebre posesiva por caminos que nos deparen el mayor placer posible a costa de lo que sea y de quien sea. Sin embargo, a pesar de tantas promesas de felicidad que nos oferta la sociedad de consumo, cada vez estamos más sedientos. ¿Quién o qué puede satisfacer este anhelo innato?
2. Este loco afán por responder al deseo de felicidad que nos zarandea, coincide con el desequilibrio entre los pocos que tienen mucho y los muchos que apenas pueden sobrevivir. El desarrollo unidimensional o solo en lo económico, no es desarrollo de todo el hombre y en consecuencia tampoco es desarrollo de todos los hombres. Hemos intentado satisfacer nuestra sed con falsos absolutos que no alimentan y el resultado es la injusticia social, la depredación irreverente de la madre tierra, y la insatisfacción de todos.
3. En esta situación casi espontáneamente nos sale pedir una intervención milagrosa de Dios para poner fin a este desastre. Pensamos que la divinidad se encuentra como poder soberano en las alturas y en un momento de generosidad puede reaccionar intervenir para arreglar las cosas que no van bien en nuestro mundo. Pero el Dios revelado en Jesucristo esta más íntimo a nosotros que nosotros mismos; continuamente nos alienta, nos sugiere y nos impulsa; pero nunca destruirá la libertad que nos constituye. Según el evangelio de hoy, el gran milagro para responder a una multitud hambrienta tiene lugar cuando, impactados por el sufrimiento de otro y transformados por el amor, compartimos con los demás, especialmente con los necesitados, cuanto somos y tenemos. Sólo nos empeñaremos en esa causa si escuchamos: “oíd sedientos todos ¿por qué gastáis el dinero en lo que no alimenta?”. Y descubrimos en Jesucristo la fuente de agua viva.
10 DE AGOSTO: DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
“SAL DE LA CUEVA Y AGUARDA AL SEÑOR”
La Palabra de Dios: “Se escuchó la voz del silencio, y Elías salió a la entrada de la cueva” (primera lectura).
1. Elías fue un profeta que, por defender al verdadero Dios, se enfrentó con reyes y sacerdotes que daban culto a los ídolos; pero lógicamente sufrió la persecución y, acorralado por sus adversarios, caminó por el desierto hasta el monte Horeb para encontrarse con Dios, exponerle su causa y gozar de su amparo. Cansado del largo camino, entró en una cueva y allí aguardaba la manifestación del Todopoderoso en algún acontecimiento extraordinario: un huracán, un terremoto, un fuego devorador. Pero su esquema se rompió. Primero escuchó “sal de la cueva”, deja tus seguridades. Y después, el Todopoderoso no se manifestó como poder que deslumbra sino en “la voz del silencio”: sólo se percibe su presencia, escuchando su palabra en el propio corazón.
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2. El evangelio viene a decir esto mismo a los discípulos de Jesús. Mientras caminan en la vida manejando los remos de su barca, una y otra vez experimentan la tempestad amenazante y sufren el fracaso, el viento les es contrario y tienen miedo a perecer. La gran tentación es replegarse, meterse en su cueva y cerrar bien las puertas pidiendo a Dios que los libre de las adversidades. Pero la solución no va por ahí. Como Pedro, hay que tirarse al agua y caminar entre los altibajos de las olas sin miedo, avivando la confianza en el Señor que, mientras nos zarandean las aguas alborotadas, nos tiende una mano para seguir adelante.
3. “Como cristiano que soy, voy a ser sincero”. Es frase de san Pablo en la segunda lectura. La fe es cierta pero también oscura. Un encuentro con Dios, cuyo eco se percibe pero siempre nos deja insatisfechos como invitación a dar nuevo paso. Esta peregrinación se hace siempre sobre una historia cambiante, muchas veces adversa y conflictiva. La primera reacción es huir al intimismo, |
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meternos en nuestra cueva, esperando que Dios se manifieste y nos consuele con alguna manifestación extraordinaria. Pero no va por ahí el camino de la vida cristiana. Es necesario salir del intimismo, y recuperar la intimidad o interioridad, para escuchar la voz del silencio que Dios mismo nos susurra, no fuera y por encima de este mundo, sino en los acontecimientos de cada día.
17 DE AGOSTO: DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
“GUARDAD EL DERECHO Y PRACTICAD LA JUSTICIA ”
La Palabra de Dios: “Mi casa será casa para todos los pueblos” (primera lectura).
1. “Justicia y derecho” es como el lema y el anhelo que una y otra vez salen a lo largo de la revelación bíblica. Abrahán debe transmitir a sus descendientes esa voluntad divina; que los profetas recuerdan insistentemente cuando los poderosos se aprovechan de los pobres y encubren sus atropellos con un culto litúrgico de pura rúbrica. Dios quiere que los seres humanos procedamos en “justicia y en derecho”. Por ello esos mismos profetas rechazan el culto y el templo donde hay discriminación, y apuestan por un culto y un templo donde se garanticen el “derecho y la justicia”. Serán el culto y el templo para todos los pueblos.
2. En la línea profética, Jesús de Nazaret reaccionó ante una organización religiosa que amparaba la injusticia y excluía sin más a los más débiles del pueblo y a todos los extranjeros al mundo judío. Jesús no se preocupó mucho de asegurar doctrinas ni de mantener el culto. La compasión ante el sufrimiento humano y el empeño decidido por acabar con esa humillación, fue la inspiración de toda su conducta histórica. Y esta inspiración amplió el horizonte del binomio “justicia y derecho”. Vivió y propuso “una justicia nueva”, más allá de la justicia legal en que se quedaban las autoridades religiosas judías: “si está mandado que acompañes al peregrino caminando con él un kilómetro, camina con él un kilómetro más; si te piden el manto, da también la capa”. Es la nueva justicia que brota de un corazón compasivo. Según el Evangelio, el derecho de las personas no queda satisfecho dándole lo que merecen sino lo que necesita. Así lo sugieren por ejemplo, la conducta del padre bueno en la parábola del hijo pródigo, y la del buen samaritano que acoge incondicionalmente al expoliado.
3. Nuestra sociedad, carente muchas veces de “justicia y derecho”, fácilmente se olvida de los pobres e indefensos. Frecuentemente un pobre es llevado a la cárcel por apropiarse de una barra de pan que necesita, mientras un rico se puede permitir el lujo de tirar a la basura la comida que no le gusta. Aunque todo eso sea muy legal, no es justo. Si no dejamos espacio a la compasión o misericordia, la justicia se hace injusta y los ritos religiosos resultan abominables: “misericordia quiero y no sacrificios”. En tiempo y en el pueblo judío en que vivió Jesús, los extranjeros eran considerados impuros, como animales. Pero, aun condicionado por esa mentalidad, movido a compasión, Jesús rompió el esquema. Según el evangelio de hoy, también una mujer extranjera, una cananea es amada de Dios, debe ser acogida en el imperativo de “hacer justicia y derecho”.
24 DE AGOSTO: DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
“LOS DESCONCERTANTES CAMINOS DE DIOS”
La Palabra de Dios: “Pedro dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Evangelio).
1. La Biblia está compuesta con relatos humanos donde se percibe la presencia y la intervención de Dios. Una presencia y una intervención, siempre dentro de las situaciones humanas y en el dinamismo de la cultura. Pero en todos esos relatos hay una sensación común: Dios está presente y actúa no sólo en los momentos de felicidad sino también cuando llegan los fracasos, la enfermedad e incluso la opresión que nos humilla. Sólo en esa sensación común pueden ser bien interpretadas y articuladas las distintas imágenes de la divinidad que trae la Biblia. Cuando uno lee detenidamente la historia bíblica percibe la presencia e intervención continuas de Dios, pero al final concluye que ese Dios es desconcertante, siempre mayor; siempre con nosotros, una y otra vez exige que salgamos de nuestra propia tierra. 2. Los cristianos confesamos que Jesús es el Mesías, el Enviado de Dios, su Hijo, su Palabra, el Señor. Son expresiones simbólicas de una realidad que nos desborda en su misma cercanía. Es Mesías o Enviado de Dios en la condición de todos los mortales; Hijo que “aprendió la obediencia en los sufrimientos”, Palabra eterna en la caducidad de la carne, Señor sirviendo a los demás. Esta revelación de Dios en la conducta humana de Jesucristo, tira por tierra todas las imágenes de la divinidad que nosotros continuamente fabricamos a nuestra medida. Con razón san Pablo se admira en una de sus cartas que hoy leemos: “¡qué insondables son sus decisiones y qué irrastreables sus caminos!”
3. En nuestra sociedad cubana hay un rico mestizaje cultural. La religiosidad ha estado presente y sigue hoy en este pueblo, donde se mezclan confusamente distintas confesiones cristianas y otras de origen principalmente africano. Mientras, hay muchos que dicen no creer en Dios ni en ninguna religión. Es indudable la riqueza de este pluralismo que todos debemos respetar y garantizar dentro de nuestras posibilidades. Pero también como servicio al bien común, todos debemos identificarnos ante nosotros mismos y ante los demás. Los cristianos hemos recibido una buena noticia sobre Dios que es Amor y que desmonta todas las falsas divinidades fabricadas por nuestra imaginación. Lo más novedoso y desconcertante –locura o escándalo según san Pablo– no es que Jesús de Nazaret sea verdadero hombre, sino que sea el Hijo, la Palabra, la manifestación definitiva de Dios a favor nuestro. Es la confesión de los primeros cristianos que pone hoy el evangelio en labios de Pedro.
31 DE AGOSTO: XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“NO HAY CRISTIANISMO SIN MÍSTICA”
La Palabra de Dios: “Me sedujiste y me dejé seducir” (primera lectura).
1. El mundo es la entera familia humana con su entorno creacional; bendecido por Dios y liberado en Jesucristo, fuera del mundo no hay salvación. Pero en el mundo también existe el mal: avaricia, soberbia, injusticia y tantas sombras que oscurecen nuestro horizonte y burlan nuestros anhelos de felicidad. Por eso el evangelio de vida para todos choca con estas perversiones. Y ello explica la recomendación que hoy nos hace san Pablo: “no os conforméis a este mundo”.
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| 2. Ahora se comprende la paradójica sentencia de Jesús: “si alguno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará”. El proyecto de Jesús y su conducta histórica tuvieron como preocupación prioritaria la plenitud de vida y felicidad para todos; gastó sus energías y al final entregó su propia vida buscando este objetivo expresado en el símbolo reino de Dios. Luego perder la vida “por Jesús” significa emplear todo lo que somos, tenemos y hacemos por la causa de esa nueva humanidad. El que sigue ese camino –dice el Evangelio– se realiza de verdad. No así el que se obsesiona por asegurar su vida utilizando y explotando la vida de los demás. |
La cruz no la inventó el cristianismo;
con ella nos encontramos
todos los mortales: sin embargo,
los cristianos en ella descubrimos
a Jesucristo que sufrió y murió
motivado por el amor. |
3. El camino del amor pensando no sólo qué será de mí sino qué será del otro, especialmente del más necesitado, implica una descentralización, una ruptura con frecuencia dolorosa con apetencias egoístas que pujan dentro de nosotros. De ahí que para seguir ese camino sea ineludible la conflictividad –“cargue con su cruz”–. Según los padres de la Iglesia en su catequesis, “el cuerpo del bautizado se hace carne del Crucificado”. Pero la cruz no la inventó el cristianismo; con ella nos encontramos todos los mortales: sin embargo, los cristianos en ella descubrimos a Jesucristo que sufrió y murió motivado por el amor, por la experiencia de intimidad con el Padre que quiere la vida para todos. Sin haber sido seducidos en esta experiencia de fe, tan real como misteriosa –por eso digo “mística”–, ni el sacrificio tiene sentido ni el cristianismo es buena noticia de un nuevo humanismo. |
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