Retornar al "Home Page" ...
 
 

Amando la Sabiduría   por p. Narciso de la I. RODRÍGUEZ, SDB.
Cambio o no cambio,
esa es la cuestión
Vamos con dos filósofos de antaño, de los primeritos, allá por el siglo v antes de J.C., HERÁCLITO y PARMÉNIDES, que han sido llamados los padres de la metafísica, toda esa realidad que se nos escapa a los sentidos, objeto de estudio también de la Teología. Un servidor le va a acercar a ellos y se lo va a poner en bandeja. Después usted decida con quien se queda de los dos, es decir quien le convence más.

Nuestro ínclito Heráclito de Éfeso es tradicionalmente considerado como el filósofo que afirmó radicalmente que todo cambia y nada permanece, que el Universo no es sino un continuo devenir y todas las cosas están sometidas a incesante transformación. Nada de cuanto existe es, al momento siguiente, igual a sí mismo. Ni en el mundo ni en nosotros mismos hay nada que pueda considerarse permanente, sino solo un continuo fluir. “La existencia, dice, es la corriente de un río, en el cual no podemos bañarnos dos veces en las mismas aguas”.

Lo que se estanca, se pudre. Todo evoluciona, muda, cambia, no hay nada que permanezca igual a sí mismo en el tiempo y en el espacio, hasta el punto de que los sociólogos consideran hoy la inestabilidad, la innovación y la capacidad de transformación como las características principales de la modernidad. Para Heráclito el dinamismo de la vida hay que interpretarlo como una sucesión de enfrentamientos. Una pelea perpetua que genera energía y que sin la cual, estaríamos indefensos ante el avance del mundo. Más todavía, quedarse parados, estar quietos, aprehender la realidad en conceptos fijos, inmóviles, es como helar la corriente del río, matar la realidad en lo que tiene de más puramente real. Sería como vivir muertos nadando en lo imposible, si es que a eso se le puede llamar vivir. El Universo es fuego, la ley que rige el Universo es la lucha de contrarios y la armonía que caracteriza al Universo es una armonía tensa como ocurre con el arco y la flecha.

¿Le gusta todo esto? ¿Seguro que está de acuerdo con Heráclito, lector inquieto? Bueno, amigo del alma, no se acelere, lo piense bien y vea que el otro filósofo de turno que hoy afrontamos dice todo lo contrario. Siga filosofando y quédese con el que más le guste. Pero luego haga algo para que no se le quede todo en ideas y palabras que se lleva el viento. Que la Filosofía es vida y no simple especulación.

Parménides de Elea fue ligeramente posterior a Heráclito reflexiona a la inversa: “Para que algo fluya, es preciso que exista antes ese algo, es decir, un sustrato permanente, un ser en sí”. Y si no hay ni había desde siempre, no puede, pues, originarse, producirse nada de nada. Todo viento y vacío. Vamos, que de donde no hay, no se puede sacar nada. Pero lo que hay desde siempre no puede tampoco ser destruido, ni cambiar o evolucionar ni nada de eso porque se autodestruiría. Por lo tanto, y se lo digo de nuevo, sin que se me asuste, con palabras netamente filosóficas de nuestro querido Parménides: “lo que hay, lo que es, el ente es inengendrado, indestructible, inmutable, finito, compacto, homogéneo, indivisible y esférico”. ¿Se parece esto a la realidad que usted pisa? ¿O está de acuerdo con el otro profe de arriba? Porque la Filosofía es vida, sí señor. Seguimos, aunque mejor sería que hiciera una pausa, tomara un sorbo de agua fresca y sentado bien cómodo continuara su reflexión.

Junto a estas propiedades o características Parménides deduce también que lo que hay, lo que existe, ha de ser único, es decir, una única realidad. Punto y aquí no se mueve nadie. Porque la conclusión de todo esto es que no habrá más remedio que declarar irracionales e ininteligibles el movimiento y la pluralidad.

Permítame que le haga otra pregunta, filósofo amable: en el mundo que a usted le rodea ¿hay más partidarios de Heráclito o de Parménides? ¿Abundan más los inquietos que sueñan con el devenir, cambiar, evolucionar, el innovar de las cosas, de los seres… o los que están convencidos de que la realidad es única, compacta, de forma esférica e inmóvil en majestuosa quietud y es mejor que todo quede como está? Porque tal como se piense, luego se es y se actúa. Téngalo por seguro. Y según veamos y vivamos la realidad, ésta se mete muy adentro de nuestra cabecita, luego va configurando nuestra forma de pensar, también sucede al revés, y cambio o no cambio esta es la cuestión. La Filosofía es vida, téngalo por seguro, vida de aquí abajo. Por eso hay que tener las ideas muy claras y luego actuar en consecuencia. O qué se creía usted, ¿que la Filosofía es para extraterrestres?

Y para terminar vayamos como de costumbre al Maestro, Jesús de Nazaret. Lo hago con una de sus célebres e inquietantes frases. Medítela y trate de hilarla con todo lo anterior: “Busquen primero el Reino de Dios y hacer su voluntad, y todo lo demás les vendrá por añadidura” (Mt 6,13). Venga, que ahora le toca a usted mover ficha.

Regresar al Sumario
Sumario Breves Religión Sociedad Segmento Internacional Glosas Cubanas Deportes Economía