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Acta de Premiación
Género: Entrevista
AUTORES:
Ernesto Malpica Alonso - Joaquín Herrera Cabrera
JUAN GARRIGA: “SEAN COMO LAS CAÑAS”
Acta de Premiación

Dialogar con una persona estimada y querida siempre es un placer. Si ese acto de comunicarse se realiza con alguien de carácter jovial y don de la palabra, mejor que mejor.

Hasta su casa nos fuimos una noche de finales de marzo de este año 2007 con el ánimo de, a través de nuestras preguntas y de sus respuestas conocer, no tan solo la vida de Juan Garriga Moreno sino mucho más allá, conocer el desarrollo de un laico que ha sabido, sorteando todo tipo de dificultades, mantenerse fiel a su Iglesia y a su patria.

Allí nos esperaba y con él su inseparable y querida esposa María de los Ángeles González Peña y su hija más pequeña Giselita, quien cargaba sobre su regazo a Jorge Miguel, fruto de la unión de ella con Jorge Luis Riverón González.

Fue una noche diferente. Lo que Juan no recordaba en el momento, María se lo transmitía rápido. Giselita en más de una ocasión quiso enriquecer las respuestas de su padre pidiéndole que nos contara una determinada anécdota. Fue, podemos decirlo así una “entrevista de familia”. Y creemos que no puede ser de otra manera cuando observamos que la familia Garriga González ha permanecido arraigada a la fe de sus mayores.

Niñez, vida familiar, catequesis, adolescencia, entrada y vida en la Acción Católica, años difíciles de los 60 y 70… en fin su vida como miembro del pueblo de Dios que ha querido vivir su misión encarnándose en el mundo que le ha tocado vivir.

Con la lectura de esta entrevista, no solo conoceremos a un hombre fiel, sino que también conoceremos de una época que ha marcado nuestras vidas y la de la Iglesia católica.

Juan nació en Oriente. ¿En qué momento llega usted a la Iglesia? ¿Qué edad tenía?

“Soy natural de la antigua provincia de Oriente y nací en Niquero, población situada en la actual provincia Granma. Me bautizaron en la iglesia parroquial San Francisco Javier de Niquero, en los primeros meses de nacido. A los 8 años comencé a asistir a la doctrina. A los diez hice mi primera comunión, lo que representó una gran ilusión a mi edad. En mi camino de encuentro con Dios un hecho significativo fue la pertenencia a los Boy Scout, esto enriqueció mis vivencias humanas, me introdujo en la mística del amor por la naturaleza, el compañerismo y el hacer el bien al prójimo.

”Un hecho que cambió el rumbo de mi vida, fue la muerte de mi padre, cuando yo contaba solamente 11 años. Con el esfuerzo y sacrificio de mi madre, la ayuda de mi familia y la guía de un querido profesor, Edilberto Frías Labrada, pude cursar la preparatoria e ingresar al bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Manzanillo. Y es en esta ciudad, donde se produce el hecho clave de mi encuentro con Jesucristo, que es la pertenencia a las filas de la Acción Católica Cubana, en la cual milité desde el año 1955 hasta que fue disuelta por la jerarquía en 1963, debido a los conflictos y las presiones que sufrimos al inicio del actual proceso político en que vivimos. Por eso a esta pregunta no puedo contestar con una simple fecha.”

¿Por qué afirma usted que fue clave en su encuentro con Jesucristo su pertenencia a la Acción Católica en su rama juvenil?

“La Acción Católica Cubana era una organización bien estructurada desde los grupos parroquiales en la base, hasta los Consejos Diocesanos. Entre los muchos méritos que pudiéramos contarle a esta asociación está el haber rescatado al hombre cubano para la Iglesia. Se llegó a estimar a la Juventud Católica Cubana como la organización de laicos mejor estructurada de América Latina y fue modelo organizativo para muchos de estos países.

”La espiritualidad de la Acción Católica era sostenida por tres pilares fundamentales, PIEDAD, ESTUDIO Y ACCIÓN. Una piedad sólida, alimentada por la Eucaristía diaria y la oración personal. El estudio consistía en una formación sistemática y bien dirigida en forma de círculos de estudio, generalmente semanales. Y la acción fundamentada en el servicio a los distintos sectores en los que se insertaba. La Acción Católica nos introducía en una mística, en un ideal a vivir y a alcanzar, en valores y principios cristianos y cívicos. Yo comencé en la JEC, en el instituto de Manzanillo, porque al igual que a otros jóvenes fue la fraternidad, las buenas costumbres, el servicio desinteresado, el no hacer distinciones de ‘clase’, lo que nos motivó a ello. En el período de la lucha contra el gobierno de Batista, la Juventud Católica también estuvo presente y aportó dos jóvenes mártires: Ciro Hidalgo Pérez y Luis Morales Mustelier, asesinados por Ventura Novo.

”Con el triunfo de la revolución el primer evento importantísimo que se celebró y en el que tuve el honor de participar fue el Primer Congreso Católico, celebrado en La Habana en noviembre de 1959. Para este evento, la imagen de la Virgen de la Caridad que se venera en El Cobre, peregrinó hasta La Habana para presidir este congreso. Todo esto fue la etapa de mi definición como católico práctico y comprometido, fue una vivencia rica que marcó para siempre mi proyección humana y cristiana y que agradezco infinitamente al Señor.”

La década del 60 para la música se llama la “Década Prodigiosa”, sin embargo para la Iglesia y sus laicos fueron años duros y difíciles, fueron años de definición. ¿Qué recuerdos y vivencias tiene usted de esa época?
“Ya en la Semana Santa de 1959 durante el Vía Crucis tradicional que se celebraba por las calles de la ciudad, ocurrió un hecho que nos advirtió de lo que podía suceder en el futuro, el sacerdote al llegar a la estación “Jesús es condenado a muerte” se refirió a los fusilamientos ocurridos en la ciudad, lo que trajo por consecuencia una reacción violenta por parte de personas simpatizantes con el proceso revolucionario.

”Un domingo por la tarde se realizaba en el parque de Manzanillo, frente a la parroquia, un mitin revolucionario en que uno de los oradores, el padre Germán Lence, refiriéndose a los católicos que no simpatizaban con el proceso, amenazó con decir públicamente los secretos de confesión, fundamentalmente de los que eran miembros de la alta sociedad de nuestra ciudad. La reacción de las turbas fue de nuevo arremeter contra los que estábamos en ese momento dentro de la iglesia y estuvimos rodeados completamente por más de dos horas, escuchando los gritos, consignas y ofensas que proferían contra la Iglesia y los católicos. Anoto aquí que este sacerdote arrepentido y perdonado, murió en la fe.

”Un día, encontrándome en el banco, recibí una llamada invitándome a una reunión. Era un miembro de un grupo católico simpatizante del proceso revolucionario, el cual pretendía formar una iglesia nacional, a la cual no concurrí. Este grupo, a pesar de sus esfuerzos, no logró dividir a la Iglesia Cubana. Otro hecho significativo en estos momentos fue el comienzo del éxodo de mis compañeros de la Acción Católica, era la época de la visa Weiber y el Money Order de 25.00 USD, y nuestros grupos se vieron mermados de muchos jóvenes valiosos y bien formados.

”Con los sucesos del ‘Covadonga’, donde fueron deportados más de cien sacerdotes diocesanos y religiosos y un obispo, y luego la nacionalización de la enseñanza en 1961, comienza la salida de los miembros de muchas órdenes religiosas masculinas y femeninas, dedicadas a la enseñanza, a la asistencia social y pastoral, quedando sus valiosos medios e inmuebles en manos del gobierno. La experiencia de la guerra civil española que muchos de ellos sufrieron, contribuyó a la decisión tomada en este caso. Para muchas personas parecía que era el fin de la religión católica, de hecho en estos momentos hubo quienes optaron por guardar su fe, bien disimulada, hasta que vinieran tiempos mejores. El Espíritu Santo mantuvo en la fe a este resto fiel, que no estuvo exento de pruebas difíciles, como fueron la UMAP (campos de trabajo forzados, en los que se reunieron, sacerdotes, cristianos católicos y de otras denominaciones, personas opuestas al régimen y personas de dudosa moral) y otros tipos de presiones en los trabajos y en los estudios.

”Todos los medios y posesiones se perdieron, menos la fe y la esperanza, que ya desaparecidas las organizaciones y asociaciones, comenzamos a vivirlas en comunidades cristianas. Toda la vida de la Iglesia quedó circunscrita al interior de los templos, sosteniéndose el culto y una muy disminuida catequesis, descendieron drásticamente los índices de bautismos, matrimonios y primeras comuniones. Recordamos con cariño a muchas personas mayores, mujeres en su mayoría, que mantuvieron la fe para poder legarla a las generaciones que les sucedieron.

”En esta etapa, la visita a las comunidades católicas de toda la Isla, que hizo el Nuncio Apostólico monseñor César Zachi, fue un aliento y un signo de comunión con la Iglesia Universal, de la que tan aislados quedamos en esos momentos. En estos tiempos 1965-1966, algunos jóvenes acompañábamos al sacerdote que atendía desde la ciudad de Manzanillo, los distintos pueblos situados a lo largo de la costa del Golfo de Guacanayabo, empezaban las misas en español y celebradas de cara al pueblo, los comentarios en las misas, los cantos con instrumentos musicales del país, las guitarras en la liturgia... Y es en estas andanzas que conozco a la que hoy es mi esposa y madre de mis cuatro hijos, María, una cardenense, que por razones del trabajo de su padre se encontraba viviendo en el pueblo de Campechuela.

”En el año 1968 fui llamado al Servicio Militar, esto precipitó mi matrimonio que se efectuó en la iglesia Santo Tomás de Aquino de Campechuela el 13 de junio de 1968. Del Servicio Militar me trasladaron para la recién creada Columna Juvenil del Centenario, en la provincia de Camagüey, para afrontar la zafra de los 10 millones que habría de llevarse a efecto en 1970. Aquí viví momentos muy fuertes, por el exceso de trabajo, la separación de mi esposa y mi pequeño hijo, por las presiones políticas, ya comenzaban a hacerse los famosos procesos de ejemplares que desembocaban en la pertenencia al PCC. Declarar en este medio mi identidad católica resultaba algo tan insólito para estas personas que consideraban la religión como algo del pasado, que entonces desarrollaban una serie de asedios para convencerme de que yo tenía que ‘superar eso’.

”Cuando uno mira hacia atrás se asombra de la magnitud de los hechos vividos, de que fui parte de esta historia, de que a pesar de mi pequeñez, yo y tantos otros cumplimos nuestro cometido, tratamos de ser fieles y consecuentes con nuestros principios e ideales cristianos, aguijoneados, presionados, temerosos, pero confiados en el Señor de la historia, dejamos una senda, una calzada, allanamos colinas y levantamos valles para el avance de nuestro Dios.”

Junto con su esposa constituyó un hogar. ¿Se les hizo muy difícil a ustedes dos ese proceso docente educativo de la escuela con la formación cristiana, comprometida y práctica de sus hijos?

“Justamente, en el período de formación y crecimiento de nuestra familia, se produce en nuestro entorno un proceso de definición de las personas caracterizado por esta frase: ‘si no es posible irse, hay que adaptarse’, y por supuesto la religión era algo que estorbaba en este proceso de adaptación, ocurriendo así uno de los momentos de vaciamiento de nuestras comunidades más grande a partir del proceso revolucionario.

”Para qué decirles cuantas personas se nos acercaron diciéndonos que era un error educar cristianamente a nuestros hijos, con mejores o peores intenciones, compañeros de trabajo, amistades y hasta de la propia familia. Muchas veces nos sentimos solos, había quienes nos saludaban afectuosamente si nos encontraban solos, pero en público nos soslayaban. Fue la época en que el expediente escolar era algo ‘sagrado’ –por decirlo de alguna manera– para el futuro de los muchachos–, y una ‘mancha’ en el mismo –por el hecho de ser religiosos– constituía para muchos algo terrorífico. El Espíritu Santo nos guió para sortear las dificultades que se fueron presentando, tanto en la educación primaria como secundaria, siempre salimos en defensa de sus derechos, cuando eran discriminados formal o solapadamente, les dimos ejemplo de que la firmeza en los principios cristianos que profesábamos, a la larga les traería el respeto de los demás, como quedó demostrado.

”Uno de nuestros hijos, Juanito, tuvo que afrontar una injusta discriminación cuando optó por una beca en el Instituto pre-universitario de Ciencia Exactas ‘Mártires de Humbolt 7’, único de su tipo en esos momentos, y donde aspiraban a estudiar muchachos de altos rendimientos académicos. Después de haber recibido una felicitación de la dirección municipal de educación de Cárdenas por haber aprobado con excelencia los exámenes de ingreso a dicho instituto, no le llegó el aviso para incorporarse a estos estudios, por la sencilla razón de su fe. Hay anécdotas que no olvidamos, muchas veces tuvimos que acudir a la escuela, conversar con los maestros, dialogando, pero sin concesiones, participando y ayudando en todo lo posible, para que ellos no se sintieran menos, apoyándolos y compartiendo con ellos y con sus compañeros, pero expresando en todo tiempo y lugar nuestra condición de cristianos.

”De hecho los cuatro estudiaron carreras universitarias, han sido queridos y considerados en los ambientes en que se han desarrollado. Nos sentimos orgullosos de ellos y han accedido a un horizonte de pensamiento y desarrollo personal mucho más amplio que muchos de los que se opusieron a ellos o los hostigaron. Ni los momentos más duros, ni las situaciones más desagradables, ni la experiencia del miedo, lograron cambiar mi estilo de vida y siempre traté de tener una actitud conciliadora, dialogante, servicial y responsable. Leí una frase, no recuerdo ahora dónde, que dice: ‘Seamos como las cañas, que aunque se pueden doblar por la fuerza del viento, no se quiebran y vuelven a su posición natural’.”

Una pregunta en tres: ¿Cómo ve usted a la Iglesia cubana en su andar, teniendo como partida el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) y transitando hoy el Plan Global 2007-2010? ¿Cómo ve el futuro de su Comunidad Católica? Y, ¿cree que tendrá relevo en su misión evangelizadora?

“Tal como expreso anteriormente, las cosas no suceden de golpe, sino a través de procesos. La Reflexión Eclesial Cubana (REC) recogió la experiencia de 25 años en que la Iglesia nunca depuso su actitud de diálogo y búsqueda de caminos para realizar su misión. Las experiencias, las frustraciones, los logros y los sueños de los cristianos cubanos y sus pastores confluyeron en este proceso que dio a luz esa toma de conciencia y proyecto de futuro que constituyó el ENEC, que como nuevo Pentecostés nos conminó a seguir adelante obedeciendo el mandato de Cristo de anunciar la Buena Nueva. La visita del siervo de Dios Juan Pablo II trajo un soplo de aire fresco para la Iglesia y propició espacios para la realización de su misión evangelizadora al pueblo cubano, levantó nuestra autoestima y la conciencia de que poseíamos una palabra necesaria para nuestro pueblo y su futuro.

”Este Plan Global 2007-2010, al igual que los anteriores, no es más que el desarrollo del proyecto de vida de la Iglesia en Cuba, que progresivamente se va abriendo a nuevos horizontes, cada vez más abarcadores de la realidad humana y social de la Cuba actual. Miro el futuro con esperanza, los cristianos salimos de dentro de los templos, la Iglesia enfatiza su misión en el ámbito rural y urbano. El sentido de la acogida traspone el umbral de los templos para desarrollarse en la vida del pueblo, en su propio terreno, en sus necesidades y sueños. Aunque a veces nos desalentamos por no ver los frutos de inmediato, leyendo en el evangelio la parábola del sembrador, tenemos confianza en que la semilla que hemos sembrado brotará en tierra buena.

”En cuanto al relevo, estamos tratando de formar nuevos agentes de Pastoral, promoviendo los dones y carismas de las personas que hoy conforman nuestras comunidades, destacando que éstas se han renovado en más de un 80 por ciento.”
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