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Tocan insistentemente a la puerta de la casa de madera, sale Giselle sonriente y atraviesa el escenario con sus virtuosos saltos.

Desborda fortaleza, pero en el fondo es una joven delicada, casi frágil,
y es acogida de nuevo por los aplausos del público, que agradece de antemano la actuación de la Primera Bailarina del Ballet Nacional de Cuba (BNC), Viengsay Valdés.

Viengsay Valdés
Viengsay Valdés:
la vida y la danza
Por Laura Domingo Agüero
fotos: Cortesía de la entrevistada

Sus primeros contactos con este arte se remontan a la infancia, cuando fue aceptada para ingresar en la Escuela Elemental “Alejo Carpentier”, de Ciudad de La Habana. Posteriormente pasó a la Escuela Nacional de Ballet (ENB). Desde entonces se fue destacando en los pequeños montajes y luego en las interpretaciones de los pas de deux Las llamas de París, El Corsario, Don Quijote y Esmeralda, entre otros.

Obtuvo lauros significativos en concursos juveniles de danza, como los auspiciados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el Concurso Internacional de Danza en Vignale, Italia. Del mismo modo, participó en las funciones del Joven Ballet de Francia, en un Festival de la Escuela Municipal de Ballet en el Estado de Mazatlán, México, y bailó en actividades culturales del teatro Rita Montaner y en La Huella de España, celebrado en La Habana.
Luego de una sobresaliente trayectoria como estudiante, recibió el Título de Oro en su graduación e ingresó directamente en las filas del BNC en 1994. De esta etapa recuerda entre sus profesores más influyentes a Mirta Hermida, Ramona de Saá, Adria Velázquez y Pablo Moré.

En cada entrevista realizada a Viengsay Valdés ha estado presente la palabra constancia, quizás porque ha sido esa la virtud que ha caracterizado su recorrido por el ballet. “La disciplina me viene desde pequeña”, comentó en algún momento. Sin embargo, a pesar de la dedicación que mantiene hacia su carrera, se ha visto obligada a sobreponerse con gran fuerza de voluntad a realidades difíciles de afrontar. Muy pronto fue consciente de sus limitaciones y aprendió a superarlas con la inteligencia que hace a los triunfadores personas relevantes dentro de la sociedad.
Giselle siente a veces que la debilidad de su corazón le imposibilita bailar como quisiera. Su madre se acerca y le pide que repose un rato al verla muy agitada, y aunque ella accede a unos minutos de descanso, muy pronto se levanta, incapaz de permanecer impasible, y vuelve a ser el centro de los festejos. Los campesinos celebran su presencia entre ellos, la coronan de flores y la levantan en brazos por todo el escenario hasta colocarla sobre una de las carretas de la aldea. Así reverencian a la amiga y al talento, mientras Giselle los sigue a todos con la mirada, radiante de felicidad.

A partir de su entrada en la Compañía, comenzó a destacarse por sus variadas actuaciones en los Festivales de Ballet de La Habana y compartió el escenario con reconocidas figuras de la danza internacional como Julio Bocca, José Martínez y Agnés Letestú, Alessandra Ferri, Felipe Díaz y Guisseppe Picone, además de los cubanos Lorna Feijóo, Agnes Letestú, Carlos Junior Acosta, Rolando Sarabia (hijo) y Yoel Carreño. En julio de 1999 fue galardonada con la Distinción por la Cultura Nacional y a continuación promovida de Cuerpo de baile a Corifeo y luego a Solista y a Bailarina Principal, categoría esta última que mantuvo hasta mayo del 2001, cuando fue ascendida a Primera Bailarina.

Viengsay conoce que el artista no es un simple repetidor de técnicas y habilidades, y por ello ha enriquecido sus conocimientos y nivel intelectual. Aprovecha sus múltiples giras artísticas para visitar museos de arte y de historia universal y no abandona el hábito de la lectura, a pesar del corto tiempo que le deja el entrenamiento diario. Ha analizado con minuciosidad el desarrollo del ballet en nuestro país y lo ha comparado con las compañías más importantes de otras latitudes. Este discernimiento le ha permitido analizar sus buenos resultados y trabajar sobre los aspectos que aún debe superar.

Cada vez las capacidades técnicas de los nuevos bailarines es superior y en esto influye la práctica de una enseñanza concéntrica y estable como la nuestra, que se ha mantenido con similares características a las implantadas por sus fundadores, Alicia Alonso y los hermanos Fernando y Alberto Alonso. Este es también el motivo por el cual el BNC se sigue destacando en el mundo por la calidad del cuerpo de baile, la expresividad y fortaleza técnica de sus intérpretes y, sobre todo, por haber incorporado a sus versiones coreográficas nuestro amplio legado cultural.

Para Viengsay ha sido fundamental el adiestramiento de su cuerpo, trabajar cada músculo para poder lograr un mayor dominio del mismo y la seguridad en escena en temporadas de mayor carga de trabajo.

Esta bailarina también se ha desenvuelto en otras esferas, como los desfiles de modas en la pasarela de Cibeles, de Madrid, en septiembre de 2001, en la que exhibió diseños del español Francis Montesinos, y en la clausura del IV Festival Artecorte, celebrado en La Maison –casa de modas de Cuba–, invitada por la
Viengsay conoce que el artista no es un simple repetidor de técnicas y habilidades,...
artista plástica y diseñadora Lucía Fernández. El cine tampoco ha quedado al margen de sus intereses y por eso, tras acceder a una invitación del crítico de arte Rufo Caballero, trabajó como actriz en el videoclip Soy lo que ves, que fue estrenado el pasado mes de marzo.

Diversos fotógrafos incluyen la imagen de Viengsay en sus catálogos, como el norteamericano David Garten, el inglés John Ross, el italiano Alfredo Canatelo, el brasileño Manuk Poladian, y los españoles Isabel Muñoz, Daniel Bañón y Xavier Carvajal entre otros.

“Cuando bailo me gusta entregarme al personaje y ser simplemente Giselle, Swanilda, Kitri u Odette en vez de Viengsay”, nos dice la bailarina, pero sabe que para ello es imprescindible haber cosechado diversas vivencias que contribuyan a comprender y transmitir mejor la psicología de cada uno de estos papeles, como escuchar música, ver cine, compartir con todo tipo de personas, disfrutar una fiesta o mirar el mar. Y aunque la han identificado muchas veces con la protagonista del ballet Don Quijote, entre sus ballets preferidos también están El Lago de los Cisnes y Giselle, por su exigente interpretación dramática.

Giselle cree que el amor la ha defraudado, se siente perdida y traicionada y su fragilidad desemboca en una repentina pérdida de la razón, que exterioriza ante los campesinos, personas de la corte, su madre y el príncipe Albrecht. Recuerda con nostalgia las promesas de fidelidad de su amado, la alegría y la danza, pero pronto se da cuenta de que ya todo ha quedado en un pasado engañoso y lúgubre. De pronto siente frío, se mira las manos temblorosas, corre e intenta suicidarse, se lanza hacia los que la rodean, escucha voces que la atormentan y busca consuelo en el regazo materno. Pero en la agonía final se vuelve hacia Albrecht, quien la sostiene con sus brazos. Un silencio musical congela su postrer aliento y un instante después cae desplomada en el suelo, sin vida.

“He estudiado mucho la escena de la locura en Giselle y para lograrlo incluso visité hospitales psiquiátricos. Esto pudo haber sido un poco impactante, pero sólo así logré apreciar los verdaderos comportamientos de mujeres en este tipo de situaciones extremas y enriquecer mi interpretación.”

Sus momentos más difíciles han sido cuando la salud no le ha permitido sentirse por completo apta para una función, y así todo, ha debido sobreponerse. Durante el pasado Festival de Ballet, en el año 2006, atravesó por una crisis asmática severa; pero aún así, interpretó en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana el pas de deux Diana y Acteón, junto al cubano Carlos Acosta, Primer Bailarín del Royal Ballet de Londres, con lo cual ofreció una imborrable demostración de sacrificio. “Esto me ha dado la oportunidad de fortalecerme espiritualmente y valorar los resultados de la exquisita preparación muscular a la que me he sometido durante tantos años”, confiesa al respecto Viengsay.

El partenaire cubano goza de un merecido reconocimiento internacional por el dominio técnico que logra alcanzar durante su aprendizaje en la escuela y por entablar una relación de complicidad con su pareja durante el baile. “He tenido la suerte de bailar con muy buenos compañeros, como Carlos Acosta, Romel Frómeta, con quien he logrado una excelente relación tanto en el escenario como fuera del mismo, con Yoel Carreño y Víctor Gilí. Pero no tengo preferencia por uno de ellos en particular, considero que todos son muy buenos profesionales de los que guardo excelentes experiencias.”

Para Viengsay Valdés la atención a los jóvenes integrantes del BNC debe ser responsabilidad de todos los profesores y bailarines, porque ellos serán en un futuro no muy distante los que mantendrán el legado de las generaciones que nos han antecedido, así como las características de la escuela cubana de ballet. Por eso hace hincapié en la responsabilidad que deben asumir desde edades tempranas, para una vez terminados los estudios enfrentarse con la independencia necesaria a las exigencias de una compañía.

“Deben saber encauzar sus aspiraciones, porque llegar a ser un gran bailarín es mucho más que lograr un giro vertiginoso o elevados saltos”, afirma de modo categórico. Y, aunque se considera una defensora del virtuosismo técnico en el ballet, agrega: “Para bailar bien hay que saber interiorizar la danza y esto lleva tiempo y una paulatina preparación que no debe violarse.” Nos habla también sobre la importancia de alcanzar la pantomima natural como parte indispensable del diálogo y la expresividad que promueve la danza, para así evitar los movimientos estereotipados carentes de naturalidad.
Giselle manifiesta un amor que la mantiene viva y eterna.
Giselle manifiesta un amor que la mantiene viva y eterna. A pesar de integrar el grupo de las willis, que sacian su venganza haciendo morir a todo hombre que se encuentre en el cementerio pasadas las doce de la noche, ella no considera un sacrificio volver a demostrar cuán grande puede llegar a ser la fidelidad. Por eso se rebela, implora y baila.

A veces las exigencias de la danza convierten la vida del bailarín en una rutina de esfuerzos y escalas de prioridades. Los lugares cimeros también demandan la responsabilidad de demostrar siempre la capacidad de alcanzarlos; pero a pesar de la rigurosa disciplina a la que se ha sometido, la trayectoria de Viengsay le ha dejado memorables recompensas: Ha actuado en importantes teatros de Europa, Asia, América Latina y los Estados Unidos, ha sido artista invitada del Royal Danish Ballet de Dinamarca, así como de las Galas Internacionales en Lisboa, en Praga y en el World Festival Ballet de Japón (Festival Mundial de Ballet de
Japón), celebrado en la ciudad de Tokio, que acogió a algunas de las principales figuras internacionales como José Manuel Carreño, Alessandra Ferri e Irina Dvorovenko, en representación del American Ballet Theatre, Joëlle Boulogne, del Hamburg Ballet, Sylvie Guillem, Alina Cojocaru, Tamara Rojo y Johan Kobborg, del Royal Ballet, Aurélie Dupont, Agnès Letestu, José Martínez, Nicolas Le Riche y Manuel Legris, del Paris Opera Ballet, Maria Eichwald, del Stuttgart Ballet, Diana Vishneva, del Kirov Ballet y Vladimir Malakhov, del Berlin State Ballet.

También participó en la Gala dedicada a los 80 años de vida de Maya Plisétskaya, celebrada en el Palacio del Kremlin, de Moscú, en noviembre de 2005, así como en el Festival Internacional de Ballet de Manchester, Gran Bretaña, en julio de 2007, por sólo mencionar algunos de los más relevantes escenarios en los que ha estado presente. Su nombre quedó inscrito en el Libro de Honor del Gran Teatro de La Habana, en enero de 2002, y en el acta del jurado, presidido por Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta y Directora del BNC, se hizo constar:

“A la primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, Viengsay Valdés, por el conjunto de sus presentaciones durante el año (2001) en la sala García Lorca, en las que ha mostrado un desarrollo incesante de sus cualidades técnicas e interpretativas.”

Todo lo anterior demuestra el éxito que ha podido cosechar Viengsay, que considera encontrarse en un momento de madurez artística, “porque aún no he llegado al lugar que quiero alcanzar.” Se le conoce por el virtuosismo técnico y la crítica ha celebrado su dominio del equilibrio –que fue característica también de célebres bailarinas cubanas como Alicia Alonso y Josefina Méndez– y del giro por medio de comentarios como este, de Francisco Sisa, publicado en un diario norteamericano, el 24 de octubre de 2003:

“(…) entre todos los balances, el más largo, donde parecía que sus zapatillas habían quedado soldadas al suelo por un espacio de tiempo que se nos antojaba interminable, mientras mantenía el torso erguido dándonos la impresión de una deidad escultural (…). La joven bailarina cubana desató nuevamente la euforia del público, en la Coda, con sus fouettés centrados y rápidos, mientras a cada cambio del tempo de la música en dicha Coda, intercalaba triples pirouettes con las manos sobre la cintura, sin dar la más mínima impresión de esfuerzo, con una sonrisa medio española, medio cubana que hablaba de euforia, gracia y dominio”.

En declaraciones a la agencia Prensa Latina, Viengsay comentó “El público cubano es apasionado, en comparación con los que se contienen más y dejan los aplausos para el final; pero esta exigencia está fundamentada en el conocimiento artístico que ha podido ir cultivado.” Esto no es algo nuevo si tenemos en cuenta que cuando Alicia asombraba a nuestro auditorio con sus grandes virtuosismos, eran ya conocidas las ovaciones cubanas. “Lo negativo es que los bailarines se acostumbren a evaluarse por estas manifestaciones y dependan de ellas. Algunos ya nos hemos adaptado, pero a veces el desborde emocional incontrolable puede llegar a desconcentrarnos e impedirnos escuchar la música con nitidez”.

En efecto, uno de los más importantes resultados del ballet en Cuba ha sido llegar a todos los espacios. No se ha quedado en el grupo elitista de los amantes y expertos de la danza clásica, sino que ha posibilitado su acercamiento a las grandes masas. Con el transcurso del tiempo los espectadores han logrado educar su nivel de apreciación, pero es fundamental que lleguen a ser consciente de que los aplausos en medio de la función dañan el contenido lírico y espiritual del ballet. No hay mejor relación con el artista que aquella fundada en el respeto a su obra.

Amanece y las willis retornan al mundo de lo eterno. Giselle también es llamada a regresar a su refugio subterráneo; pero antes de irse, nos deja una hermosa prueba de entrega humana: La tumba se abre, Giselle se inclina, toma los lirios entre sus manos y los esparce delante de Albrecht antes de ser consumida. Suenan los últimos acordes mientras desparece entre la niebla y el príncipe, sumido en un abatimiento sin límites, se desploma sobre la lápida, para llorarla eternamente.

Vuelven los aplausos, ahora más fuertes, como si no bastaran las dos manos para expresar la sublimidad del espectáculo. Las cortinas se cierran y abren, y algunos lanzan flores al escenario, para Giselle o para aquella que lo será ya eternamente en el mundo que inspira este arte: la fantasía.

“… Viengsay –afirmó en cierta ocasión Miguel Barnet– es un ave que atraviesa el paisaje con la fuerza de una ráfaga. Ella encarna lo más elevado de la naturaleza femenina, su alimento corporal más decantado, la exaltación del movimiento perpetuo como metáfora de la divinidad.”

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