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por Monseñor Carlos M. de Céspedes GARCÍA-MENOCAL |
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Nuestra Señora de la Caridad en el Occidente de Cuba |
Templo de San Francisco Javier de los Quemados (Marianao). |
Un nuevo hallazgo documental o, mejor, comprobación, en la Parroquia de Marianao. |
Todos estamos al corriente de que en el año 2012 celebraremos el cuarto centenario del hallazgo, en la Bahía de Nipe, de la imagen de Nuestra Señora de la Caridad que veneramos en su Santuario, en El Cobre, Casa de todos los cubanos. Copiada una y otra vez, la encontramos en muchos templos y viviendas. Pero hemos sabido, desde siempre, que la devoción a Nuestra Señora de la Caridad surgió en España. Alfonso el Sabio, Rey de Castilla y de León, de 1252 a 1284, uno de los monarcas más ilustrados de la época, nos legó –entre otras obras de muy diverso tono y |
temática– los bellísimos Cantares e Cantigas, escritos en gallego. Una de las cantigas –no recuerdo cuál– ya hace mención de la devoción a Nuestra Señora de la Caridad. Sabemos también de la hermosa capilla de Illescas, muy cerca de Toledo, decorada por El Greco, y del Santuario de Sanlúcar de Barrameda. Todo parece indicar que de España nos llegó la devoción y, de España o de alguna tierra americana (¿México, Guatemala, Colombia, Ecuador...?) nos llegó la imagen, como un regalo del Señor a nuestro pueblo.
Se nos ha repetido también, desde que se escribe acerca de estas cosas, que la devoción a Nuestra Señora de la Caridad ha venido expandiéndose, lentamente, del Oriente de Cuba hacia el Occidente y que, en esta última región de la Isla, vino a ser popular después de la primera mitad del siglo XIX. He leído que el segundo templo dedicado a Nuestra Señora de la Caridad en Cuba es el que se encuentra en Sancti Spíritus (1726), no lejos de la Iglesia Parroquial Mayor. También sabemos, y consta por publicaciones de la época, que siendo obispo de La Habana, monseñor Santander y Frutos, o sea, a fines del siglo XIX, nombró a la Virgen de la Caridad Patrona del Batallón de Voluntarios de La Habana, por petición de estos. Ya en tiempos republicanos, por petición de los obispos y de los veteranos, Nuestra Señora de la Caridad fue designada Patrona de Cuba. Y como Reina y Patrona la coronó Su Santidad Juan Pablo II, en la Misa que celebró en Santiago, el 24 de enero de 1998, en el marco de su visita pastoral a Cuba.
Se ha dicho, frecuentemente, que no hubo ningún templo en Occidente dedicado a Nuestra Señora de la Caridad hasta el siglo XX, cuando por petición de miles de habaneros, encabezados por la espirituana y entonces Primera Dama de la República, la siempre admirada y recordada con cariño, Doña América Arias, el obispo de La Habana accedió a cambiar el título de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, por el de Nuestra Señora de la Caridad.
Más recientemente, habíamos oído decir que en el templo de San Francisco Javier de los Quemados (Marianao) había una imagen de Nuestra Señora de la Caridad desde el siglo XVIII. No era la imagen actual, de factura contemporánea. Hace pocos meses también supe que el templo de la Parroquia de Caimito del Guayabal estuvo dedicado a Nuestra Señora de la Caridad desde el siglo XIX. Se me ha dicho que esto consta, asimismo, en documentos oficiales firmados por el obispo de La Habana de entonces. Actualmente, esta parroquia continúa teniendo como Patrona a Nuestra Señora de la Caridad.
Hace muy pocos días, el actual párroco de San Francisco Javier de Marianao, padre Juan Carlos Fuentes, me llamó por teléfono para informarme de precisiones sumamente interesantes con relación al título de la parroquia, que habría sido “Nuestra Señora de la Caridad” y no “San Francisco Javier”, como la conocemos hoy. Le pregunté si tenía documentos que avalaran lo que me decía y me afirmó que todo estaba bien documentado. Al día siguiente, ya estaba Juan Carlos en mi parroquia de San Agustin, con un file y toda la documentación solicitada. ¡Sanamente puntilloso como es, no podría haber esperado yo otra cosa!
En el file encontré: 1) Seis fotocopias de asientos en los Libros Parroquiales, a partir de 1734; -2) Carta-circular del entonces párroco monseñor Rolando González (+), escrita el primero de mayo de 1984, en la que invita a las celebraciones con motivo de los 250 años de fundación de la parroquia; más exactamente habría sido que se refiriese al aniversario de su erección como Iglesia Auxiliar de la Parroquial Mayor, ya que el título de parroquia lo recibió más tarde; sin embargo, me llama la atención que, habiendo destacado el padre Rolando que el título original de la parroquia era nuestra Señora de la Caridad y no San Francisco Javier, eso no se haya divulgado posteriormente; -3) Apuntes del propio padre Juan Carlos Fuentes Fiallo, que incluyen sus conclusiones sobre el tema, y un texto de uno de los historiadores de Marianao, doctor Ramón Gaínza, que abunda en las cuestiones que se levantan acerca del nombre del lugar, Marianao, y las diversas grafías que adoptó esa palabra. Esta variedad en la grafía es común en las palabras de origen indio, pues quienes escriben en castellano las transcriben por aproximación a lo que oyen.
Por supuesto, quienes deseen comprobar in situ y sobre los mismos documentos lo que paso a exponer, en forma de resumen, pueden dirigirse al padre Juan Carlos Fuentes, quien los atenderá con sumo gusto. Sintetizo y ordeno a continuación la documentación aludida:
1. Según el historiador Gaínza, el nombre original de esa región al oeste de La Habana, habría sido Mayanabo que, en lengua aborigen significaría “tierra entre dos ríos”. Los eruditos Antonio Bachiller y Morales y Alfredo Zayas Alfonso sostuvieron la misma opinión. Antes de llegar a convertirse en “Marianao” en los asientos parroquiales aparece como “Mayanavo” y “Mayanabo”, “Marianavo” y “Marianabo”. Un mismo sacerdote firma los asientos con las diversas grafías.
2. Todo parece indicar que desde mediados del siglo XVI y a lo largo del XVII se concedieron numerosas mercedes de tierra en Mayanab(v)o y, aunque el lugar estaba casi totalmente despoblado, en 1640 se erigió en el extremo de la playa un “torreón” –ignoramos el número de componentes de la guarnición–, para la defensa de los ataques de piratas. La mayor importancia de la zona radicaba en los bosques que la cubrían y que abastecían de madera a la ciudad de La Habana. No me cuesta mucho trabajo imaginar la belleza de esos bosques, cuando veo algunos de los viejos árboles, supervivientes de la tala, en algunos parajes de Miramar. Por ejemplo, en el parque que se encuentra a ambos lados de la Quinta Avenida, desde la calle 24 a la 26, junto a la Iglesia de Santa Rita; sin duda, uno de los más hermosos de nuestra ciudad.
3. “Los Quemados” fue el primer asiento poblacional del lugar. Para aprobar su establecimiento, el 13 de septiembre de 1720, el Director General de Indios, el presbítero Cristóbal Zayas Bazán, se dirigió al Cabildo de La Habana refiriéndose a “los autos que en su pedimento tiene hecho sobre un paraxe que llaman Los Quemados de Marianabo se le conzeda un realengo y apropósito para la residencia de otros indios”. La petición fue aprobada. En cuanto al nombre del paraxe, o sea, “Los Quemados” no hay acuerdo entre los historiadores, aunque todos, evidentemente, suponen algún incendio, que no deben haber sido escasos en tierra de bosques. El lugar parece haber sido, aproximadamente, en donde se levanta hoy el Hogar de Ancianos “San Rafael”.
4. Según las normas de la época, el caserío inicial de Los Quemados de Mayanabo debía tener atención religiosa. Siempre según Gaínza, el historiador local, el presbítero Zayas Bazán encomendó esa labor “a los frailes betlemitas, agustinos y franciscanos, los cuales, en 1724 adquirieron terrenos cercanos a la Finca San José para edificar una ermita, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Caridad, erigida como Iglesia Auxiliar de la Parroquial Mayor de La Habana”. En este párrafo lo que me resulta un tanto sorprendente es la atribución del cuidado pastoral de un pequeño caserío a tres órdenes religiosas. No he visto los documentos que debe haber consultado el doctor Gaínza, pero pienso más bien que el presbítero Zayas Bazán se debe haber dirigido a las tres órdenes, que estaban ciertamente bien establecidas en La Habana en 1720, y que una de ellas haya aceptado la proposición. En cuanto al nombre de la finca que se da como referencia, “San José”: es lugar que se cita siempre como uno de los puntos de referencia en los orígenes de Marianao. Nuestra escritora y etnóloga Lydia Cabrera bautizó así su “casa–quinta”, más allá de La Lisa, a unos cien metros al norte de la Calzada Real (ahora Calle 51). El edificio se conserva; hasta hace poco tiempo allí funcionaba un restaurante.
5. En 1726 un incendio redujo a cenizas el caserío y la ermita u oratorio. Los vecinos se dispersaron por las cercanías; algunos un poco más al este, hacia La Ceiba; otros, hacia el oeste, en donde habrían levantado un “Nuevo Quemados”, junto al Camino Real de Vuelta Abajo. Es aquí en donde, en 1730, se levanta de nuevo la ermita, bajo el título de “Nuestra Señora de la Caridad del Partido de Los Quemados”, aproximadamente en el mismo sitio en que está hoy el templo parroquial. Los registros de los archivos parroquiales comienzan en 1734. El bautismo de la primera persona que recibió allí el nombre de “María de la Caridad” tuvo lugar el 11 de mayo de 1738 y quedó asentado con el número 8 del Primer libro de Bautizos de Españoles.
6. Luego, no resulta aventurado sostener, teniendo en cuenta el incendio de 1726, que hasta donde llegan nuestras informaciones hoy, la primera ermita, la de 1724, fue el primer “templo” que se dedicó en Occidente a Nuestra Señora de la Caridad. De tabla y guano, pero templo.
7. El jueves 9 de diciembre de 1745, un nuevo sacerdote llamado Don Manuel Gregorio de Cabrera asienta con el número 91 del Primer libro de Bautizos de Españoles, ya citado, su primer bautizo en el lugar, y señala como título del templo “Nuestra Señora de la Caridad y San Francisco Javier”. Cuando se abre el Segundo libro de Bautizos de Españoles, en 1763, se le da a la iglesia el título de “Iglesia Auxiliar de Nuestra Señora de la Caridad en el Partido de San Francisco Xavier de los Quemados” y se añade que ocupaba la sede episcopal habanera Don Pedro Agustín Morell de Santa Cruz. En 1765 se le otorga al caserío el titulo de Cabecera de Partido, con el nombre de “Los Quemados de Marianao”. La adjudicación de la categoría de parroquia tuvo lugar en 1853, ya con el titulo de “San Francisco Javier”. No aparecen las razones para el cambio de patrocinio parroquial. La tradición popular continuó celebrando a Nuestra Señora de la Caridad como “compatrona” sin que haya recibido oficialmente ese título. |
Siempre resulta interesante verificar y/o corregir cronologías. Pero lo realmente importante es la comprobación de que la devoción a Nuestra Señora de la Caridad estaba ya asentada en estas regiones desde fecha temprana. No mucho importa si antes o después que en otras poblaciones entre Santiago y La Habana.
Me queda, sin embargo, una pregunta sin respuesta por ahora: ¿de dónde vino la devoción a Nuestra Señora de la Caridad en Marianao? ¿De El Cobre o directamente de España o de alguna región americana? ¿De dónde la imagen de aquella primera ermita de Los Quemados? La imagen que flotaba en las aguas de la Bahía de Nipe y que ahora identificamos con la que se venera en el Santuario de El Cobre, posiblemente, pertenecía a una nave que transitaba por el norte, o sea, hacia La Habana u otro puerto del norte de la Isla, no hacia Santiago. La navegación hacia Santiago, desde España o desde alguna región americana, transitaba, usualmente, por el sur. Dios permitió que la nave portadora de nuestra imagen naufragara en aquella zona norteña, fuese recogida en Nipe, trasladada a Barajagua y, de allí, por tierra, a El Cobre.
Quizás nunca encuentre respuesta contundente a mis preguntas acerca de Nuestra Señora de la Caridad, lo cual no me afecta mucho, puesto que todas tienen que ver con la imagen, o sea, con lo más accidental. No con la Virgen María, Nuestra Señora la Madre Dios; ni con la advocación, la Caridad, el Amor. Y esto sí me importa y mucho: que por los caminos que, quizás, solo Dios conoce y que nosotros no llegaremos a discernir con certeza, la Virgen María nos acompaña desde los inicios de nuestra historia con ese título, el de la Caridad, el más hermoso y rico posible en el ámbito de los contenidos de la Fe cristiana. Y le pido a Dios Nuestro Señor, por intercesión de Ella, que Ella misma nos contagie con su advocación, española y cubana, y que nunca se nos pierdan del horizonte ni el Amor a Dios, ni el amor a nuestros hermanos, que son todas las personas que nos encontramos en el camino de la vida. ¡Amén!
Mons. Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal
La Habana, 8 de julio de 2008 |
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