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ECONOMÍA

Una apuesta por el estímulo material
por Orlando Freire SANTANA
En la última década del pasado siglo, la bicicleta se convirtió en un estímulo material para los trabajadores.
En la última década del pasado siglo, la bicicleta se convirtió en un estímulo material para los trabajadores.
Uno de los temas más controversiales que afloran cada vez que en nuestro país se ha adoptado un sistema de dirección de la economía, a partir de 1959, lo es sin dudas el mecanismo de estimulación a aplicar. De acuerdo con el enfoque marxista de laTeoría de la Dirección –al menos el que aparece en los folletos con que se elaboran

los actuales planes de estudio–, debe de existir una adecuada combinación entre el estímulo moral y el material para el buen desenvolvimiento de la sociedad. Sin embargo, una mirada retrospectiva a las últimas cuatro décadas indica que no siempre fue así.

La presencia del Che Guevara entre nosotros durante la primera mitad de los años sesenta, así como su nada despreciable bibliografía acerca de esta materia, en la cual siempre abogó por fomentar el trabajo sobre la conciencia para la formación del hombre nuevo, coadyuvaron a que prevaleciera el estímulo moral en ese primer decenio revolucionario. El mítico guerrillero expresó que el interés material directo, como palanca económica en el socialismo, era el gran Caballo de Troya de ese sistema. Incluso llegó a calificar a la resaca de la Nueva Política Económica (NEP), aplicada por Lenin en 1921 –a pesar de lo poco que de ella quedó con la colectivización forzosa y los planes quinquenales de Stalin– como la culpable de que la Unión Soviética estuviese regresando al capitalismo.

Un giro de casi 180 grados aconteció con la celebración del Primer Congreso del Partido en 1975. Las prédicas guevaristas en pos de un apego excesivo al elemento moral, y la no observancia de ciertas leyes objetivas que debían regir en la fase inferior del modo de producción comunista, fueron consideradas en ese cónclave como errores de idealismo que dificultaban la construcción exitosa de la sociedad socialista. Asistimos a una época de debilitamiento del trabajo político-ideológico sobre las masas y de preponderancia de los mecanismos económicos. A la gente no parecía motivarla en absoluto el estímulo moral: se fue apagando lentamente el entusiasmo por el trabajo voluntario, todo el mundo quería cobrar las horas extras que trabajara, y en buena parte de las empresas los colectivos obreros se esforzaban por obtener ganancias y acceder a una porción de estas en forma de premios monetarios.

Pero sobrevino la perestroika en la Unión Soviética y la crisis general del socialismo real en los países de Europa del Este. Las autoridades de la Isla entendieron que el momento era oportuno para abandonar un sistema de dirección que en esencia constituía un remedo de lo aplicado en esas naciones. Comenzaba de esa manera, a partir del año 1986, la etapa de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. Un año después, al cumplirse el 20 aniversario de la caída del Che en Bolivia, Fidel Castro expresó: “Lo primero que un cuadro socialista debe preguntarse no es si su empresa gana más, sino cómo gana más el país”. 1 O sea, una afirmación que, sin desdeñar totalmente el interés por lo material, le otorgaba preeminencia al elemento moral que significaba pensar más en el país, en la patria. Sin dudas, hubo un resurgimiento de la figura del Che Guevara en esta etapa, que bien podría calificarse como “una rectificación dentro de la rectificación”.

La urgente necesidad de insertar a Cuba en los mecanismos económicos internacionales a comienzos de los años noventa condujo, en el plano interno, a la búsqueda de iniciativas que hicieran más eficiente el trabajo de las empresas. En ese contexto, se extiende a toda la economía el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial, el cual desde unos años antes regía en las empresas de las FAR. Este Sistema, en lo fundamental, aplicó el sistema de pago por resultados; un tipo de remuneración que, como indica su nombre, apelaba al interés material del trabajador para que produjese más y así ver incrementado su salario. No obstante, para que la vinculación salario-resultado se materializara, era menester que la empresa cumpliera determinados indicadores que no dependían directamente de la labor específica de cada trabajador. Es decir, no lo desvinculaba del componente moral que significaba velar por la buena marcha del colectivo. Mas, en la práctica, muchos trabajadores no entendían el porqué, a pesar de cumplir o sobrecumplir sus normas o tareas, no recibían el estímulo debido a que, por ejemplo, la empresa no cumplía con la correlación entre el salario medio y la productividad, o con el plan de ventas.

Recientemente, como parte de los cambios económicos que se anuncian con el advenimiento del nuevo mandatario Raúl Castro, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dio a conocer la Resolución 9 de 2008, la cual introduce cambios en el sistema de pago por resultados mediante el “Reglamento General sobre las formas y sistemas de pago”. En síntesis, se trata de una revitalización del pago a destajo que permite al trabajador ganar, sin límite alguno, de acuerdo con la magnitud de su labor, con independencia –y en esto reside el cambio– de lo que suceda en la empresa. Según directivos de dicho Ministerio, “con la correcta aplicación de esta resolución el trabajador ganará lo que sea capaz de producir. Entonces se cumplirá el principio socialista de distribución, donde cada cual reciba en correspondencia con su aporte, es decir, el pago por la cantidad y calidad”. 2 El estímulo material parece haber obtenido una victoria contundente sobre el estímulo moral. Muy poco pervive, quién lo duda, del espíritu que animó el discurso del máximo líder en aquel año de 1987.

Algunos opinarán que este conjunto de medidas económicas –entre las que sobresalen algunas para revitalizar la agricultura– responden al pragmatismo que caracteriza al nuevo jefe de Estado. Sin obviar totalmente ese punto de vista, me inclino a pensar que en lo concerniente a la exaltación del estímulo material ha primado el desgaste de la ideología; una erosión que conoció su génesis con la debacle del socialismo real, pero que en el caso particular cubano se vio favorecida por las medidas que el país debió acometer para evitar el colapso de la economía durante el período especial

No obstante la alta dosis de trabajo político e ideológico que las autoridades llevan a cabo en todos los medios de difusión masiva, da la impresión de que el ciudadano promedio solo se entrega en cuerpo y alma cuando existe un incentivo material a la vista. Era mucho más fácil apelar a la conciencia del hombre cuando una distribución normada y equitativa satisfacía gran parte de las necesidades básicas, que intentarlo ahora, en momentos en que de nada sirven los diplomas, las consignas y los reconocimientos si tenemos que acudir con demasiada frecuencia a las shoppings a comprar artículos de amplio e imprescindible consumo.

Ahora mismo nos informan de la crítica situación que presenta nuestra ciudad capital con los profesores, policías y constructores. Los habaneros no desean incorporarse a esas ocupaciones, y deben traerse a personas de otras provincias –alentadas por ser la única manera de vivir en La Habana , la que, paradójicamente, se anuncia como capital de todos los cubanos– para contrarrestar esas carencias. Pero el partido y gobierno provinciales insisten en que sean nuestros coterráneos quienes desempeñen esas funciones porque La Habana no aguanta más. Hace poco se dio a conocer que los profesores jubilados que retornen a las aulas devengarán la totalidad del salario de la plaza más el monto de la jubilación correspondiente. No sería muy difícil concebir que la fórmula para hallar los policías y constructores necesarios pase también por la clara supremacía del incentivo material.

Referencias:

(1) Molina, Ernesto: El pensamiento económico en la nación cubana, Editorial de Ciencias Sociales. La Habana , 2007, p.198.
(2) Periódico Granma , 11 de junio de 2008, p.3.