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Joaquín Cuartas es uno de nuestros más prolíficos escritores de guiones dramáticos para radio.

Su obra no solo es vasta sino también diversa, pero se le conoce más por sus radionovelas. Ha escrito tantas, entre adaptaciones y originales, que se me ocurre calificarlo como el Honorato de Balzac de nuestra radio cubana.

Al juego con la vida.

Joaquín Cuartas
por Miguel Sabater REYES
 

Nació el 29 de septiembre de 1938 en La Habana. Estudió Comercio en el notable colegio Edison de nuestra capital, donde se graduó de Contador, Mecanógrafo y Taquígrafo en Inglés y Español. Pero a los 20 años fue a ver una obra de teatro que representaban en una pequeña sala de espectáculos cercana a La Rampa , y cuando salió de allí estaba convencido de que podría hacer lo mismo.

Algún tiempo después escribió una obra para teatro que tituló El Regreso , representada en 1960. A partir de entonces orientó su vida hacia el complejo oficio de escribir.

Joaquín acaba de cumplir 70 años, gran parte de los cuales los ha pasado escribiendo libretos de cuentos, teatro, series de aventuras y novelas. Ha llevado al público numerosas obras de relieve literario nacional y universal, además de sus guiones originales, algunos de los cuales se han convertido en clásicos del género, como la novela Cuando la vida vuelve , que actualmente se repone en el espacio Tu novela de Amor de Radio Progreso a las 10 y 45 a .m., y cuyo éxito fue francamente portentoso en la historia de la radio cubana de estos últimos 50 años.

Su trabajo ha sido reconocido por diversas instituciones nacionales y extranjeras con grandes premios, premios y otras distinciones; pero ninguno de esos reconocimientos es más importante que el clamor del público, a quien Joaquín Cuartas quiere y respeta, y debe gran parte de su dicha y su razón de vivir.

A pesar de su edad, a cuya altura existencial considera que las metas empiezan a hacerse más cortas, es un hombre vital, ocurrente, locuaz y lo caracteriza un gran sentido del humor.

Cree que la vida es como un gran juego que se divierte con nosotros haciéndonos ganadores a ratos y perdedores en otros. Está convencido de que no hay nada más importante que la familia, y que una de las virtudes más admirables es saber perdonar. No le importa que la radio, para la cual ha trabajado toda su vida, sea un medio de difusión efímero y que por esto su obra pueda ser olvidada.

La entrevista transcurrió en su casa de La Víbora una mañana de finales de junio. Cuando llevábamos más de media hora conversando advertí que la grabadora se había apagado, y pensé que no me lo iba a perdonar porque estaba muy ocupado entre quehaceres culinarios y terminando un guión. Pero no. Lo asumió con mucho sentido del humor, y aunque dicen que segundas partes nunca fueron buenas, nos quedó mejor.

Me gustaría que empezaras comentándome algo sobre tus primeros años de vida. Siempre son definitivos en la historia personal de cualquiera.

“A mi madre la conocían por Tulita, pero, naturalmente, tenía nombre: Gertrudis Rodríguez Moreno, y mi padre Joaquín Cuartas Colla. Mi abuela se llamó María Moreno y mi abuelo Miguel Rodríguez. Esos fueron los familiares más cercanos a mi corazón. Éramos una familia humilde, pero nunca tuvimos dificultades para vivir. Nos conformábamos con lo que teníamos y así fuimos muy felices.

”Fui un muchacho como cualquiera, de jugar en la calle y hacer travesuras. Recuerdo que a mi abuela no le gustaba que yo patinara en la calle porque molestaba a los vecinos, y un día le dio las quejas a mi madre y ella me autorizó a que patináramos en la casa; lo cual fue de lo más divertido porque los patines corrían mejor por las baldosas.

”Mi madre me complació en casi todo. Una vez me compró una escopeta de municiones, pero me vio cabizbajo y me preguntó qué me pasaba. Le comenté que tenía deseos de tirarle a los medio

puntos de la puerta de la casa, y ella me dijo ‘tírale, hijo, para eso es la escopeta'. Le tiré y rompí los medio puntos.”

Luego hubo que reponerlos

“Nada de eso. Lo que yo rompía así se quedaba, era como una marca indeleble en el rostro de una familia. Mi casa era macondiana, flotaba en el aire. Allí se vivía como se quería. Imagínate que la película que más le gustaba a mi madre se llamaba precisamente Vive como quieras de Frank Capra. Sí, en mi casa se vivía de un modo espectacular y por eso mi niñez fue muy feliz.

”Por ejemplo no teníamos abundante dinero, y para el Día de los Reyes Magos me antojé de un garaje que costaba mucho y mi madre no podía comprarlo. Cuando llegó el Día de Reyes ahí estaba el garaje. No era el de la tienda sino uno de madera con lucecitas y gasolineras que mi madre había hecho, y me compró algunos carritos que costaban cinco centavos. Y sinceramente me gustó tanto como el que yo había visto en la vidriera de la tienda. Así era Tulita. Mira, cada vez que llegan las Pascuas siento como si el alma se me fuera reduciendo. Porque yo viví la Navidad a pesar de nuestra pobreza, y te digo que no hay algo más hermoso en la vida. Es la única fiesta que me gusta.

Diploma al Mérito Artístico.


”Yo recuerdo que mamá compraba papel duro y hacía las montañas y le echaba cola arriba y con papel celofán hacíamos una cascada y con un cristal formábamos un lago, y en ese hacer el Nacimiento participaba toda la familia con entusiasmo. A mí aquello nunca se me olvida, como tampoco que en la víspera del día 25 de diciembre íbamos de casa en casa. Además estaba toda la familia... Mi madre era así. Tenía el protagonismo en todo. Me enseñó que la vida hay que aceptarla como viene, si eso que viene no es posible cambiarlo.

”Para que tengas una idea del carácter de mi madre, sucedió una vez que yo tenía un abrigo muy bueno y bonito de mangas tejidas. Y un día vino a mi casa un negrito amiguito mío que se llamaba Henry para enseñarme un humilde abrigo que le habían comprado. Fui al escaparate y le mostré el mío diciéndole que era mejor. Parece que mi madre me oyó. Se apareció y le dijo a Henry que me diera su abrigo y que yo le entregara el mío. La historia fue que pasé tres inviernos usando el abrigo de Henry hasta que después me compraron otro. La lección fue inolvidable.

”Esas actitudes de Tulita se explican porque ella fue maestra en el Surgidero de Batabanó, donde daba clases a muchachos muy pobres y aquella experiencia la golpeó mucho porque los hijos de los pescadores llegaban a la escuela con pústulas en la cabeza y se les desmayaban en el aula debido a la mala nutrición. Mamá tenía que pedir cartuchos en la bodega para ponérselos a sus alumnos en la cabeza porque la fetidez que expedían sus pústulas era insoportable. Eso fue por la década de los años 40, y la merienda escolar, que era una galletica con dulce de guayaba, no llegaba completa a los alumnos porque había empleados que se la robaban, y mi madre tenía que compartir a partes iguales para que todos alcanzaran. Eso lo viví yo. No es cuento.”

¿Y tu padre?

“Mi padre, Bebo, era todo un caso. Sargento de barrio y político, imagina tú…”

¿Cómo fue que empezaste a escribir?

“Fui una vez a una salita de teatro que estaba por La Rampa donde se representaba una obra de Grau Saumell que se llamaba Recuerdos de Tulipa . Recuerdo que estaba sentado mirando aquello cuando de pronto pensé: yo esto también lo puedo hacer. Y escribí mi primera obrita de teatro que llamé El regreso . Tenía entonces 22 años. Casi acababa de triunfar la Revolución. Por aquellos días trabajaba no recuerdo en qué ministerio (hay cosas que he querido olvidar y lo he logrado), y montamos la obra y se representó. Osvaldo Dragún, el teatrista, me preguntó si yo quería una beca sobre dramaturgia de dos años en la que solo me pagarían 80 pesos al mes, y acepté. Entonces, en 1961, comencé como alumno del seminario de dramaturgia donde también estuvieron Maité Vera, Brene y otros directores y actores notables, con excelentes profesores como Alejo Carpentier y la profesora mexicana Luisa Josefina Hernández.

”En el seminario escribí una obra entre los aficionados que se llamó Los ángeles no son dogmáticos . Trataba de un miliciano al que se le aparecía un ángel para decirle que no fuera extremista. Fue una obra muy simpática, y tuvo mucho éxito en aquel ámbito.

”Como el seminario de dramaturgia no nos garantizaba trabajo, cuando acabó regresé a trabajar a mi empresa, y en 1967 quedé excedente porque se dieron cuenta de que no hacían falta tantos contadores. Figúrate tú. Ya me había casado y mi hija estaba muy pequeña. De manera que fue una mala época. Gracias a Brene, que me dijo que hacía falta escritores de radio, pude empezar a resolver mi problema.

”Yo nunca había trabajado para la radio. Y allí me encuentro con Ñico Hernández, una persona extraordinariamente agradable, y con Tata Ramos. Los dos fueron muy amables conmigo y me ayudaron mucho a conocer aquel medio. Además conocí aquellos elencos formados por Parmenia Silva, Agustín Campos, Aurora Pita, Marta del Río, Marta Jiménez Oropesa… En fin tantos, muchos de los cuales ya se fueron de este mundo o del país o están retirados. Maravillosos como artistas y personas, a los que les debo lo mejor de lo que aprendí, porque tenían una gran escuela y siempre estaban dispuestos a ayudar a cualquiera. Radio Progreso era entonces un maravilloso universo de grandes profesionales, donde se aprendía lo mejor del complejo mundo de la radio. Ya yo había escrito algunas cosas para el teatro que me habían preparado un poco para hacer guiones dramáticos.

”Mi primera novela fue una adaptación de Fahrenheit 451 del novelista norteamericano Ray Bradbury, cuyo texto casi cambié completo. Creo que después hice otra adaptación pero de Las ilusiones perdida s de Balzac, a la que también le cambié casi todo el argumento porque muchas veces no puedo resistirme a la tendencia de crear con mis propios elementos. Recuerdo que para escribir aquella adaptación de Las ilusiones… me leí el texto muy rápidamente tomando notas a la ligera, y años después, cuando leí esa novela por puro placer, sin presión de trabajo, me asombré de que no pocas de las escenas que yo había inventado coincidían con la obra.

”Luego, recordando así de prisa, hice otra adaptación de Jane Eyre y más adelante mi primera novela original que titulé La canción del Chano cuya acción se desarrollaba en Irlanda, y es la que más me gusta a mí. Al mismo tiempo empecé a incursionar en guiones de aventuras, cuentos y teatro para radio.”

¿Conociste a Félix B. Caignet?

“Sí. Félix oyó mi adaptación de Gabriela, clavo y canela (yo le cambié el clavo por clavel) y por medio del actor Raúl Selis me invitó a que fuera a conocerlo a su casa. Caignet y Raúl eran amigos, y Raúl me llevó a su casa porque al viejo le gustaba el tipo de novela que yo estaba haciendo. Me dijo que se sentía muy contento de mi modo de escribir para la radio, y me enseñó su mundo fascinante. Él es el Escritor (ponlo con mayúscula) de la radio cubana. Es una persona cautivante y encantadora, y te digo es porque para mí nunca ha muerto. Genial y al mismo tiempo sencillo, acogedor y buena persona, tres virtudes difíciles de encontrar en un ser tan famoso. Me regaló un trébol de cuatro hojas que perdí a la semana. A mí las cosas no me duran, y si las quiero mucho se van de mi lado más rápido. Yo creo que se van para que las recuerde y así embellecerlas mucho más.

Félix B. Caignet también fue compositor, provisto de una cultura impresionante. Y como todo el mundo sabe hizo El derecho de nacer , que mantuvo a toda Cuba pendiente de la radio, además de las aventuras de Chan Li Pó . Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, El derecho de nacer , ese culebrón cuyo género ha sido tan criticado, es la novela más popular de la radio cubana de todos los tiempos, tan famosa y criolla como en materia literaria lo es para nosotros Cecilia Valdés .

¿Cómo es tu método de trabajo?

“No lo tengo. Yo tengo una idea y de ella parto para hacer mis libretos. En ese proceso sale todo. Es como si escribiera a la escucha de un dictado. No hago escaletas.”

¿Cuáles son tus personajes más logrados?

“Todos, porque los he llevado a su pleno desarrollo de acuerdo con su rango dentro de la obra. Yo he dicho que el momento más duro para mí como escritor es cuando le pongo el punto final al último capítulo, porque tengo que abandonar ese mundo que durante algún tiempo me acompañó, y eso es muy doloroso. Solo pudiera comprenderlo quien lo experimenta. Yo quiero a todos mis personajes. Son como hijos, y los hijos se aman sean pacíficos o traviesos, bellos o feos.”

¿Qué aspectos de la existencia te interesa destacar en tus obras?

“Para mí no hay nada más importante que la familia. ¿Por qué me gusta tanto la Navidad ? Porque es el nacimiento de un niño en el seno de una familia, y esa es la historia más hermosa que pueda haber. Ahí está la fuerza de su representación.”

¿No te interesan otros aspectos?

“Todo gira en torno a la familia porque ella existe en un contexto, y cualquier situación, para bien o para mal de sus miembros, se refleja en su seno. Precisamente, uno de los grandes problemas que tenemos en Cuba consiste en la disolución familiar. Como sabes unos se van y otros se quedan esperando un reencuentro que pudiera ser aquí o allá.”

¿Y Elpidio Valdés?

Elpidio Valdés es de Juan Padrón.”

Pero tú hiciste una serie sobre Elpidio Valdés para la radio.

“La hice mientras Frank González pudo. Cuando ya él no pudo la acabé. Fueron numerosos capítulos. Te confieso que me divertí mucho haciéndolos. Hubo un capítulo muy simpático en el que Elpidio, Resople y Cetáceo deciden acabar con Juan Padrón para que no pueda seguir haciendo la serie. Entonces, vienen en una máquina del tiempo a La Habana , montan en una guagua de esas que le dicen camellos y de pronto Resople dice: ‘Ay, me llevaron el diente de oro'.

”Yo me divierto mucho escribiendo. Tengo una novela que se llama Lo que no se perdona , que salió al aire con mucho éxito. Lo interesante de esta novela fue que mientras yo la escribía me preguntaba ¿y qué rayos es lo que no se perdona? Ya iba por 20 capítulos escritos cuando comprendí el verdadero sentido de su título. Lo que no se perdonaba en la novela era no saber perdonar.

”Recuerdo también que en esa novela había un personaje llamado Machirán que era un esclavo, que su amo, interpretado en la novela por José Corrales, le había dado la libertad. Pero el amo había contraído una grave enfermedad y estaba a punto de morir. El esclavo no sabía qué hacer para salvarlo y se le ocurre cargarlo y llevarlo para la ceiba para evitar que la muerte se lo llevara. La muerte, una mujer que andaba en un burro, llega a la ceiba para llevarse al amo; pero como ese árbol en la mentalidad del esclavo es sagrado, ella no puede entrar. La muerte insiste. Entonces el esclavo la seduce, ella se deja poseer y luego olvida llevarse al amo. Solo así pudo el moreno librar de la muerte a aquel hombre en acción de gratitud.

”Esas son algunas de las soluciones que se me ocurren para resolver ciertas situaciones dramáticas, y me divierten mucho.”

¿Esa fue la novela que escuchaba un matrimonio que no podía tener hijos y descubrieron que un día alguien les puso en la puerta de su casa un niño recién nacido y ellos lo adoptaron y lo nombraron Machirán?

“Esa misma.”

Curiosa experiencia. ¿Cómo es un día habitual de tu vida?

“Yo veo películas hasta tarde en la noche, pero me levanto temprano y hago mandados y luego me pongo a escribir. A veces pasan semanas y no escribo; pero de pronto hago siete libretos en un día. O sea, no tengo disciplina para trabajar. Escribo cuando tengo ganas o empiezo a darme cuenta de que se me acaba el dinero. Creo que ese modo mío de trabajar obedece a mi carácter.

”Otras partes del día las dedico a leer o a escuchar música instrumental. Me gustan ciertas óperas y también la música cubana, pero sobre todo la de 1960 para atrás y no me preguntes por qué. En literatura prefiero a García Márquez. Su modo de representar la vida en sus obras, donde combina lo real con lo fantástico, tiene mucho que ver con la forma en que yo hago mis guiones. Carpentier me gusta pero no logro sentir lo mismo con Lezama Lima. Y ya que cuando llegaste me preguntaste si tenía mascota, ahora te voy a responder. Tengo un gato que se llama Michu y un perro que se llama Pirata y se llevan muy bien. Los quiero mucho, pero a veces se me olvida que tienen que comer. Creo que están aprendiendo a vivir sin comer, lo cual no es mala idea porque ahora al mundo le ha dado por convertir parte de los alimentos en combustibles.”

¿Por qué no escribes para la televisión?

“La televisión paga bien… pero prefiero la radio. En radio una actriz de avanzada edad puede darte el personaje de una joven y se pueden lograr otras muchas cosas que no las permitiría la televisión.”

¿Tienes alguna experiencia memorable sobre tus novelas?

“Sí. La que están pasando otra vez por Radio Progreso, Cuando la vida vuelve , en su momento tuvo una reacción sinceramente apoteósica por parte del público. Fue una novela de 216 capítulos que yo hice en homenaje a Félix B. Caignet, con una estructura dramática parecida a El derecho de nacer , y el culebrón funcionó de maravilla.

”El capítulo final de esa novela se trasmitió en vivo y con público en el estudio. El estudio no solo se llenó sino que quedó gente fuera de la emisora que oyó la novela en la calle. Creo que ha sido el único programa de radio trasmitido en vivo. Francamente, ese tipo de éxito me sorprendió.”


¿Por qué hiciste una novela al estilo de Félix B. Caignet?


“Porque él se lo merece. Ya te he dicho que él para mí vive. Tengo la sensación de que está a mi lado siempre.”

¿Crees en el espiritismo?

“No. Creo en la fuerza del amor, y cuando se ama mucho a alguien que definitivamente se nos fue, nunca se va de nuestro lado.

”Los muertos viven en la memoria de quienes los conocieron”, escribió como exergo en una de sus novelas el narrador santiaguero José Soler Puig.

”Así es. El amor lo mantiene vivo y bello todo.”

¿Cómo es Joaquín Cuartas?

Premio Nacional de Radio.

“Una persona como tantas otras, con sus defectos y sus virtudes, sus aciertos y desaciertos. Conozco mi oficio. Me empeñé en dominarlo porque de ello dependía mi felicidad y mi sustento. Creo que no tomo nada en serio. A veces imagino lo que somos en el universo y me siento nada, y pienso que todo es como un gran juego. Pero al mismo tiempo me parece que todo eso que existe en el espacio sideral es algo maravilloso. Y ahí me aflora el tipo apasionado que también suelo ser.”

¿Escoges a los directores?

“A los directores los pone la empresa, pero todos han respetado hasta el último bocadillo de mis libretos, y eso es muy importante. Antes iba al estudio y trabajaba con ellos. Ya no.”

¿Y los actores? ¿Puedes sugerirlos?

“A veces sí, porque desde que estás escribiendo la obra ya vas pensado quién te puede interpretar el personaje. Por ejemplo yo he sugerido a Casanova, a Maggi Castro, a Corrales, Ofelita Núñez y en sus días a Miriam Mier, una de nuestras mejores actrices.”

A tu juicio, ¿cuáles son los elementos que garantizan la eficacia de un guión dramático para radio?

“Ante todo una buena estructura dramática, un buen diálogo, constancia de las ideas que se van a expresar en ese guión, saber encausar la acción para que el oyente continúe escuchando la obra porque cuando la radio nos aburre o deja de interesar enseguida la desconectamos. Otro requisito es un buen trabajo de realización entre el director, el asesor y el escritor.”

¿Después del magisterio que nos legó Félix B. Caignet en el dramático radial, han aparecido nuevos elementos en la composición del guión?

“Se ha hecho algo referente al narrador y tal vez se han incorporado algunos otros elementos. Pero en la radio hay que tener mucho cuidado a la hora de innovar. Si violas sus patrones no te la oyen.”

¿Por ejemplo?

“Poner algo que al público le resulte chocante en cuanto a estructura auditiva, como cuando asistimos a un diálogo intenso entre dos personajes, y de pronto se interrumpe por el narrador que se dirige directamente al oyente. A veces ese rompimiento es un error. Hay que hacerlo con mucho tacto para que el oyente lo pueda aceptar. Conozco casos en los que por ostentación de innovaciones los oyentes han dejado la novela.”

¿Es más difícil escribir para la radio que para la televisión?

“Yo escribo para la radio con mucha facilidad, y como nunca lo he hecho para la televisión no puedo opinar con propiedad. Pero pienso que es más difícil escribir para la radio porque la televisión ofrece al espectador la imagen visual y en la radio tienes que lograrla con palabras y efectos, es decir la imagen en la radio se logra a través del sonido. Precisamente, en eso consiste su ventaja sobre la televisión, porque el oyente puede enriquecer mucho los personajes y los ambientes con su imaginación.”

¿Qué le aconsejarías a quienes pretenden escribir para la radio o los que han empezado a hacerlo?

“Que vayan a las grabaciones y escuchen los consejos de los actores experimentados y los directores. Que no olviden que nunca se sabe todo. Solo sé que no sé nada, decía el filósofo cuando se daba cuenta de que cada día aprendía algo nuevo.”

Aunque tu medio no es el de la televisión, ¿pudieras hacer una valoración sobre su programación dramática actual?


“Mira, antes había dos aventuras de lunes a viernes, cuento y teatro, programas humorísticos diarios, pero todo eso se acabó. Creo que la estructura de los programas dramáticos no está bien hecha, y creo también que se ha perdido la constancia en el trabajo. Aquel orden que hubo en otros tiempos se acabó y por otra parte las nuevas generaciones de actores son flojas, no tienen el nivel de los de antes, incluso cuando los de antes eran jóvenes. Es de lamentar, la verdad. Y eso que uno oye que tratan de mejorar la programación, pero no se logra.”

¿Cómo es posible que hayan desaparecido espacios como el cuento y el teatro, que fueron programas habituales muy esperados por la población?

“Eso es un tema muy polémico. Lo que sé es que antes los espacios del cuento y el teatro se hacían en set y ahora todo o casi todo se quiere filmar en exteriores. Parece que no se dan cuenta de que se puede representar un gran cuento o una obra de teatro con una mesa, una vela y dos personajes conversando, por ejemplo. Si lo que ellos están diciendo te lleva, entonces funciona. Antes se hacían maravillas con pocos recursos. Yo no sé qué es lo que está sucediendo hoy. Por otra parte representan unos cuentos y teleplay con estructuras dramáticas cuya acción resulta ser tan confusa o incompresible que casi se necesita ser licenciado en dramaturgia y literatura universal para poder entenderlos.”

¿Qué es lo que Joaquín Cuartas ha querido que todavía no haya podido lograr?

“Yo creo que lo he logrado todo, sencillamente porque no he aspirado a más. No soy tan tonto como para querer tocar el sol.”

¿No tienes nuevas metas?

“Las tuve y llegué a ellas. Ahora a los 70 ya las metas son muy cortas en todos los sentidos. Uno debe tener conciencia de su realidad.”

¿Qué estás escribiendo actualmente?

“Me han encargado una novela sobre el SIDA vinculado a la relación homosexual entre dos hombres, pero te adelanto que la única escena homosexual de la novela es cuando un muchacho le dice al otro esto: ‘Yo quiero que tú me quieras'.”

¿Te sugirieron que fueras lacónico hasta ese extremo?

“No. Yo quiero que sea así. Quiero evitar caer en asuntos escabrosos, solo insinuar una realidad humana que no es toda la vida sino un detalle de ella, porque la vida es mucho más que la sexualidad de las personas.”

Hay un auge en Cuba sobre el tema de la homosexualidad, ¿qué te parece eso?

“Fíjate el alcance de ese asunto que el otro día alguien jocosamente me comentaba que ahorita había que escribir una carta pidiendo perdón por ser heterosexual. Yo entiendo que cada cual debe ser como desee. Eso es un asunto privado, y salvo que la preferencia sexual de cada cual no sea motivo de escándalo o de delito, nadie tiene derecho a condenarlo. Pero hasta ahí.”

¿No te preocupa que siendo la radio un medio efímero de representación, a pesar de tus éxitos en ella, mañana ya nadie te recuerde porque tus obras ya no pasen con la misma frecuencia que hoy?

“Para nada. A mí me preocupa el presente. Después que uno muere se entra en un piadoso silencio.”

¿Y nada más?

“A veces, como te decía, pienso que la vida es un gran juego y que todo se repite. Todo es tan metafísico, todo está tan cerca y lejos de nosotros.”

¿Eres un hombre pragmático y racional?

“Soy un hombre de fe. Muchas luces se están apagando mientras otras se van encendiendo. Así fue, es y seguirá siendo la vida. Mientras una parte del mundo anochece otra amanece. Parece que Dios lo quiso así, como si el planeta fuera una gran metáfora, para que la humanidad jamás pierda sus más caros anhelos.”


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