El nombrecito se las trae, Sören KIERKEGAARD (1813-1855), filósofo danés, precursor e iniciador de lo que hoy llamamos concretamente existencialismo . Verá qué interesante y, posiblemente, hasta usted va a creerse mientras lee estas reflexiones que por dejarse barba, mirar con ojos distraídos y displicentes a todo el mundo y decir que es indiferente a todo, estilo hippy de los años 60… es un existencialista. Bueno, quién sabe. Si además de todo eso piensa un poco y es consecuente con ello, a lo mejor.
Le voy a decir de una vez y sin ambages, con mucha claridad, lo que dice nuestro Kierkegaard bendito. Pero lea despacio para no atragantarse de la emoción: lo verdadero no es el todo (ahí por “todo” ponga usted lo que quiera), en el que la multiplicidad de las realidades singulares quedarían disueltas, eliminadas (por “realidades singulares” entienda también lo que usted desee), sino que lo verdadero y primario es “el singular”, y |
| especialmente el singular que es la “realidad personal”, la existencia humana . Dice que el “sistema dialéctico” –piense en Hegel– engulle lo singular, desdibuja y acaba anulando las diferencias, lo diferente por antonomasia, a saber, la realidad individual única que es mi yo. Un yo que no puede ser reducido a pensamiento, idea o cacharro sin alma, sino un yo que es primariamente “libertad” y que consiste en la capacidad de “decidirse” y “elegirse a sí mismo”.
Ya pasó, amigo del alma. Ahora cierre los ojos con suavidad, haga unos giros de cabeza según las agujas del reloj, trague saliva y dígase muchas veces despacio, muy despacio: soy único e irrepetible, un yo concreto que pisa tierra, cuya estructura, forma de ser, pensar, actuar, relacionarme, ¡vivir!… depende sólo y exclusivamente de mí, de cómo yo quiera existir. Más todavía: la estructura originaria de la existencia es la libertad : una libertad absoluta, es decir, que en su ejercicio, en su decisión y en su elección, no está “sometida o ligada” a algo otro que de alguna manera la determine o rija.
Ahora sí, aunque no se deje barba ni lo otro que decíamos más arriba… pero cree lo anterior, casi comienza a ser un existencialista. Pero, tiene que creérselo de verdad y luchar por ello, que si no, nada de nada, humo que se lleva el viento y usted a seguir en las mismas.
Kierkegaard decía que la Filosofía debe ser el campo de la verdad y de la sinceridad. Y lo decía en un momento de la historia en el que la burguesía era egoísta y codiciosa, que vivía satisfecha en un mundo oficialmente perfecto y libre, pero que ignoraba deliberadamente los trágicos fenómenos del pauperismo, del desarraigo de los humildes a su medio y de la esclavitud maquinista, que se iban engendrando a sus espaldas. Solo una palabra tornaba, una y otra vez, a la mente de Kierkegaard cuando escuchaba a otros filósofos de su tiempo, como Hegel, al que creía artificioso y falso, y vivía aquel ambiente: existencia . Y todo esto le creaba una terrible angustia al ver lo que hay, y reconocer lo que del mismo modo podía no haber , y la nada en que todo se sostiene.
Todo esto da qué pensar… ¿verdad? Bueno, añado ya lo último para no desazonarle más. Podemos decir que la angustia de Kierkegaard es, fundamentalmente, una angustia religiosa: vivimos en un universo hecho libremente por Dios, pero nos entretenemos con discurso vanos, con el mundo social que hemos creado, y vivimos artificialmente, con una conciencia ensordecida, de espaldas a la verdadera realidad. La angustia lleva, pues, en Kierkegaard a la búsqueda de Dios y a nuestra radical dependencia de él.
Bien sabía nuestro querido filósofo de hoy, muy escrupuloso espiritualmente y con el grave y amargo defecto físico de ser jorobado, que Dios nunca nos podrá engañar.
Entonces, fiel lector de “Amando la Sabiduría ”, ¿se apunta a ser existencialista? Lo fueron, sin duda, Unamuno, Sartre, Camus, Heidegger y otros. También otros muchos jóvenes y no tan jóvenes que a partir del “mayo francés del 68” se comprometieron activamente en Europa por cambiar y mejorar su existencia.
Termino, como siempre, citando al Maestro: “Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba. Como dice la Escritura , de lo más profundo de todo aquel que crea en mí brotarán ríos de agua viva” (Jn 7, 38). “Sed”, existir en plenitud, “beba”, aprenda … Bueno, usted ya me entiende, así que siga.
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