Aunque algunos países han abolido el anonimato del donante y permiten a los hijos contactar con sus padres biológicos al llegar a los 18 años, Walker observaba que en ocasiones las clínicas no actualizan los datos de contacto. Además, los donantes pueden también evitar ser encontrados. De esta forma, cuando los hijos llegan a la edad en que pueden comenzar a buscar a sus padres, la búsqueda puede ser infructuosa.
BUSCAR EN VANO
La Convención de Derechos del Niño de Naciones Unidas, indicaba Walker a Australian , declara que los niños tienen derecho a su identidad. Y añadía que este derecho no se respeta cuando el padre es un donante, que puede permanecer anónimo durante los primeros años de vida del niño.
La postura de Walker es compartida por muchos otros hijos nacidos a través de esperma donado, afirmaba la moralista Margaret Somerville en el periódico canadiense The Ottawa Citizen , el 17 de septiembre del año pasado.
Un creciente número de estos niños, actualmente adultos, se están expresando de manera enfática en contra de la forma en que vinieron al mundo. Somerville afirma que se sienten como “huérfanos genéticos”.
Corremos el riesgo de desintegrar la paternidad en sus componentes genéticos, de gestación, sociales y legales, observaba Somerville. Y advertía que esto daña gravemente tanto a los niños como a la sociedad.
Otro periódico canadiense, el Globe and Mail , informó el 13 de noviembre cómo Liza White descubrió que su hija Morgan, cuyo padre era un donante de esperma, tenía seis medio hermanos del mismo padre.
Las seis familias y los siete niños están esparcidos a lo largo de Estados Unidos, desde el estado de Washington hasta la capital, Washington. Casi todos nacieron con una diferencia de medio año entre ellos y, en el momento en que se publicó el artículo, todos estaban en edad de guardería.
Las madres, todas lesbianas, según el Globe and Mail , todavía no saben quién es el padre de sus hijos o cómo contactar con él.
CRISIS DE IDENTIDAD
Las técnicas de fecundación in vitro también se están empleando para crear tipos cada vez más extraños de relaciones familiares. Al menos seis madres británicas han congelado sus óvulos para que los usen sus hijas infértiles, informaba el 10 de febrero el Sunday Times .
Las hijas, que tendrán la posibilidad de dar a luz a su medio hermana o a su medio hermano, serán capaces de hacerlo porque la nueva tecnología de congelación permite que los óvulos de sus madres puedan congelarse el tiempo suficiente para poder usarse cuando estas alcancen la edad adulta.
El niño podría sufrir una crisis de identidad cuando trate de hacerse una idea de sus relaciones familiares”, declaró, como reacción crítica a la noticia, Josephine Quintavalle, del Comment on Reproductive Ethics .
La BBC informó el 5 de octubre de otro caso británico. Un hombre anónimo de 72 años dio su consentimiento para convertirse en el donante de esperma para su propio “nieto”. El hombre se ha ofrecido a donar su esperma para su hijo y su nuera, quienes no han podido concebir con la fecundación in vitro.
El Catecismo de la Iglesia Católica habla contra los peligros de la fecundación in vitro, refiriéndose, entre otros puntos, al derecho del niño a nacer de un padre y una madre y a conocerlos (No. 2376).
“El hijo no es un derecho, sino un don. El don más excelente del matrimonio”, añade el Catecismo (No. 2378). Por eso, continúa el texto: “El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido derecho al hijo”. Principios que se suelen olvidar, en detrimento de los niños y de la sociedad en su conjunto. |