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DEPORTES

Mario Risita Quintero.
por Nelson de la R. RODRÍGUEZ
fotos: Cortesía del entrevistado
El ser humano se traza metas y dedica la mayor parte de su vida a luchar por alcanzarlas. Sobresalir en una esfera determinada es para muchos la realización de un sueño. Mario Quintero Padrón, a punto de cumplir los 85 años de edad, es un hombre que se puede sentir satisfecho pues alcanzó notoriedad internacional en lo que más le atrae, el Baloncesto. En ese deporte se destacó primero como jugador y luego como entrenador y árbitro.
Mario Risita Quintero...
Leyenda del Baloncesto cubano

“Yo empecé a jugar Baloncesto en el Instituto de La Habana bajo las orientaciones del entrenador Héctor Muñoz. En aquel entonces para mí todo era un juego, si marcaba una canasta me reía y si fallaba un pase también. Entonces, un día el entrenador me dijo: compadre a usted todo le da risa, le voy a tener que poner Risita , y así se quedó.”


Con el cabello emblanquecido por las canas, pero totalmente lúcido, Risita es el único residente en Cuba que participó en los XV Juegos Olímpicos de Londres en 1948.

“Aquellos fueron unos Juegos que se celebraron poco tiempo después de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Recuerdo que en medio de la crisis, Londres se estaba reconstruyendo y en aquel entonces tenían hasta una Libreta de Racionamiento, incluso, a nosotros nos dieron unos bonos con las cosas que podíamos comprar; recuerdo que los barracones de una Unidad Militar eran la Villa Olímpica.

”Salimos de Cuba en avión hasta Nueva York y poco antes de llegar nos sorprendió un mal tiempo. Pasamos algunos apuros. Luego de una noche en esa ciudad norteamericana partimos al otro día para Inglaterra en el trasatlántico Queen Elizabeth , tres días después llegamos a Londres. Para no perder la forma entrenábamos en la cubierta del barco, aunque el fuerte aire nos hizo perder como tres balones.

”Ya en la sede tuvimos algunas dificultades. Nosotros practicamos siempre con pelotas americanas de la marca Wilson y allí nos pusieron a jugar con unas de fabricación europea que tenían hasta costuras por fuera. Eso afectaba a los jugadores que, como yo, teníamos un buen dribling . Por ejemplo, yo ‘driblaba' sin mirar el balón, solo buscando a mis compañeros y con esa pelota no lo podía hacer porque no la dominaba igual.”

Para esa cita, el equipo cubano de Baloncesto se formó con 10 jugadores, los cuales emergieron de una convocatoria en la que se presentaron más de 30 atletas.

“En esos Juegos, yo era suplente en el equipo, pues los regulares eran Francisco Lavernia, los hermanos Agüero, Federico López y Raúl García. Fue un torneo difícil, nosotros jugamos en el grupo D. Le ganamos a Irlanda e Irán, mientras caíamos ante México y Francia. Ya en cuartos de finales le ganamos a Argentina y perdimos con Perú e Irán. Eso nos eliminó y quedamos en el lugar 13. Teníamos un buen equipo pero muy poca preparación, en la medida que avanzó el torneo nos sentimos más el cansancio.”

En los Juegos de Londres, Cuba participó con 52 atletas y 12 deportes: Atletismo, Baloncesto, Ciclismo, Clavados, Esgrima, Gimnástica, Levantamiento de Pesas, Lucha Libre, Natación, Remo, Tiro Deportivo y Yatismo, disciplina que precisamente dio una medalla de plata.
Helsinki, 1952.
Helsinki, 1952.


“El Comité Olímpico Cubano le solicitó los fondos al Gobierno y este aceptó sufragar los gastos, fue una delegación grande. De la medalla del Yatismo nos enteramos en el momento del regreso, pues la competencia se realizaba en la costa, lejos de donde estábamos nosotros. Cuba compitió en la Clase Star , con la pareja integrada por Charles de Cárdenas y su hijo. Ellos se inscribieron en el Comité Olímpico Cubano, se pagaron sus gastos y llevaron el barco, el cual se llamaba Kurush III . Como eran millonarios viajaban en primera clase y nosotros en segunda .

”Allí compartí mucho con el ciclista Reinaldo Paseiro. Nosotros nos criamos juntos en La Habana Vieja , él vivía en la calle Peña Pobre y yo en Chacón y Aguiar, donde mi padre tenía una Farmacia. Viajó sin entrenador, sin mecánico y con una bicicleta de entrenamiento. Ya estando allí le compraron una para competir. Él me levantaba a las cinco de la mañana y me decía: ‘ Risita vamos a coger carretera'. Salíamos los dos a pedalear, yo lo acompañaba en la bicicleta –la de entrenamiento–, y al principio pasamos algunos apuros. Veíamos que todos los carros nos venían encima, pero luego nos dimos cuenta de que allí el sentido del tráfico es diferente al nuestro.”

Los Juegos Olímpicos de Londres fueron un escalón más en la carrera de Risita Quintero, pues en su palmarés también se incluye la medalla de plata en los Juegos Centroamericanos de Barranquilla, en 1946, y la de bronce en Ciudad de Guatemala, en 1950.

“En Guatemala ya era regular dentro del equipo, aunque me costó trabajo porque los entrenadores decían que era muy bajito. Afortunadamente hubo comentarios favorables de otras personas y eso me abrió las puertas. Por esa época argumentaban a favor mío que era buen tirador desde la media distancia, rápido, buen pasador e inteligente como defensa organizador. Yo basaba mi juego en el robo de balones a la defensa rival, era hábil y cuando me sentía asediado le pasaba la pelota al pívo t y este al jugador que se encontraba desmarcado.

 
Como entrenador del equipo femenino.
Como entrenador del equipo femenino.


”Después de Guatemala seguí como regular y así participé en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires, en 1951 y los Juegos Olímpicos de Helsinki, Finlandia, en 1952.”

Cuando Mario Quintero llegó a la selección nacional en 1946 ya venía tejiendo una historia relevante que comenzó antes de cumplir los 15 años.

Comencé a jugar en el Instituto de La Habana en la categoría menores de 15 años, después jugué en el Campeonato Juvenil con el Club Náutico de Marianao, más tarde ingresé a la Universidad y ganamos el Campeonato Nacional de 1943. Ese año fuimos a Nueva York a un tope entre la Universidad de La Habana y la de Long Island . Después fuimos a Puerto Rico, donde jugamos doce juegos ante varios quintetos y terminamos con ocho victorias. Las visitas a Puerto Rico se sucedieron en los años siguientes y también viajábamos con frecuencia a Panamá y México. Ese tiempo de jugador en la Universidad fue muy bueno pues ganamos cinco campeonatos nacionales, y de manera personal resulté el atleta más destacado del año en las temporadas de 1950 y 1952.”

En su mejor momento, con 27 años y luego de participar en los Juegos de Helsinki, Mario Quintero deja el deporte activo.

“En 1952 ya me había graduado como Licenciado en Educación Física y como la Universidad había cerrado por la situación política, sus jugadores fueron ubicados en otros equipos. Ese era el año olímpico. El equipo donde yo estaba, Havana Biltmore , ganó el campeonato, y como consecuencia me gané el derecho de estar en la Olimpiada.

”Esa vez la delegación cubana fue menor que la de Londres y recuerdo que entre los federativos estuvo el desaparecido Troadio Hernández, padre del sacerdote del mismo nombre, quien ejerció su ministerio durante algunos años aquí en Guanabo y con quien tengo una buena amistad.

”Aquel torneo de Baloncesto fue muy fuerte, nos tocó jugar en primera ronda con Bélgica, Bulgaria y Suiza. Logramos el pase a segunda ronda pero perdimos frente a Chile, Francia y Egipto, por lo que quedamos eliminados. Esa fue mi última competencia. Cuando llegamos de Helsinki, a Federico Fico López y a mí, nos declararon profesionales. A esas alturas estábamos dirigiendo equipos de Baloncesto en colegios privados y entonces no pudimos jugar más pues aquí no había torneos profesionales.”

Alejado de las canchas como jugador, Risita Quintero comenzó su carrera como árbitro y entrenador.

“Primero me hice árbitro. En 1953 me presenté a un riguroso examen en la Florida , lo aprobé y me habilitaron como árbitro de la Organización Americana. Luego me dediqué a arbitrar e impartir cursos hasta que me llamaron para entrenar la selección femenina, con la cual ganamos dos Juegos Centroamericanos y asistimos a los Campeonatos Mundiales de Chile, en 1953 y Río de Janeiro, en 1957.

”Al triunfo de la Revolución dirigí el equipo masculino que fue a los Panamericanos de Chicago 59. Era un buen equipo, pero tuvimos solo un mes de preparación. Más tarde, por solicitud del presidente del INDER, José Llanusa, me hago cargo nuevamente del Baloncesto femenino. Entrenamos para ir a los Centroamericanos de Jamaica 62, pero no fuimos porque además de nosotros únicamente iba México. En esos juegos, el entrenador del equipo masculino se quedó y Llanusa me pidió que entrenara a los varones. Como parte del trabajo con vistas a los Juegos de San Juan 66 organicé lo que llamamos La Academia de Gigantes. Viajamos desde Guantánamo a Pinar del Río en busca de muchachos de entre 16 y 19 años, que midieran cerca de dos metros, y traje 23 atletas para La Habana. De ahí salieron entre otros, Ruperto Herrera, Miguel Montalvo, Carlos del Pozo, Alejandro Urgellés, Tomás Herrera, Miguelito Calderón y Juan Carlos Domecq.”

Con un equipo de jóvenes talentos, muchos de los cuales estarían más tarde en los Juegos Olímpicos de México 68 y Munich 72, asistió Cuba a los Juegos Centroamericanos de San Juan, Puerto Rico.

Aquellos fueron los Juegos del Cerro Pelado. Recuerdo que llegamos el mismo día del desfile y en el primer grupo que pisó tierra estábamos los del Baloncesto, la Lucha , el Voleibol, etc., que fuimos los que desfilamos. Allí hubo de todo, unos nos aplaudían y otros nos chiflaban y nos gritaban ofensas.

”No olvido que el día final del Baloncesto jugamos con Puerto Rico por la medalla de oro. Faltando menos de dos minutos el juego estaba empatado a 71 puntos. En ese momento, un cubano que estaba allí en el público quitó la bandera cubana del asta y subió la soviética, entonces los atletas nuestros lo bajaron, le quitaron la bandera y allí se armó una trifulca tremenda. Los cubanos empezaron a gritarnos y a tirarnos cosas. Entonces nos ubicamos en el medio del terreno. Los jugadores de Puerto Rico y de México que también estaba allí nos rodearon hasta que llegó la policía y controló la bronca aquella. Un rato después se reanudó el juego, pero los muchachos nuestros con la presión no pudieron anotar y Puerto Rico marcó tres puntos y ganó el partido. Nosotros quedamos empatados con Panamá y México y por el average de puntos quedamos terceros.”

Mario Quintero dirigió luego el equipo que participó en los Juegos Mundiales Universitarios en Porto Alegre, Brasil, y obtuvo la medalla de plata con victorias sobre Francia, Checoslovaquia, Perú y Argentina. Sin embargo, no siguió al frente de la selección después de 1967.

Recibiendo un premio de manos
Recibiendo un premio de manos
de Ruperto Herrera.


Esa fue una decisión del INDER. Primero trajeron un entrenador chino que estuvo trabajando conmigo y él redactó un buen informe sobre el trabajo que se hacía aquí con la preparación del equipo, después vino un alemán y pasó lo mismo. Al final, trajeron un soviético para que se hiciera cargo del equipo y yo sería su auxiliar. Dije que no, que el Baloncesto lo habían inventado los americanos y su técnica era superior a la soviética, además si yo era el entrenador principal, cómo ahora iba a ser el segundo. Entonces, nombraron a Carmelo Ortega junto con el soviético, en definitiva este no siguió y Carmelo quedó al frente del equipo y lo llevó a Munich 72 donde ganaron la medalla de bronce.”

Terminada su labor como entrenador optó entonces por el arbitraje. Para la ocasión, ya Risita Quintero ostentaba la categoría de Árbitro Internacional FIBA desde 1963, el primero de nuestro país.

Ser árbitro encara una responsabilidad mayor. Cuando eres jugador te equivocas y no pasa nada, el juego sigue pero el árbitro no debe fallar, no debe cometer ninguna infracción de la regla. Yo tuve suerte, en Montreal 76 arbitré el juego entre Japón y Bulgaria por la medalla de bronce y en Munich el que definió el quinto lugar. Siempre estaba entre los finalistas y asistí a muchos eventos, no como parte de la delegación cubana, sino invitado por la Federación Internacional. También impartí cuatro cursos internacionales en Nicaragua, Colombia, República Dominicana y México. Aquí en Cuba di cursos en todas las provincias.”

Excelente jugador y habilidoso estratega, este octogenario capitalino es uno de los pocos árbitros en el mundo con participación en más de mil partidos oficiales, exactamente mil 118. Entre ellos aparecen los de cuatro olimpiadas, México 68, Munich 72, Montreal 76 y Moscú 80; dos Campeonatos Mundiales: Puerto Rico 74 y Brasil 78; tres Juegos Panamericanos: Cali 71, México 75 y San Juan 79 y cuatro Juegos Centroamericanos: Panamá 70, Santo Domingo 74, Medellín 78 y La Habana 82. Hablar con él es adentrarse en el maravilloso mundo deportivo y escuchar su criterio es asistir a una clase magistral.

“En Cuba tenemos que salir a buscar muchachos grandes. En los Juegos de Beijing vimos que los equipos que discutieron las rondas más importantes tenían jugadores con 2,13 y 2,15, como Argentina y España. En el Baloncesto actual los jugadores más bajitos miden entre 1,90 y 2,00 metros y eso es lo que hay que buscar. Es necesario trabajar en la base porque hay muchos atletas que llegan a la selección nacional sin dominar aún los fundamentos del juego. Eso es inconcebible. Por otra parte, hay que jugar más, por ejemplo aquí en Guanabo hay solo una escuela con dos aros de baloncesto, pero vas por el resto de los municipios y ves los terrenos sin aros, los niños no tienen dónde jugar. Lo otro son las limitaciones materiales sobre todo el calzado, que no lo hay, porque si le compras un par de tenis al niño es para ir a la escuela porque si lo coge para jugar Baloncesto los rompe en una semana y todo eso influye.”

Mario Quintero con el autor de la entrevista.
Mario Quintero con el autor de la entrevista.

Mario Quintero es de esos hombres que el deporte le corre por la sangre, de los que se entregan sin reservas y siempre están listos para ayudar, no por gusto el profesor René Navarro le está tan agradecido.

Cuando yo era Comisionado Provincial de La Habana , Navarro era profesor en Madruga. Un año organizamos una competencia en Madruga y allí me lo encontré anotando el juego. Hablé con él y le propuse nombrarlo Comisionado de esa zona, algo que él aceptó. A partir de ese momento me mantenía al tanto de todos los eventos de esa zona y yo confiaba plenamente en él. Luego, le invité a participar en un curso para árbitros; se hizo primero árbitro provincial y luego nacional. En ese tiempo yo era jefe de Cátedra de Baloncesto en el Fajardo y me entero que estaba abierta una convocatoria para narradores y comentaristas deportivos y ahí comenzó él a formarse hasta que llegó a ser uno de los mejores narradores del país. Yo escucho sus grabaciones y todavía me emociono.”


Ávido a la plática, típico cubano jaranero que no ha perdido la costumbre de sonreír, transforma su rostro ante el tratamiento recibido como Gloria del Deporte cubano.

“Yo creo que no tengo la atención suficiente. A mí me hubiera gustado ir a los Juegos de Beijing porque para que tengas una idea, el primer equipo que fue a China después del triunfo de la Revolución fue el de Baloncesto que yo llevé. El único atleta que queda de los Juegos de Londres 48 soy yo, y no tuvieron la gentileza de invitarme como Gloria del Deporte. Además, cada vez que he tenido una necesidad personal he tenido que resolverla por mis propios medios, que por demás, son muy limitados.”

Hombre de Baloncesto, hombre de deporte al fin, se mantiene en excelente estado físico, quizás el secreto sea mantenerse siempre haciendo deportes.

“Yo me levanto a las seis y treinta de la mañana, a las siete voy a la orilla de la playa, camino tres o cuatro kilómetros hasta el puente de Boca Ciega y regreso como a las ocho, después nado diez o quince minutos y hago ejercicios. Solo después de eso es que regreso a la casa donde me pongo a hacer cualquier cosa, chapear, pintar. Así paso mis días.”

Risita es de los buenos amigos. Reconoce entre sus más allegados a aquellos que compartieron con él el tabloncillo, estén dentro o fuera de Cuba. En sus ratos libres es un asiduo lector.

“Yo soy un amante de la Revista Palabra Nueva . Como no estoy suscrito, la voy a buscar todos los meses a la Iglesia de Playa Hermosa y leo no solo tus artículos deportivos, sino también los de mi amigo Miguel Sabater y en especial todos los de la Iglesia porque procedo de una familia muy católica, especialmente mi mamá. Yo le doy gracias a esta revista que ya se lee en el mundo entero y les deseo que sigan triunfando. ¡Ah!, me emociono mucho cuando puedo ver la portada en colores, ojalá fuera toda en colores. Aprecio mucho a todos los que trabajan en ella.”

Así es Mario Risita Quintero, un hombre al que le debe mucho el Baloncesto cubano, una fuente de la que debiéramos beber si queremos que ese deporte vuelva a los planos estelares en el concierto internacional.


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