| Ya ve usted, asiduo lector de la página “Amando la Sabiduría ”, que vamos trayendo a colación filósofos de todas las tendencias y opiniones, de los de antaño y de los de hoy, sin dejar los del Medievo. Solemos alternarlos mes a mes. Esta vez toca uno de los antiguos y creo que con muchos discípulos hoy en día. Se trata de ZENÓN de Citium (335-263), aunque más bien, se trata de varios de su cuerda como, por ejemplo, CLEANTES, PANECIO, POSIDONIO … que en Atenas, centro filosófico del mundo clásico, fundarán y alimentarán con sus reflexiones una escuela filosófica, cuyos miembros departían entre sí en un pórtico o galería decorada con pinturas murales, de donde procede el nombre de escuela del Pórtico ( Stoa , en griego), pasando a llamarse por este motivo filósofos estoicos . |
¿Va copiando por dónde van los tiros de todos esos “profes”? Sí, señor, ni más ni menos, vamos a hablar del estoicismo . Y, para que se entere, ahí está SÉNECA, uno de sus más dignos representantes, aunque se corresponde ya a la prolongación romana del estoicismo, el que fue condenado por Nerón a suicidarse, cosa que hizo abriéndose él mismo las venas y muriendo plácidamente en un baño de agua tibia, como si no pasara nada. Otro día hablaremos de él porque se merece una linda paginita.
La filosofía estoica comienza por una negación, por una actitud negativa: el acontecer universal es necesario, fatal. Ni el azar ni la libertad existen más que como apariencia e ilusión. El Universo material está penetrado por una fuerza o hálito divino y todo ocurre según lo planificado por un dios que es el único que entiende las cosas y lo que ocurre en el mundo y a sus habitantes. Al hombre solo le pertenece vivir de acuerdo con la naturaleza, que para los estoicos es vivir de acuerdo con los dictados de la razón. Y puesto que es necesario admitir el destino que se impone, admitirlo dignamente, con elegancia: como decimos alguna que otra vez cuando no vemos luz al fondo del túnel y no hay más remedio que tirar para adelante, estoicamente . Estoy seguro que también usted se ha tomado la vida o alguna que otra situación difícil con ese talante.
Este problema es el único que para los estoicos ofrece interés; lo que ellos llaman la actitud del sabio , entendiendo por sabio el hombre que obra con consciencia de su destino, de su situación en el mundo. Los estoicos, pues, no se andaban por las ramas, elucubrando respuestas a los problemas de la sociedad, llenándose la cabeza de ideas y la boca de palabras. Buscaban, más bien, la ética o doctrina de obrar sabiamente, limitándose solo a lo práctico y humano. Ya lo decíamos más arriba: el supremo bien para el hombre consiste, según los estoicos, en vivir conforme a naturaleza . Todo nos es dado e impuesto. Solo un dominio queda al hombre: su propia interioridad, su espíritu, su libertad interior. Según Zenón de Citium al hombre no le queda más remedio que refugiarse en su interioridad, de la que podrá llegar a ser amo y señor, y organizarla según estricta consecuencia . Vivir consecuentemente es la forma de responder con elegancia a esa certeza de su propia situación.
Más todavía y verá qué interesante: solo el sabio, como los dioses, es libre. Nada de dejarse llevar por los instintos y las pasiones, nada de ambicionar falsas ilusiones del norte o del sur. Todo eso es engañoso, sin objeto, y causas de dolor y de menosprecio de sí mismo. El sabio dominará todo eso no deseando nada: esta es la apatía estoica, que debe lograrse por la austeridad y el ascetismo. ¿Duro, verdad? Pero, a veces, no hay más remedio, cuando todo se nos nubla. ¡Paciencia! Las cosas exteriores, sufrido filósofo, no dependen de nosotros, dicen los estoicos, y no deben afectar a nuestra serena interioridad: el sabio debe lograr la imperturbabilidad y la autarquía absolutas. Así pues, desdén y desprecio del sabio hacia los que corren como locos tras las sombras de lo que creen a su alcance, o se mueven como autómatas al servicio de las pasiones. Solo el sabio se basta a sí mismo, solo él logra ser libre.
Bueno, basta ya, que esto se pone al rojo vivo y no quiero que estalle de emoción o de todo lo contrario. Y para su consuelo le dejo con algo maravilloso del Maestro Jesús de Nazaret: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres: así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme” (Mt 19, 21). |