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Referencia Paulina.
Esbozo de una biografía
de PABLO |
por monseñor Carlos M. de Céspedes García-Menocal |
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1. INTRODUCCIÓN: CARÁCTER DE
LA EXISTENCIA DEL APÓSTOL
1.1. No me parece exagerado afirmar que, ciertamente, la vida de Pablo se inscribe en el género biográfico, pero lo trasciende. Dado el carácter de la misma y su ubicación en los inicios del Cristianismo, a mis ojos constituye un hecho y un “lugar” teológicos. No solo por la importancia de los textos que escribió y el carácter prácticamente definitorio de algunas decisiones suyas, sino también y sobre todo por la imbricación de los textos y la vida del Apóstol de los Gentiles. Los hechos de la vida iluminan la comprensión de los textos y estos, a su vez, clarifican el talante paulino, sostenido, durante toda su existencia. Sabemos muchos datos por el propio Pablo, pero él nunca pretendió escribir una autobiografía. Lucas, autor del Libro de los Hechos, tampoco tuvo empeños biográficos en su obra, aunque nos transmite noticias de gran valor. Por consiguiente, podemos preguntarnos: ¿cuándo nació, cómo se desarrolló su formación, coincidió o no con Jesús en Jerusalén?
1.2. Respondiendo de modo genérico y sencillo a estas preguntas: sabemos que nació en Tarso de Cilicia (Hechos 22, 3), ciudad situada en la actual Turquía, proveniente de una familia judía “de la tribu de Benjamín”(Rom.11, 1; Flp. 3, 5). Era tan profundamente religioso que quiso ir a Jerusalén para estudiar “a los pies de Gamaliel”, el más notable profesor de teología farisea en la época. Tan celoso como era por la verdad judía, después del martirio de Esteban, del que fue testigo, recibió cartas del Sumo Sacerdote y del edrín para dirigirse a Damasco (capital de la provincia de Siria del Imperio Romano) para traer como prisioneros a Jerusalén a los judíos que habían dejado su fe original y se habían pasado al Cristianismo, naciente entonces. En el camino hacia Damasco, tuvo una “visión” o experiencia espiritual de Jesús resucitado y glorioso que cambió su vida. La misma generosidad fiel con la que había vivido como judío fariseo, va a caracterizar desde ese momento su existencia como cristiano y como apóstol. Entró en contacto con la comunidad apostólica y con los cristianos de diversas ciudades, recibió una sólida formación cristiana y dedicó el resto de su vida a evangelizar en la cuenca del mar Mediterráneo. Nunca olvidó a los judíos y hasta el final de sus días se sentía “orgulloso” de serlo, pero orientó sus esfuerzos evangelizadores sobre todo hacia los gentiles (paganos, no judíos). Murió mártir en Roma en torno al año 67, en la persecución del emperador Nerón contra los cristianos. En dicha persecución también murió mártir el apóstol Pedro. Ambos fueron sepultados en Roma. Sobre sus sepulcros se levantan hoy las basílicas de Pedro en el Vaticano, y la de Pablo Extramuros. Sobre esto volveré al final de este texto, pero como cristianos que aspiramos a conocer bien no solo los datos de la Fe sino también los de la historia relacionados con ella, no nos conformamos con la respuesta genérica y sencilla, ni con la mención de algunos incidentes, sino que procedemos adelante en el camino de un mejor conocimiento de algunos pormenores, quizás los más importantes, de la vida del apóstol Pablo.
1.3. En la fijación de las fechas de hechos de la Antigüedad , siempre me queda las sombras de las dudas acerca de la exactitud. Algunas nacen de la misma naturaleza del hecho en cuestión, de difícil comprensión, del estilo de la narración que, quizás, no se avenga con nuestra manera de narrar, etc., y de los siglos que nos separan. Otras sombras de duda nacen del número plural de los calendarios de la Antigüedad : egipcio, hebreo, griego, romano antiguo, romano-juliano (de Julio César). Prácticamente, hubo tantos calendarios cuantos pueblos y/o culturas ordenadas y articuladas existían. Julio César realizo la llamada “reforma juliana”, ateniéndose al calendario solar, en el año 46 a .C. con el fin de unificar las fechas en las regiones que se estaban ya integrando en lo que llegó a ser el Imperio Romano. Las fechas que nos intere en la narración de la vida de Pablo tienen que ver con ese ámbito cultural del Cercano y Medio Oriente, del Sur de Europa y de Israel. Sé que los narradores antiguos eran también cuidadosos en las dataciones... pero hasta donde sus medios se lo permitían.
1.4. Teniendo en cuenta la diversidad de los calendarios y otros señalamientos, como por ejemplo las mediciones del tiempo por el calendario lunar, la Iglesia se preocupó desde fecha muy temprana por lograr un ordenamiento común del Año Litúrgico. El Papa Gregorio XIII, ya en el siglo xvi , siguiendo el parecer del sabio Luis Lilio, y tras consultar a muchos matemáticos de diversas nacionalidades, logró poner en vigor una corrección al calendario vigente que implicaba la supresión de diez días. Los días escogidos fueron los que van del 4 de octubre al 15 del mismo mes, en el año 1582. Ese es el calendario vigente en nuestros días en casi todos los países.
1.5. Es natural que todos estos cambios nos dan una cierta incertidumbre con relación a las fechas de eventos de la Antigüedad. Cierto es, sin embargo, que si hay errores o inexactitudes en alguna fecha (día, mes y año) se trataría, en todo caso, de diferencias menores que, salvo excepciones escasas, no cambian la naturaleza del evento o la biografía que se estuviere reportando.
1.6. Estas consideraciones nos previenen acerca de las fechas señaladas en el texto sobre Pablo, que incluyen no solo las fechas capitales de su vida, sino también otros hechos y biografías de la época, incluyendo la de Jesús. Pero, sabiendo que se trataría de errores con un margen muy estrecho de posibilidad, no renunciamos al cálculo de esas fechas. Resulta importante, en el conocimiento de los orígenes del cristianismo, registrar los hechos conocidos en el marco de una datación, para que no se nos diluyan como elementos volátiles, con aspecto de leyenda o fábula. Corremos el riesgo de los pequeños errores, pero aseguramos la solidez de la transmisión. Tengamos ante los ojos estas advertencias en la lectura del texto a continuación.
2. ALGUNAS REFERENCIAS PARA
ESTABLECER LA FECHA APROXIMADA DEL
NACIMIENTO DEL APÓSTOL DE LOS GENTILES
2.1. En la Carta a Filemón (v. 9), escrita durante la primera cautividad romana del apóstol, o sea, entre la primavera del año 61 y la del 63, él se autocalifica como presbútes , anciano. Usualmente esta palabra podía tener un significado puramente cronológico y servía para calificar a un hombre de alrededor de 60 años, pero podía aplicarse también a una persona más joven, pero con dotes de madurez, sabiduría y sentido de responsabilidad, propio de un anciano.
2.2. En la lapidación de Esteban, Lucas, autor del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos lo presenta como un neanías (7, 58), joven, término griego poco preciso, que puede aplicarse a un hombre que esté entre los 20 y los 30 años.
2.3. Si aceptamos el año 30 como el más probable de la muerte y resurrección de Jesús, la lapidación de Esteban debe haber tenido lugar entre el 34 y 36. Si las cosas fueron así, Pablo debe haber nacido no antes del año 5 y no después del 15. En este caso, Pablo sería un neanías, entre 20 y 30 años , en la muerte de Esteban, de la que fue testigo, y un presbútes, entre 55 y 65 años, durante la primera cautividad romana, del 61 al 63. Estos datos pueden precisarse algo más si los relacionamos con la problemática planteada con relación a la estancia de Pablo en Jerusalén, como estudiante.
3. MEJORES PRECISIONES:
ESTANCIA DE PABLO EN JERUSALÉN
COMO ALUMNO DE GAMALIEL
3.1. La opinión más común entre los especialistas paulinos acerca de la coincidencia o no de Pablo en Jerusalén durante el ministerio público de Jesús, se inclina por la negativa: Pablo no debe haber estado en Jerusalén en esos años inmediatamente anteriores al año 30 . En los escritos paulinos no hay una sola alusión a que él haya conocido a Jesús antes de la “experiencia” en el camino de Damasco. Y cuesta trabajo imaginar que si Pablo hubiese vivido en Jerusalén en esos años, no haya conocido a Jesús. Sin embargo, sabemos con certeza que estudió en Jerusalén, “a los pies de Gamaliel” (Hechos 22, 3), uno de los más apreciados maestros de sabiduría farisea en la época. Habitualmente, este tipo de estudios se realizaba de los 15 a los 20 años, pero la norma era elástica y hay varias hipótesis al respecto.
3.2. Según una primera hipótesis , Pablo habría ido a Jerusalén con esta finalidad formativa alrededor de los 15 años. Después de haber permanecido más o menos cinco años junto a Gamaliel, habría regresado a Tarso de Cilicia, su ciudad natal, en la que aprendió el oficio de tejedor de tela de tiendas para acampar; o sea, una especie de lona. Habría vuelto a Jerusalén después de la muerte de Jesús y antes de la lapida ción de Esteban. De acuerdo con esta hipótesis, Pablo habría llegado a Jerusalén alrededor del año 20 y debe haber regresado a Tarso alrededor del 25, para volver a Jerusalén después del 30 y antes del 34. Su nacimiento quedará así colocado más cerca del año 5 que del 15.
3.3. En una segunda hipótesis , Pablo habría viajado a Jerusalén para estudiar con Gamaliel, inmediatamente después de la muerte y resurrección de Jesús, o sea, en torno al año 30. Estaba, pues, en la ciudad, en el momento de la muerte de Esteban. Los que sostienen esta hipótesis prefieren retardar el nacimiento de Pablo hacia el año 10/15, de modo que contara de 15 a 20 años en el momento de su llegada a Jerusalén en el año 30, y de 20 a 25 años en el momento de la lapidación de Esteban. Una variante dentro de esta hipótesis sostiene que no solo Pablo, sino toda su familia se habría establecido en Jerusalén cuando el joven fue a estudiar en esa ciudad. Quienes la sostienen, interpretan (Hechos 26, 4) como una afirmación paulina en ese sentido. Pero me parece que esa no es la interpretación más probable de ese texto lucano.
3.4. Unos pocos autores sostienen una tercera hipótesis : que la estancia de Pablo en Jerusalén coincidió con el ministerio público de Jesús y que pudo haberlo conocido con los ojos de la carne. A la falta de alusiones sobre este hecho, quienes sostienen esta hipótesis responden que Pablo no tenía por qué hacerlas, dado que valoraba como cosa de poca monta otro conocimiento de Jesús que no fuera el de la Fe , que él adquirió a partir de la visión en el camino de Damasco (II Cor. 5, 16).
4. PRIMEROS AÑOS DE LA VIDA DE PABLO
(CF. SUPR. PRIMERA HIPÓTESIS)
Y LOS PRIMEROS AÑOS DESPUÉS
DE LA CONVERSIÓN
4.1. Aunque nos movemos en el ámbito de la conjeturas –fundadas, pero conjeturas al fin y al cabo– personalmente estimo que Pablo debe haber nacido entre el año 5 y el 8, más cerca de este último . Y así lo he enseñado desde la década de los sesenta, cuando era responsable de la enseñanza de toda la Biblia en el Seminario. Conservo las tarjetas de clase del curso 1969-70. De hecho, el año 8 ha sido escogido por las autoridades eclesiásticas romanas para la celebración del actual Año Paulino, 2008, como el más probable aniversario 2000 del nacimiento del Apóstol de los Gentiles. Debe haber llegado a Jerusalén entre el 20 y el 23, o sea, aproximadamente a los 15 años o muy poco antes de haber cumplido esta edad . Jesús vivía entonces en Galilea, sea todavía en Nazareth, sea en Cafarnaum. Es lo que conocemos como Su “vida oculta”. Pablo habría permanecido en Jerusalén, junto a Gamaliel, hasta el 25 o el 28 , es decir, hasta poco antes del inicio del ministerio público de Jesús o, quizás, hasta los inicios del mismo, en una etapa primera, en Galilea, no en Judea.
4.2. Pablo habría regresado a Tarso, y como todo buen rabino –estaba estatuido así–, aprendió un oficio. En su caso, el de fabricante o tejedor de lona de tiendas (cf. Hechos 8, 3; I Cor. 4, 12; I Cor. 9, 15; I Tes. 2, 9). Es más que probable que desde Tarso mantuviera contactos epistolares y hasta personales con sus amigos de Jerusalén, sin excluir al propio Gamaliel, pues Tarso era ciudad de comunicaciones muy activas. Estos contactos habrían permitido a Pablo estar al corriente de lo que ocurría en Jerusalén y, muy concretamente, del “hecho” de Jesús de Nazareth. Y esto le despertaría sumo interés por el personaje. Pudo haber vuelto a la Ciudad Santa poco tiempo después de los sucesos pascuales del año 30, cuando el mismo Pablo no había cumplido aún los 30 años. No se debería excluir la posibilidad de que esos propios sucesos –la muerte y resurrección de Jesús y el nacimiento de la Iglesia – y, en general, los hechos de Jesús y de sus discípulos, lo hayan movido a regresar a Jerusalén para investigar esos hechos in situ y por sí mismo. Gamaliel, su maestro, y, en general, el “partido fariseo”, habían tomado una actitud moderada y prudente ante la comunidad cristiana de Jerusalén (cf. Hechos 5, 34).
4.3. A partir del proceso y la muerte de Esteban (Hechos 7, 58), de la que es testigo, Pablo toma partido contra los cristianos. Aprueba la muerte del Protomártir (Hechos 8, 1) y participa en la persecución que se desata inmediatamente después (8, 3; 22, 4). Su animadversión lo lleva a pedir cartas al Sumo Sacerdote para traer a Jerusalén, en calidad de prisioneros, a los judíos de Damasco que se hayan convertido al Cristianismo naciente (9, 1; 22, 5). Estaríamos ya entre el año 34 y el 38 y Pablo tendría 30 años o estaría muy cerca de cumplirlos.
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4.4. Estas referencias cronológicas establecen, sólidamente a mi entender, la relación entre la vida de Pablo y los hechos de Jesús y del nacimiento de la Iglesia , así como la filiación farisea de Pablo y su formación según las costumbres del momento con relación a los jóvenes judíos. Son coherentes también con lo establecido como “mayoría de edad” para el cumplimiento de tareas de una cierta importancia. Por ejemplo, un texto del Talmud, acerca de la formación, aunque posterior a san Pablo, estatuye lo siguiente: “A los cinco años, la Lectura (del Antiguo Testamento); a los trece años, los mandamientos; a los quince años, el Talmud; a los dieciocho años, el matrimonio; a los veinte años, el seguimiento (de una vocación específica); a los treinta años, entrada en la plenitud de sus fuerzas; a los cincuenta años, capacitación para el consejo; a los sesenta años, la vejez...” (Mishna, Aboth V, 21).
4.5. Teniendo en cuenta esta cronología talmúdica, me costaría trabajo pensar que el Sumo Sacerdote y el sanedrín hubiesen confiado a Pablo la misión en Damasco antes de que él hubiese cumplido los treinta años o estuviese muy cerca de ello.
4.6. Para completar, sea muy sintéticamente, la cronología paulina posterior a la conversión, es necesario apelar al cotejo de los hechos narrados por el propio Pablo y por san Lucas, con datos conocidos por fuentes históricas no bíblicas, cuya fecha ha podido ser determinada con exactitud aceptable . Estos hechos |
San Pablo, El Greco. |
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son los cuatro siguientes: a) la fuga de Damasco ; b) la subida a Jerusalén en tiempos de hambre ; c) la estancia en Corinto ; según la mayoría de los autores, la primera estancia en Corinto y los encuentros de Pablo con el Procónsul Gallion constituyen el punto más cierto y exacto de toda la cronología paulina; d) la sustitución, en Cesarea de Palestina, del Procurador Félix por Festo . 4.6.a. La fuga de Damasco . Hechos 9, 23-26 narra que Pablo se fuga de Damasco y por II Cor.11, 32 ss, sabemos que fue el etnarca del Rey Aretas quien hizo custodiar las puertas de la ciudad. Aretas, Rey de los Nabateos, es un personaje conocido. Subió al trono alrededor del año 9 a .C. y reinó de 46 a 48 años. Murió en torno al año 40. Por lo tanto, la fuga de Pablo y su inmediato viaje a Jerusalén, el primero después de su conversión, tuvieron lugar antes de esa fecha. Es decir, antes del año 40. 4.6.b. La subida a Jerusalén en tiempos de hambre . Gal.1, 15-2, 10 narra dos viajes de Pablo a Jerusalén; el primero, después de tres años; el segundo, al cabo de catorce años. El Libro de los Hechos de los Apóstoles menciona tres; quizás, cuatro: 9, 23, desde Damasco, de donde Pablo ha escapado (cf. supr.); 11, 30-12, 24, desde Antioquia, viaje en el que Pablo y Bernabé llevan a los “ancianos” de Jerusalén el fruto de una colecta, realizada con motivo del “hambre” que azota la ciudad. Tengamos presente, sin embargo, que hubo más de un “hambre” en Palestina en esa época, y que los períodos de “hambre” solían ser prolongados. ¡No se resolvían en dos días!; Hechos 15, 2, viaje de Pablo y Bernabé, junto a algunos de Antioquia, con motivo del llamado “concilio” de Jerusalén. A pesar de las discrepancias de interpretación, creo que se puede afirmar que el primero de estos viajes es el narrado por Gal.1 y coincide con el de Hechos 9. La mayor dificultad de la cronología de estos viajes reside en el segundo viaje de Hechos. No aparece claramente el sincronismo de esta visita con la muerte de Herodes Agrippa I (año 44), no atestada con claridad por Lucas. Sin embargo, no deja de ser posible una segunda visita, en el año 44, de la que Pablo no habla en Gálatas. La composición literaria del Libro de los Hechos nos permite pensar que Hechos 11, 30 y 12, 24 son un “doublet” de Hechos 15 y, en cuanto al viaje, el del Libro de los Hechos coincidiría con el de Gal. 2, 1-10 y todo parece indicar que esta visita, la segunda a Jerusalén después de la conversión, tuvo lugar después del primer viaje misionero de Pablo. La fecha del 49 concuerda con una de las “hambres” que azotaron Palestina en la época y se aviene con la presencia de Pablo en Corinto en el año 50 . No entro en los pormenores del uso del vocablo épeita (adverbio temporal griego que relaciona lo que se va a contar con algo que se ha referido inmediatamente antes) en dos ocasiones y del conteo de los años en esa citas relacionadas; el año 3 y el año 14 de Gálatas son irremediablemente discutidos. La cronología paulina de esta época, obtenida según lo expuesto, y que no deja de ser un tanto ambigua, sería: conversión en el año 34; primera visita a Jerusalén en el 36 (“al tercer año”); primer viaje misionero en el año 47-48; segunda visita a Jerusalén y “conferencia” o “concilio” de los Apóstoles, en el año 49 (“al décimo cuarto año”) . 4.6.c. La primera estancia en Corinto . Gallion, hermano de Séneca, fue Procónsul y, por ende, Gobernador de Acaya, del año 51 al 52 y su encuentro con Pablo tuvo lugar, en la misma ciudad, hacia el final de su mandato, o sea, a inicios del verano del año 52. Como Pablo partió de Corinto poco después ( èméras ìkanas , Hechos 18,18), y había estado en la ciudad aproximadamente un año y medio, su estancia puede situarse desde fines del año 50 hasta el verano del 52. 4.6.d. La sustitución del Procónsul Félix, de Cesarea de Palestina, por Festo . Esta fecha resulta de máxima importancia para fijar la cronología de las cartas paulinas y para apreciar, consecuentemente, la riqueza creciente y dinámica del pensamiento de san Pablo. Las opiniones no son unánimes, pero yo me atengo al criterio, compartido por muchos, del padre Beda Rigaux. Según nuestro autor, después de interrogar el texto de los Hechos y los de Eusebio, Tácito y Josefo, la toma de posesión de Festus debe haber tenido lugar en el año 60 y, en el otoño del mimo año, envió a Pablo a Roma. Admitiendo que Pablo estuvo cautivo en Cesarea durante dos años, su estancia en esta ciudad debe haber tenido lugar entre el 58 y el 60 y, a finales de este año o a principios del 61, llegaría a Roma por primera vez . Siendo yo estudiante en Roma, en 1961, se celebró en esa ciudad un “año paulino” por 1900 años de la llegada del Apóstol a Roma por primera vez. Hubo numerosos eventos académicos acerca del amplio abanico de temas paulinos. Participé en algunos y nunca los he olvidado. Estábamos en los tiempos inmediatamente anteriores a la celebración del Concilio Ecuménico Vaticano II. En ese clima, me llamó profundamente la atención una conferencia del cardenal alemán Julius Döpfner. Me parece recordar que, por aquel entonces, era arzobispo de Munich. El título de la conferencia era: “Las relaciones entre el Papa y los Obispos a la luz de la relaciones entre Pedro y Pablo. El incidente de Antioquía (Gal. 2, 11 ss.)”. 4.7. Otras dos fechas podrían cotejarse con hechos paulinos, pero su datación cronológica tiene menos peso histórico. Me refiero a la presencia del procónsul Sergius Paulus en Chipre durante el primer viaje misionero de Pablo y Bernabé (Hechos 13, 4-12) y la expulsión de los judíos de Roma, por un edicto de Claudio, citada en Hechos 18, 2 . Con respecto al primer dato: es cierto que Sergius Paulus fue Procónsul en Chipre, pero carecemos de precisiones con relación a las fechas de su mandato. Acerca de la expulsión de los judíos de Roma, las fuentes no son claras. ¿De qué edicto se trata? Parece haber contradicción entre Suetonio, que habla de “expulsión”, y Dion Cassius, que habla de “prohibición de reuniones”. El padre M.J. Lagrange entiende que pudo haber dos decretos: uno del año 41, más benigno, que prohibía las reuniones, y otro, del 49, que determinó la expulsión de Roma. A este segundo decreto haría referencia (Hechos 18, 2). Aquila y Priscilla deben haber abandonado Roma hacia fines del 49 y habrían llegado a Corinto a inicios del 50, en donde los encontró Pablo, al llegar a esa ciudad a fines del mismo año. 5. VOLVEMOS AL CAMINO DE DAMASCO:
REVELACIÓN DEL CRISTO GLORIOSO
(Hechos 9, 1-23; 22,1-21; 26,12-20; Gal.1, 12-15; I Cor.9, 1; 15, 8; Ef. 3, 2s.; Flp. 3, 12; 1 Tim.1,13). 5.1. Nota previa : En esta sección de nuestra minibiografía de san Pablo, seguiré casi ad pedem litterae, pero resumiendo, el Cap. III “Conversión et Apostolat” (Conversión y Apostolado) del ensayo de Beda Rigaux “Saint Paul et ses Lettres ” ( Pablo y sus Cartas, Desclée de Brouwer. 1962, pp. 63 ss.). Sigue siendo el texto que más me complace sobre el complejo tópico que ahora nos ocupa. 5.2. El problema esencial abordado en este acápite reside en la identificación, delimitación y comprensión del hecho ocurrido realmente a Pablo en el camino de Damasco, tomando como referencia sustancial las narraciones bíblicas: paulinas y lucanas. Las fuentes neotestamentarias que nos presentan, más directa y explícitamente, la experiencia paulina del camino de Damasco, son las citadas al inicio de esta quinta sección, o sea, los textos del mismo Pablo y el Libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito muy probablemente por Lucas. Ahora bien, me parece que ni Lucas, ni el propio Pablo, al referirse a dicha experiencia –así como al presentarnos otras situaciones– pretendieron contar hechos humanos, en sí mismos y por sí mismos, como lo haría un historiador contemporáneo. 5.3. Si este hubiese sido su propósito, le podríamos reprochar a Lucas, por ejemplo, las numerosas lagunas en su obra, que recorre, en el Libro de los Hechos , el período de tiempo que va desde el año 30 (muerte y resurrección de Jesús) hasta el año 62 (liberación de Pablo después de la primera cautividad romana). La primera ausencia que reprocharíamos a Lucas, si su obra tuviese el carácter primordial de historia o biografía, sería el silencio acerca de la fundación de la comunidad cristiana de Roma. Cuando Pablo escribe “a los romanos” desde Corinto, en el año 57/58, y cuando llega a Roma, en el año 61, ya había cristianos en Roma: ¿quién los evangelizó, de dónde vinieron? Y cuando Lucas escribe el Libro de los Hechos (después del año 70 y antes del 90, más bien cerca de este último), ya Roma no era una ciudad cualquiera –era el centro capital del Imperio y la ciudad más poblada del mundo grecolatino–, ni su comunidad cristiana implantada en ella era imperceptible, todo lo contrario: ya en ella habían muerto los apóstoles Pedro y Pablo, ya se abría paso la convicción de su capitalidad eclesial y ya contaba con un número significativo de miembros en los diversos estratos sociales de la ciudad. 5.4. Por consiguiente, por muy centrales que aparezcan en su libro los Príncipes de los Apóstoles, Pedro y Pablo, Lucas no nos cuenta su biografía; más bien, encuadra su acción en la perspectiva de la historia de la salvación, que incluye la historia humana, pero contemplada con otras luces que no son las de la simple razón. Más allá de sus hechos y de sus palabras, él les pide que den testimonio de los hechos que él narra, y les “presta” discursos. Más allá del “yo lo he visto” y del “yo lo he oído”, el autor y sus héroes, Pedro y Pablo, se comprometen con la verdad que proclaman. Esa verdad es la de la Revelación y la de la Teología. La vida y la palabra de los testigos nos es reportada en función de su misión, continuadora de la de Cristo. Aparecen movidos por el Espíritu y los momentos solemnes de su existencia, así como su profunda significación, son presentados en función directa, insisto, de su relación con la historia de la salvación. 5.5. Lo mismo se puede afirmar de las Cartas del Apóstol . Por muy ricas que sean en pasajes que describen al hombre, su valor perdurable reside en la significación existencial de su Teología. La referencias autobiográfícas, tan frecuentes en la correspondencia de san Pablo, no nos resultan preciosas sólo para la reconstrucción de los hechos, sino y sobre todo porque aparecen revestidas de doctrina. El Apóstol considera su existencia, sus trabajos, sus cartas, sus proyectos, etc. en la perspectiva del desarrollo de la obra de Dios en Jesucristo. Puestas las cosas en este plano, él merece ser juzgado no sólo como un gran hombre del pasado, como el fundador y el “doctor” de la mayor parte de las iglesias de la gentilidad, y como el iniciador de la teología cristiana, sino que su persona y su vida se nos presentan como “preguntas” dirigidas a todos los hombres: fuerza a un “sí” o a un “no” que comprometa toda la existencia. 5.6. Los “momentos” esenciales y definitorios de la existencia del Apóstol son su conversión y su misión. Por estos actos de Dios en él, Pablo adquiere su verdadera trascendencia. Ellos constituyen los puntos de partida de su pensamiento y de su acción. Conocer su verdadera naturaleza y su repercusión sobre la vida y el mensaje apostólicos aparece ante los ojos de cualquier historiador y de cualquier exegeta como una imperiosa necesidad. Esto es precisamente lo que voy a tratar de esclarecer en los epígrafes siguientes: El acontecimiento de Damasco (conversión ). El apóstol de los gentiles (misión, viajes evangelizadores). 6. EL ACONTECIMIENTO DEL CAMINO
DE DAMASCO. CONVERSIÓN 6.1. No se puede poner seriamente en duda que Pablo, en el camino de Jerusalén a Damasco, pasó por una experiencia religiosa determinante . Experiencia natural para unos, sobrenatural para otros. El psicologista o psiquiatrista, casi siempre incrédulo, busca la explicación en una crisis –sea intelectual, sea moral– de Pablo. Oponiéndose violentamente a Jesús-Mesías, Pablo habría sido vencido por su propia conciencia. Por otra parte, su observancia farisaica lo decepcionaba a tal punto, que él buscaba, en un nuevo mensaje o comunicación, gracia y misericordia de parte de Dios, como remedio a su crisis moral. Suelen decir estos autores: ¿acaso no nos da la clave el Cap.7 de la Carta a los Romanos para comprender el estado de ánimo de san Pablo? Sin embargo, en general, los religionistas (pertenecientes a alguna de la versiones de la Religionsgeschichtliche Schule , o Escuela de la Historia de las Religiones, que interpretan a Pablo a partir de las influencias del medio religioso judío y/o helénico) se niegan a plantear el problema en el terreno de la Psicología e insisten en que todo debe explicarse a partir del hecho de que Pablo ha sido influido por el helenismo, las sectas judías precristianas, las tradiciones de las comunidades cristianas helenísticas y, finalmente, por su piedad judía. Los psiquiatristas han intervenido en este debate buscando las razones y el modo de una irrupción de la subconciencia de Pablo en el campo de la visión clara. Para el investigador creyente , sin embargo, la conversión de Pablo pone de manifiesto, ante todo, una intervención directa de Jesús glorificado. El perseguidor se convierte en creyente y apóstol por una visión cuya naturaleza e importancia deben determinarse recurriendo a las narraciones del Libro de los Hechos y de las Cartas de san Pablo. 6.2. Teniendo en cuenta el bosque de trabajos de los críticos bíblicos contemporáneos, católicos y no católicos, me parece que tanto el texto lucano, como las Cartas de san Pablo deben ser sometidas a un estudio sereno de la crítica literaria. En buena crítica, las Cartas deben preceder a los Hechos y deben ser interrogadas a la luz de la dependencia verbal y temática de cada elemento y en función de la perspectiva paulina del momento. Las narraciones de san Lucas tienen su tenor propio. Ahora bien, las fuentes deberían ser interrogadas siempre como testigos, no como acusados . De la crítica serena de los textos, saco la conclusión de que el judaísmo y el fariseísmo pudieron “preparar” a Pablo para la experiencia del camino de Damasco, pues dado que era fariseo, Pablo creía en la resurrección de los muertos, y las narraciones antiguas sobre las visiones y audiciones de los profetas, hacían posible una concepción nueva de la visión y la audición del Hijo del Hombre en gloria. 6.3. Ahora bien, ni el Libro de los Hechos, ni las Cartas Paulinas nos hablan de una crisis de conciencia previa, causada por la incapacidad salvífica de la Ley , ni hacen referencias a las eventuales reacciones de san Pablo ante los eventos originales del Cristianismo, ni al carácter mórbido del estado psicológico del Apóstol. No hay trazas en los textos neotestamentarios de alguna lucha interior previa a la conversión: es un fariseo convencido, celoso por el cumplimiento de la Ley , sin inquietudes ni escrúpulos en la persecución contra los cristianos. Los textos que algunos “psicologistas” interpretan en clave biográfica (p.e. Rom.7, 7-25), a mi entender, deben ser leídos en clave teológica. Tanto Pablo como Lucas, cuando se refieren a la conversión en el camino de Damasco, presentan la “visión” de Cristo resucitado, sencillamente, como una intervención de Dios. No es este el lugar propio para analizar todas las hipótesis en torno a los matices que esta intervención divina podría incluir, pero eso es una cosa, y presentar la conversión como la conclusión de un proceso psíquico, en el marco de un análisis fariseo del Antiguo Testamento y, específicamente, de la Ley , sería otra. Los argumentos a favor de esta interpretación “naturalista”, carecen de consistencia teológica, pues carecen de consistencia bíblica, y se asientan sólo en la negación a priori del carácter sobrenatural del hecho como tal. Al negar lo sobrenatural, se apela a lo natural, y al no aparecer elementos de ésto en los textos bíblicos, se apela a la imaginación y a la fantasía pseudo-teológica. 6.4. Conversión y mística. Ya en 1957, el exegeta católico W. Prokulski, conociendo el estado de la crítica al respecto, sostenía que la conversión de Pablo se había debido a una intervención directa y manifiesta de Dios: Jesús de Nazareth, resucitado y glorificado, se apareció en persona a Pablo en el camino de Damasco, pero mientras la mayor parte de los autores se limitan a esta constatación tradicional, Prokulski coloca dicho fenómeno en relación con las experiencias místicas, o sea, con una suma de experiencias sobrenaturales concedidas por Dios a ciertos beneficiarios ( The Conversión of St. Paul , Catholic Biblical Quarterly, 19, 1957, pp. 453-473). 6.5. Para Pablo, según Prokulski, Dios es el autor de la Ley , que es la manifestación de Su Amor y de Su Sabiduría, y debería aportar luz y vida. Pablo está totalmente entregado a esa visión de la Ley y, al final de su vida, contempla con “orgullo” su pasado fariseo. Para él, perseguir a los cristianos provenientes del judaísmo era un deber religioso, ya que un hombre muerto en la cruz no podía ser el Mesías. El hombre que se dirigía a Damasco no era un hombre atormentado, sino un “fanático” –en sentido bíblico– de Dios, de Su Pueblo y Su Ley, dispuesto a entregarse por entero a la voluntad divina. En la visión del camino de Damasco; Jesucristo resucitado lo introduce, místicamente, en la Trinidad de Dios. 6.6. En las narraciones de los Hechos, dejando de lado diferencias menores, lo que aparece primero es la luz, que ciega a Pablo, y luego las voces. Ya Agustín había notado que Pablo había quedado ciego por la luz y que no podía haber visto a Jesús resucitado sino “espiritualmente”. ¿Acaso las voces no serían también internas? Los textos paulinos acerca de esta experiencia singular, bien leídos, se refieren a revelaciones “internas”. 6.7. Interno no equivale a subjetivo. Los cristianos estamos habituados a la literatura mística. En el caso de experiencias interiores, el místico genuino está consciente de la presencia de Dios (Padre, Hijo y/o Espíritu to) en su alma y recibe un conocimiento experimental que excluye la duda, sin que los sentidos o la imaginación cooperen en el proceso. La visión de san Pablo debería ser colocada en esa categoría. Fue una experiencia mística que le abrió el camino a la existencia cristiana. Fue la llamada o vocación por parte de Dios a san Pablo a abrazar el Cristianismo. 6.8. ¿Se identifica esa vocación a la existencia cristiana con la vocación a vivirla con una dimensión misionera inaudita? Toda vocación a la existencia cristiana incluye la dimensión misionera, o sea, la conciencia de “ser enviado” a los demás, ante todo como “testigo” de aquello que se cree, y como maestro y “profeta” (el que habla y actúa en nombre de Dios), sea para ser un instrumento en las manos de Dios con el fin de ayudar a suscitar la Fe en quienes no la tienen; sea para acrecentarla en quienes ya la tienen, llamados por Dios a nuevos crecimientos. 6.9. En el caso de san Pablo, como en el de la mayoría de los cristianos , la vivencia de la Fe tiene un camino. Aunque la experiencia de Cristo resucitado en el camino de Damasco fue en sí, una conversión genuina y extraordinaria –un cambio radical–, durante el resto de sus vida san Pablo continuó creciendo en la intimidad mística con Dios y en el compromiso eclesial, misionero y evangelizador que provenía de la visión-conversión. Señalo que, en lo adelante, Pablo equiparará su visión del camino de Damasco en el rango de las apariciones posteriores a la resurrección (pe. cf. I Cor. 15, 2-8), de las que nos dan fe los Evangelios, sin precisar, en el caso de la suya, si se trató de un fenómeno interior, espiritual, o de una visión externa. En todo caso, lo que le interesa destacar al Apóstol es su carácter real. 6.10. La instrucción y la misión son fenómenos subsecuentes con relación a la visión-conversión. Solo en virtud de una visión tan total y profunda se puede explicar el cambio de la vida, del pensamiento y de la actividad del Apóstol. Subrayo, sin embargo, que la existencia paulina anterior a la conversión no era diametralmente opuesta a la recepción de tal favor divino. Pablo, como judío, ya era un hombre de oración y profundamente religioso. Por serlo, no se debe excluir a priori que haya podido ser un místico judío. Cuando vió a “Cristo” su vida resulta enriquecida y distinta a partir de la conversión a Cristo –y por Él, a la Santísima Trinidad –, pero religioso y místico, probablemente ya lo era, con los contenidos propios de la fe y la espiritualidad judía de la época. 6.11. No todo nos resulta totalmente comprensible a la luz de la sola razón; es decir, de la investigación científica. Me parece claro que el fenómeno místico de Pablo, como el de casi todos los místicos, está revestido por cualidades singulares. Cada uno de estos procesos es original y único. Entrar en la cámara alta de lo sobrenatural, propio o ajeno, no es dado a todos, pero ¿“místicas” o “misteriosas” no es el calificativo que debemos dar a esas experiencias privilegiadas, que Dios puede otorgar a personas elegidas? En todo en lo que esté especialmente presente el dedo de Dios, no puede dejar de haber una buena dosis de misterio de luz, de la Luz de Dios. ¿Y en dónde más presente que en las experiencias místicas genuinas, como la de Pablo? 6.12. Otra cosa es –y discuten los especialistas acerca de ello– si san Pablo lo recibió todo en la visión del camino: la conversión, el conocimiento, la vocación misionera, el modus procedendi , la opción preferencial por la evangelización de los gentiles, sin dejar de lado a los judíos, el cómo enlazar su vocación con la tradición eclesiástica anterior, la de los primeros años, etc. Como bien destaca el escriturista J. Cambier: “Pablo tenía conciencia de que una fuerza mayor que la suya le había aferrado súbitamente (Flp. 3, 12), induciéndolo a la obediencia de la fe y haciéndole percibir por el mismo caso “la vanidad de la justicia de la Ley ” que, hasta entonces él había buscado en el más estricto judaísmo ( Introducción a la Biblia , A. Robert-A. Feuillet, t. II pag. 357, Barcelona 1970). No me detengo en estas cuestiones que considero secundarias, si las colocamos junto al hecho sustancial de la conversión y de la consagración posterior a la evangelización en el ámbito de la gentilidad, siempre en relación con la comunidad eclesial.¡Esto es un ensayo breve, no un libro desmesurado! Por consiguiente, resumiendo: en medio del bosque de opiniones acerca del evento del camino de Damasco, que determinó la conversión de Pablo, emerge la certeza por parte de Pablo, el protagonista, de que aquello fue un “hecho de Dios” que el mismo Pablo equiparó a una revelación y a una elección. 7. EL APÓSTOL DE LOS GENTILES:
MISIÓN. LOS TRES VIAJES
MISIONEROS 7.1. Tengamos ante los ojos la referencia a las posibles imprecisiones secundarias, y a los datos ya aportados y, confío, demostrados, acerca de la cronología biográfica del Apóstol. Después de la conversión (no antes del 34 y no después del 38), Pablo viaja a “Arabia” (el reino nabateo al sur de Damasco) y luego regresa a Damasco (Gal.1, 17).Esta ciudad es el escenario de sus primeros esfuerzos, durante tres años, como apóstol cristiano. Sea por la hostilidad de los judíos del lugar, sea debido a gestiones de Aretas, rey de los Nabateos, Pablo deja la región. Durante estos primeros años de experiencia evangelizadora, debe haber repensado su formación escriturística y espiritual judía, iluminándolas con la singular experiencia de Cristo resucitado. Y, probablemente, ya desde estas primeras reflexiones, debe haber descubierto que Dios lo había escogido para que llevase a los paganos la buena nueva de la salvación realizada por Jesús, el Hijo de Dios (Gal. 1, 16; Hechos 9, 15; 22, 12-15; 26, 15-16). 7.2. Deja, pues, Damasco y se dirige a Jerusalén con el fin de conocer a Pedro. Allí encuentra también a tiago, el “hermano del Señor”. Bernabé interviene para avalar a Pablo y, después de 15 días, este se encamina a Siria y a Cilicia (Gal. 1, 21). Casi seguramente, llegaría a Tarso, su ciudad natal. Trabaja en la zona durante varios años, sin desarrollar relaciones especiales con las iglesias de Judea (Gal.1, 22-24). 7.3. En torno al año 44, Bernabé lo llama a Antioquia de Siria. Durante un año se dedica a los esfuerzos evangelizadores de la comunidad, una de las más activas del cristianismo naciente (Hechos 11, 25-26). La comunidad incluía ya un número significativo de paganos convertidos (Hechos 11, 27-30). Bernabé y Pablo son enviados por la comunidad a llevar ayudas a los hermanos de Jerusalén (Hechos 11, 27-30 y 12-25). Poco tiempo después, probablemente en la primavera del 45, y en el marco de una celebración litúrgica sumamente carismática, Pablo y Bernabé son segregados para iniciar una misión de gran envergadura entre los paganos(Hechos 13, 1ss.). A partir de entonces y hasta su muerte, la vida de Pablo estuvo articulada por esa misión evangelizadora entre los gentiles. 7.4. Habitualmente, los comentaristas paulinos ordenan la misión sostenida del Apóstol en tres viajes . 7.4.a. El primer viaje . El primero desde la primavera del 45 hasta la primavera del 49 (Hechos, 13 y 14). El itinerario incluyó Chipre, Perge de Panfilia, Antioquía de Pisidia; luego, las ciudades de Licaonia (Galacia Inferior): Iconio, Listra y Derbe. El itinerario está cuidadosamente recogido en los Hechos. Otro tanto podemos decir de la metodología apostólica de Pablo: prioridad del anuncio en la Sinagoga y, luego, tan pronto es echado de la misma por los judíos, predicación a los gentiles del lugar que estuviesen prestos a escucharlo, casi siempre en casa de alguna familia convertida. Este método fue conservado y repetido por Pablo, hasta donde sabemos, en todas partes, hasta el final. Responde a su concepción de la historia de la salvación , presentada por Dios mismo, primero, a los judíos y después a los gentiles. Todo parece indicar que, en este primer viaje, aunque la predicación resultó fructuosa, no faltaron las hostilidades y los peligros de diversa índole (Tim. 3, 11), pero Pablo y Bernabé dejaron tras sí un rosario de comunidades organizadas, no un cristianismo silvestre o caótico. Quizás sea conveniente señalar aquí que, según el parecer de la mayoría de los exegetas paulinos, Pablo conservaba, de modo muy central, el gobierno pastoral de las comunidades que fundaba. Juan, al parecer, no se desligaba de sus comunidades, pero una vez que partía hacia otro lugar, la autoridad pastoral ya residía no en él, sino en el “colegio de los presbíteros” instituidos al frente de cada comunidad. Estos matices diferenciales, fundacionales y apostólicos ambos, ayudan a comprender el diverso ritmo de evolución hacia el monoepiscopalismo, o sea, hacia el obispo único y personal, en cada iglesia, que integra también la subordinada autoridad colegial presbiteral, en las comunidades apostólicas, en el siglo I. Ya en el II, todas las “iglesias” tienen una estructura y articulación monoepiscopal y presbiteral análogas. |
7.4.b. Al final de este primer viaje apostólico, debemos situar el inicio de la controversia judaizante , que acompañó a Pablo, prácticamente, hasta el final de sus días y se prolongó todavía en algunas zonas de la Iglesia más allá de la muerte de los apóstoles. La controversia se inició en Antioquía y continuó en Jerusalén. Pablo y Bernabé defienden sus puntos de vista con relación a la incorporación de los gentiles a la Iglesia y, en Jerusalén, obtienen el acuerdo de tiago, Pedro y Juan: a los gentiles, en lo adelante, no se les debería exigir la práctica de la ley mosaica para ser incorporados a la Iglesia (Hechos 15; Gal. 2, 1-10). Ratione brevitatis , prescindo de las discusiones entre los especialistas paulinos sobre el texto del “decreto de Jerusalén” y sobre la ubicación del incidente de Antioquía (Gal. 2, 1 ss.), antes o después de la reunión de Jerusalén (año 49). |

La conversión de San Pablo, Caravaggio. |
7.4.c. El segundo viaje. En el segundo viaje apostólico, que se prolongó desde el otoño del 49 hasta el otoño del 52, Pablo parte también de Antioquía de Siria y lleva como compañero, esta vez, a Silas (abreviatura de Silvanus; Hechos 15, 36-41)). Atraviesa Cilicia, visita las comunidades cristianas de Licaonia; en Listra se le asocia Timoteo (Hechos. 16, 1-5). Luego atraviesa Frigia y Galacia, en donde la enfermedad no le impide anunciar el Evangelio. Se dirige luego a Tróade y Macedonia y allí funda las comunidades o iglesias de Filipos, Tesalónica y Berea (Hechos 16, 11-17, 15). En casi todas partes, la oposición de las colonias de judíos impide a los misioneros detenerse un poco más en las comunidades recién fundadas. Continuando su viaje, intenta evangelizar el ambiente culto de Atenas y fracasa (Hechos 17, 16-34), lo que le motiva, después, una cierta desconfianza frente a la sabiduría griega como instrumento para presentar el evangelio (1 Cor. 2, 1-5). En Corinto permanece Pablo durante un año y medio y el hecho ya mencionado de su encuentro con Gallion, el gobernador de Acaya y hermano de Séneca, nos brinda un apreciado soporte para fijar la cronología paulina. Desde Corinto, escribe san Pablo las dos Cartas a los Tesalonicenses. Son los primeros textos paulinos conocidos y los más antiguos textos escritos del Nuevo Testamento en su estado actual. Desde Corinto partió Pablo, por mar, a Siria, hacia finales del verano o inicios del otoño del 52.
7.4.d. El tercer viaje. El tercer viaje apostólico se inicia también en Antioquía de Siria, en la primavera del 53 y se va a prolongar hasta la Pascua –o sea, hasta la primavera– del 58. Recorre Frigia y Galacia antes |
de establecerse durante un tiempo en Éfeso: desde el otoño del 54 hasta la primavera del 57. Cuando Pablo llega, ya había en Efeso un pequeño grupo de cristianos (Hechos, 18, 19-20, 1). Poco nos dice el Libro de los Hechos acerca de la estancia efesina de Pablo. En la Primera Carta a los Corintios , Pablo mismo menciona un “combate contra las bestias” (1Cor.15, 32). ¿Enfermedad, persecución, el motín de los orfebres narrado por Hechos 19, 23, el peligro mortal al que hace alusión en 2 Cor. 1, 8-10, prisión temporal durante la cual habría escrito la Carta a los Filipenses (lo que la mayoría de los autores no comparte)? Cierto es que, desde Efeso escribe la Carta a los Gálatas (año 54) y la Primera Carta a los Corintios (57). De Efeso, y de manera un tanto imprevista, se traslada el Apóstol a Corinto, pado probablemente por Macedonia. En términos generales, los autores identifican esta visita a Corinto con “la visita en lágrimas”, que precedió a la Segunda Carta a los Corintios , de la que no nos habla el Libro de los Hechos. Desde Macedonia, hacia donde habría vuelto Pablo en el verano del 57, escribe la Segunda Carta a los Corintios (otoño 57). Vuelve a Corinto y permanece allí hasta finales de año. Desde Corinto, escribe la Carta a los Romanos (invierno 57/58), la más extensa de las cartas de san Pablo y una de las más ricas en cuanto a contenido teológico, que debería inscribirse, probablemente, en los proyectos de Pablo de evangelizar en occidente, incluyendo España (Rom. 1, 11-14;15, 22-24). Antes de ese viaje, se dirige a Jerusalén para llevar, en mano propia, el fruto de la colecta de las iglesias del oriente europeo a favor de la iglesia Madre, Jerusalén, que continuaba en penurias económicas (1 Cor. 16, 1-4; 2 Cor. 8-9; Hech. 20, 3 ss.). Este viaje a Jerusalén permite a Pablo pasar por las iglesias de Macedonia, por Filipos concretamente, y luego, ya en Asia, saludar a los presbíteros de Efeso (Hechos 20, 3-8). Desembarcó en Cesarea de Palestina y de allí subió a Jerusalén cargado de presagios de dificultades (Hechos 21, 1-16, primavera del 58).
8. PABLO PRISIONERO Y MÁRTIR
8.1. Los malos presagios se cumplieron. Pablo es arrestado en Jerusalén en Pentecostés del 58 debido a las dificultades con las autoridades de los judíos. Es llevado a Cesarea y permanece allí en cautiverio –al parecer, molesto, pero no excesivamente severo–, bajo los procuradores Félix y Festus, durante dos años, hasta que se decide a apelar al tribunal imperial de Roma, derecho que le asistía por ser ciudadano romano (los nacidos en Tarso tenían derecho de ciudadanía romana). Su dificultoso viaje a Roma tiene lugar entre el otoño del 60 y la primavera del 61. En Roma, Pablo es colocado, durante dos años, bajo el régimen de custodia libera , que le permite recibir visitas, predicar acerca del Reino y escribir cartas. De esa época datan las Cartas a los Colosenses, a los Efesios, a los Filipenses –si es que no la había escrito antes, en una anterior cautividad efesina, cf. supr.– y la breve pero deliciosa Carta a Filemón . El Libro de los Hechos deja constancia de la duración de la custodia libera del Apóstol y nos confirma que Pablo resultó libre al final, sin pasar por un proceso judicial (Hechos 28, 30).
8.2. Después de la primavera del 63, el Libro de los Hechos no nos ofrece otros datos acerca de los movimientos geográficos de la existencia de san Pablo. Abrimos, pues, las puertas a la tradición histórica, sostenida desde el mismo siglo I por San Clemente Romano, en su Carta a los Corintios (Clem. 5,7) en la que habla de un viaje paulino a “los confines de occidente”, o sea a España (¿sólo a Tarragona – la Hispania Tarraconensis - o llegaría a Galicia, Finis Terrae ? Las Epístolas Pastorales, a Tito y a Timoteo , escritas en estos años finales de la existencia terrenal de san Pablo, se refieren a un viaje a Oriente, pero no al viaje a España. También mencionan una cautividad más rigurosa que la anterior, en la que Pablo se prepara para la muerte (cf. 2 Tim. 4, 6-8). Mantiene comunicación con algunos colaboradores, pero muchos lo han abandonado. Su encarcelamiento final lo llevó hasta la muerte como mártir, decapitado en la persecución de Nerón –la misma persecución en la que san Pedro fue crucificado– alrededor del año 67. La tradición más sólida afirma que la sepultura de san Pablo se encuentra bajo el altar de la Basílica de San Pablo Extramuros, cerca de la Casa Central de las Hermanitas de Jesús y de la Abadía Trapense de Tre Fontane, lugar en el que Pablo habría sido decapitado. Si nació en el año 8 y murió en la persecución neroniana en el 67, tendría al morir alrededor de 59-60 años, según nuestros cálculos. La fecha de la muerte es, históricamente, más cierta que la del nacimiento, que pudo haber tenido lugar un poco antes o, con menor probabilidad, un poco después del año 8, como he expuesto al inicio de este texto. En todo caso, en el momento del martirio, Pablo sería un auténtico presbútes, en los dos sentidos que puede tener esta palabra griega y que ya expuse: edad cronológica y madurez sapiencial.
9. CONCLUSIÓN
Durante este Año Paulino, proclamado como tal por razón de los, casi ciertamente, dos mil años del nacimiento del Apóstol, se están celebrando muchos encuentros espirituales y académicos sobre el Apóstol de los Gentiles. Todo parece indicar que, en los mismos, están adquiriendo nuevas luces tanto la comprensión del pensamiento, como los hechos de la vida de san Pablo. No conozco todavía los documentos emanados de esos encuentros, pero tengo la impresión de que, acerca de la cronología paulina, los esclarecimientos no nos darán grandes sorpresas, sino sólo precisiones. Particularmente me interesan las que tendremos –no lo dudo– acerca de la presencia del Apóstol en España, en algún momento entre las dos cautividades: la romana en custodia libera (61-63) y la otra, casi ciertamente romana también, más severa, después del 63 y antes del 67, que terminó con el martirio. Acerca de la teología y la espiritualidad paulinas, espero que los enriquecimientos y las iluminaciones de este año nos ayuden a seguir más fielmente a Jesús con el estilo de Pablo: ¡Ay de nosotros si, para nosotros, Cristo no es el centro y la piedra fundamental de nuestra vida, y si, como Pablo, no hacemos de la evangelización el trazado de la flecha de nuestra existencia! Desde la fe, la esperanza y la caridad, no tiene otro sentido válido nuestra vida terrenal.
La Habana, 10 de Octubre de 2008. |
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