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por Perla Cartaya COTTA |
Cultura,
Feria e
Historia |
| Para Europa Occidental fue muy difícil el año 1942. Esta parte del mundo se convirtió en escenario doloroso de la Segunda Guerra Mundial. También este año trajo tristeza a la mayor de las islas del Caribe, que se hallaba gobernada constitucionalmente –desde 1940– por un hombre astuto e inteligente, auxiliado –años atrás– por un golpe de buena suerte. Hablamos del otrora sargento-taquígrafo del Ejército, mayor general Fulgencio Batista y Zaldívar. |
Los problemas para adquirir la carne, el azúcar, los víveres, el alcohol y la gasolina –muy acuciantes para los más pobres de esta tierra–, daban la medida de lo que acontecía en las esferas de poder. De un testigo de esos tiempos son estas palabras: “Estamos atravesando una tempestad en una nave sin gobierno, que está al garete, porque su timonel se halla dormido y el capitán no tiene la atención concentrada en el mar revuelto, sino en la cocina del barco”. (1) Y como si fuera poco, se hablaba de Reforma Constitucional, que equivalía a decir prórroga de poderes, la que provocaría, de acuerdo con Eduardo Chibás, duelo y anarquía para la República.
Era entonces ministro de Educación Ramón Vasconcelos, periodista y político, que parece haber sido un hombre de cuidado. Opositor del gobierno de Machado, antes de concluir el año 1927, escribe en El País a favor de la prórroga de poderes, cambio de actitud que tal vez se deba a su nombramiento como Agregado Comercial en Bélgica, Gran Bretaña y Alemania (15 de julio del mismo año), con residencia en París. En la Ciudad Luz se las ingeniaba para saber lo que pensaban y hacían los estudiantes cubanos exiliados allí e informaba tales confidencias a su amigo, el general Manuel Delgado para que se las hiciera llegar directamente al Presidente. Otro dato interesante: el 23 de junio de 1928, publicó en El País un artículo en contra del voto para la mujer puesto que, según su opinión, “la mujer solo había nacido para el amor”. (2)
Es difícil que en un país, por muy mal que anden las cosas, no ocurran hechos positivos. Y el año 1942, no es justamente la excepción.
I
SIN LIBRO NO HAY IDEARIO,
LA IDEA SE ESCAPA,
SE DILUYE, SE DEFORMA
La Feria del Libro –que desde hace años tiene carácter internacional– constituye una gran fiesta de cultura para el pueblo cubano. Recuerdo haber leído que Domingo Delmonte, el cubano más útil de su tiempo, según el parecer martiano, dijo en una de sus famosas tertulias literarias: “quien no ama los libros, no ama la vida”. Ellos, nuestros acompañantes y amigos, entregan en sus páginas sabiduría, ciencia, la poesía de la vida… y son tan generosos que, si queremos, nos mantienen al tanto de lo que acontece en las diversas aristas de la cultura universal. Tenemos la suerte de disfrutar de esos eventos cada año, sin embargo, como existe cierto desconocimiento con respecto a su origen en Cuba y otros detalles, les ofrezco esta glosa.
La primera feria del libro tuvo lugar en la capital de la Isla , por iniciativa de su Municipio, en el año 1938. Pero no fue hasta el 29 de noviembre de 1942 que se produjo la inauguración de la primera de carácter nacional. Es posible que corresponda al titular de Educación, Ramón Vasconcelos, la responsabilidad de esa feliz iniciativa.
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Al inaugurar este evento, el ministro expresó que nacía con dos propósitos: extender a las principales ciudades del país la tradición habanera y enriquecer su alcance público mediante conferencias de figuras prominentes de la cultura del patio, así como conciertos y presentaciones de artistas que completaran la concepción de espectáculo cultural. Es decir, atraer la presencia de espectadores y ofrecerles alicientes culturales de alta calidad, amenos, variados e interesantes, capaces de retenerlos desde el Capitolio hasta el Parque Central, e incluso, motivarles a ir otros días. Era su deseo que esa primera feria nacional reafirmara un empeño de beneficio popular: el libro, que en la vitrina es mercancía muerta, afirmó, quiere ser en la calle agente vivo de educación, medio económico de mejoramiento intelectual y artículo de gran consumo. |
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El pueblo acudió gozoso a esa cita con la cultura. Las habaneras, ataviadas con el buen gusto que les daba fama, paseaban por la zona de la feria, deteniéndose para escuchar al orador, adquirir libros y agradecer con un leve gesto, o tal vez una sonrisa, las lisonjas y cortesías que los jóvenes, caballerosamente, les dedicaban. Eran noches de encuentro y sano regocijo compartido, de ilusiones y nuevas amistades, animadas por la buena música de las bandas que se alternaban.
II
Los conferencistas convocados indican que aquella fue una fiesta de l ujo. Entre ellos se encontraban: José María Chacón y Calvo, Gonzalo Pitaluga, G. Labrador Ruiz, Regino Pedroso, Nicolás Guillén, Juan Marinello, José Luciano Franco, Emilio Ballagas, Félix Lizaso, Lino Novás Calvo, Francisco Ichazo, Emilio Roig de Leuchsenring, Cosme de la Torriente , Max Enríquez Ureña, José A. Portuondo y Luis Rodríguez Embil. La mujer estuvo representada por María Teresa Freyre y Sara del Prado.
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Al leer las disertaciones publicadas es obvio que existieron para todos los gustos. Un hito debe haber sido la de José María Chacón y Calvo. Recuerda al auditorio que la segunda feria municipal del libro, celebrada en 1939, coincidió con el centenario de la muerte del poeta José María Heredia y Heredia, el cantor del Niágara, de las libertades de Cuba y de nuestra estrella solitaria. “Por un caso singular, la Primera Feria Nacional del Libro […] tiene efecto dentro de la octava de otro centenario herediano: el del nacimiento de José María de Heredia y Girard, el inmortal autor de Los trofeos (3)[ … ] cubano por su nacimiento, dominicano por su estirpe y francés por su cultura, por su formación intelectual, por sus mismos versos […] El Heredia francés era primo hermano del poeta del Niágara, pero no en rigor su contemporáneo”. (4) |
Sabe Chacón que ese autor era desconocido para la mayoría de quienes lo escuchaban, por eso les regala, a mi juicio, una clase magistral al contarles sobre su vida, deteniéndose en su visita a La Habana en 1858 y en todo lo que tuviese que ver con Cuba: “[…] vive en la calle del Obispo, en los altos de una juguetería […] iniciando una carrera, la de leyes, que luego abandona, y comenzando su labor poética. Entonces conoció a don Enrique Piñeyro, el gran crítico, el fervoroso partidario de la independencia de Cuba, quien nos dejó del prodigioso sonetista un bello retrato literario”. (5) Y continúa: no lejos de aquí, en una de las plazoletas del antiguo Campo de Marte, Heredia se inspira en una de las más bellas fuentes de la época colonial, la de la India , y escribe en francés un soneto que el doctor Max Enríquez Ureña tradujo de maravilla. “[…] Publicó en 1893 Los trofeos , en uno de los sonetos de la parte final, el titulado Brisa marina, se refiere a su tierra distante: ‘allá en el océano que baña la isla espléndida y remota donde nací'; en 1894 lo elegía su miembro de número la Academia Francesa […] En 1903 le llega una voz de su patria lejana: la del patricio don Emilio Bacardí, escritor distinguidísimo, |
| que era a la sazón alcalde de Santiago de Cuba” y le pide “[…] un recuerdo para su homónimo inmortal, el cantor del Niágara, de cuyo nacimiento se cumplía en aquellos días el primer centenario”. (6) Y él lo complace con tres sonetos, considerados lapidarios, los únicos que parece haber escrito en nuestra lengua. Del primero de ellos –que el notable intelectual leyó en esa ocasión– es esta estrofa:
A ti, de Cuba campeón glorioso
que no pudiste ver tu venturoso
sueño de amor y de ventura cierto,
con entusiasmo en mi cantar saludo,
de pie, tocando tu vibrante escudo,
que es inmortal porque tu voz no ha muerto. |
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Las críticas sociales afloraron con elegancia en otras conferencias. La indiferencia hacia el libro cubano resultó frecuente. Y como sé que los maestros soñamos con que nuestra enseñanza perdure en los alumnos, y los escritores sueñan con la perdurabilidad de sus mensajes, me parece oportuno y justo, ofrecerles al menos algunos de los expresados en nuestra Primera Feria Nacional del Libro, a modo de modesto obsequio navideño:
“¿Ideas para la divulgación? […] Oropel vistoso para la mercadería aburrida […] Un poco de amor tal vez es lo que se precisa, nada más; un poco de comprensión: un poco de patriotismo. Es la única manera de salvar al libro cubano.”
Enrique Labrador Ruiz (7)
“[…] el pueblo cubano reclama urgentemente una firme política de mejoramiento cultural […] Reclama nuestro pueblo la multiplicación de los centros de enseñanza […] más bibliotecas y más libros.”
José Luciano Franco (8)
“[…] La docencia prepara al lector y le marca el futuro […] una docencia que mire al mundo y a todo el mundo para que, quien comience a vivir, comience a leer y no entienda la vida sin lectura.”
Juan Marinello (9)
“[…] la arquitectura y la imprenta y el cine y la radio, tienen sus naturales enemigos en aquellos que siempre lo han sido de la libertad. Y de la dignidad del hombre; en la autocracia como en la demagogia; en la vulgaridad que a veces se adueña de los pueblos en períodos que deberían ser los más propicios al desarrollo de la vida espiritual. Y he dicho vulgarización y vulgaridad […] Estamos en la tarea de salvar a la arquitectura de la ausencia de espiritualidad, al libro de su falta de personalidad, al cine del mercantilismo, a la radio de su locuacidad sin sentido […] Que tengamos por fin en Cuba una casa, una verdadera casa para los libros, una gran mansión del espíritu, para que cuando ellos asistan a esta prueba del aire libre, vuelvan luego como una bandada de gorriones con las alas plegadas, a su templo poblado por los rumores del silencio.”
Emilio Ballagas (10)
“Cuando existe un pueblo que no lee, que emplea sus ratos de ocio en charlas más o menos agradables y cordiales, hay que buscar a los culpables de que esta situación perdure […] Es necesario que la democracia responda entre nosotros a una realidad y no solamente una etiqueta.”
María Teresa Freyre de Andrade (11)
“Una y otra noche hemos contemplado el espectáculo verdaderamente alentador de esa multitud, que no solo envuelve con su aliento animador las tribunas, sino que recorre las exposiciones y busca con ansiedad el libro amigo que pueda adquirir con sus posibilidades […] Martí está en esta feria como en el más anhelado lugar de su vida. Porque su vida se moldeó en el libro, se hizo voz profética en el libro […] No olvidemos ese camino señalado por Martí: cultivarse, levantarse por sí propio. Eso es lo que me dice su presencia en esta Feria, desde su mármol de luz suave y remota.”
Félix Lizaso (12)
“[…] Ya tienen estas tardes perspectivas en el tiempo. Ya tienen historia. No ha sido sólo una gentil manera de poner unos cuantos libros bajo las estrellas. Durante dos semanas han estado abiertas sus páginas al aire de la calle; han salido al paso del lector y le han detenido el rumbo cotidiano […] Toca al escritor revelar el mecanismo entrañable del vivir de su pueblo. Pero el escritor cubano que se apega a las raíces de lo propio y busca la esencia de su sangre y de su arraigo en el suelo, en el paisaje, en lo cercano, se siente aislado, olvidado entre la muchedumbre y a merced de su destino individual […] Será preciso firmar sus obras con nombres impronunciables y acogerse a un remoto motivo, para captar la atención del lector […] El próximo año pondrá de nuevo la Feria sus libros bajo las estrellas. Si al calor de nuestra atención llega hasta la Feria numeroso y pujante el libro cubano, habremos cumplido un deber de cultura.”
Lino Novás Calvo (13)
EPÍLOGO
Ya casi concluye otro año de nuestro encuentro mensual para conversar sobre Patria, Cultura e Historia, mediante esta sección. Y no puedo dejar de agradecerle su atención de siempre a usted, que me sigue dando bríos para seguir adelante; a quienes eventualmente se encuentran conmigo al leer las cuartillas que modestamente puedo ofrecer; a quienes me han ayudado con sus críticas; a mis colaboradores, que también lo son aquellos que desde la distancia me señalan en algún momento la incorrección de algún dato. A unos y a otros, gracias de todo corazón. De mi madre aprendí que el agradecimiento es un deber que, en ocasiones, debe llevar nombre, y como ustedes saben que procuro hacerlo siempre que corresponde, recíbalo en esta ocasión, con mucho afecto, Ledys Aballe Viñas –que me honra con su preferencia a través del tiempo–, y a quien debo la información que hizo posible esta glosa.
Esperemos el 2009 con fe en el futuro, con la confianza en nuestras propias fuerzas, que vienen de nuestras raíces, y con la seguridad en la protección amorosa de nuestra Madre, María de la Caridad. Brindemos en nuestros hogares, con lo que tengamos, al despedir este año tan difícil, por la unidad de todos los cubanos, no importa donde se encuentren, y porque sea posible solucionar los grandes problemas que aún confrontan muchas familias abatidas por la furia de los huracanes, en Cuba y en países hermanos.
Hasta el próximo año, si Dios quiere.
Referencias:
(1) Archivo Nacional de Cuba. Fondo 176-Eduardo Chibás. Expediente 10, legajo 1.
(2) Ibídem. Expediente 9, legajo l.
(3) José María de Heredia: 1842-1905.
(4) El Libro de la Feria, Editorial La Verónica, La Habana, 1942, p. 11.
(5) Ibídem.
(6) Ibídem p. 15.
(7) Ibídem, pp. 31-32.
(8) Ibídem, p. 61.
(9) Ibídem, p. 72.
(10) Ibídem, pp. 85-86.
(11) Ibídem, p. 131.
(12) Ibídem, pp. 113-116.
(13) Ibídem, pp. 120-123. |
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