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Madre
del pueblo cubano.
texto y fotos:
Orlando Márquez.
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A las 6:00 p.m. en punto los portadores de la venerada imagen de la Virgen de la Caridad salieron al atrio del Santuario diocesano
(1). La multitud de fieles, como cada año, esperaba fuera y la recibió con gritos de júbilo (2). Todo quedaba dispuesto para iniciar el peregrinaje, encabezado por las banderas, la banda de músicos, seguidos por la carroza, y junto a ella el párroco Roberto Betancourt, animando el paso (3).
“¡Cómo no acudir la Virgen en esta hora de la Patria?”, diría más tarde el Cardenal Ortega en su homilía durante la misa que presidió después de la procesión. La realidad le dio la razón, esta ha sido la más numerosa de las peregrinaciones junto a la Madre de los cubanos desde que se retomara la tradición en 1997. Al llegar a la calle Zanja (4) el mar de fieles era ya compacto, apretado. Intentar mantener los espacios era prácticamente imposible, pero no se perdió la calma, no faltaron la contemplación ni la oración
(5), ni los intentos por captar la imagen (6) y llevarla consigo.
Y una vez más se evidenció que ante la Madre no hay diferencias ni exclusiones (7), todos somos hijos. Y también como cada año, el cardenal Jaime Ortega (8), nuestro arzobispo, hijo también junto a los hijos, y pastor y guía de nuestra Iglesia diocesana caminó junto a María hacia la casa del Padre.
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De vuelta al templo, después de entonar el Himno Nacional, la imagen peregrina vuelve a ser colocada en su sede, en el primer altar de la derecha junto a la entrada (9), y allí continuaron los fieles poniendo a los pies de la Virgen las oraciones, los anhelos, las angustias y esperanzas, en esta hora de nuestra historia.
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