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Durante la etapa comprendida por la República de Cuba (1902-1958) surgieron y desarrollaron su labor en nuestro país varias instituciones de carácter benéfico que merecen ser recordadas con agradecimiento. Entre ellas estuvieron la Sociedad Protectora de los Niños de Guanabacoa, la Fundación Cultural Para Ciegos Varona-Suárez, surgida en 1926, y la Sociedad Protectora de Niños, Animales y Plantas, más conocida como el Bando de Piedad, cuya constitución se efectuó en la capital cubana hace un siglo.
 
 

En el Centenario del
Bando de Piedad.


JEANNETTE RYDER

Tras concluir la dominación española en Cuba y en momentos en que nuestro país se hallaba bajo la primera intervención de los Estados Unidos, desembarcó en el puerto habanero una mujer norteamericana de 33 años de edad nombrada

por Jorge Domingo Cuadriello
Mrs. Jeannette Ryder.
Mrs. Jeannette Ryder.
  Jeannette Ryder. Muy diminuta, muy delgada y muy poco agraciada, al margen del patrón de belleza de los hombres cubanos, aquella mujer no conoció el galanteo constante de los nativos. Sin embargo, la belleza que no podía ostentar su figura habitaba, con creces, en sus nobles sentimientos cristianos, en su sensibilidad extrema y en su firme voluntad de hacer el bien.

Aquellos días de su llegada a Cuba se corresponden con un periodo de reestructuración de la sociedad cubana. Mientras se intentaba dejar atrás el nefasto legado de la colonia y sentar las bases de un sistema republicano de gobierno, el país se enfrentaba a la ardua tarea de restañar las grandes pérdidas materiales y humanas causadas por la guerra emancipadora. Con un índice de analfabetismo sumamente elevado, no podría lograrse un progreso nacional sin conferirle una atención privilegiada a la educación pública. Conscientes de esa importante tarea, las autoridades cubanas y los interventores norteamericanos comenzaron a sentar las bases para un nuevo sistema de enseñanza.

Mas el problema social cubano era mucho más complejo y no se limitaba a la instrucción. En las distintas poblaciones del país, principalmente en La Habana, aún se concentraban desplazados de la guerra, ancianos en estado de desamparo, niños sin protección filial, numerosos mendigos, dementes y mutilados y personas caídas en la miseria. Indiferentes ante ese drama social o convencidos de que era un mal inevitable, muchos se concentraron en sus asuntos particulares y volvieron la vista hacia otro lado. Por el contrario, hubo quienes decidieron enfrentar aquella situación y brindarle ayuda a los necesitados. Entre ellos estuvieron un grupo de personas caritativas, que en agosto de 1902 fundó la efímera Sociedad Humanitaria Cubana, y Jeannette Ryder.

Al poco tiempo de su llegada a La Habana esta mujer se inició en la tarea de ofrecerles ayuda a los numerosos niños desamparados que recorrían la ciudad, se dedicaban a vender periódicos, en el mejor de los casos, o al hurto continuado. Se detenía a hablar con ellos, se interesaba por la situación individual de cada uno, les orientaba a seguir el buen camino y apartarse del delito y de los vicios y en muchas ocasiones recurría a sus escasos recursos monetarios para entregarles una limosna. De igual modo, indignada ante el trato cruel que recibían en la calle, ante la vista de todos, los caballos y otros animales de tiro, apaleados sin compasión por sus dueños para que transportasen cargas excesivas, se enfrentó a esta práctica habitual y recurrió a las autoridades para ponerle fin. En igual sentido de protección a los animales se dedicó a socorrer con alimentos a los numerosos perros y gatos abandonados en la ciudad.

Muy pronto se fue extendiendo la noticia de que una estrafalaria y chiflada mujer norteamericana se enfrentaba a los rudos carretoneros cuando éstos castigaban a sus caballos, cargaba con bolsas de alimentos para repartirlos entre perros y gatos sarnosos y se detenía a sermonear a los pilluelos. La burla y el sarcasmo cayeron sobre ella con saña; pero no lograron causarle el menor daño ni hacerle variar su actitud. Convencida de lo correcto y de lo necesario de su proceder, continuó recorriendo cada día la ciudad y paulatinamente el menosprecio hacia su persona se fue trocando en asombro, en respeto, en admiración. Algunos se acercaron a ella para acompañarla en aquella noble cruzada y al contar entonces con un grupo de seguidores, Jeannette Ryder fundó el 27 de octubre de 1906 el Bando de Piedad.
  A partir de ese momento dicha institución, bajo el lema “Nosotros hablamos por los que no pueden hablar” y con la señora Ryder en primera fila, continuó la labor de protección a los niños abandonados y de condena a la crueldad contra los animales.En correspondencia con ese proceder, creó un dispensario gratuito para atender a los menores, estableció un sistema de repartición de pan y leche a los mendigos, combatió el proyecto de establecer en Cuba las corridas de toros, distribuyó desayuno gratuito a las mujeres detenidas en las estaciones de policía y abogó por la supresión de las academias de baile, que en realidad constituían centros velados de prostitución. En todas estas campañas del Bando de Piedad también tomó parte activa el doctor Clifford Ryder, esposo de la fundadora e igualmente ciudadano norteamericano.

Por medio de este proceder humanitario, que se manifestaba de diversas maneras, la institución fue ganando prestigio y fue conquistando espacios y seguidores en la sociedad habanera. Las denuncias formuladas con
 
Panteón de Mrs. Ryder en el Cementerio Cristóbal Colón.
Panteón de Mrs. Ryder en el
Cementerio Cristóbal Colón.
  frecuencia por Jeannette Ryder ante los agentes policíacos fueron tomadas más en cuenta y en 1915 el doctor Enrique Núñez, entonces Secretario de Sanidad del gobierno encabezado por García Menocal, cedió al Bando de Piedad el edificio del Estado que se hallaba entonces en la esquina de las calles Paula y Picota. Allí pudieron encontrar albergue numerosos niños en estado de orfandad, sin distinción de raza, sexo y origen, y muchos animales enfermos. Dentro de las limitadas posibilidades de esta organización, que cubría sus gastos por medio de los donativos que recibía, se trató de extender lo más posible la caridad hacia aquellos que más la necesitaban. Con el fin de divulgar su actuación y de hacer extensiva su prédica altruista, dicha entidad contó entre 1919 y 1930 con una revista homónima mensual en la cual colaboraron, entre otras importantes figuras, los combatientes independentistas Magdalena Peñarredonda y Manuel Secades Japón, los periodistas Félix Soloni y Francisco de Paula Machado, la dirigente feminista Hortensia Lamar y Juan Marinello Vidaurreta, ya entonces editor de la Revista de Avance y miembro destacado de la oposición antimachadista.
 


No fueron pocos los sinsabores y los descalabros conocidos por la señora Ryder en su constante quehacer generoso. En mayo de 1920, al tener conocimiento de que dos niños habían sido vendidos por su desalmado padre a un circo en dos mil pesos, se trasladó de inmediato a la localidad habanera de Guara, donde se hallaba acampado el circo, para obtener la liberación de los niños y llevar ante los tribunales a los responsables de aquel repudiable delito. Mas el empresario circense le tomó la delantera, sobornó a los policías, al alcalde y al juez municipal de dicha población y Mrs. Ryder fue agredida física y verbalmente y permaneció bajo arresto durante dos días en Guara y a continuación 24 horas en el vivac de Güines. Por último logró que se hiciera justicia y los dos niños fueron devueltos a su madre.1

Lejos de hacerla desfallecer, contratiempos como este parecían otorgarle nuevas energías. Y así la encontramos, por ejemplo, dos semanas después de aquel suceso denunciando a través de la prensa que en la finca Los Zapotes, en las afueras de la capital, se celebraban en secreto corridas de toros a las que bochornosamente asistían autoridades públicas y damas de la alta sociedad.2

Los años fueron cayendo sobre los hombros de Jeannette Ryder sin que disminuyera su voluntad de servir; mas era excesiva la carga que soportaba su débil constitución física y el trabajo cotidiano que se imponía para atender también a sus asilados. En las primeras semanas de 1931 enfermó seriamente de los pulmones. No logró recuperarse a pesar de los cuidados médicos y ya desahuciada recibió la extremaunción de manos del padre Spinelli. El 11 de abril de 1931 entró en el Reino de Dios. Atrás dejaba una labor humanitaria en nuestro suelo que se había extendido durante más de tres décadas. Algunos pasan por la vida con un hambre insaciable de riquezas, de poder, de gloria o de las tres cosas juntas. Jeannette Ryder cumplió su ciclo vital con un solo deseo: servir a los necesitados.

EL BANDO PIEDAD DESPUES DE MRS. RYDER


Para esta organización el fallecimiento de su fundadora y principal animadora significó una pérdida insustituible. A su desaparición vino a sumarse una coyuntura nacional muy difícil, marcada por la crisis económica y política del régimen de Machado. El número de los que caían en una pobreza extrema desbordaba ampliamente las posibilidades de ayuda de esa entidad. El volumen de los donativos recibidos disminuía. Y para colmo de males surgieron pugnas intestinas entre algunos de sus miembros. Sin embargo, intervino el Club Rotario de La Habana con su respaldo monetario, el doctor José Pérez Cubillas asumió la presidencia del Bando de Piedad y esta organización pudo entonces continuar su labor filantrópica.

Al ocurrir en 1934 la muerte del periodista y caricaturista Ricardo de la Torriente, creador del personaje de Liborio y director del semanario humorístico La Política Cómica, se procedió a abrir su testamento y pudo conocerse que legaba al Bando de Piedad su finca Sitio Liborio, ubicada en la localidad del Cotorro, con el fin de dar continuidad al noble empeño de Mrs. Ryder. A partir de agosto de 1941 y tras la construcción de un moderno edificio comenzó a funcionar en esa finca un albergue-escuela que acogió a decenas de niñas.

Esta organización también estableció en la capital varios dispensarios y clínicas para animales sin costo alguno en el caso de las personas de escasos recursos que acudían con sus mascotas. No dejó de combatir cuantos intentos hubo –y no fueron pocos– de que en suelo cubano se llevaran a cabo corridas de toros. Fomentó la caridad y la solidaridad entre los seres humanos, el cuidado de los árboles y de las plantas y en general la protección de todo ser viviente. Por medio de esa tesonera campaña también contribuyó a fomentar valores éticos en la sociedad cubana.

El Bando de Piedad continuó funcionando hasta poco después del cambio revolucionario de 1959, cuando el Estado cubano asumió las responsabilidades de atención y de educación en centros oficiales de los niños sin amparo filial.


VIGENCIA DE LA PRÉDICA DEL BANDO PIEDAD

En las últimas décadas a nadie se le ha ocurrido en Cuba la peregrina idea de establecer la lidia de toros. Al menos legalmente han sido abolidas las peleas de gallos, aunque se sabe que de modo clandestino se llevan a efecto en localidades apartadas de los núcleos poblacionales. No existen en nuestro país niños desamparados que deambulan por las calles en busca de comida o de una limosna. Las autoridades se encargan de recoger y darle atención adecuada a aquellos menores que por algún motivo han perdido la protección de sus padres y del resto de sus familiares.

Sin embargo, en otros aspectos la prédica humanitaria del Bando de Piedad sigue vigente. En los últimos tiempos ha cobrado fuerza una práctica aberrante que no tenía antecedentes entre nosotros: las peleas de perros. Ante nuestros ojos vemos cómo entrenan por las calles a estos animales con el fin de hacerlos más fuertes y más agresivos. Una vez obtenido el máximo de su ferocidad son enfrentados en un lugar discreto donde no faltan las apuestas. Ya el destacado novelista Leonardo Padura y el diario Juventud Rebelde se han encargado de condenar esta bárbara afición.

La tala y la poda indiscriminadas de árboles tampoco han disminuido. El antedicho periódico igualmente ha dado a conocer cómo han sido cortados de modo arbitrario numerosos árboles en distintas localidades habaneras. No han tenido verdadero arraigo en la conciencia ciudadana el cuidado del césped y la protección de las plantas de los parques. La llamada violencia doméstica no ha decrecido, en sus hogares muchos niños son víctimas de agresiones físicas y verbales y no pocas veces hemos escuchado a una madre gritarle a su pequeña hija de modo amenazador: “¡Te voy a meter tremenda galleta!”. Los depredadores, con tal de obtener un puñado de divisas, siguen capturando especies en peligro de extinción como careyes, manatíes y guacamayos. En nombre de creencias religiosas que buscan afanosamente el beneficio individual se sacrifican palomas, chivos y jicoteas. Y hasta los animales del Parque Zoológico han sido víctimas indefensas de las pedradas de algunos vándalos que se consideran muy simpáticos.

Ante las distintas formas que asume la barbarie en el mundo de hoy y ante los diversos ropajes que viste la crueldad no puede afirmarse que resulten obsoletos los postulados caritativos y solidarios del Bando de Piedad y de su fundadora Jeannette Ryder.

Notas
1. Ver Heraldo de Cuba, días 28 de mayo y 1º y 8 de junio de 1920, página 1.
2. Ver Heraldo de Cuba, 19 de junio de 1920, página 1.


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