Cuando usted, amigo lector, lea estas cuartillas ya habrá quedado atrás el centenario de hechos y decisiones erradas que signaron a la República más allá del tiempo en que ocurrieron. Permítame invitarlo a reflexionar acerca de ese pasado, es decir,
a pensar en Cuba. |
El Eclipse
de la República.
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Tomás Estrada Palma. |
“Si hice bien o no, el tiempo lo dirá”
T. E. P. , 10 de octubre de 1906 |
I
A don Tomás Estrada Palma le correspondió el honor de ser el primero de los quien, tras declinar con energía ser candidato a la presidencia, lo propuso para esa presidentes constitucionales de nuestro país. Fue el Generalísimo Máximo Gómez responsabilidad porque no desconocía los méritos cívicos y patrióticos que atesoraba. Estrada Palma había sido diputado y presidente de la República en Armas en la Guerra de los Diez Años. Hecho prisionero en 1877 y encarcelado en España, al firmarse el Pacto del Zanjón logra emigrar a Centroamérica y, finalmente, establece su hogar en los Estados Unidos, y funda un colegio para niños hispanoamericanos que fue muy bien acogido por la emigración cubana. Al fundarse el Partido Revolucionario Cubano, Martí lo llama a colaborar y se desenvolverá como Delegado de ese organismo político cuando el Apóstol emprende el viaje eterno. Siempre se había esforzado en ser útil a su patria, por eso seguramente no vaciló en renunciar a la ciudadanía norteamericana cuando le propusieron la candidatura presidencial. Los partidos Republicano y Nacional hicieron suya la postulación del hombre que regresaría a Cuba tras 25 años de ausencia, y contó con el apoyo del general Leonard Wood, gobernador de Cuba durante la ocupación militar.
Como candidato contrario surgió el General Bartolomé Masó, presente en las dos etapas de la gesta independentista, había sido el último Presidente de la República de Cuba en Armas; razones más que suficientes para que sus seguidores pensaran que le correspondía iniciar como tal la era republicana. Su postulación la asumieron los partidos Unión Democrática, Nacionalista, Republicano Independiente y otros.
La atmósfera política no demoró en caldearse más de la cuenta: Masó, en el manifiesto del 3l de octubre de 1901, hizo serias acusaciones al gobierno del general Wood; Miguel Gener, alcalde de La Habana y ex secretario de Justicia, fue destituido porque se negó a apoyar la candidatura de Estrada Palma y expresó simpatías por Masó, hecho que fue denunciado por él públicamente; la ley electoral sólo concedía el derecho al voto a los ciudadanos que tenían cierta instrucción y holgada posición económica.
Así las cosas, en el último momento Masó y sus partidarios acordaron no concurrir a las elecciones del 31 de diciembre en señal de protesta. De modo que Estrada Palma obtuvo la victoria en los comicios a los que concurrió sin contrario, lo cual lo contrarió.
Hombre de honradez indiscutible, muy sensibilizado con la educación del pueblo que se asomaba al fin a la libertad, expresó la necesidad de “tener más maestros que soldados y más escuelas que cuarteles” para formar ciudadanos aptos para vivir en las nuevas condiciones históricas, criterio que se materializó en un presupuesto escolar de $3 millones 317 mil 309 pesos y 92 centavos para la enseñanza primaria, año económico 1901-1903.
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Don Tomás parece que no siempre se levantaba con el pie derecho: a fines de octubre de 1902, los obreros de la fábrica de tabaco La Antilla Cubana se fueron a la huelga en demanda de un aumento de sus jornales. Poco a poco otras fábricas fueron al paro. El 7 de noviembre se reunieron los Comités de Huelga para plantear sus demandas: la primera de ellas se refería a la entrada de los niños cubanos, sin distinción de razas, como aprendices en las tabaquerías, por eso esta huelga es conocida como la Huelga de los Aprendices. Pronto se sumaron a ese movimiento otros sectores obreros y no carecieron del apoyo de los estudiantes y la prensa. La huelga, que comenzó siendo pacífica, adquirió matices de violencia, produciéndose algunos choques con la policía y la guardia rural. Fue la primera huelga general obrera en Cuba, movimiento de carácter nacionalista, los trabajadores se proponían lograr la corrección de un mal que el gobierno de la naciente República aún no había remediado.
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Pero no fueron oídos, y el 30 de noviembre el Comité director de la huelga, divulgó unas declaraciones reconociendo el fracaso de la misma; pero para los obreros significó una experiencia útil para futuras contiendas.
De acuerdo con la Constitución de 1901, el período presidencial debía terminar a los cuatro años. Pero hacia 1905, al agitarse la cuestión política para preparar la segunda elección, a Estrada Palma no le faltaron “amigos” que pensaran en su reelección. A los partidos políticos que figuraron en la anterior elección, sucedieron el Republicano y el Liberal Nacional, sustituido en 1904 por el Moderado, que de tal sólo tuvo el nombre, y el Liberal.
Don Tomás, inmerso en los vaivenes de la política como es usual, aceptó la invitación de la dirección del Partido Moderado y, en enero de 1905, apostará fuerte por su reelección por un período de cuatro años más. El grupo reeleccionista dentro del Consejo de Ministros formó el Gabinete de Combate, como le llamó la oposición, en el cual predominaban elementos impulsivos dispuestos a asegurar el triunfo electoral.
II
Me parece evidente que los hombres de uno u otro partido, salvo las excepciones que nunca faltan, carecían de cultura de diálogo. El propio presidente olvidó “que en un país en que se acababa de luchar tan bravamente para conquistar la libertad, los jefes que tal habían logrado –según el testimonio del coronel Horacio Ferrer– tenían derecho a que se contara con ellos. ¿Qué importaba el número crecido de generales y doctores?...” Claro que era justo y político atenderlos a todos. Derecho tenían a ello. No reconocerlo fue un error.
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Leonard Wood. |
La historia, a mi juicio,
será siempre severa
al valorar a los hombres
de ambos partidos, moderados
y liberales, que olvidando
las propias trayectorias de sus
vidas
y la tradición patriótica del pueblo,
le asestaron tan fuerte
golpe
a nuestra nacionalidad.
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La intransigencia que caracterizaba al Partido Moderado era tal que no aceptaba críticas ni cuestionamientos. Por eso se empeñaron en reelegir al Presidente contra la voluntad mayoritaria, desconociendo la vida del derecho y el derecho de vida.4 No demorarían en comenzar las agresiones de una y otra parte.
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Sólo el Generalísimo Máximo Gómez, que hizo causa común con el Partido Liberal, hubiera podido detener la actuación de los hombres que tenían el poder. José Miguel Gómez, que presidía ese Partido, esperaba lograr que accediera a concurrir a las elecciones como contrario de Estrada Palma. Pero el 17 de junio de ese mismo año ocurrió el fallecimiento del dominicano que contaba con el amor y el respeto del pueblo cubano. Los días subsiguientes reafirmaron la validez de las palabras que pronunciara dos meses antes: La situación es grave, se sienten ya latidos de revolución.
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José Miguel Gómez. |
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El clima de hostilidades y represalias crecía peligrosamente hasta llegar a desbordarse, según las fuentes, con la elección de las mesas electorales. Los dos hombres fuertes del Gabinete de Combate, el general Freyre de Andrade desde la Secretaría de Gobernación, y el general Rafael Montalvo desde la de Obras Públicas, persiguieron sin tregua a los liberales; y llegaron a hostigar a personalidades tan respetadas como, por ejemplo, Juan Gualberto Gómez. La noche del 24 de febrero de 1906 un grupo de hombres, capitaneado por el ex policía Ramón Miranda, asaltó el cuartel de la Guardia Rural en Guanabacoa y dieron muerte a varios soldados que dormían, huyendo después. |
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En Cienfuegos fue asesinado el coronel Enrique Villuendas, joven dirigente liberal. Hubo ayuntamientos incendiados entre otros desmanes públicos.
Los liberales ante tales circunstancias decidieron:
- No concurrir a las elecciones; por eso don Tomás por segunda vez obtiene la presidencia sin ningún contrincante.
- Rescatar sus derechos por medio de las armas, lanzándose a la llamada Guerrita de Agosto, que se inició el día 17 de ese mismo mes.
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Bartolomé
Masó. |
| La violencia que rugía en los grupos en pugna propició que se extendiera la insurrección.
El más importante de los alzamientos fue el encabezado por el general Faustino Guerra en Pinar del Río, a mediados de agosto de 1906; pero también tuvieron fuerza en La Habana y Las Villas. El general Quintín Banderas fue muerto a machetazos cuando su campamento, en las cercanías de Arroyo Arenas, fue sorprendido por la Guardia Rural.
La vida demostraba a la dirección del gobierno que erraron al pensar que sus contrarios no llegarían a la insurrección debido a la carencia de armas y al peligro de una intervención americana justificada por la Enmienda Platt. Graves acontecimientos estaban por suceder. La insurrección ganaba fuerzas a pesar de la detención de José Miguel Gómez y otros jefes militares. En La Habana, la presencia del general Enrique Loynaz del Castillo, que ha poco había regresado de los Estados Unidos a dónde había ido en busca de salud, inyectó vitalidad a los insurrectos y se afirma que fue su actitud amenazante, a las puertas de la capital, después del combate de Wajay en que derrotó al jefe del Ejército, mayor general Alejandro Ramírez, lo que movió a Estrada Palma a pedir al gobierno de Roosevelt el envío de barcos a La Habana.
7
En Oriente, a iniciativa del general Masó, surgió un intento de mediar por parte de los veteranos, y los generales Menocal y Cebreco fueron comisionados para entrevistarse en la Capital con Estrada Palma y los jefes liberales.
¿Qué solución propondrían?
- La convalidación de la elección de Estrada Palma.
- La renuncia de sus cargos por parte de los representantes y senadores elegidos en las últimas elecciones.
- Y dar la razón a los liberales en sus otras demandas.
ón, entonces, no logró anidar en la voluntad de los hombres en cuyas manos se hallaba el destino inmediato de la joven República. III
El gobierno se sentía impotente para dominar la insurrección, pero tampoco estaba dispuesto a transigir mientras los alzados no depusieran las armas.
La reconciliación, para ambas partes, era lo patriótico, la única solución razonable y justa.
Insistirá en ello el general Mario García Menocal, secundado por el propio Bartolomé Masó, Manuel Sanguily y varios generales. Los veteranos no cejaron en sus buenos empeños, pero todo fue inútill. Solamente la ambición por las prebendas del poder, acota el coronel Ferrer, podía cegar a los políticos cubanos.
8
El presidente cometió el error de pensar que al llamar a los americanos, éstos le sacarían las castañas del fuego y obligarían a los alzados a entregar las armas. Los acontecimientos se precipitaron: el 8 de septiembre Frank Steinhart, cónsul general de los Estados Unidos en Cuba, envía telegrama al Secretario de Estado norteamericano para informarle que Estrada Palma pedía el envío de dos barcos de guerra: uno a La Habana y otro a Cienfuegos9, los cuales debían venir de inmediato porque las fuerzas del gobierno eran impotentes para aplastar la insurrección, y aclara que la solicitud debía permanecer en secreto.
Cuatro días después, Steinhart se comunica de nuevo con el Secretario de Estado: el presidente cubano, mediante el Secretario de Estado, doctor Juan Francisco O’Farrill, pedía la intervención americana y rogaba el urgente envío de 2 mil ó 3 mil hombres “…para evitar una catástrofe en la capital…” y aclara el documento que esa petición “no deber ser conocida del público hasta que las tropas americanas estén en La Habana”.10
Es cierto que Teodoro Roosevelt, presidente entonces de los Estados Unidos, invitó a los cubanos a que olvidaran sus diferencias y ambiciones personales, y a recordar que: “el único medio de conservar la independencia de su República, es evitar, a todo trance, que surja la necesidad de una intervención exterior para salvarla de la anarquía y la guerra civil”.11 Al margen de que fuera motivada o no por intereses de su propio gobierno, la suya fue una advertencia útil y justa que, lamentablemente, fue ignorada.
El presidente de Cuba, inconforme con todas las proposiciones para hallarle una solución al conflicto de su país, el 28 de septiembre presenta su renuncia al Congreso, lo mismo harían el vicepresidente, doctor Domingo Méndez Capote, y los secretarios de despacho que, constitucionalmente, debían sustituirle. Y como ese día por la noche los miembros gubernamentales del Congreso acordaron no volver más al salón de sesiones, no era posible la elección de un presidente interino. Por eso la doctora Pichardo afirmó que el derrumbe de las instituciones era total.
El 29 de septiembre de 1906, William H. Taft, quien había llegado días antes en compañía de otros altos funcionarios de su gobierno, decretó la intervención armada en su condición de Gobernador Provisional de la Isla, la cual se extendió hasta 1909. Entonces perdió Cuba.
Epílogo
La historia, a mi juicio, será siempre severa al valorar a los hombres de ambos partidos, moderados y liberales, que olvidando las propias trayectorias de sus vidas y la tradición patriótica del pueblo, le asestaron tan fuerte golpe a nuestra nacionalidad provocando, según el decir del coronel Ferrer, el eclipse de Cuba.
Notas
1. Perla Cartaya y Joanes Pando. Raíces de la escuela primaria pública cubana, 1902 a 1925. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 1996, p. 15.
2. Hortensia Pichardo. Documentos para la historia de Cuba, T.II, p.210.
3. Horacio Ferrer. Con el rifle al hombro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002, p. 176.
4. Ibídem. Miguel Ángel Carbonell en el prólogo, p. 39.
5. Ibídem, p.176.
6. Ibídem, p. 180.
7. Ibídem 4, p.39.
8. Ibídem, p. 185.
9. Ibídem 2, p. 280
10. Ibídem p. 281.
11. Ibídem p. 283. Carta a Gonzalo de Quesada, Ministro de Cuba en Washington, septiembre 14 de 1906. |
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