Dignidad y
Esperanza
TRAS LAS REJAS
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por Arístides O'farrill
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El subgénero del cine carcelario, tanto en su vertiente femenina como masculina, ha estado casi siempre asociado a la explotación de lo sórdido y lo morboso: violencia, sadismo, maltrato entre y contra los reclusos y explotación de lo sexual, especialmente en las prisiones femeninas. Aun las películas más serias y humanistas de este subgénero no han escapado a la tentación de representar el lado más mezquino de la vida en prisión. Son los casos de la norteamericana La leyenda del indomable (1968, Stuart Rosenberg) o la brasilera Carandiru (2004, Héctor Babenco), por solo citar dos ejemplos de una larga lista.
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Leonera, coproducción entre Argentina-Corea del Sur y Brasil, fue dirigida por el humanista Pablo Trapero, quien sin renunciar a hurgar en el inevitable lado oscuro de la cárcel, personifica por sus decididos visos humanos un oasis dentro de este tipo de producción. Con este filme, Trapero no solo se reafirma como uno de los valores más sólidos del cine argentino actual sino que demuestra su autoría humanista, pues refleja luz en las zonas más sombrías del devenir humano. Valores tan presentes desde su debut en películas como Mundo grúa (1999), El Bonaerense (2002), o Nacido y criado (2006), llegan ahora a Leonera. El humanismo de esta cinta resulta loable en un Festival como este, donde la abrumadora mayoría de los filmes en concurso se decantaron por explorar exclusivamente y de manera lacerante en las zonas lóbregas de la vida humana, dejando un sabor amargo y una desesperanza tan notable que molestan tanto a espectadores como especialistas.
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SIGNIS, que cumplió 25 años de presencia en esta trigésima tercera edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, y cuyo jurado presidió Gina Preval, presidenta emérita de SIGNIS Cuba, gestora y miembro del primer jurado internacional conformado por la antecesora de SIGNIS, OCIC en La Habana , decidió entregarle su premio a Leonera. A este galardón, se sumó el importante premio especial del jurado, por cierto, el primero que recibe su director de manos de los distintos jurados oficiales que han participado en el Festival de La Habana. Leonera nos descubre el lado humano que puede emerger de las prisiones. La historia se centra en una joven, Julia Zárate, muy ajustada Martina Gusmán, esposa de Trapero, quien ya ha enseñado credenciales como la esposa desaparecida en Nacido y criado y que acá, como protagonista absoluta, da rienda suelta a sus posibilidades histriónicas. Julia es es enviada a prisión por un crimen pasional que, al parecer, no cometió; y experimenta la dignidad y la esperanza a partir del nacimiento en cautiverio de su hijo, alumbramiento que rechaza y contra el cual atenta. Pero una vez tocada por el don de la maternidad cambia su perspectiva ante la vida y lucha contra todo y todos a fin de preservar junto a ella a su retoño. |
Trapero, a partir de un guión coescrito con otros tres guionistas, construye un filme compacto que, pese a desarrollarse en los espacios cerrados de la prisión, logra cautivar al espectador. Gracias también a que sigue el ABC del cine: contar una buena historia que atrape al espectador. En esta progresión dramática radica el éxito del filme que, pese a reiteraciones o puntualizaciones excesivas dentro del libreto, logra mantener la tensión todo el tiempo. Trapero a la hora de contar su historia corrió riesgos que hubieran podido dar al traste con su filme. El más evidente fue seleccionar a reclusas verdaderas para interpretar a las presas. Esto le confiere mayor verismo a la puesta pero desluce el resultado estético. Lo anterior se hace notorio en la secuencia del motín carcelario, cuya representación destila torpeza por todas partes, justo por la falta de preparación profesional de las ocasionales actrices. Sin embargo, estos deslices no impiden que la película se siga con interés.
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El otro riesgo evidente es la distancia que toma de su protagonista. Resulta claro que se desea que nos solidaricemos con la desgracia de la joven sin recurrir ni a embellecimientos estéticos ni a argucias argumentales. Solo interesa que nos centremos en la evolución de su maternidad. Zárate es una joven atractiva físicamente, pero con unas facciones y actitudes que todo el tiempo reflejan dureza y no la fragilidad ni la belleza angelical que conecta enseguida con el público. Tampoco utiliza efectos melodramáticos o sonoros con los que casi siempre el público se identifica. A esto se le une el hecho de que nunca sabemos a ciencia cierta si la joven es culpable o no del crimen que se le imputa, pues es evidente que Trapero no quiere que el publico se identifique con la joven mediante el recurso lastimero fácil. Deja la resolución del culpable del crimen en suspense, aunque todo parece indicar que ella es inocente. Otro elemento en contra de la joven, a la hora de ganarse el favor del público, es que el presunto culpable del hecho de sangre está interpretado por el actor brasilero Rodrigo Santoro, el galán por excelencia del cine y la televisión latinoamericana actual.
Pero su enconada lucha en pro de su hijo y de que se le respete su dignidad como persona logra que el espectador se ponga de su lado, como ocurrió en las diferentes exhibiciones que tuvo la película durante el Festival. |
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Leonera –insisto– no solo retrata con verismo una situación atípica de las cárceles argentinas y de cualquier lugar del mundo, sino que nos habla de cómo en los lugares más impensables puede florecer humanidad y esperanza. Como ejemplo tenemos el momento en que la protagonista llega a la cárcel. En ese instante, las reclusas ordinarias protestan por las comodidades que va a tener por su gravidez y la amenazan con violarla una vez cumplido el proceso de gestación y le toque estar con ellas. Cuando ocurre el traslado, no solo se solidarizan con su drama sino que se arriesgan por ella. Leonera nos habla de la esperanza contra toda esperanza. La joven, al entrar en la prisión, está desecha y rechaza el fruto de su vientre, su terrible situación se agudiza por la cobardía de su pareja y el oportunismo y egoísmo de su madre. Estas situaciones la colocan –como a cualquiera– en la absoluta desesperación. Pero la maternidad le devuelve milagrosamente las fuerzas para seguir, la esperanza y las ganas de vivir. Nada más oportuno que la exhibición de este filme coincidiera en el tiempo de Adviento en el que esperamos a Aquel que es esperanza contra toda esperanza.
Leonera deviene metáfora política, aplicable a cualquier régimen dictatorial que encierra a sus ciudadanos en las cárceles, no precisamente de barrotes, aunque también en ellas. Hay situaciones tan asfixiantes y coartadoras de la libertad del ser humano que el único camino es huir, exiliarse, como le ocurrió a tantos argentinos durante la dictadura. Así, en el polémico final, desde el punto de vista de la credibilidad, pero hermoso como metáfora de la libertad, la protagonista elige el único camino posible: huir. La intolerancia, la desidia, la ineptitud y la burla de la justicia han cerrado cualquier otro sendero. |
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