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CULTURA Y ARTE

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“Uno empieza a ser un cadáver cuando ya no puede ofrendar su recuerdo sino a las tumbas.”(1) dice Genoveva Alcocer, protagonista de la novela La tejedora de coronas de Germán Espinosa. Para el lector cubano, y parte del latinoamericano, el autor es casi un desconocido, a pesar de que cuenta con ediciones de sus libros en varios países de Europa.
Un escritor casi desconocido
por María del Carmen Muzio.
Por suerte para nosotros, la editorial Casa de las Américas ha publicado, en el 2007, una de sus obras más famosas, La tejedora de coronas , con edición a cargo de Ernesto Pérez Chang, atractivo diseño de Nelson Ponce y que se puede encontrar fácilmente en las librerías. Si algo pudiera criticársele a esta edición cubana es la ausencia de una cronología del autor como acostumbraban en ediciones de años anteriores, pero gracias a una entrevista al autor publicada en la revista La Gaceta de Cuba , mayo-junio de 2007, podemos lograr un acercamiento al mismo.

Germán Espinosa nació en Cartagena de Indias, Colombia, en 1938. Ha escrito, además de novelas, poesía, teatro, cuento y ensayo. Su obra ha sido elogiada por Mario Vargas Llosa, los críticos franceses Bernard Pivot y Alain Bosquet, además del norteamericano Seymur Menton, entre otros.

“De hecho, sus historias y personajes nunca estuvieron, ni siquiera de paso, por las inmediaciones de Macondo, lo cual supone una voluntad de riesgo y marginalidad en relación con los imperativos de la moda. Cada página suya nos llega como lección crítica. [...] La tremenda erudición que rezuma la narrativa de Germán, contrasta con la fluidez y autenticidad de su discurso. No hay en su real sapiencia ningún asomo de artificio.” (2)

Sucede que La tejedora... fascina desde sus primeras páginas, aunque para un lector no acostumbrado a su estructura sintáctica, puede resultar difícil de leer, por la ausencia de los puntos y aparte en los diecinueve capítulos de que consta; sólo al final de cada uno de estos encontramos el punto final. Sobre ella su autor dice: “Las primeras reacciones, cuando se publicó La tejedora de coronas , fueron más bien negativas; por ejemplo, un muy conocido columnista de un gran periódico colombiano, dijo que era una novela ‘ilegible'. Hoy día parece que la leen con gran facilidad y cada día se vende más”. (3)

Pero es que la historia de la protagonista es realmente fascinante. Ella misma nos narra sus avatares desde la toma de Cartagena de Indias en el siglo XVIII por una flota francesa, su desolación posterior en la antigua casa paterna, sus estudios astronómicos en recuerdo de su primer amor, Federico –joven que soñaba con ir a París para realizar sus investigaciones–, la posterior marcha de Genoveva con unos italianos, su amistad con Voltaire, su pertenencia a una extraña logia que la lleva a Madrid y hasta a Roma donde es recibida por el Papa Benedicto XIV; en fin, son múltiples las anécdotas que se entrelazan entre sí para mantenernos en vilo durante la lectura. Como buena tejedora, estas se tejen de forma que tenemos que terminar de leer el libro para conocer exactamente qué le sucedió cuando la toma de Cartagena, o por qué fue presa en La Bastilla , y por último, espera a ser juzgada por bruja, ya casi a sus ochenta años, por un tribunal de la Inquisición en su país natal.

Desfilan atrayentes personajes a través del prisma de Genoveva, como es el gobernador ebrio que se rinde ante los franceses; fray Miguel Echarri, dominico, que increpa al gobernador por ocultar parte del oro de la Corona que debe ser embarcado en el galeón Oriflama ; el esclavo Bernabé quien le es fiel hasta la muerte; o la visita a Lincoln cuando aún no planeaba la independencia de las Trece Colonias, hasta la figura de María Rosa, hermana de Federico, y enemiga enconada de la protagonista, convertida en amante del almirante francés que sitió Cartagena, la cual termina sus años como abadesa en un convento.

"La tejedora de coronas"

Germán Espinosa es prolífico en la descripción de los sitios visitados por Genoveva. Así nos ofrece una hermosa visión del Vaticano, donde el Papa en su entrevista le dice: “concuerdo con tu amigo [se refiere a Voltaire] en que una paz duradera no será posible hasta tanto aprendan los hombres a tolerar las ideas de sus semejantes”. (4)

Las reflexiones de la tejedora son sugestivas, como cuando dice “nada puede ocurrir como lo hemos imaginado, imaginarlo es anular el futuro, qué maravilloso podríamos tornar el destino si jamás tratáramos de anticiparlo en la fantasía”, (5) o “sin saber todavía que también la gloria, como la fortuna, se complace en hurtarse a quien demasiado la anhela”. (6) Y este último, cuando piensa “que la soledad es la sala de audiencias de Dios”. (7)

A Germán Espinosa se le ha visto como imitador de Carpentier, según sus propias palabras en la entrevista a que he hecho referencia, pero confiesa no ser un gran admirador de él, y que, en cuanto a escritores cubanos, sus predilecciones son por Reynaldo Arenas y Guillermo Cabrera Infante.


Después de terminar la lectura de La tejedora ... una queda con el anhelo de leer otros libros del escritor, como las famosas novelas Los cortejos del diablo o Los signos del pez. Esperemos porque Casa de las Américas nos haga conocer más de la obra de este gran escritor colombiano prácticamente desconocido en nuestro país.

Notas:

(1) Germán Espinosa: La tejedora de coronas , Ed. Casa de las Américas, La Habana , 2007, pp. 340-341.
(2) Alberto Rodríguez Tosca y Juan Manuel Roca: “Germán Espinosa, cotejo de una ocasión para un tejedor de signos”, en La Gaceta de Cuba, no. 3, 2007, p. 8.
(3) Ibídem, p. 9.
(4) Espinosa, Germán: ob. cit., p. 404.
(5) Ibídem, p. 382.
(6) Ibídem, p. 393.
(7) Ibídem, p. 481.