EL TRASLADO HASTA LA UNIVERSIDAD
Según nos cuenta el cronista del periódico la Discusión , el domingo 19 de noviembre se llevó a efecto el traslado solemne de los restos del padre Varela desde la Catedral hasta la Universidad de La Habana.
Como era de esperar, el acto, de carácter oficial, estaba concebido como una ceremonia cívico militar; allí estaba casi todo el Gobierno con el presidente a la cabeza, los cuerpos de Policía, Ejército y la Guardia Rural ; los restos iban colocados sobre un armón cubiertos con la bandera nacional; bandas de música, funcionarios de corporaciones públicas y privadas; una gran representación de las escuelas privadas laicas, mientras que los alumnos de las escuelas públicas formaban dos filas a ambos lados del trayecto y lanzaban flores al paso del cortejo.
Se resaltaba el carácter patriótico del padre Varela y comenzaba a obviarse el sacerdotal. En lo adelante, y durante todo el siglo xx , se presentaría así la figura del sacerdote ejemplar que trabajó por la Patria del cielo hasta el grado del heroísmo, sin dejar por eso de servir y amar entrañablemente a la Patria de la tierra.
La caja metálica con los restos del padre permaneció guardada en el Museo Montané hasta que concluyeron los trabajos de construcción de la urna y el pedestal de mármol. El día 22 de agosto de 1912, en medio de una gran ceremonia, fueron colocados en el pequeño monumento funerario, situado en uno de los ángulos del Aula Magna de la Universidad de La Habana.
La preocupación y el disgusto de monseñor González Estrada por la colocación de los restos del insigne sacerdote, no eran infundados. El doctor Valverde, reconocido por él mismo como librepensador, protestaba en su libro La muerte del padre Varela, publicado en 1924, por considerar que un sacerdote de la talla de Varela, quien nunca negó su condición, antes bien la proclamó aun antes de morir, no debería estar en un lugar ajeno a la religión por él profesada.
Valverde hace notar como en el mes de abril del año 1924: “Se ha originado una agitación entre los estudiantes de nuestra Universidad porque el Sr. Rector de la misma ha negado el permiso para que en el Aula Magna de ese Centro se pronuncie una conferencia de aspectos antirreligiosos”.
EN LOS AÑOS SIGUIENTES SE OIRÍAN MUCHAS
Por último, me parece oportuno hacer referencia a los estudios antropológicos realizados en los restos del Siervo de Dios para testificar de manera oficial que pertenecían verdaderamente a él y no al primer obispo de San Agustín de la Florida como supuso el doctor Antonio Hernández Travieso en su libro El padre Varela. Biografía del forjador de la conciencia cubana , publicado en 1949.
La duda fue planteada de tal forma que podía sospecharse que los restos fueran, incluso, de ambos.
Para dilucidar el problema planteado, el Consejo Universitario de la Universidad de La Habana , designó una Comisión Técnica el 7 de julio de 1954.
La Comisión estuvo integrada por cinco figuras relevantes en las materias que representaban y que se hacían necesarias para garantizar la seriedad científica de las pruebas y sus correspondientes conclusiones. Por la cátedra de Historia de Cuba de la Facultad de Filosofía, el doctor Elías Entralgo Vallina; por la cátedra de Medicina Legal y Toxicología de la Facultad de Medicina, el doctor Esteban Valdés-Castillo Moreira; por las cátedras de Antropología Legal al doctor Julio Morales Coello; de Antropología General al doctor Carlos García Robiou, y de Análisis Químico, el doctor Luis Felipe LeRoy Gálvez, estos tres últimos de la Facultad de Ciencias.
Los exámenes fueron realizados en el Museo Montané de la Universidad de La Habana. Me gustaría destacar que en todo momento los restos del padre Varela fueron tratados con suma reverencia.
El 15 de noviembre de aquel mismo año, la Comisión concluyó sus trabajos y declaró oficialmente que los restos examinados correspondían, por entero, al padre Varela y no a monseñor Verot.
La ceremonia de la segunda colocación de los venerados restos en el Aula Magna estuvo presidida por el rector magnífico de la Universidad de La Habana , el doctor Clemente Inclán, a quien acompañaban la Comisión Técnica y el Titular de la Cátedra de Historia de la Filosofía , doctor Jorge Mañach, quien tuvo a su cargo el discurso central, y un gran número de catedráticos, profesores y alumnos de las distintas facultades de ese alto y prestigioso centro de enseñanza de La Habana.
Habían trascurrido 42 años de la primera ceremonia y muchas cosas iban cambiando en la sociedad cubana, donde la Iglesia Católica , no sin pocos esfuerzos, lograba un espacio cada vez mayor.
En esta ocasión, la iglesia habanera estaba representada por su arzobispo, el cardenal Manuel Arteaga Betancourt, quien compartía la presidencia del acto, y por solicitud del rector, trasladó la pequeña caja con los restos para que fueran colocados en la urna cineraria, después de rezar un responso. También estaban presentes el obispo auxiliar monseñor Alfredo Müller, el vicario general, monseñor Arcadio Marinas y el canciller, monseñor José Maximino Domínguez. Entre el público asistente se encontraban varios sacerdotes del clero secular.
Allí quedaron los restos del “sacerdote inmaculado, filósofo eximio, egregio educador de la juventud, precursor y defensor de la libertad de Cuba” (epitafio), el Siervo de Dios Félix Varela y Morales.
Sigo pensando que esos restos debieron ser colocados en un lugar donde todos pudiéramos rendirle la debida veneración, pero creo también que es Dios quien conduce la historia.
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Monseñor Ramón Suárez Polcari
Causa de Canonización del Siervo de Dios Pbro. Félix Varela y Morales.
Calle Habana #152 esquina a Chacón. Habana Vieja.
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