Retornar al "Home Page" ...
 
 
RELIGION

  - San Pascual Bailón.
por fray Frank Dumois, ofm
- Desde el Seminario.
por Rolando Montes de Oca
 

- Oyentes de la Palabra.
por Padre Jesús Espéja, Op

- María en el misterio de la salvación.
por hermano Jesús Bayo, fms.

  - Iniciativa de evangelización en el siglo XVIII.
por p. José Pablo Patino, cssr.
- Seminario Internacional de la UCIP.
por Orlando Márquez Hidalgo.
  - Adoración Nocturna.
por Pedro A. Herrera.
 
  - Causa de Beatificación del Siervo de Dios Presbítero Félix Varela y Morales.
Por Monseñor Ramón Suárez Polcari.
  - Celebración de los 400 años del hallazgo y presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre en Cuba.
por monseñor Ramón Suárez Polcari.
 

- Buscar la Verdad y compartirla. Palabras pronunciadas por S.E.R. Cardenal Jaime Ortega Alamino, en la inauguración del sitio Web del Arzobispado de La Habana.


San Pascual Bailón
por fray Frank Dumois, ofm


San Pascual Bailón

Franciscano, patrono de las asociaciones y congresos eucarísticos.

Una vez terminada la re conquista de España, que estuvo más de siete siglos bajo el dominio musulmán, surgieron en la península ibérica un número tan ingente de santos de primera magnitud que no encuentra paralelo en la historia de la Iglesia. El siglo de oro de las letras españolas coincidió con el siglo de oro de los santos. Dignos de nombrar son todos, pero el espacio nos obliga a mencionar sólo algunos: santa Teresa de Jesús, de las Carmelitas Descalzas, y san Juan de la Cruz , de la rama masculina de dicha orden; san Ignacio de Loyola, de la Compañía de Jesús; san Juan de Dios, de la Orden Hospitalaria , quien murió en Portugal pero ejerció su actividad caritativa en España; misioneros como san Francisco Javier, jesuita apóstol en la India y Japón; san Francisco Solano, OFM, quien trabajó en Tucumán (Argentina) y también en Perú; superiores de órdenes como san Francisco de Borja, jesuita; sacerdotes diocesanos como san Juan de Ávila; obispos como santo Tomás de Villanueva, agustino, arzobispo de Valencia; y dos franciscanos, san Pedro de Alcántara, reformador de la orden, y el que nos ocupa, el humilde lego san Pascual Bailón.


Nuestro santo murió en tierra aragonesa, en Torrehermosa (Zaragoza). Nació, curiosamente, un día de Pascua de Pentecostés (16 de mayo de 1540), motivo por el que le nombraron Pascual. Murió otro Pentecostés, el 17 de mayo de 1592. Así, pues, su vida se desenvolvió bajo el signo del Espíritu Santo. Sus padres, Martín Bailón e Isabel Yubera eran de sólida piedad, que con sana entrega supieron inculcar a su hijo.

Aunque no es un santo muy popular, su vida atrae por su franciscana humildad y sencillez. Su amor a los pobres y su extraordinario apego a la Eucaristía , determinó que León XIII le diera en 1897 el honroso título de patrono de las asociaciones y congresos eucarísticos.

De familia pobre, Pascual fue pastor desde los siete años. Ejerció diez años este oficio, pero ya entonces se veía su espíritu de oración y su amor a la Eucaristía y a la Virgen María. Dos de sus biógrafos franciscanos nos narran aproximadamente la frase que le dirigió otro pastor amigo suyo: “Yo siempre he pensado que tú estás hecho mejor para un convento que para guardar ovejas, y las penitencias de los frailes descalzos creo que no te pueden asustar. ¡Si eres más penitente que ellos! Andas siempre descalzo y sin gorra sufriendo los fríos de la sierra, que son peores que los del convento, corriendo detrás de las cabras, cosa más dura que mendigar de puerta en puerta. Yo, chico, creo que haces bien, pero no te olvides allá de los pobres pecadores que aquí quedamos”. Su amo, rico hacendado, quiso adoptarlo por hijo y heredero, pero Pascual prefirió la pobreza de Cristo.

En 1564 solicitó ser admitido en el convento de los franciscanos descalzos o alcantarinos en Monforte del Cid. Aquí hizo su profesión religiosa al año siguiente. Fue destinado a diversos conventos pero nunca pidió traslados, aunque hubiera trabajo excesivo o resultara difícil la convivencia con otros frailes.

Como hermano lego ocupó los más diversos oficios: portero, cocinero, refitolero, hortelano y limosnero. Ayudaba también a los demás en los quehaceres conventuales: barrer, lavar, remendar hábitos o sandalias. Estaba siempre disponible para todo y para todos en el más genuino espíritu franciscano de la reforma alcantarina.

De mansedumbre total muy pocos sospechaban su naturaleza colérica. Cordial en cualquier momento, tenía don de Dios para consolar a los afligidos y ablandar a los de ánimo exaltado. Afable y alegre, no dudaba en corregir dulcemente cuando lo creía conveniente. Los frailes predicadores lo pedían como compañero en sus viajes pastorales.

A tal extremo llegaba su humildad, que los desaires de los hermanos y las duras reprensiones de los superiores, incluso ante la comunidad, los recibía con serenidad y hasta alegría. En dos ocasiones fue nombrado superior temporalmente y una vez maestro de novicios.


En cierta ocasión le encargaron que llevara unos documentos oficiales al ministro general de la orden a la sazón en París. El viaje, sobre todo con hábito, era peligroso a causa de la guerra entre católicos y hugonotes (calvinistas franceses). A pesar de los riesgos, Pascual lo hizo a pie; soportó injurias, dos lapidaciones y amenazas de muerte, pero no desaprovechó la ocasión de predicar la presencia real de Jesús en la Eucaristía y la autoridad papal. Si bien los documentos llegaron a su destino, Pascual se había vuelto canoso por los sufrimientos. Se lamentaba de haber sido digno del martirio.

Pascual no tuvo la ocasión de ir a la escuela, pero aprendió a leer y a escribir. Sin embargo, sus respuestas sobre pasajes difíciles de la Sagrada Escritura , dejaban asombrados a los teólogos. También escribió versos y reflexiones sobre los misterios cristianos: la Trinidad , la Encarnación , la Eucaristía , la Iglesia , la Virgen María , la oración, el cielo y la vida cristiana.

Cuando se creía solo se desahogaba con alabanzas, cantos y hasta danzas para expresar su alegría. De su oración fervorosa y continua brotaba su exquisita caridad con los frailes y los laicos. Los oficios de portero y limosnero le ofrecían la ocasión de practicar dicha virtud, así como su sencillez y humildad. Los superiores tenían que poner límites a su caridad pues daba sin medida.

En vida ocurrieron numerosas curaciones por sus manos, sus palabras y sus oraciones.


En vida ocurrieron numerosas curaciones por sus manos, sus palabras y sus oraciones. Todos le pedían oraciones por sus dolencias o problemas. Por humildad no quería ofrecer sus poderes taumatúrgicos con sus hermanos de comunidad, que debían insistir mucho para que lo ejerciera.

Nuestro santo padeció diversos achaques y enfermedades, sin que estos impidieran sus austeridades, oración y obras de caridad. Al saber que su muerte estaba cercana, expresó su alegría de ver al Señor. Esto ocurrió como dijimos en Pentecostés de 1592, justo cuando sonaba la campanilla para la elevación. Residía entonces en Villarreal (Castellón). Los villarredences acudían incontenibles a la celda del santo para venerarle y llevarse reliquias. Su cuerpo permaneció tres días en la iglesia para satisfacer el fervor del pueblo.

El Papa Pablo V lo beatificó en 1618 y lo canonizó Alejandro VIII en 1690. Veamos ahora del Breve Providentissimus por el que León XIII lo proclamó en 1891 patrono especial de las asociaciones y congresos eucarísticos:

“Para animar a los católicos a profesar valientemente su fe y a practicar las virtudes cristianas, ningún medio es más eficaz que el que consiste en alimentar y aumentar la piedad del pueblo hacia aquella admirable prenda de amor, lazo de paz y de unidad, que es el sacramento de la Eucaristía.

”Ahora bien, entre aquellos cuya piedad para con este sublime misterio de la fe se manifestó al parecer con más vívido fervor, Pascual Bailón ocupa el primer lugar. Dotado por naturaleza de muy delicada afición a las cosas celestiales, después de haber pasado santamente la juventud en la guarda de su rebaño, abrazó una vida más severa en la orden de los frailes menores de la estricta observancia. Mereció, por sus meditaciones sobre el convite eucarístico, adquirir la ciencia relativa a él, hasta el punto de que aquel hombre, desprovisto de nociones y aptitudes literarias, resultó capaz de responder a preguntas sobre las más difíciles materias de fe y hasta de escribir libros piadosos. Pública y abiertamente profesó la verdad de la Eucaristía entre los herejes, y por ello tuvo que pasar por graves pruebas. Émulo del mártir Tarsicio, fue varias veces amenazado con la muerte.

”Creemos, pues, que las asociaciones eucarísticas no pueden ser confiadas a mejor patronazgo. Llenos de confianza, hacemos votos porque los ejemplos de este santo den por fruto el aumento de aquellos que, en el pueblo cristiano, dirigen cada día su celo, sus intenciones y su amor a Cristo Salvador, principio el más alto y el más augusto de toda salvación.”