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SOCIEDAD

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Un tema duro y frío.
por Rolando Aniceto
Un tema
Un tema duro y frío

A pesar de la dureza y frialdad del tema, me voy a atrever a tratarlo, porque me referiré a la llegada del hielo a La Habana, y cómo esa agua dura y fría cambió la fisonomía urbana y las costumbres de los capitalinos.


El 23 de septiembre de 1801, el habanero Francisco de Arango y Parreño propuso al Real Consulado que se trajera hielo del exterior a La Habana , y al gobernador, don Salvador de Muro y Salazar, marqués de Someruelos, le gustó la idea y la aprobó. Afirmará entonces que las bebidas eran buenas para curar las enfermedades de la sangre , tan corrientes en los climas cálidos.

A principios de 1805 se apareció en el puerto habanero el vapor Favorito , con un cargamento de 250 toneladas de hielo, para el que se fabricaron depósitos especiales.

Cinco años más tarde, Federico Tudor, el Rey del Hielo, convenció a las autoridades y obtuvo el monopolio de esa mercancía en Cuba por seis años, y desde entonces, 1810, aparece la primera nevería, la de Juan Antonio Montes, en Acosta y Oficios.

A partir de la llegada a la capital de esa agua solidificada y fría, cambiaron las costumbres de los habaneros y la fisonomía urbana. Comenzó la vida de cafés en La Habana. Así , hacia 1819 se abre en la esquina de Obispo y Monserrate un típico bodegón español, La Piña de Plata, que con los años se convertiría en el mundialmente famoso Floridita, la Cuna del Daiquirí.

También, en la calle del Obispo, comienzan a funcionar La Columnata Egipciana y La Bolsa. En la calle de la Obra Pía se inaugura Las Rejas Verdes; en Prado el Escauriza, y en Muralla la Fuente de Ricla.

Quien deseaba tomarse un guarapo con hielo, podía dirigirse a Obispo número 41; aquel que prefería una zambumbia (refresco a base de agua helada y miel de caña), podía adquirirlo en la primera cuadra de la calle Cuba.

Aparecería también un nuevo arte: el de la coctelería. Se iba a descubrir el Jaibol, el Cubanito, el Cuba Libre y el más importante, el permanente embajador de la cubana en el mundo, el Daiquirí.

Ya los habaneros, después de su tradicional paseo vespertino, en una calurosa tarde por la Avenida Ancha de Extramuros, con posterioridad Paseo de Isabel II, podían hacer un alto en el café de Los Franceses, en el Campo de Marte, saborear un refrescante trago y continuar su periplo por el Paseo Militar o de Tacón, hasta las faldas del Castillo del Príncipe.

Y si desean saber más acerca del hielo, los bares y La Habana , les recomiendo El hijo alegre de la caña de azúcar , de mi amigo Fernando G. Campoamor.