El nombre del cargo y el contenido de trabajo, se avenía muy bien a su perfil ocupacional, profesionalismo y personalidad.
De inmediato se hizo dueño de una oficina en el séptimo piso del edificio y tomó asiento frente a su enorme buró. La jefa de despacho ocupaba una oficina lateral y la secretaria ejecutiva otra oficina contigua.
Al percatarse de la enorme cantidad de archivos llenos de sobres con papeles guardados desde hacía décadas y que ya no eran necesarios para su trabajo, llamó a su secretaria y le dijo:
“Por favor, compañera, tómese el tiempo que sea necesario, clasifíqueme todos estos papeles por riguroso orden alfabético, y luego, quémelos.”
El burócrata es un hombre muy celoso de su trabajo, y gusta hacer siempre lo que está establecido, y por eso tiene prohibido a sus empleados bajar por los elevadores, tienen que usar las escaleras, ya que según él, mientras no se crea una plaza de ascensorista descensorista, los compañeros de los elevadores solo deben subir a las personas y no bajarlas, ya que como la palabra dice, ellos son ascensoristas y no descensoristas.
Lo mismo hizo con la hija de una compañera de trabajo, a quien no permitió usar los servicios sanitarios, ya que estos eran nada más que para señoras y caballeros.
Claro, inmediatamente orientó una reunión con todos los factores, para de inmediato, es decir, para el próximo quinquenio, crear baños para niños y señoritas.
Bueno, por hoy terminamos con este desagradable y negativo personaje, la próxima crónica la voy a dedicar a la burocracia como institución. |