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ECONOMÍA

2008:

Un año
por Orlando Freire Santana
COMPLICADO

Comentar los sucesos más importantes de un año que termina constituye una práctica de la que casi nadie logra sustraerse, aun en el caso que nos ocupa, cuando el análisis llegue al lector sin el viso de una actualidad palpitante debido al carácter mensual de la revista y a la anticipación con que debemos entregar los artículos para su lógico retoque. Mas, si ese hecho es el año 2008 para la economía cubana, cualquier impedimento resulta desdeñable ante la perentoriedad de la tarea.

Como siempre sucede, el segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular dedicó gran atención al tema económico. A los informes presupuestarios, del cumplimiento del plan, y la intervención habitual del economista Osvaldo Martínez –presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de nuestro Parlamento–, se unió esta vez un discurso del presidente Raúl Castro, en el que, no obstante reconocer lo extremadamente difícil del período para la vida de la nación, no ocultó cierta dosis de optimismo al expresar que “cuando trabajamos unidos, de forma organizada y solidaria, se multiplican los frutos del esfuerzo”. (1)

En efecto, una etapa marcada por el paso de tres huracanes, una erogación de 907 millones de dólares más que en el año 2007 para la compra de alimentos, la caída en un 41 por ciento del precio del níquel en el mercado mundial –últimamente nuestra principal exportación de bienes–, así como una crisis económica global que también podría afectarnos, cierra con un balance nada halagüeño: la profundización del saldo desfavorable en la balanza comercial del país, y un déficit presupuestario interno ascendente al 6,7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), casi el doble que el 3,8 por ciento previsto en el plan. Me llama la atención que aquí parecen invertirse los términos de la crisis: en Estados Unidos y otras naciones industrializadas de Occidente, el desbarajuste financiero provocado por la especulación y las políticas desreguladoras extienden ya sus efectos sobre la economía real; en Cuba, por el contrario, las dificultades en la economía real han empeorado la situación financiera de la Isla.

En el año, el desbalance externo aumentó debido a que continuamos importando más que lo que exportamos. A la referida disminución del precio del níquel habría que añadir la de los productos del mar que ofertamos al exterior, así como la permanente depresión del sector azucarero. En este sentido, lo más preocupante sigue siendo que el país debe importar gran parte de los alimentos que consume, una coyuntura agravada por el alto precio que ellos mantuvieron durante casi todo el 2008.

En cuanto a los factores que propiciaron el tan preocupante déficit presupuestario interno –el presupuesto gastó más que lo que ingresó–, los citados oradores insistieron en las erogaciones adicionales acometidas para restaurar los daños de los fenómenos meteorológicos, y en las excesivas gratuidades y subsidios que conspiran contra la adecuada implementación del principio de distribución socialista: “De cada cual según su capacidad, y a cada cual según su trabajo”. A lo anterior se podría agregar la merma en la oferta de bienes, sobre todo del agro, que hemos contemplado después del arribo de los huracanes, lo cual aumenta la liquidez en manos de la población. En el momento de redactarse este artículo –a casi cinco meses de la indeseada visita ciclónica– la escasez de viandas y determinadas frutas en nuestros agromercados es aguda. Como ya expresamos en un trabajo anterior, (2)creemos que las medidas tomadas –entre las que sobresalen el tope de los precios y el cierre de numerosos puntos de venta– han reforzado el desabastecimiento.

El discurso del jefe de Estado fue explícito en lo concerniente a las medidas que se adoptarán en aras de controlar ambos desajustes. Lo novedoso –algunos opinarán que es una muestra de que el nuevo presidente desea “cortar por lo sano”; sin embargo, también podría indicar que los males se hallan tocando fondo– es que en esta ocasión serán afectados algunos mecanismos de estimulación que benefician a sectores muy próximos al aparato de gobierno.


Por ejemplo, ya se decidió reducir en un 50 por ciento los gastos para viajes al exterior en organismos y empresas (sabemos perfectamente el aliciente que constituye para cualquier funcionario una incursión más allá de nuestras fronteras marítimas). Además, se pretende eliminar la práctica de garantizar planes vacacionales y ofertas gastronómicas a precios altamente subsidiados, un servicio ofrecido a cuadros y trabajadores destacados (en lo fundamental a los primeros). Ellos acudían a establecimientos en los que se pagaba en CUC, pero el desembolso lo hacían realmente en moneda nacional, y era el Estado el que abonaba la divisa. Aunque no trascendió que fueran objeto de análisis por parte de la Asamblea Nacional , es probable que la nueva directiva sea extensiva a otros mecanismos de estímulo y atención que implementan algunos organismos de la administración central del Estado.

Raúl también informó acerca de estudios que se realizan para la creación de la Contraloría General de la República , un órgano que estaría subordinado directamente al Consejo de Estado y asumiría las funciones del actual Ministerio de Auditoría y Control, pero con mayores atribuciones que este último. Una lectura entre líneas permite suponer que hemos experimentado un aumento en los casos de corrupción y hechos delictivos en la esfera económica, no obstante la flamante Resolución no. 297­­-2003 que establece el control interno como una prioridad en todas las empresas y entidades del país.

Claro que hubo algunas noticias positivas en dicho cónclave, entre las que descollaron el sostenido crecimiento del turismo, el avance de la Revolución Energética , el mejoramiento del transporte urbano –principalmente en la ciudad de La Habana –, y una que, debido a nuestra condición de país importador de combustibles, debía de causarnos alegría: un descenso marcado en el precio del petróleo. Sin embargo, ironías de la vida, en este caso no siempre los sentimientos han transitado por el sendero de la lógica. Hacia la segunda mitad de los años ochenta, cuando los soviéticos enviaban a la Isla más petróleo que lo que racionalmente consumíamos, la reexportación del crudo que ahorrábamos llegó a constituir una de las mayores fuentes de ingresos de divisas del país. Ahora, cuando el altísimo precio del petróleo era el arma más eficaz con que contaban las aspiraciones geopolíticas de Hugo Chávez, la merma en los ingresos venezolanos que supone la estrepitosa caída de su cotización, complica el afán bolivariano por extender a todo el subcontinente el influjo de su Revolución. Imagino que, en ambos momentos, la contentura no haya colmado a las autoridades cubanas.

De igual modo podrían resultar alentadoras las cifras de un 4,3 por ciento de crecimiento de la economía –a pesar de quedar por debajo del 8 por ciento previsto debido a las grandes contingencias sufridas–, así como el 1,6 por ciento de tasa de desempleo, algo que equivale técnicamente a un pleno empleo. Ocurre, empero, que siguen sin convencernos del todo las estadísticas oficiales que se emiten en el país. Ese porcentaje de crecimiento del PIB se hubiese contemplado como satisfactorio en muchos países con condiciones normales en su economía. Evidentemente, la nueva metodología cubana para el cálculo de ese indicador continúa en el ámbito de la controversia. En cuanto a la tasa de desempleo, y según el catedrático español Jaime Requeijo, (3) cualquier índice inferior al 4 por ciento es muy probable que corresponda a un paro de tipo friccional, o sea, el normal movimiento de personas al trasladarse de un empleo a otro. Estaríamos virtualmente en presencia –así también se comentó en la Asamblea Nacional – de un pleno empleo. ¿Cómo conciliar entonces esa tasa del 1.6 por ciento con el lamento de los oradores por la existencia de una parte no despreciable de la población en edad laboral que no busca empleo ni estudio?

Y comoquiera que la Economía clasifica como una ciencia de alternativas, deseo, antes de finalizar, ofrecer dos puntos de vista contrapuestos, pero no acerca del año 2008, sino sobre los 50 años de permanencia de la Revolución cubana. Para el pensador marxista argentino Atilio Borón, el balance resulta positivo, pues “a la hazaña que significa resistir medio siglo de bloqueo económico sin precedentes en la historia de la humanidad, se une el hecho de que Cuba está ubicada a la cabeza de Latinoamérica en una amplia diversidad de índices de desarrollo social”. (4) Da por descontado, además, que el país pueda renovar el impulso revolucionario, sin los que califica como “métodos capitalistas” empleados en China y Viet Nam. Por el contrario, el académico cubanoamericano Carmelo Mesa-Lago estima que de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano y el PIB por habitante –claro, no toma en cuenta la nueva metodología cubana para su cálculo– “Cuba se ubica en el lugar 21 entre 31 países de América Latina, superando solo a los menos desarrollados”. (5) Concluye que después de 50 años se sigue obstaculizando el camino de las reformas, necesarias para la prosperidad del pueblo cubano.

Notas:

(1) Periódico Granma , lunes 29 de diciembre de 2008.
(2)“Dos ciclones y una pugna sempiterna”, en Palabra Nueva, no. 179, noviembre de 2008.
(3) Requeijo, Jaime: Economía mundial, McGraw-Hill Interamericana de España, S. A. U., Madrid, 2002.
(4) Borón, Atilio: “Cuba en la vanguardia de la historia”, en Juventud Rebelde , domingo 4 de enero de 2009.
(5) Mesa-Lago, Carmelo: “Economía ineficaz y dependiente”, en El Nuevo Herald , miércoles 24 de diciembre de 2008.