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1612. Madre no nos abandones…
Estando ya en el hato, don Miguel mandó poner la imagen en su casa hasta que le hicieran una pequeña capilla. Avisó al capitán Sánchez de Moya con el esclavo Antonio Angola. Enterado del hecho prodigioso, les encargó le hicieran una capilla y les obsequió una lámpara votiva de cobre para que la Virgen estuviese siempre alumbrada. Todos se pusieron a la piadosa tarea, levantando con rapidez un pequeño bohío con tablas de palma y techo de guano.
Colocada la imagen en un pequeño altar todos iban a venerarla y, tomándole mucho cariño, la saludaban varias veces al día. El indio Rodrigo de Hoyos fue encargado de mantener la lámpara encendida. Un atardecer descubrió que no estaba la imagen en el altar y, dando gritos, puso a todo el mundo a buscarla, pero nadie la encontró. Al amanecer, el propio Rodrigo tuvo la alegría de encontrar la imagen en su lugar del altar con los vestidos mojados.
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