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Ya hablamos del burócrata, toca ahora tratar la burocracia como institución, y que nadie piense que surgió en Cuba ni que es nueva, de eso nada.
La Burocracia
La Burocracia

por Rolando Aniceto

Aunque la burocracia la heredamos de España, el primer acto burocrático en Cuba, ocurrido el miércoles 5 de diciembre de 1492, lo ejerció un genovés, Cristóbal Colón, quien desde un improvisado buró dictó que, a partir de ese instante, Cuba se llamaría Juana, en honor a un príncipe. Como siempre, adulonería y burocracia irían de la mano.

Académicos de todo el mundo estudian qué fue primero, si la burocracia o el burócrata, lo seguro es que uno no puede vivir sin el otro. Es algo parecido a lo que sucede con el huevo y la gallina, con la diferencia de que estos son buenos para la salud, excepto para quienes tengan el colesterol alto.


La burocracia no es buena ni para quienes la ejercen, ya que tarde o temprano, esta se los traga, de la misma manera con la que ellos acabaron con sus víctimas.

Existen cuatro tipos fundamentales de burocracia: “A” “B”, “C” y “D”.

El primero es el nacional, caracterizado por un enorme buró con 35 teléfonos para el burócrata principal, otro buró más pequeño para la jefa de despacho y otros del mismo tamaño para los funcionarios que atienden las diferentes esferas de la gran bobería.

Este tipo de burocracia radica en pisos altos de grandes edificios y siempre con aire acondicionado, silla giratoria y reclinable. El jefe, obeso, de vientre voluminoso y con cuello y corbata, cuenta con auto y chofer.

El segundo tipo, el “B”, es de nivel provincial, se distingue por un buró de regular tamaño y varias mesas auxiliares. Puede, o no, estar climatizado. El jefe, grueso y de guayabera, utiliza autos del parqueo.

El tipo “C“, o municipal, es más peligroso que los anteriores, cuenta con un solo buró en planta baja y un ventilador que constantemente echa a volar los miles de innecesarios papeles. El jefe, de mangas largas, tiene asignada una moto.

Pero el peor de todos es el “D” o de nivel zonal. Siempre en planta baja, en un local adaptado sin ventilación, ni ventilador. Este tipo de burocracia es el más peligroso de todos. Se caracteriza por una mesa y una silla que fueron negras, pero el polvo las ha hecho grises. Frente a la mesa dos largos bancos con media pulgada de polvo que sirve como cojines y los hace más cómodos para las víctimas que deben permanecer allí varias horas. El jefe, delgado, con mala cara y ropa de trabajo, tiene asignada una bicicleta.

Yo, por mi parte creo, que debe crearse un buró de lucha contra el burocratismo.